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El Salvador

“La mayoría de médicos conocen el equipo de protección por los noticieros”

Rolando Cedillos es el jefe del Servicio de Infectología del Hospital Rosales y sabe que el sistema público de salud ya está colapsado. Y ese colapso llegó incluso antes del COVID-19. Ahora, ante una emergencia global y a diferencia del discurso gubernamental, propone calma y pide que se busquen centros de salud solo en casos extremos. En esta entrevista brinda consejos sobre el tratamiento de la enfermedad y cuenta cómo convivir en casa con enfermos de COVID-19 en caso de que los hospitales no den abasto.

 

 
 

Habíamos pactado una entrevista en su casa, pero al bajarme del carro, el infectólogo Rolando Cedillos se aleja de su puerta y me conduce hacia el portón de su residencial. No saluda de beso ni tiende la mano para estrecharla. Eso iría en contra de todas las recomendaciones brindadas por expertos en salud para paliar el contagio de COVID-19. Antes de venir hasta acá, charlamos tres veces vía telefónica. Por esa vía me dijo que el temor a la enfermedad le impide pensar bien a la gente y tomar las medidas adecuadas. También criticó el uso inadecuado de mascarillas. Por ello, antes de bajarme del auto, para no parecer una de esas personas atemorizadas -aunque lo soy- me quité la mía. 

Cerca del portón de la residencial hay una banca; y frente a esa banca, una acera de más de un metro y medio de ancho. Me siento en la banca y él se coloca en la orilla de la acera. Desde ahí entablamos esta conversación. 

“Es hora de que hablemos y seamos escuchados los expertos locales que hemos tenido experiencia y responsabilidad”, escribió en un correo el doctor Rolando Cedillos a El Faro a finales de marzo. Cedillos es un médico graduado de la Universidad de El Salvador con una especialidad en enfermedades infecciosas en la Universidad de Londres. Desde hace 22 años es el jefe del Servicio de Infectología del Hospital Nacional Rosales. Cuando ocurren eventos relacionados a enfermedades infecciosas, busca a los medios para hablar y los medios lo buscan. El año pasado escribió a El Faro señalando que, mientras otros medios tienen cobertura constante de noticias relacionadas a salud, este periódico no lo hacía. Tenía razón. La realidad nos explotó en la cara: una pandemia global nos ha hecho tomarle la palabra para entender a qué nos enfrentamos.

Cuando nos reunimos, el país apena llevaba tres días en cuarentena nacional obligatoria. Mientras en las calles de colonias populares la policía capturaba a cualquiera que estaba fuera de sus casas sin explicación, en la residencial parecía un día normal y sin pandemia. Aquí adentro -residencial clasemediera con seguridad privada- no hay policías. Lo que hay es prejuicio, dejó entrever el experto. Los vecinos, cuenta, han decidido prohibirle la entrada a las empleadas domésticas de las casas “para que ellas no traigan el virus”. 

Cedillos recién vuelve del hospital en el que trabaja y es estricto en cumplir el distanciamiento social, pero también llama a la cordura. Pide optimizar recursos. Mientras el presidente Nayib Buke escribe en twitter que “ya inició la Tercera Guerra Mundial”, refiriéndose a la pandemia, el médico dice que “hay chance” de tratar la enfermedad si hay disciplina, personal técnico y organización. Aunque eso es lo que lo tiene preocupado. A la desorganización del sistema público de salud usual, ahora se le suma una crisis. 

“La capacidad de respuesta del sistema de salud ya está excedida en tiempos normales”, asegura, con la autoridad que le dan dos décadas en el Rosales. Dicho hospital, a pesar de tener más de 120 años de antigüedad, es considerado el principal hospital público a nivel nacional, es el centro médico de referencia para tratar graves enfermedades. Ahí hay 24 camas de cuidados intensivos. “En el hospital Rosales las personas pasan -en tiempos normales- tres días esperando una cama. ¿Vamos a poder ofrecer tratamiento temprano? Difícilmente”, dice. 

Hace 11 años, cuando sucedió el brote del H1N1, él formó parte del Equipo de Respuesta Rápida. Ese equipo organizó las acciones a tomar en el sistema de salud pública en caso de que la enfermedad llegara a convertirse en una amenaza real y masiva contra la vida de los salvadoreños.  

Parado a la orilla de la acera, Cedillos muestra en su celular una presentación de nueve láminas a blanco y negro. Aquí hay consejos para seguir si alguien cree tener COVID-19. Con esta presentación dice que ha capacitado al personal de su hospital sobre el coronavirus. Pide dejar de creer mitos como que este puede transmitirse por corrientes de viento en calles vacías. Calma, pide repetidamente, y luego explica qué medidas se pueden tomar cuando se cree tener el virus.

El especialista pide que se deje de creer mitos como que el COVID-19 puede transmitirse por corrientes de viento en calles vacías. Calma, pide repetidamente, y luego explica qué medidas se pueden tomar cuando se cree tener el virus. Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
El especialista pide que se deje de creer mitos como que el COVID-19 puede transmitirse por corrientes de viento en calles vacías. Calma, pide repetidamente, y luego explica qué medidas se pueden tomar cuando se cree tener el virus. Foto de El Faro: Víctor Peña.

Si el coronavirus llega al hogar... 

El coronavirus ya causó estragos en Asia, Europa y avanza sin descanso por América. En algunas ciudades de Estados Unidos y Ecuador, los centros médicos ya no dan abasto como campo de batalla para combatir la pandemia. En las redes sociales han circulado videos de gente muriendo en las calles, sin poder recibir atención médica.  En El Salvador, el Colegio Médico calcula que existen solo 125 camas de cuidados intensivos incluyendo las del Ministerio de Salud, el Seguro Social y los hospitales privados. Y por cada cuatro camas es necesario un médico intensivista. Pero se estima que hay solo cerca de 50 expertos en esa área. El 19 de marzo, cuando el país anunció su primer caso confirmado, Nayib Bukele dijo que se tenía la capacidad instalada para atender hasta 1,300 enfermos de COVID-19. La cifra se queda corta, especialmente si hasta el 4 de abril, países como Panamá llevan ya más de 1,600 contagios. 

“La capacidad de respuesta del sistema de salud ya está excedida en tiempos normales. ¿Entonces qué nos queda en El Salvador? Aislamiento temprano”, reflexiona el médico Cedillos. Hasta el 8 de abril, El Salvador cuenta con 93 casos y ya se reportan las primeras cinco muertes causadas por el virus. “La enfermedad renal crónica no se va a detener, el dengue no se va a detener....¿y si las camas están llenas?”, pregunta el infectólogo Cedillos. Por ello, ante la posibilidad que los hospitales no den abasto, explica qué hacer en el hogar. 

El doctor recalca que hay que mantener la calma ante cualquier tos y catarro. Que sería un error ir corriendo a un establecimiento médico porque, en realidad, ahí se podría contagiar. Él explica que lo mejor es tomarse la temperatura en casa, registrar si esta sube de 38 grados y se convierte en fiebre. Aconseja llamar a emergencias en caso de que se presenten serias dificultades para respirar. 

“La mayoría adquirirá COVID-19 al cuidar de un miembro de su propia familia”, sostiene el médico. Él dice que los casos más frecuentes de transmisión ocurren dentro del hogar. Y lanza una advertencia: “Si consulta a un establecimiento de salud porque quiere saber si tiene o no el coronavirus, usted va a estorbar. Si no está infectado, ya cuando tengamos los casos en todos los establecimientos, se va a infectar ahí”, indica. 

A diferencia de los mensajes alarmistas que se brindan desde el gobierno, Cedillos repite una y otra vez que es necesaria la tranquilidad. “Lo primero es que mantengan la calma porque si no, no van a poder pensar claro”, dice. Las recomendaciones que brinda en caso de que una persona tenga sospechas de haber contraído el virus son: tomar acetaminofén, llevar un control y vigilancia de los síntomas y comunicarse por teléfono con el servicio 132.

“El 80% de las personas van a experimentar el COVID-19 como sintomatología que va de un catarro común a una bronquitis”. De acuerdo con el doctor, si los síntomas son así de leves no será necesaria la hospitalización. “El ser humano es capaz de soportarlo”, asegura. Sin embargo, sí habrá un 20% de la población contagiada que experimentará una dificultad respiratoria. Y por eso los hospitales del mundo se han preparado con respiradores artificiales. Pero el médico afirma que eso no debe ser motivo de pánico: “En promedio, la dificultad respiratoria tarda ocho días en establecerse. No va a suceder en el primer día de la fiebre. Hay chance”. 

Si el contagio en El Salvador se extiende de formas masivas, es posible que los establecimientos médicos serán destinados para los casos más graves y los leves deberán tratarse en las casas. Ante esto, la mejor respuesta será el aislamiento y Cedillos explica cómo lograrlo: “Limite el contacto y trate de mantenerse a dos metros de distancia de los demás, utilice la cocina cuando nadie más está ahí. Tome sus alimentos en su habitación”.

Cedillos lee estas indicaciones desde la pequeña pantalla de su celular donde ha guardado la presentación con la que ha capacitado al personal del hospital Rosales. Mientras él lee frente al portón de su residencial, niños con sus perros, amigos y familias pasean frente a él. Las personas se atraviesan justo en el espacio vacío que el médico creyó adecuado para brindar esta entrevista y mantener el distanciamiento social. 

De vuelta en la plática, el médico indica que si en la casa hay una persona con coronavirus, debe procurarse que ella misma limpie todos los espacios que toca con desinfectante común. “Los que viven en casa con alguien con COVID-19 tienen que tratarlo con mascarilla. No compartir platos, usar exclusivamente un baño, pero si no es posible, limpiar todas las superficies”, añade el médico. Los consejos para convivir con un contagiado son simples: sacar la ropa personal y de cama en una bolsa de plástica doble hacia el lavadero y lavarla con detergente. Quienes tengan contacto con la ropa, deben lavarse las manos. “Necesitamos la colaboración de la gente, no su temor”, expresa el infectólogo.

“Si consulta a un establecimiento de salud porque quiere saber si tiene o no el coronavirus, usted va a estorbar. Si no está infectado, ya cuando tengamos los casos en todos los establecimientos, se va a infectar ahí”, advierte Cedillos. Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
“Si consulta a un establecimiento de salud porque quiere saber si tiene o no el coronavirus, usted va a estorbar. Si no está infectado, ya cuando tengamos los casos en todos los establecimientos, se va a infectar ahí”, advierte Cedillos. Foto de El Faro: Víctor Peña.

Un, dos, tres, improvisando 

A partir del 16 de marzo, El Salvador canceló la consulta externa en sus hospitales y se restringieron los permisos de visitas para los enfermos. Es decir, todas las citas y controles programados fueron cancelados. Ningún país estaba preparado para las magnitudes que ha tenido la crisis del COVID-19. Pese a la velocidad con la que el virus contagió al mundo, cada gobierno ha ido ordenando algunas medidas para contener el virus. A veces, la principal cualidad de las medidas ha sido el desorden. 

En Wuhan, la ciudad china de 11 millones donde se originó el primer foco de infección, hubo miles de voluntarios. Ellos se encargaron de brindar guía a las personas y durante el encierro total, repartieron comida entre los vecinos. “Wuhan organizó 55 mil voluntarios para asistir al sistema de salud. ¿Tenemos una fracción de eso?”, se pregunta el médico. La respuesta es fácil: no.

A juicio de Cedillos, la desorganización no solo se ve en los hospitales, sino en las ramas más altas del Gobierno. En el performance mediático se ven detalles, plantea. “No hay coherencia cuando alientan -y algunos hasta ordenan- que todos usen mascarilla. El público puede ver en una cadena nacional a un grupo de funcionarios nacionales e internacionales sentados alrededor de una mesa… a menos de dos metros de distancia. Algunos con mascarilla y otros sin ella”, señala el doctor refiriéndose a las cadenas del presidente Nayib Bukele.

El 26 de marzo el ministro de Defensa indicó que las personas que se conducían en transporte público debían “usar mascarillas y guantes”. La medida se tradujo en buseros que no permitían que ciudadanos abordaran sus buses sin mascarilla. También se conoció de supermercados que no permitían que alguien entrara a comprar sin tener mascarilla. La medida luego fue rectificada diciendo que se trataba de una recomendación y no de una orden. 

Para el infectólogo, el uso de mascarillas en pacientes sanos es un tema controversial. Si bien es una medida de protección, su uso inadecuado puede provocar el efecto contrario. De acuerdo con el médico, quienes usan mascarilla se tocan la cara con mayor frecuencia. “En el proceso de arreglarse la mascarilla se tocan los ojos, la nariz y la boca y es por donde entran todos los virus respiratorios”, advierte.

El médico denuncia que mientras recursos como las mascarillas se han gastado sin control, el equipo de protección especializado para los médicos no ha sido ni siquiera socializado entre los doctores de El Salvador.  “La mayor parte de los médicos solo conocen del equipo de protección de verlo en los noticieros, nunca han tocado uno, mucho menos utilizado alguno y eso incluye especialistas”, sostiene Cedillos. Le creo. Una semana antes, consulté a otro médico de una unidad de salud del área metropolitana de San Salvador. Dijo que en febrero fue capacitado sobre el uso de los trajes de protección junto a otros doctores. Pero la capacitación consistió en mirar el traje y que les explicaran cómo funciona. Nadie se lo probó.

Desdén hacia el personal

Hasta la última semana de marzo, Cedillos afirma que había impartido 10 capacitaciones sobre COVID-19 entre el personal del Hospital Rosales. “Todas son charlas no solicitadas. Eso también dice algo, ¿verdad? Ahora me las están solicitando...pero las primeras diez fueron no solicitadas”, confiesa. Al ser el experto en enfermedades infecciosas, el médico dice que es común que brinde las charlas que considera vitales para sus compañeros de trabajo.

Y es que la capacitación sobre un nuevo virus entre el personal de salud no es innecesaria. Por ejemplo, aún hay ignorancia respecto al coronavirus entre trabajadores del hospital. “Cuando estoy dando charlas creen que la tos es el síntoma frecuente. O me dicen que es el dolor de cabeza y diarrea”, cuenta. “Hasta creen firmemente que se pueden infectar por una corriente de aire caminando por una calle vacía”, asegura el infectólogo. 

Por ello presiona por que la primera medida del país sea la capacitación de los trabajadores de salud: “Las autoridades y el gobierno deben entender que aunque trabajen en salud, no significa que saben todo”.  Además, critica que en momentos de pandemia no se esté priorizando el apoyo hacia este sector: “Es inaceptable que hasta en emergencia nacional los trabajadores de salud tengan que depender del transporte público, mientras los empleados del Ministerio de Hacienda, Relaciones Exteriores, etc., han tenido por años buses que los recogen y dejan en puntos de la ciudad todos los días”. 

La queja de Cedillos no es la única. Enfermeras y médicos se han quejado de la falta de acceso a recursos e insumos desde que se declaró la emergencia nacional a mediados de marzo. El Gobierno aseguró, hasta inicio de abril, que hará llegar dotaciones de implementos médicos para los trabajadores de la salud. 

Desde su experiencia de más de 20 años como Jefe de Infectología, Cedillos califica de correctas las medidas que el gobierno ha tomado para aplanar la curva del contagio de COVID-19. Pero, a su juicio, las indicaciones para contener el virus se han seguido no porque se entienda cómo funciona la enfermedad, sino con base en el temor. “Las medidas están funcionando porque la población tiene miedo. Últimamente las autoridades la están hostigando”, reflexiona. Luego pone un ejemplo:  “¿Sabe qué me dijo una enfermera del Rosales hoy cuando llegó al hospital? Ella vive en Apopa y un retén la hizo bajarse del bus”.

Lo principal para este profesional es que desde el gobierno se debe transmitir mayor información y menor carga atemorizante. “El público necesita  mensajes claros, coherentes y competentes. Si la gente cree que el dolor de cabeza y la resequedad de la boca es un síntoma de coronavirus... es que el mensaje no ha llegado”, opina. Para los salvadoreños, el infectólogo del principal hospital nacional tiene un mensaje sobre limpieza y sobreinformación: “Lávense las manos con agua y jabón por veinte segundos y dejen de navegar en internet, al final van a encontrar que ya llegaron los extraterrestres y vaciaron la tierra".

 

Rolando Cedillos es un médico graduado de la Universidad de El Salvador con una especialidad en enfermedades infecciosas en la Universidad de Londres. Desde hace 22 años es el jefe del Servicio de Infectología del Hospital Nacional Rosales. Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
Rolando Cedillos es un médico graduado de la Universidad de El Salvador con una especialidad en enfermedades infecciosas en la Universidad de Londres. Desde hace 22 años es el jefe del Servicio de Infectología del Hospital Nacional Rosales. Foto de El Faro: Víctor Peña.


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