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¿Qué podemos esperar de Biden?

Francisco Altschul

 
 

A no ser que ocurra una catástrofe política, la victoria de Joseph R. Biden como el próximo presidente de Estados Unidos, o mejor dicho, la derrota de Donald Trump, tendrá muchas implicaciones. A pesar de los intentos que hará Trump para desligitimar los resultados de la elección y no aceptar el triunfo de Biden, este será juramentado en enero del próximo año.

A nivel mundial, Biden retomará muchos de los compromisos que Trump tan irresponsablemente tiró al cesto de la basura: el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, el Acuerdo Nuclear con Irán, el retiro de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud, entre otros. También fortalecerá las relaciones con la Unión Europea y los países que la conforman, con la OTAN y con las Naciones Unidas.

En Estados Unidos, la elección de Biden marca ciertos hitos históricos: es el candidato que más votos ha obtenido en una elección, y además lleva como vicepresidenta a una mujer, de color e hija de inmigrantes. Pero, sobre todo, su elección significa que la decencia, la razón y la solidaridad regresarán a la Casa Blanca. Se harán esfuerzos para despolarizar una sociedad altamente dividida. Biden, como ha sido siempre su estilo, buscará acuerdos con los republicanos en ambas Cámaras del Congreso, impulsará políticas que busquen favorecer a la clase media y trabajadora, y no a los sectores más ricos del país. Intentará cerrarle espacios al creciente racismo, promovido en buena parte por Trump, y tomará en cuenta la ciencia y la opinión de los expertos para enfrentar la pandemia de covid-19, que alcanza en estos momentos la cifra más alta de contagiados.

Joe Biden hace un gesto de satisfacción la noche del 3 de noviembre en el Chase Center en Wilmington, Delaware.
 
Joe Biden hace un gesto de satisfacción la noche del 3 de noviembre en el Chase Center en Wilmington, Delaware. "Creemos que estamos en camino de ganar esta elección", dijo Biden a sus seguidores, y pidió paciencia durante el recuento de votos. Foto de ANGELA WEISS / AFP.

Para El Salvador las implicaciones son varias e importantes.

Para los salvadoreños viviendo en Estados Unidos, casi con seguridad los “Dreamers” se quedarán, es probable que se revierta el intento de Trump de terminar el TPS y es posible que a mediano plazo se encuentre la manera de concederles una situación legal permanente. Las deportaciones no se van a parar, se continuarán los esfuerzos por evitar que más migrantes entren de manera ilegal, pero, con seguridad, no se va a separar a madres y padres de sus hijos.

Biden ya ha anunciado un plan de ayuda para Centroamérica de 4 billones de dólares para responder a las causas que generan la migración; apoyará la lucha contra la corrupcion, el fortalecimiento del Estado de derecho, mejora en la situación de seguridad ciudadana, priorizando el desarrollo económico y el combate a la pobreza, promoviendo, entre otras medidas, la inversión norteamericana. La mayoría de estos fondos estarán dirigidos a los países del Triángulo Norte, del cual El Salvador es parte.

Para el gobierno del presidente Bukele la relación bilateral no será tan fácil como hasta ahora. El embajador de Trump, amigo y aliado de Bukele será eventualmente sustituido por un representante de Biden que no se quedará callado ante los intentos del gobierno salvadoreño de socavar el Estado de derecho, la institucionalidad democrática, particularmente en lo relativo a la alterabilidad en el poder y el respeto a la Constitución. Será fuerte en cuanto al combate a la corrupcion y la necesidad de actuar con transparencia. Señalará los intentos de vulnerar los derechos civiles de los ciudadanos y hablará a favor de garantizar la libertad de prensa.

El gobierno salvadoreño tendrá que considerar no sólo su relación con la nueva administración norteamericana, sino también con el Congreso. Este estará vigilante, esperará hechos y no palabras y no será extraño que impongan condiciones para aprobar la ayuda al país. Esto independientemente de quien controle el Senado.

Como vicepresidente en la administración Obama, Biden estuvo al frente de los programas de ayuda al Triángulo Norte, y entendió que para los intereses de los Estados Unidos una Centroamérica estable, próspera, democrática y segura es la mejor opción. Para los que creemos que esto es también lo mejor para nuestro país, el triunfo de Biden presenta una nueva realidad.  La nueva administración estará dispuesta a escuchar los planteamientos de una oposición seria y responsable. No dejemos pasar esta inmejorable oportunidad.


*Francisco Altschul fue cónsul general en Barcelona del 2016 al 2019 y embajador en EEUU en 2014 - 2016 y 2010 - 2013.


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