Publicidad

El fracaso de la reforma agraria fue un patrocinio de los sindicatos estadounidenses

La reforma agraria salvadoreña, abrazada por Arturo Armando Molina en la década de los 70 y sofocada por Arena a finales de los 80, fue el gran fracaso de organizaciones sindicales estadounidenses que pretendían echar a andar una política de repartición de tierras en la zona rural que socavara los movimientos izquierdistas. No solo fallaron en su intento por ahogar la insurgencia, sino que tampoco lograron su cometido de crear una próspera clase de pequeños agricultores.

Jeff Schuhrke

 
 

En un nuevo artículo titulado La Reforma Agraria y la Guerra fría de la AFL-CIO en El Salvador, recientemente publicado en la revista Diplomatic History, rastreo el esfuerzo de 20 años realizado por el movimiento sindical estadounidense, en colaboración con los gobiernos de Estados Unidos y El Salvador, para quebrantar a la izquierda en las zonas rurales del país.

Durante la Guerra Fría, líderes sindicales estadounidenses de la Federación Americana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés) priorizaron el combate a la supuesta amenaza que el comunismo planteaba para la democracia en lugar de combatir el poder del capital sobre los trabajadores. Con decenas de millones de dólares de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la AFL-CIO previno que los trabajadores y campesinos latinoamericanos abrazaran las políticas de izquierda del Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre (IADSL). En El Salvador, el IADSL trató de construir un movimiento campesino conservador y promover una reforma agraria no radical en las décadas de 1960 a 1980.

La mayoría de los estudios existentes sobre las actividades extranjeras de la AFL-CIO y el IADSL se enfocan exclusivamente en sus intentos por manipular los sindicatos urbanos e industriales en América Latina. Poco se ha escrito sobre las frecuentes actividades del IADSL en las zonas rurales y sus intervenciones entre los campesinos. Es más, las historias del fallido programa de reforma agraria en El Salvador durante la guerra civil han tendido a hacer solo una breve mención del papel del IADSL.

Apoyado en los archivos de la AFL-CIO y del IADSL, así como en documentos relacionados a los movimientos campesinos resguardados en el Centro de Información, Documentación y Apoyo a la Investigación (CIDAI) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” de El Salvador, mi artículo profundiza en la historia no contada de cómo el movimiento sindical estadounidense intentó dirigir la reforma agraria en El Salvador.         

En la década de 1960 los gobiernos del Partido de Conciliación Nacional dieron la bienvenida a El Salvador al IADSL, que era el componente sindical de la Alianza para el Progreso, la iniciativa anticomunista del presidente John F. Kennedy para fomentar el desarrollo. Después de sostener una serie de capacitaciones de liderazgo para campesinos y financiar proyectos rurales de desarrollo en pequeña escala, el IADSL fue fundamental en la creación de una organización campesina en 1969 –la Unión Comunal Salvadoreña (UCS).

Mientras que otras organizaciones campesinas fueron blanco de la represión violenta del gobierno salvadoreño, la UCS fue reconocida y tolerada por su orientación política moderada y su cercana relación con los Estados Unidos. Sin embargo, a inicios de la década de 1970, la oligarquía salvadoreña creía que la UCS, que continuaba siendo financiada y apoyada por el IADSL, estaba volviéndose “demasiado entusiasta”, ya que formó cooperativas de productores y defendió los derechos de los inquilinos desalojados. Bajo la presión de las élites terratenientes y los oficiales militares de extrema derecha, el gobierno del presidente Arturo Armando Molina expulsó al IADSL de El Salvador en 1973, acusando a la organización sindical estadounidense de haberse convertido en “una intolerable intromisión” en los asuntos rurales de la nación.

A pesar de que el IADSL ya no estaba en el país, la UCS continuó operando y creciendo bajo la protección de la embajada americana, hasta tener alrededor de 100 000 miembros. Mientras que una insurgencia de izquierda contra el gobierno oligárquico militar empezaba a cimentarse, los líderes de la UCS trabajaron con Arturo Armando Molina para tratar de reunir el apoyo popular para un modesto intento de reforma agraria en 1975. Ridiculizada por la izquierda como un mero simbolismo y por la derecha como “comunismo”, la reforma agraria de Molina logró poco más que establecer una nueva agencia gubernamental, el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA).

Para julio de 1979, con el Partido de Conciliación Nacional perdiendo su posición en el poder mientras la rebelión popular crecía, el gobierno salvadoreño estuvo de acuerdo con permitir el regreso del IADSL al país con la esperanza de ganarse la simpatía de la embajada americana. Pero era demasiado tarde para el régimen. Solo unos meses después fue derrocado por una Junta cívico-militar que incluía al Partido Demócrata Cristiano que asumió el control de la nación a inicios de 1980. Esta misma Junta buscó al IADSL y la UCS para ayudarles a planear e implementar un programa de reforma agraria de alto perfil. El objetivo de la reforma no era la transformación fundamental de las relaciones de poder rurales en El Salvador, sino tratar de desviar el apoyo campesino de la insurgencia izquierdista.

El líder de la UCS, José Rodolfo Viera, fue nombrado presidente del ISTA. El IADSL trajo a Roy Prosterman, un experto estadounidense en reforma agraria como medida contrainsurgente, para asesorar a Viera. Siguiendo los lineamientos de Prosterman, la junta aprobó la Ley Básica sobre Reforma Agraria en marzo de 1980, la cual fue diseñada para expropiar los terrenos más grandes del país y entregárselos a cooperativas manejadas por campesinos. A estas acciones le siguió, un mes después, una Ley de “tierra para el labrador”, esbozada por Prosterman mismo, la cual buscaba transferir la propiedad de pequeñas parcelas de tierra a los campesinos que la alquilaban. Con fondos del IADSL, la UCS contrató a 400 campesinos que sirvieron como “promotores”, desplegándose por todo el campo para informar a los trabajadores rurales de la Ley “tierra para el labrador”.               

La Junta acompañó la reforma agraria con un represivo estado de sitio, en el que se enviaron las fuerzas de seguridad al campo para cazar y asesinar sospechosos de ser “subversivos”. Aunque según el IADSL la reforma agraria pretendía debilitar a la izquierda, la derecha salvadoreña se rehusó a tolerar incluso esta reforma de fachada. En enero de 1981, Viera y dos de los miembros empleados estadounidense del IADSL fueron asesinados por órdenes de oficiales militares de la derecha cuando se reunieron para tomar café en el Hotel Sheraton en San Salvador. Los asesinatos, que impactaron a la AFL-CIO, simbolizaron la extrema hostilidad que los derechistas escondían contra del IADSL, a pesar de su misión contrainsurgente.

Gracias a la presión política del partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena), combinada con los asesinatos de los escuadrones de la muerte contra los miembros de la UCS en el campo, la fase más crucial de la reforma -que hubiera expropiado propiedades medianas en las regiones cafetaleras de El Salvador- nunca fue implementada. La insurgencia que el IADSL inicialmente había tratado de socavar solo se fortaleció con la formación del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). El IADSL y la embajada americana hicieron un último intento para realizar la reforma agraria apoyando la presidencia de José Napoleón Duarte entre 1984 y 1989, pero el gobierno bajo el Partido Demócrata Cristiano de Duarte probó ser corrupto, represivo e incapaz de terminar con la guerra civil.

Después de que Arena ganara las elecciones legislativas de 1988 y la elección presidencial de 1989, el programa de reforma agraria fue detenido y revertido, y se devolvieron las propiedades a muchos oligarcas. Los líderes del IADSL fueron forzados a admitir que su incursión de dos décadas en el campo salvadoreño fue un desastre. No solo fallaron los sindicalistas estadounidense anticomunistas en su objetivo de prevenir la insurgencia izquierdista, sino que fallaron en entregarle una reforma agraria exitosa a los campesinos. 

Desde la década de 1960 a la de 1980, la AFL-CIO se comprometió a transmitir los ideales del sindicalismo “libre” dentro de las relaciones del trabajo agrícola en El Salvador, enfrentando la obstrucción violenta de la élite reaccionaria del país. Esto significaba encontrar una resolución no radical a las inherentes tensiones entre los trabajadores rurales sin tierra y los terratenientes oligarcas. A través de su Instituto -el IADSL- desarrollista, anticomunista y sin fines de lucro, la Federación Americana del Trabajo creó una organización nacional campesina políticamente moderada y pidió una reforma agraria. El resultado deseado sería la creación de una próspera clase de pequeños agricultores, lo suficiente incentivados para estimular el crecimiento económico y suficientemente conservadores para evitar la insurgencia. Considerando que este era el objetivo, no es demasiado duro decir que la misión del IADSL fue un fracaso total.

Esto no se debió a una falta de esfuerzo y tenacidad por parte de los funcionarios del Instituto y sus aliados salvadoreños, quienes de hecho lograron crear una influyente organización campesina en la UCS que exitosamente negoció la aprobación del intento más ambicioso de reforma agraria en el país hasta la fecha. Pero la derecha salvadoreña, compuesta de oligarcas y oficiales militares reacios a ceder su poder o privilegios, fueron demasiado radicales para permitir incluso el tipo de desenlaces moderados que el IADSL estaba promoviendo.

Portada de El Diario de Hoy del 7 de marzo de 1980, día en que la Junta de Gobierno presentó su propuesta de reforma agraria.
 
Portada de El Diario de Hoy del 7 de marzo de 1980, día en que la Junta de Gobierno presentó su propuesta de reforma agraria.


 *Jeff Schuhrke es conferencista visitante en el departamento de historia de la Universidad de Illinois, Chicago.


Apoya el periodismo incómodo

Si te parece valioso el trabajo de El Faro, apóyanos para seguir. Únete a nuestra comunidad de lectores y lectoras que con su membresía mensual o anual garantizan nuestra sostenibilidad y hacen posible que nuestro equipo de periodistas llegue adonde otros no llegan y cuente lo que otros no cuentan o tratan de ocultar.
Te necesitamos para seguir incomodando al poder.
¿Aún no te convences? Conoce más sobre cómo se financia El Faro y quiénes son sus propietarios acá.

Publicidad
Publicidad

 CERRAR
Publicidad