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Dictadura y covid-19: la doble tragedia de Nicaragua

Ludwing Moncada Bellorin

 
 

En Nicaragua vivimos una doble tragedia. Como si sobrevivir bajo una dictadura no fuera lo suficientemente difícil, ahora morimos en el desamparo y la negligencia de un desgobierno al que a todas luces le da igual quién se infecta, quién contagia y quién muere por covid-19.

En este artículo quiero exponer brevemente cómo el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional (GRUN) tuvo suficiente tiempo para tomar medidas preventivas ante la llegada del nuevo coronavirus y no lo hizo, cómo ha promovido el contagio de la covid-19 y cómo ha mentido con los datos sobre la pandemia.

No hubo medidas preventivas porque el GRUN así lo quiso
El 31 de diciembre del 2019, la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de Wuhan, China informó sobre un grupo de 27 casos de neumonía de etiología desconocida, que rápidamente se expandió por varios países del mundo hasta que, el 11 de marzo de 2020, la OMS declaró el estado de pandemia mundial. 

Poco se sabía del virus, excepto por sus tres síntomas básicos, su alto factor reproductivo y la probabilidad de un crecimiento exponencial a nivel global si no se tomaban medidas estrictas. En aras de reducir la curva de contagio y no saturar los sistemas de salud, la OMS emitió una serie de recomendaciones que los Estados debían adoptar.

Algunos países decidieron tomar medidas sumamente estrictas y otros países subestimaron por completo el virus, como Brasil o Estados Unidos. En Centroamérica, el 12 de marzo los jefes de Estado de los países miembros del SICA firmaron una declaración ante la pandemia de covid-19. En ella declaran que “los sistemas nacionales de salud atienden la pandemia de acuerdo a los protocolos orientados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)”.

Sin embargo, dos días antes de esta declaración, el 10 de marzo, Panamá ya había confirmado su primer caso de covid-19. La propagación del virus ya era una probabilidad real en la región, pero en Nicaragua, cuando el mes de marzo estaba por terminar,  de las medidas sanitarias establecidas en el Reglamento Sanitario Internacional para la prevención del covid-19, apenas se cumplían las dos más básicas: controles epidemiológicos en puntos de ingreso aéreo, terrestre y marítimo, e implementación de protocolos de vigilancia epidemiológica a nivel nacional. No se suspendieron las clases ni se restringieron los eventos públicos o la aglomeración de personas; tampoco se suspendió la entrada de connacionales y extranjeros provenientes de países con casos confirmados y ni hablar de hacerlos pasar por cuarentena.

El GRUN, un promotor del coronavirus
El 19 de marzo se confirmó el primer caso positivo de covid-19 en Nicaragua. A pesar de ello, el GRUN no sólo desatendió las medidas básicas, como la restricción de eventos públicos y aglomeraciones de personas o las medidas de distanciamiento social, sino que, promovió actividades que resultaban en posibles focos de contagio. 

Ese mismo mes de marzo, el GRUN convocó a una serie de manifestaciones bajo el lema de amor en tiempos de covid-19. “Participemos todos en la caminata” rezó un tuit del medio de comunicación oficialista El 19 digital. Así mismo, una nota de prensa en el sitio web del Ministerio de Salud  afirmó “Miles de nicaragüenses caminan con la fuerza de la fe y la esperanza, en Amor en tiempos del covid-19”, en la cual se destacaba la participación de las autoridades de salud.  

Para el 25 de abril ya se registraban en Nicaragua 11 casos confirmados, pero ese mismo día se realizó una velada de boxeo.  De igual manera, se mantuvo activa la Liga Primera de Fútbol, el Campeonato Nacional de Primera División, el Torneo de Baloncesto Carlos Ulloa. Se han ignorado tanto las recomendaciones que en mayo el Instituto Nicaragüense de Turismo programó más de 400 actividades multitudinarias, entre ellas ferias, fiestas, desfiles hípicos. El 9 de mayo, más de 2500 personas se conglomeraron en el estadio Rufo Marín Bellorin para presenciar un partido de baseball de la Liga Germán Pomares, la cual es propiedad del Estado. Así mismo, en el sitio web del Instituto Nicaragüense de Turismo se puede observar una calendarización de más de 100 actividades para el mes de junio, entre ferias y mercados organizadas por el gobierno.

En el Informe de Monitoreo SICA-COVID-19 se tomó nota que para el 4 de mayo el GRUN había realizado “4 millones de visitas a hogares a fin de promover salud, vida y fortalecer las medidas de prevención frente a la pandemia”. Sin embargo, en un video transmitido en Canal 4, se observa que ninguno de los funcionarios que realizó las visitas portó máscaras de protección o mantuvieron una distancia considerable, lo cual pudo haber puesto en riesgo de contagio a las familias que visitaron.

Inconsistencia de datos y sus consecuencias
Si algo se debe destacar de la covid-19 es su factor reproductivo (R0), es decir, la capacidad que tiene una persona de transmitir el virus a otras. Inicialmente, se manejó un R0 de 2.5, para un período de tres a seis días. Es decir, que una persona infectada podía contagiar a otras tres personas en una semana. Sin embargo, un reciente estudio publicado por el Centro de Control y Prevención de enfermedades, (CDC, por sus siglas en inglés) indicó que el R0 es de 5.6 para un período de seis a nueve días, lo cual se traduce en que una persona podría transmitir el virus a unas seis personas en un período de seis a nueve días.

La alta capacidad de contagio en tan poco tiempo se traduce en la probabilidad sobrepasar la capacidad instalada de un sistema de salud, lo cual deviene en un posible incremento en la tasa de letalidad. Esta última varía por país, entre el 3 % y el 15 % de letalidad, dependiendo de sus propios determinantes de la salud, así como por las medidas adoptadas.

Ante un escenario como ese, el manejo de los datos se vuelve un factor de vida o muerte. Sin embargo, desde que se confirmó el primer contagiado por covid-19 en Nicaragua los datos han sido inconsistentes, sugiriendo un patrón de comportamiento distinto al que el virus ha tenido en otros países que tomaron medidas de prevención. Ante la ausencia de medidas preventivas, es casi improbable que el virus tuviera un patrón de comportamiento distinto. El ejemplo más similar es Suecia, que decidió no tomar medidas y optó por una política de inmunidad de rebaño. Los datos sobre Suecia indican que desde el 1 de marzo hasta el 28 de mayo, pasaron de 14 a 35 088 contagiados, un claro comportamiento exponencial. 

En Nicaragua, en cambio, desde que se confirmó el primer caso, el ritmo de crecimiento ha sido inconsistente. En el sitio web de la Organización Mundial de la Salud se puede observar a detalle dichas inconsistencias. Por ejemplo, desde el 19 de marzo transcurrieron 34 días para que se registrara un acumulado de 10 casos confirmados. Luego, pasaron 28 días para que se confirmara un acumulado de 25 casos confirmados, el 20 de mayo. Un día después, el 21 de mayo, se dio un salto a 279 casos confirmados, y al cabo de seis días sin que se reportara un nuevo caso, el 28 de mayo, el MINSA reportó un acumulado de 759 casos, el 29 de mayo registró 126 casos nuevos que se mantuvieron hasta el 3 de junio cuando los casos acumulados subieron a 950, el 4 de junio ascendieron a un total de 1,309 casos acumulados y esos datos se mantienen hasta el domingo 7 de junio.

Bajo la sospecha de que el MINSA estuviera falsificando datos, un grupo multidisciplinario decidió formar el Observatorio Ciudadano COVID-19, en el que facilitan datos distintos a los del MINSA. Desde la primera semana de abril (fecha en la que comenzaron a registrar sus datos) hasta la el 3 de junio, el Observatorio Ciudadano registra 3,909 casos sospechosos de covid-19. La sumatoria de datos del Observatorio y los del MINSA resultan en 5,027 casos.

El problema radica en que, al no conocer datos veraces y transparentes sobre el avance de la epidemia no se puede determinar en qué momento va a colapsar el sistema de salud. Por ejemplo, según datos del MINSA, Nicaragua tiene un total de 7778 camas hospitalarias y 1 médico por cada 1000 habitantes. Sin embargo, de los datos del último reporte sobre covid-19 para Nicaragua, publicado por el Imperial College London (ICL), se puede inferir que el sistema de salud o está por colapsar o ya colapsó.

El ICL estima que si actualmente hay un total de 20 muertes reportadas, habrá 40 muertes en 3 días, 80 muertes en 6 días y así sucesivamente. Según ellos, “para la mayoría de las epidemias, en ausencia de intervenciones, esperamos un tiempo de duplicación de 3 a 4 días para esta enfermedad”.

Tomando como base una tasa de letalidad del 1 %, ICL sugiere que una muerte indica que aproximadamente 100 personas habrán sido infectadas y las otras 99 personas se están recuperando. Si se realiza un cálculo con un tiempo de duplicación de 3 días, esas 100 infecciones que ocurrieron hace 15 días habrían generado 200 infecciones hace 12 días, 400 infecciones hace 9 días y así sucesivamente, hasta resultar en aproximadamente 3200 infecciones desde el momento en que se observó la primera muerte. Esto implica que en un corto período de tiempo la cantidad de personas y habrían sobrepasado la cantidad total de camas hospitalarias disponibles en el país.

En el podcast de Hora Cero Frecuencia Insurgente, la epidemióloga María Jesús Largaespada mencionó que los datos son importantes para saber cómo el virus está afectando a la población, en este caso, para entender en qué fase de la pandemia se encuentra Nicaragua. Desconocer el verdadero comportamiento del virus impide tomar medidas incluso de iniciativas ciudadanas. Según Largaespada, la falta de datos puede generar un exceso de confianza en la población o una gran incertidumbre que afecta a niveles psicológicos.

A la incertidumbre debe sumarse la gran cantidad y frecuencia de los “entierros exprés” que han reportado los medios de comunicación a partir de mayo. De acuerdo a lo publicado por La Prensa, este es un protocolo elaborado por el MINSA para tratar los cuerpos fallecidos por covid-19 que fue filtrado a medios de comunicación.

Mientras el GRUN insiste en negar la fase de transmisión comunitaria, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha reconocido que Nicaragua ya se encuentra en dicha fase. Si viviéramos bajo un Gobierno al que le importa su ciudadanía, desde un inicio se habrían tomado medidas preventivas. A este punto, a falta de datos transparentes, no queda más que especular y leer con asombro y tristeza cómo periodistas, familiares, conocidos y personas desconocidas fallecen por covid-19, pese a todo lo que se pudo haber hecho para evitarlo.

Ludwing Moncada Bellorin es licenciado en Relaciones Internacionales, investigador y cofundador de Hora Cero, y coeditor y coautor del libro Anhelos de un nuevo horizonte: aportes para una Nicaragua democrática .
 
Ludwing Moncada Bellorin es licenciado en Relaciones Internacionales, investigador y cofundador de Hora Cero, y coeditor y coautor del libro Anhelos de un nuevo horizonte: aportes para una Nicaragua democrática .


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