Trasladar cadáveres del hospital al cementerio se ha convertido en una labor sin descanso durante la pandemia por coronavirus que, según datos oficiales, ya ha cobrado más de 500 vidas en El Salvador. Una cifra que, a la luz de los cientos de entierros bajo protocolo covid-19, es solo un subregistro. Ser muertero, como popularmente se conoce a los trabajadores funerarios, es una labor que Santos Leiva, de origen hondureño, desempeña desde hace diez años. Desde que empezaron a tratar con muertos por la covid-19, el trabajo y la vida familiar de Santos es más complicada. Santos nunca había usado un traje de protección nivel 3 para realizar un servicio funeral y tampoco había tenido que dormir en la funeraria tantas noches a la semana. Están tan saturados de muertos que la funeraria donde Santos trabaja ha tenido que rechazar cadáveres en más de una ocasión. "En otros tiempos teníamos que salir a buscar a los muertos, ahora los muertos vienen a nosotros", dijo Santos, que con su trabajo sostiene a su esposa y sus dos hijos. 

 

Santos Leiva espera, al borde de las fosas del cementerio La Bermeja, en San Salvador, su turno para entregar el ataúd con el cuerpo de la persona que murió por la covid-19. Para el funerario, este es uno de los momentos más sofocantes: ''Debemos esperar durante minutos a que los familiares hagan trámite en los cementerios, usar durante mucho tiempo el traje es una de las experiencias más feas que he sentido'', dijo.
 
Santos Leiva espera, al borde de las fosas del cementerio La Bermeja, en San Salvador, su turno para entregar el ataúd con el cuerpo de la persona que murió por la covid-19. Para el funerario, este es uno de los momentos más sofocantes: ''Debemos esperar durante minutos a que los familiares hagan trámite en los cementerios, usar durante mucho tiempo el traje es una de las experiencias más feas que he sentido'', dijo.

 

 

Santos saca un ataúd de la bodega de la funeraria El Perdón, de Mejicanos. Según explicó, los nuevos ataúdes para personas que fallecieron a causa de la covid-19 no tienen ventanilla, son sellados totalmente para mayor seguridad.
 
Santos saca un ataúd de la bodega de la funeraria El Perdón, de Mejicanos. Según explicó, los nuevos ataúdes para personas que fallecieron a causa de la covid-19 no tienen ventanilla, son sellados totalmente para mayor seguridad.

 

 

Santos Leiva y sus hijos Leví, de tres años, y Eduardo, de 9. Como medida de precaución, Santos solo puede ver a sus hijos una vez por semana durante dos días, el resto de los días se la pasa levantando los muertos que la pandemia va dejando en los hospitales de San Salvador.
 
Santos Leiva y sus hijos Leví, de tres años, y Eduardo, de 9. Como medida de precaución, Santos solo puede ver a sus hijos una vez por semana durante dos días, el resto de los días se la pasa levantando los muertos que la pandemia va dejando en los hospitales de San Salvador.

 

 

A la izquierda, el listado de funerales sin protocolo covid-19; y a la derecha, los funerales con protocolo covid-19 del 29 de julio del 2020 en la pizarra de la funeraria donde trabaja Santos.
 
A la izquierda, el listado de funerales sin protocolo covid-19; y a la derecha, los funerales con protocolo covid-19 del 29 de julio del 2020 en la pizarra de la funeraria donde trabaja Santos.

 

 

Santos Leiva nació en 1979 en La Ceiba, Honduras. Migró a El Salvador cuando tenía 16 años, trabajó durante mucho tiempo en un taller de enderezado y pintura de Santa Ana. Sus últimos trabajos tienen que ver con la muerte. Cuando dejó el taller, fue contratado por una funeraria en el área de ventas. Allí aprendió a preparar a los muertos.
 
Santos Leiva nació en 1979 en La Ceiba, Honduras. Migró a El Salvador cuando tenía 16 años, trabajó durante mucho tiempo en un taller de enderezado y pintura de Santa Ana. Sus últimos trabajos tienen que ver con la muerte. Cuando dejó el taller, fue contratado por una funeraria en el área de ventas. Allí aprendió a preparar a los muertos. "Ahora ya tengo 10 años de andar cargando muertos", dijo.

 

 

Santos observa la fotografía de sus hijos luego de una llamada telefónica con ellos y su esposa.
 
Santos observa la fotografía de sus hijos luego de una llamada telefónica con ellos y su esposa. "Si llego a enfermar, no voy a llegar a la casa", fueron las últimas palabras de Santos antes de cortar la llamada.

 

 

En la funeraria se habilitó un lugar para que los trabajadores puedan descansar y pasar la semana para evitar el contacto diario con sus familiares. Cada trabajador visita a su familia cada cinco días.
 
En la funeraria se habilitó un lugar para que los trabajadores puedan descansar y pasar la semana para evitar el contacto diario con sus familiares. Cada trabajador visita a su familia cada cinco días. "Tenemos un buen jefe, no todos pueden tener un lugar donde pasar sin poner a su familia en riesgo", dijo Santos mientras descansaba en la litera que comparte con su compañero Óscar Chacón.

 

 

Santos se ajusta los guantes al interior de la carroza fúnebre antes de entrar a recoger un cuerpo al interior de la morgue del Hospital Rosales.
 
Santos se ajusta los guantes al interior de la carroza fúnebre antes de entrar a recoger un cuerpo al interior de la morgue del Hospital Rosales. "El primer caso con protocolo covid-19 que vimos fue en este hospital, estábamos muy nerviosos. Cuando entramos a la morgue, había diez cuerpos que tenían que ser retirados con protocolo. Ahí nos enteramos de la gravedad del asunto", dijo, mientras terminaba de acomodarse el traje.

 

 

Santos cierra la compuerta de la carroza fúnebre después de entregar el ataúd a los enterradores del cementerio La Bermeja. Al interior de la caja de madera va el cuerpo de una persona que murió con síntomas similares a los de la covid-19 en el hospital Amatepec del Seguro Social, en Soyapango.
 
Santos cierra la compuerta de la carroza fúnebre después de entregar el ataúd a los enterradores del cementerio La Bermeja. Al interior de la caja de madera va el cuerpo de una persona que murió con síntomas similares a los de la covid-19 en el hospital Amatepec del Seguro Social, en Soyapango.

 

 

Cuando Santos llega a su casa tiene que cumplir con un proceso de desinfección, debe ducharse y cambiarse de ropa, después desinfecta las compras semanales del supermercado que lleva a su familia. Hasta entonces puede acercarse a sus hijos y a su esposa Sulma de Leiva.
 
Cuando Santos llega a su casa tiene que cumplir con un proceso de desinfección, debe ducharse y cambiarse de ropa, después desinfecta las compras semanales del supermercado que lleva a su familia. Hasta entonces puede acercarse a sus hijos y a su esposa Sulma de Leiva. "Cuando la pandemia inició, mi esposa me propuso cambiar de empleo, pero ya era muy tarde para conseguir algo", explicó.

 

 

Santos camina sobre un predio ubicado en el Barrio San Juan, del municipio de Comasagua, La Libertad. Desde hace 12 años reside en ese municipio, allí conoció a su esposa y se casaron. La funeraria para la que trabaja le brinda el servicio de transporte para desplazarse los casi 30 kilómetros que hay entre Comasagua y Mejicanos.
 
Santos camina sobre un predio ubicado en el Barrio San Juan, del municipio de Comasagua, La Libertad. Desde hace 12 años reside en ese municipio, allí conoció a su esposa y se casaron. La funeraria para la que trabaja le brinda el servicio de transporte para desplazarse los casi 30 kilómetros que hay entre Comasagua y Mejicanos.

 

 

En el hospital Rosales, la espera para sacar cuerpos de la morgue es larga. En ocasiones hay hasta diez funerarias esperando turno cuando Santos llega al lugar. Sacar un cuerpo del hospital toma cerca de 20 minutos. La entrega de cuerpos con protocolo covid-19 es todos los días a la 1:00 p.m en la morgue del Rosales.
 
En el hospital Rosales, la espera para sacar cuerpos de la morgue es larga. En ocasiones hay hasta diez funerarias esperando turno cuando Santos llega al lugar. Sacar un cuerpo del hospital toma cerca de 20 minutos. La entrega de cuerpos con protocolo covid-19 es todos los días a la 1:00 p.m en la morgue del Rosales.

 

 

Las botas de los trabajadores de la funeraria en la habitación donde duermen.
 
Las botas de los trabajadores de la funeraria en la habitación donde duermen. "Muchas veces el cansancio nos afecta, hay cosas que las pasamos por alto, cosas simples, las botas deberían estar fuera de la habitación, pero muchas veces el cansancio nos gana", expresó Santos al ver las botas de sus compañeros al lado de su cama.

 

 

Santos Leiva con parte de su equipo de protección antes de ir a sacar un cuerpo de la morgue del hospital Amatepec, en Soyapango.
 
Santos Leiva con parte de su equipo de protección antes de ir a sacar un cuerpo de la morgue del hospital Amatepec, en Soyapango. "La clave para no enfermarnos es cuidarnos nosotros primero y también cuidar de nuestros compañeros, solo así evitaremos caer enfermos o, peor aún, tomar el lugar de nuestros clientes en un ataúd", dijo.

 

 

En estos días de pandemia, las llamadas para recoger cuerpos llegan en cualquier momento.
 
En estos días de pandemia, las llamadas para recoger cuerpos llegan en cualquier momento. "Es normal que cuando estamos comiendo nos llaman y en unos minutos estamos dentro de una morgue tratando de buscar con una fotografía el cadáver que nos toca, vamos abriendo bolsa por bolsa", explicó Santos que suele ser el último en ver el cuerpo. En esta pandemia, los familiares no pueden ver a sus muertos antes del entierro, y deben presenciarlo todo a metros de distancia.

 

 

Para Santos, el estrés es mucho, cada día tiene que lidiar con el virus, todos los días debe cargar con aquellos a los que el virus se llevó.
 
Para Santos, el estrés es mucho, cada día tiene que lidiar con el virus, todos los días debe cargar con aquellos a los que el virus se llevó. "Muchas cosas que nos pasan son mentales. Hay días que siento que me voy a enfermar y hasta compro antigripales y me los tomo, pero así es esto. Si no hacemos este trabajo nadie más lo hará, vivo cargando a los muertos de la covid-19".