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Retos y esperanzas de la exploración en Marte

Bernardo López

 
 

Es un hecho que los únicos seres extraterrestres de quienes tenemos certeza somos los seres humanos.  Nuestra presencia en Marte y las misiones de exploración a otros destinos en nuestro sistema solar nos han convertido en viajeros espaciales. El reciente lanzamiento de Mars 2020 marca una nueva era en la búsqueda para determinar si hemos sido los únicos seres vivientes en nuestro sistema estelar y para trazar una posible ruta que nos permita sobrevivir en otro planeta.

La coincidencia de este evento con la realidad de una pandemia que ha arrasado con millones de vidas como un fuego viral a través del mundo entero en los últimos 7 meses puede parecer una discordancia  e incluso evocar un ‘¿Para qué?

Pero este no fue el único lanzamiento con destino a Marte que se realizó el pasado mes de julio.  La relativa cercanía de Marte a la Tierra este año ha propiciado cuatro misiones de diversas agencias en el mundo: Mars 2020 (NASA de USA), Exomars 2020 (ESA de la Unión Europea y ROSCOSMOS de Rusia), Amal (Emiratos Arabes Unidos), y Tianwen-1 (CNSA de China).  Constatar que otras naciones tienen la capacidad y voluntad para invertir en el desarrollo del conocimiento respecto al planeta vecino que más se asemeja a la Tierra debe ser motivo de satisfacción.

Un cohete Atlas V despega con el vehículo Perseverance desde el complejo de lanzamiento 41 en la estación Cabo Cañaveral, el pasado 30 de julio 2020. Foto: Gregg Newton / AFP.
 
Un cohete Atlas V despega con el vehículo Perseverance desde el complejo de lanzamiento 41 en la estación Cabo Cañaveral, el pasado 30 de julio 2020. Foto: Gregg Newton / AFP.

Para NASA, Mars 2020 representa el esfuerzo actual en un continuum que empezó con las misiones Mariner en la década de 1960, seguidas por las misiones Viking en 1970, y las de los carros robóticos en décadas más recientes.  Desde entonces, con cada nueva misión vamos eliminando los misterios y reemplazándolos con datos, información, conocimientos y el saber basados en fundamentos científicos, a través de experimentos in-situ, sobre el planeta Marte.

Históricamente, los seres humanos hemos explorado nuevas fronteras, motivados por razones cada vez más complejas, adaptándonos a los valores y necesidades de mayor peso. Nuestros ancestros, primeros pobladores de las Américas descubrieron este continente hace decenas de milenios en busca de nuevas tierras y recursos para su sobrevivencia. Igualmente lo harían los vikingos unos 600 años antes que los españoles.  Las conquistas de Gengis Kan a través de Asia, Medio Oriente y Europa alrededor de 1200, respondieron a los deseos de poder y expansión territorial. Los viajes de Marco Polo, unos 70 años más tarde, serían motivados por factores económicos y mercantiles.

En lo que a la exploración del espacio corresponde, a partir de la Segunda Guerra mundial, el evidente valor estratégico del espacio aéreo para los contendientes de mayor adelanto (Alemania, USA, Inglaterra, y Japón), desenlazó una inevitable carrera por dominar el espacio extraterrestre como la nueva plataforma de observación y ataque de mayor valor estratégico.  Los exitosos esfuerzos que generaron Sputnik (USSR), Explorer 1 (USA), Venera (USSR), Mariner (USA), Viking (USA), Voyager (USA),  Pathfinder (USA), Cassini (USA), Odyssey (USA), MER (USA), MSL (USA), entre muchos otros, muestran una evolución que parte desde el esfuerzo militar y se desliga hacia el enfoque científico y hacia la exploración interplanetaria por parte de NASA y otros –claro es, que la rama militar ha seguido su propio curso y objetivos en varios países del mundo.

Al mismo tiempo, inversiones en misiones espaciales destinadas a estudiar nuestro planeta, como Aura, CloudSat, CALIPSO, Aqua, GCOM-W1, OCO-2 y muchas más, nos han permitido estudiar aspectos de la biósfera y atmósfera, y llegar a sobrias conclusiones sobre la capa de ozono en la estratósfera, las dinámicas energéticas y del ciclo hidrológico entre los océanos, la tropósfera, bosques, lagos y ríos.

Como es de amplio conocimiento, los resultados registran los daños que la demanda de recursos y saturación de hidrocarburos están causando en nuestros hábitats, atmósfera y en el planeta entero.  Este conocimiento y las vistas lejanas de Voyager que muestran a la Tierra como un punto indescifrable e insignificante en el oscuro espacio vacío, subrayan la fragilidad que el ser humano ha impartido a este paraíso de nuestros antepasados, de todos los que en él vivimos, y de las generaciones futuras.

De las misiones anteriores a Marte hemos aprendido sobre sus similitudes con nuestro propio planeta, como volcanes y detalles de su actividad, evidencia de agua fluyendo sobre su superficie, depósitos sedimentarios, presencia de dunas formadas por los vientos, y la presencia de agua bajo su superficie. De hecho, el sitio de amartizaje, el Cráter Jezero, muestra claramente evidencia de un abanico aluvial con sedimentos característicos de un delta en la desembocadura de un antiguo río sobre el cráter.

Basándonos en exámenes de espectroscopia, algunos de estos sedimentos contienen minerales que indican alteraciones químicas, arcillas y carbonatos que pueden contener fósiles de antiguas bacterias marcianas.

Una de las tareas de Perseverancia (el carro robótico de Mars 2020) es precisamente determinar si se desarrolló la vida en Marte en su pasado, y por ello es que Jezero, por sus características y composición, es la primera región de estudio en esta misión.  Las otras tareas son la caracterización del clima marciano, su geología y demostrar tecnologías para el uso de recursos en ese ambiente para el sostén humano en misiones futuras.

Si un día existieron volcanes activos en el planeta rojo, fluyeron abundantes corrientes de agua, existieron lagos sobre su superficie, si hubieron seres vivientes aunque fuesen microscópicos, por ahora sólo podemos ver sus manifestaciones y constatar su existencia pasada. Esta realidad contiene la sobria advertencia para nuestro planeta de que los procesos de evolución planetaria pueden transformar ambientes propicios para la vida en su momento en ambientes inhóspitos y desolados en un futuro.

Las misiones al planeta Tierra nos alertan sobre el eminente calentamiento global y cambios climatológicos debido a nuestra actividad humana. Es por eso que hoy – cuando enfrentamos una pandemia que ha expuesto la fragilidad de la existencia humana–  la exploración para conocer el ambiente y condiciones en otro mundo, tiene más sentido que nunca. Lo que sea que aprendamos de Marte nos puede sugerir una posible nueva ruta migratoria para el futuro o, por el contrario, reforzar un mal presagio de evolución planetaria para la Tierra.

En Marte estamos y allí vamos de nuevo, pero no podemos perder de vista que nuestra especie y nuestro planeta necesitan ser protegidos de los peligros que les acechan. Urge, pues, revertir el daño, modificar nuestros procesos y patrones de consumo.

Espero que disfruten el progreso de la misión Mars 2020 desde la seguridad de sus hogares.

Bernardo López es ingeniero aeroespacial salvadoreño. Trabaja en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA en California y ha colaborado en el diseño de los Mars Land Rovers y antenas espaciales.
 
Bernardo López es ingeniero aeroespacial salvadoreño. Trabaja en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA en California y ha colaborado en el diseño de los Mars Land Rovers y antenas espaciales.


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