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“En Santo Tomás nadie nos avisó del peligro”

En Santo Tomás, aquellos que evacuaron la zona del deslave lo hicieron más por instinto de supervivencia que por un aviso del sistema nacional de protección civil. A los Melara, ni a sus vecinos, ninguna autoridad llegó a evacuarlos, a advertirles. Los siete miembros de esta familia, convertidos ahora en el símbolo de la tragedia, continúan desaparecidos bajo la tierra, mientras los funcionarios de Gobierno visitan el lugar rodeados de las cámaras de los equipos de prensa gubernamental. 

 
 

“Yenni estaba en línea. Hace una hora estaba en línea… pero nada”, dice Raúl Reyes mientras muestra en su celular una conversación con su prima, Yennifer Melara, que ya lleva doce horas soterrada. Hoy es miércoles 3 de junio y son las 5:13 p. m. En El Salvador la tormenta no amaina, ya ha dejado 30 mil damnificados, 27 muertos y diez desaparecidos: entre ellos Yennifer, sus hermanos y padres. Hace una hora, a Raúl lo abrazó una esperanza. El messenger de su prima aparecía activo, según la red social de Facebook. Sin embargo el tiempo avanza y la esperanza de encontrarlos con vida poco a poco se convierte en frustración. Aún debajo de la tierra, Raúl asegura que algunas llamadas entran a los celulares.  Antes de enseñar el chat, intenta llamar a Yennifer y al resto de la familia, pero la llamada ya no entra. La conexión ha cesado.

La familia Melara quedó soterrada la madrugada del tres de junio. Un alud Lo arrastró todo: árboles, rocas… sepultó la casa donde vivían los siete miembros de la familia: Un matrimonio y sus cinco hijos. Por ello, durante todo el día, familiares, vecinos, curiosos y funcionarios han intentado ver, entre la tierra, alguna señal que les indique que están con vida.

Nadie sabe definir la hora exacta a la que ocurrió el deslave. Algunos vecinos dicen que fue a las 5 de la mañana; otros, que a las 3 de la madrugada. Lo cierto es que más de 36 horas después ningún miembro de la familia de siete ha logrado ser rescatado del lodo. La casa de la familia estaba ubicada sobre el kilómetro 8 de la antigua carretera a Zacatecoluca en Santo Tomás. El miércoles se convirtieron en el símbolo de la tragedia. Tras más de dos meses en los que el país ha estado bajo cuarentena nacional para evitar el nuevo coronavirus, bajo la premisa de “quédate en casa”, la probabilidad más grande es que la familia Melara haya muerto por no haber salido de su casa a tiempo. 

La irrupción de la tormenta Amanda agarró desprevenido a un país que atendía la emergencia de la covid-19, que hasta la fecha ha contagiado a más de 2,700 personas y matado a 52. La lluvia agarró desprevenido a un país que ya cumple 74 días de cuarentena domiciliar. 

Desde el 3 de junio, rescatistas realizan la búsqueda de siete personas. Un alud de tierra destrozó las viviendas sobre el kilómetro 8 de la carretera antigua al municipio de Santo Tomás, en el departamento de San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
Desde el 3 de junio, rescatistas realizan la búsqueda de siete personas. Un alud de tierra destrozó las viviendas sobre el kilómetro 8 de la carretera antigua al municipio de Santo Tomás, en el departamento de San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

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La tormenta Amanda golpeó con fuerza el territorio salvadoreño desde las primeras horas de la madrugada del domingo 31 de mayo. La alerta roja, aquella que recomienda “evacuar urgentemente si se encuentra en zona de peligro”, fue ordenada por el presidente hasta el domingo a las 7 de la mañana. A esa hora, cientos de personas ya habían perdido sus casas y todas sus pertenencias. “La declaración de alerta debe ser clara, comprensible y asequible, vale decir, difundida por el máximo de medios, inmediata, sin demora, coherente”, de acuerdo con la Ley de Protección Civil, Prevención y Mitigación de Desastres.

Amanda golpeó duro; y detrás se vino la tormenta Cristobal. ¿Se emitieron las suficientes alertas a tiempo? ¿Se activó el sistema nacional de protección civil en las zonas de riesgo? A los Melara nadie llegó a evacuarlos con éxito. Tres días después de Amanda, con Cristobal encima, ellos todavía se encontraban con vida en su casa. En Santo Tomás, los vecinos se alertaron los unos a los otros. El domingo unas láminas de la entrada de su casa ya habían cedido ante las lluvias. Algunos vecinos les recomendaron salir. Luego vino el deslave. Ahora -ya tarde- las autoridades municipales y estatales intentan sacarlos. 

Al derrumbe puede ingresar la policía, los soldados, el personal de protección civil, Cruz Verde y bomberos. Al grupo de rescatistas certificados en la zona de la tragedia, se sumó el ministro de Defensa René Monroy y el ministro de Gobernación Mario Durán junto a sus equipos de prensa. Más tarde, estos difundirán en redes sociales imágenes del ministro de Defensa con una pala: “El Ministro de @DefensaSV, @merino_monroy se encuentra al frente del operativo de rescate de las siete personas sepultadas.”, dirá un tuit oficial. 

Según el Gobierno, los Melara ya sabían que debían evacuar la zona. El ministro de Gobernación dijo que la orden de evacuación se le dio a la familia Melara el martes. Tres días después de que la tormenta había iniciado. “La orden de evacuación se dio un día antes de parte del sistema de protección civil municipal”, dijo Mario Durán el miércoles. Al pie del derrumbe siguió explicando las razones por las que, supuestamente, la familia Melara no evacuó: “Las personas se encontraban orando. A eso de las 4 de las mañana se supo que las personas estaban orando. Rescatamos las biblias de las personas. Eso nos ha dado aliento al equipo que se encuentra allá arriba. El trabajo va a seguir así, lamentablemente las personas no acataron las recomendaciones y se dio esta situación”, aseguró. 

Cuando se le preguntó la hora exacta a la que se le dio la indicación de evacuar a la familia, el ministro se limitó a decir que eso sucedió “un día antes”. Al lado de la casa de los Melara, se encuentra un negocio de comida argentina y un pequeño hotel. Los dueños de dicho restaurante, al lado del derrumbe, aseguran que nadie los evacuó. “El sábado nos quedamos a dormir y fue terrible. Nos evacuamos solos. Nadie nos avisó. Igual que a los vecinos de enfrente con quienes tenemos conversaciones a diario”, aseguran los emprendedores. En otro comedor sobre la misma carretera, los vecinos aseguran que no escucharon órdenes de evacuación en los días previos al deslave.

Al final de la tarde, la lluvia empezó a caer en la zona y el equipo de protección civil y los policías hicieron más grande el perímetro acordonado. Continuaba el peligro de más derrumbes. 

Este vehículo quedó totalmente destrozado sobre el kilómetro 8 de la carretera antigua al municipio de Santo Tomás, en San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
Este vehículo quedó totalmente destrozado sobre el kilómetro 8 de la carretera antigua al municipio de Santo Tomás, en San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña.

Desde la mañana del miércoles, a la zona llegaron vecinos y familiares. Cintas amarillas sobre la calle principal prohibieron el paso hasta la zona del deslave y a la mayoría de gente solo le tocó esperar. Julio César es un hombre de la tercera edad. Detrás de su mascarilla oscura, miraba hacia la zona del deslave y guardaba silencio. Su hermana, María Isabel Salamanca, es una de las personas que quedaron atrapadas. Es jardinero y dice que solo comparten sangre del lado paterno, pero estaba ahí, esperando que la saquen con vida. Los curiosos alrededor platicaban. Él callaba y observaba con los brazos cruzados. “Él se puso bien mal”, dijo su esposa en voz baja.  

La familia estaba compuesta por el matrimonio de Maria Isabel Salamanca y Francisco Melara. Procrearon cinco hijos: Carla de 25 años, Yennifer de 22, Javier de 23 y tenían un par de gemelos -Nahúm y Josué- quienes ya habían cumplido los 18 años. Eran una familia cristiana y tranquila, aseguran los vecinos y amigos de la iglesia. Quienes más cercanía tenían con ellos marcaban a los celulares. Que hubiera señal les daba esperanza. También a la autoridades.

“Se han escuchado sonidos. Tenemos la esperanza de que haya personas con vida. Por lo menos una”, decía el ministro de Gobernación Durán a las tres de la tarde del miércoles. Durante toda la tarde, él subió y bajó de la zona del derrumbe en numerosas ocasiones. Junto a él subían empleados de la prensa gubernamental que coleccionaban fotos de los funcionarios en medio de la tragedia. En redes sociales se consignaron sus idas y venidas, su pantalón y zapatos llenos de lodo; Durán caminando entre los rescatistas... Mientras los ministros de Gobernación y Defensa supervisaban el trabajo de rescate, las cámaras oficiales disparaban fotos. Mientras tanto, en algún lugar del derrumbe, una familia de siete miembros seguía soterrada bajo la tierra.

A eso de las tres de la tarde, más de diez horas después del deslave, los rescatistas solo habían logrado rescatar con vida al perro de la casa. Los curiosos aseguran que se llama Oso. El can bajó de la zona de la tragedia con las patas enlodadas. Estaba desubicado. Al cuello traía un cincho negro que hacía las veces de correa. Venía siguiendo los pasos de Luis García, un vecino de la familia que vive un kilómetro arriba de la zona del deslave. “Sí está feo allá arriba”, dijo Luis. Los familiares y vecinos guardaban silencio para escuchar al hombre que pudo ver el desastre con sus propios ojos. 

Desde temprano por la mañana, Luis García intentó llegar al derrumbe, pero se lo impidieron. “Vine en la mañana, pero no me dejaron pasar. Pero yo no estaba a gusto. Volví y les dije que yo sí sabía la ubicación de dónde era la casa y por eso me dejaron pasar”.

Luis García es mecánico y amigo de Francisco, el padre de la familia Melara. Francisco  tenía un taller de pintura de carros. Cuando salía un trabajo de mecánica llamaba a Luis para que lo apoyara. Con su amigo soterrado, lo único que pudo hacer el mecánico fue salvar a una de las mascotas de la familia. “Este perro es bravo. No se deja agarrar. Pero anda asustado”. Luego dice que en la zona del deslave los soldados y cuerpos de salvamento han logrado sacar algunas cosas de la familia. Al lodo, se le logró arrancar unas prendas de ropa de Francisco y el perro, rápido, salió a olerlas y a mover la cola. Después, el perro se sentó a descansar sobre las telas. 

La escena le causó compasión a Luis. Así que se quitó su cincho y lo ocupó para amarrar al perro desde el cuello. “Hoy va a cambiar de casa”, le dijo a la mascota mientras lo conducía hacia su propio hogar. Él vive en una colonia del kilómetro 9 de esta carretera llena de curvas  y paredones de tierra. Asegura que a su casa no ha llegado nadie de Protección Civil a prevenir sobre algún desastre. Cuando habían pasado más de doce horas sin tener noticias de la familia amiga, él ya había perdido la esperanza de encontrarlos con vida. “El tiempo está pasando, no creo yo que resistan”, dijo antes de irse.

Un día depués, el perro Oso fue noticia en redes sociales. El jueves, la cuenta oficial de los bomberos dijo que las “las labores han hecho posible que encontremos y rescatemos a Oso, la mascota de la familia”. "Nuestros equipos acaban de encontrar con vida a su mascota", tuiteó también el presidente. En realidad, Oso no estaba soterrado. La tarde y noche anterior la pasó en la casa de Luis y esta mañana escapó. “Hoy a las diez de la mañana salí al super. Lo dejé amarrado y cuando vine ya no estaba. Hizo un hoyo y se fue. Pobre animalito, anda desesperado buscando a su gente”, dijo Luis.   

Un grupo conjuto de bomberos, rescatistas y militares buscan a siete personas entre los escombros de esta vivienda.  Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
Un grupo conjuto de bomberos, rescatistas y militares buscan a siete personas entre los escombros de esta vivienda.  Foto de El Faro: Víctor Peña.

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Durante el miércoles, el cielo se mantuvo nublado y el clima amenazaba con una posible suspensión temporal de las labores de rescate. Las lluvias de los últimos días han provocado 497 derrumbes, 12 cárcavas, más de 300 árboles caídos y 22 inundaciones, según la comisionada presidencial, Carolina Recinos. De acuerdo con las cifras oficiales, hay cerca de 30 mil familias afectadas por las lluvias. 

El jueves amaneció con precipitaciones y un acumaldo máximo de 107 mm de lluvia según el Ministerio del Medioambiente. Los funcionarios y los miembros de la prensa gubernamental, aún así, volvieron a Santo Tomás. Esta vez, a la comitiva fotografiada bajo la lluvia se sumó el director de Protección Civil. “El Ministro de la @DefensaSV, @merino_monroy, llegó desde muy temprano a continuar con las labores de búsqueda que se realizan en Santo Tomás, luego que un deslave soterrara una casa con una familia dentro”, tuiteó la cuenta oficial de la Secretaría de Comunicaciones. 

 

El jueves 4 de junio, las labores de rescate en Santo Tomás fueron suspendidas durante la mañana por las fuertes lluvias. Por la tarde, el reinicio del rescate tuvo que esperar el montaje y desmontaje de un podio al pie del deslave, donde se esperaba que el presidente Nayib Bukele diera un discurso. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
El jueves 4 de junio, las labores de rescate en Santo Tomás fueron suspendidas durante la mañana por las fuertes lluvias. Por la tarde, el reinicio del rescate tuvo que esperar el montaje y desmontaje de un podio al pie del deslave, donde se esperaba que el presidente Nayib Bukele diera un discurso. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

A las 2:00 p.m., a la escena también llegaron una veintena de oficiales del Estado Mayor Presidencial. Ellos custodiaron, de manera momentánea, la zona. Colocaron cintas separadoras y barandas metálicas alrededor de un podio presidencial que fue colocado al pie del deslave. De fondo estaba el derrumbe, los equipos de socorro. Muy cerca, los familiares de las víctimas. Empleados de Prensa de Casa Presidencial aseguraron que Nayib Bukele llegaría a dar un discurso en Santo Tomás. Las labores de rescate, que durante la mañana habían sido suspendidas por la lluvia, no se reanudaban. Se suponía que reiniciarían cuando se calmara la lluvia, pero el montaje para recibir al presidente hizo más larga esa espera. Cerca de una hora y media después, Casa Presidencial desarmó su plan. Lo hizo después de que en redes sociales circulara la imagen del podio y las palabras de un familiar de la familia Melara.

 “Con todo el respeto para el señor presidente, creería que no es oportuna (su visita). Principalmente por lo que ha pasado. Son siete vidas las que están ahí”, dijo Wilfredo Salamanca a varios medios de comunicación, entre estos El Faro. Después él diría que sus declaraciones fueron tergiversadas y que el mandatario era bienvenido en la zona. Al final, el escenario armado al pie de la tragedia fue desmontado y las labores de rescate se reanudaron. 

 

El jueves 4 de junio, un grupo de más de 20 miembros del Estado Mayor Presidencial, colocó, en medio del lodo, el podio presidencial. Una hora después, Casa Presidencial canceló su actividad. Foto de El Faro: Víctor Peña. 
 
El jueves 4 de junio, un grupo de más de 20 miembros del Estado Mayor Presidencial, colocó, en medio del lodo, el podio presidencial. Una hora después, Casa Presidencial canceló su actividad. Foto de El Faro: Víctor Peña. 

                                                                                                                                                                                                                 


*Con reportes de Víctor Peña


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