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A pesar de las advertencias, en Guatemala las voces siguen gritando

 
 

El podcast La Advertencia narrado por el actor hollywoodense Diego Luna, quién lo diría, nos traslada sinuosamente por la historia de Guatemala, específicamente al 10 de mayo de 2013. Recuerdo que desde tempranito hicimos la fila a la par de las mujeres con güipil rojo-encendido-ixil para ingresar a la sala de vistas de la Corte Suprema de Justicia y escuchar el resultado del juicio contra el dictador Efraín Ríos Montt. La sentencia requirió algunas horas de espera. Fue una tensión en donde se veía cómo la gente apretaba las manos, las lágrimas de la señora a la par mía caían como alaridos acongojados por las décadas en silencio.

La voz de la jueza Yassmín Barrios, aguda y vehemente, como el filo de un machete, relató los hechos. Decía que el general, quien ganó militarmente la guerra, había podido evitar las matanzas contra el grupo étnico ixil pero no quiso, no dio la orden que bastaba para que más de mil hombres, mujeres y niños no hubieran sido masacrados, las mujeres violadas y que las aldeas no se convirtieran nada más que en polvo y cruces, los vestigios que dejó el genocidio.

Sigo escuchando a Diego Luna, el actor de Star Wars y de la serie Narcos, y recuerdo esa tarde, cuando las mujeres luego de la condena contra Ríos Montt se agacharon y dijeron yantix (gracias, en ixil) y se crispó un magnetismo en esa sala en donde la historia de Guatemala se desparramó inevitablemente. El cántaro por fin se rompía y un ave aleteaba después de un encierro infinito y atormentado.

Vino la regresión, la advertencia, por supuesto. Se anuló la sentencia con una triquiñuela jurídica, como parte de la cultura de los amantes al formalismo, como diría Octavio Paz, en donde la forma se antepone, como una excusa, para no nunca llegar al fondo. Sigo escuchado el podcast y pienso en el escritor Paz, en el acento mexicano de Diego que narra y los miles de exiliados, las personas que huyeron del genocidio al sur de México, a Chiapas, Campeche, Yucatán. Tantos que ahí viven y luego de 35 años de haberse ido aún ocultan que son guatemaltecos. Las advertencias quedan. México albergó, como un hermano mayor, a tantos refugiados chapines. Pienso en los escritores Tito Monterroso, Monteforte Toledo, en Luis Cardoza y Aragón y su casa en Coyoacán, en los murales del pintor Carlos Mérida en el Museo de Antropología en la Ciudad de México y en Rina Lazo tomando el pincel junto a Diego Rivera.

Sin México no quedaría ese legado artístico y político, y claramente sin México no escucharíamos hoy La Advertencia, ni reviviríamos estas pequeñas alegrías en un pequeño mundo que parece abrumador y complejo. Pero si se ve tendido, desde arriba y desde lejos, como en un plano de arquitectura, puede uno ver que entre los desalientos también respingan posibilidades. Quién hubiera imaginado que el primer dictador juzgado en su propio país por genocidio sería en Guatemala. Luego de esa anulación y la salida de Claudia Paz y Paz, la Fiscal General que condujo ese caso en 2014, todos pensamos que la justicia no podría volver a levantarse.

Pero en abril de 2015 salió el caso La Línea, comandado por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) y explotaron protestas por cinco meses. Sigo oyendo el podcast y se me vienen las imágenes de cuando estábamos en las calles, con esa convicción nacida entre tanta gente, reuniones, planes, videos, viralidad en las redes sociales, una inyección de politización en segundos. Jamás nos imaginamos lo que vendría y, de hecho, aún tendemos a ningunear esta etapa, a creer que nada se logró y a dejar que el statu quo anule nuestras ilusiones.

La Advertencia retoma el espíritu de esas protestas y denuncia frente a todo el mundo cómo se empujan los mensajes que el sector privado, los militares y el Gobierno han construido por décadas, siglos, en defensa de un orden, protegiendo una idea martillada como verdad indiscutible. Cuestionar, se nos ha hecho creer, es un acto suicida en este país de volcanes, cuyos cráteres están cundidos de esqueletos de detenidos-desaparecidos que fueron lanzados precisamente por practicar el ejercicio de la denuncia de un sistema que sigue siendo injusto.

Desde el extranjero también lo ven así, no estamos locos. Guatemala es una de las naciones más violentas, desiguales, porque hacia ahí nos han conducido las élites que han cerrado la participación política para que mantenga el poder un grupo de redes criminales que vieron sus intereses amenazados en la amalgama de la Cicig con la población despierta. Decidieron entonces echar a andar el plan de siempre, del miedo y la advertencia, para expulsar a la Comisión Internacional, atacar a los funcionarios probos, a los periodistas y a los líderes sociales.

Agradezco a los mexicanos que se tomaron el tiempo de escuchar los testimonios. Me refiero a Andrés Torres Checka, Miguel Pulido y tantos otros. Pienso en la avenida Ámsterdam cerca del estudio de grabación en esa casa embrujada de delirios hermosos, donde se confabulan proyectos y tempestades. De nuevo, México abrigó a guatemaltecos en momentos complicados y nos dio este regalazo sin precedentes para que lo negado no deje de latir.

Hoy salen los últimos episodios de esta serie documental, el 6 y el 7, que ha provocado a la opinión pública de este país en el cual se sigue jugando todo en estos próximos meses. Las garras de los debilitadores de la justicia han crecido en el Ministerio Público y en las cortes, pues saben que controlando las instituciones la impunidad viene por añadidura.

Hay asuntos que no se pueden encorsetar, como la conciencia que en estos años se ha explayado hacia terrenos ocultos para los libros de historia en las escuelas donde se caricaturiza el pasado. Este podcast debe escucharse por todos lados para que se sepa quiénes boicotean las esperanzas de una población resiliente que, aunque se crea que está derrotada, ha demostrado que no sabe rendirse. Las uñas largas de quienes despojan cada vez son más cortas, y las miles de voces que sacuden la tierra no podrán ser acalladas, a pesar de las insistentes advertencias.

Álvaro Montenegro, periodista y uno de los siete guatemaltecos que crearon el movimiento #RenunciaYa, después rebautizado como #JusticiaYa, central en las protestas que impulsaron la renuncia del presidente de Guatemala Otto Pérez Molina.
 
Álvaro Montenegro, periodista y uno de los siete guatemaltecos que crearon el movimiento #RenunciaYa, después rebautizado como #JusticiaYa, central en las protestas que impulsaron la renuncia del presidente de Guatemala Otto Pérez Molina.


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