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La muerte que viene

 
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Un trabajador funerario observa el lugar donde se abrieron 84 nuevas fosas en el cementerio La Bermeja, en San Salvador, específicamente en al área dedicada a los entierros bajo protocolo covid-19. El pasado lunes 6 de abril, hace casi cuatro meses, el alcalde de San Salvador, Ernesto Muyshondt, confirmó que en el cementerio La Bermeja se había realizado el primer entierro con protocolo covid-19 a una persona que no pertenecía al municipio de San Salvador. Para ese día, en el cementerio municipal ya se contaba con 118 fosas en un área especial y dedicada para los muertos que pudiera causar la pandemia del coronavirus. A día de hoy, tras una cuarentena de más de tres meses, San Salvador se ha convertido en el municipio con el mayor número de contagios del país: 2,116, según los datos oficiales hasta el 28 de julio. También el área del cementerio dedicada para los entierros con protocolo covid-19 ha aumentado. El 27 de julio el alcalde confirmó que en La Bermeja se han realizado 900 inhumaciones con protocolo covid-19. Lo que quiere decir que a aquellos 118 espacios iniciales tuvieron que sumarse 782 nichos más, y aún así no dieron abasto. El pasado lunes 27 de julio, el cementerio contaba con 84 fosas más que, tomando en cuenta el ritmo de entierros diarios, en unos pocos días estarán llenas. Según los datos del alcalde, en La Bermeja se realizan 20 entierros con protocolo covid-19 al día y, de seguir así, el cementerio soportaría cuatro meses más, es decir, unos 2,400 entierros que se sumarían a los 900 que hasta la fecha se han realizado. Si bien las cifras oficiales del Gobierno salvadoreño indican que ha habido poco más de 400 muertes por covid-19 en todo el país, los mismos funcionarios reconocen que esa cifra es un subregistro, y que las muertes son muchas más. Muestra de ello es lo que ocurre en decenas de cementerios municipales en todo el país que todos los días realizan entierros bajo el protocolo para prevenir la enfermedad. La razón es que mucha gente muere en sus casas o en los hospitales antes de que les realicen la prueba de covid-19, pero con toda la sintomatología del virus. Son personas que, por precaución, deben ser enterradas como si hubieran muerto a causa de la pandemia. 

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