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“El documental debe ser espejo de la realidad, pero a veces no nos gusta lo que vemos”

Marlén Viñayo, la cineasta detrás del documental salvadoreño recientemente premiado en Ámsterdam anticipa que Imperdonable generará debate en la sociedad salvadoreña. También repasa el camino que, tras ganar varios certámenes calificadores para los Oscar, le espera al cortometraje en la empinada, pero ilusionante carrera por hacerse de un espacio en la lista final de los premios de la Academia. “Oficialmente, ya está compitiendo”, confirma.

Willian Carballo

 
 

El documental salvadoreño Imperdonable empieza con un hombre manchado de azul contando  cuando le descoció el pecho a un pandillero rival hasta matarlo. Hasta ahí, la cámara nos coloca en  la intimidad de una podrida cárcel salvadoreña para narrarnos lo que, aunque sigue  sorprendiendo, ya hemos visto y oído gracias a los noticieros nocturnos, las notas rojas de los  periódicos, las películas hollywoodenses y la propaganda gubernamental. El verdadero  cortocircuito mental viene segundos después, cuando el protagonista se confiesa: “Matar a una  persona sí es malo, pero no es tan difícil; pero que un hombre pueda amar a otro hombre es algo  fuera de lo natural”.  

Esa frase define en buena medida lo que Marlén Viñayo, la directora de este cortometraje  producido por El Faro y La Jaula Abierta y coescrito por ella y el periodista Carlos Martínez, nos  mostrará y explicará en los siguientes minutos del rodaje: los desafíos que un expandillero  homosexual enfrenta por amar a uno de sus compañeros de prisión. 

Ese inicio y esos minutos siguientes fueron calificados por los jurados del Festival Internacional de  Cine Documental de Ámsterdam (IDFA) –uno de los más prestigiosos del mundo y calificador para  la carrera hacia los Oscar– como “una tierna historia de amor en un lugar donde uno solo  esperaría encontrar violencia”. Por eso, entre otros motivos, decidieron nombrarlo el ganador de  la categoría a Mejor Corto Documental. 

En esta entrevista, la directora –una española que reside en El Salvador desde 2013 y que dirigió  también Cachada– repasa las contradicciones que habitaban en su cabeza mientras grababa. La  directora anticipa que su exhibición no estará exenta de polémica en el país, por juntar en una  misma obra dos temas espinosos para los salvadoreños promedio: violencia y homosexualidad. Y  finalmente explora, aunque con cautela, las posibilidades de que el documental logre la hazaña de  colarse en las nominaciones al Oscar. 

 

 

 

Esa frase inicial (“Matar a una persona sí es malo, pero no es tan difícil; pero que un hombre pueda amar a otro hombre es algo fuera de lo natural”), define la película. Es un contraste difícil de digerir: un asesino confeso, capaz de sacarle las entrañas a sus víctimas, reconoce que está enamorado de otro pandillero. ¿Qué significó para ti encarar esos dos hechos, que seguro harán cortocircuito en quien mire la película? 

Esa frase, cuando el protagonista nos la dijo, cambió el rumbo del documental. Cuando entramos a la cárcel, no conocíamos esa realidad. Había cosas que me interesaba conocer, que es algo fundamental, enfrentarse a algo sobre lo que tienes dudas. Las ideas iniciales eran que la película podría tratar sobre por qué estas personas deciden formar una agrupación criminal que los odia. Otra idea es que ellos se sentían libres en esa celda de dos por un metro, y pensé que el documental podía ir por ahí. O intentar entender qué significa para ellos la masculinidad habiendo vivido en un entorno de machismo. Pero cuando nos dijo esa frase, a mí me sorprendió tanto que decidimos que a través del documental íbamos a intentar darle sentido, explicar por qué esta persona no lo decía como pregunta si no como una explicación de su propio mundo. Me parecía algo tan sorprendente que a través del documental intentamos darle sentido. 

En un foro que participaste decías que el protagonista era capaz de causarte ternura un día y al siguiente amanecías enojada, recordando que era un asesino. Como directora, ¿cómo manejas esa contradicción que te genera conocer a los personajes? 

Es complicado por las contradicciones que genera a todo el equipo, tratar con personas que han sido asesinos y han hecho cosas horribles, estar conviviendo con ellos por doce días, expresando amor y ternura. Era muy complicado porque yo intentaba definir qué sentía por ellos y era imposible, porque era una vorágine de sentimientos contradictorios. A veces los veía como víctimas de un sistema que los terminó convirtiendo en pandilleros y luego en asesinos desde que tenían doce años; pero también victimarios que habían violado gente, matado gente, que por eso estaban presos. Sí era una gran contradicción y yo trataba de definir qué sentir por ellos. Es una realidad extrema, muy compleja; entonces dije que no tengo por qué decidir qué siento por ellos, me dije que iba a hacer una película que muestre qué me he encontrado, intentar transmitir los sentimientos que a mí me generó y que el público tuviera las mismas contradicciones que yo al terminar de verlo. 

De pandillas ya hemos visto varios documentales, pero de la homosexualidad dentro de las maras se ha dicho poco, incluso en los medios informativos especializados en cubrir violencia. ¿Cómo logras que un pandillero se abra a ti en dos vías: confesarte en una escena la barbarie con la que asesinaba y en la otra reconocerte su amor por un hombre? 

Yo nunca me había planteado hacer documentales sobre pandillas, porque consideraba que es uno de los temas más estudiados y explicados al mundo desde El Salvador; creía que no tenía nada nuevo que aportar. Pero cuando Carlos Martínez (periodista de El Faro y coguionista) me contó que había conocido a estas personas, me sorprendió tanto el solo hecho de que existieran, que hubiera expandilleros que se declararan abiertamente homosexuales, porque sabemos que la pandilla es tremendamente homofóbica. Me parecía increíble. Ahí inmediatamente supe que quería hacer una película sobre eso, que tenía un nuevo punto de vista que no se había contado y podía poner sobre la mesa un debate que era interesante. 

Justo hablando de ese debate, estamos acostumbrados a que los medios –la mayoría– nos cuente la narrativa del pandillero asesino y sádico, sin profundizar en otros aspectos de fondo, como las causas, el contexto y la cotidianidad de esos protagonistas. Es también la misma narrativa del Gobierno. Y es la misma representación que se hace del pandillero en películas de Hollywood o mexicanas. Tú nos cuentas una versión muy diferente… 

No muestro una versión tan diferente, porque la parte del pandillero sádico, como tú dices, o asesino, está en la película, no lo omito; pero a mí personalmente me interesa mucho ir más allá, intentar explicar la naturaleza humana a través de personas en momentos extraordinarios, o lugares extraordinarios. También lo hice con Cachada. Creo que el mundo no es de blancos y negros, de malos y buenos; es de grises. Y creo que con esta historia se muestran esos grises. Nos encontramos con personajes que habían hecho cosas horribles y habían dañado mucho a este país y a mucha gente en este país, y eso me parecía importante que estuviera en la película; de hecho, así se presentan los personajes; pero también me encontré con personas capaces de encontrar ternura y mostrarnos una visión diferente sobre lo que conocíamos sobre pandilleros. Me parecía importante tener un balance sobre estas dos realidades, intentando ser lo más objetivo posible –aunque no existe la objetividad–, solo mostrar lo que yo me encontré y que la gente se haga su propia opinión. 

Hay análisis del discurso desarrollados en universidades en los que se analizan las opiniones de lectores sobre notas de pandilleros, y estos apuntan siempre a pedir que se les mate, a verlos como monstruos, a pedir “ojo por ojo y diente por diente”. ¿Cómo crees que tu documental calará en ese discurso que, básicamente, es una reproducción del discurso oficial y mediático? 

Yo tengo mucha inquietud por saber cómo se va a recibir acá, creo que va a ser muy polémico por eso mismo que tú dices, porque la mayor parte de la sociedad tiene un rechazo a los pandilleros, y lo entiendo; y también tiene un rechazo por los homosexuales, por la población LGTB, lo cual yo personalmente no entiendo. A mí me parece importante que, si bien es cierto no podemos negar que las pandillas han hecho un daño irreparable a la población salvadoreña, y lo siguen haciendo, pero es necesario entender el fenómeno: ¿por qué niños de doce años entran a la pandilla y empiezan a matar gente? Si no entendemos el fenómeno es imposible cambiarlo y hacer que pare y que tengamos una sociedad menos violenta. Hay mucho odio (en la sociedad) y eso también está reflejado en el documental. 

De hecho, en el documental, al protagonista no solo lo estigmatiza la misma pandilla, sino también un pastor evangélico. ¿Qué papel juega la iglesia en esta historia? 

Intentando darle sentido a la frase “Matar a una persona sí es malo, pero no es tan difícil; pero que un hombre pueda amar a otro hombre es algo fuera de lo natural”, había que tratar distintos ámbitos para ver por qué era así. Lo intentamos explicar desde el individuo y desde las contradicciones que a ellos mismos les representaba el hecho de ser gay, como un personaje que no se acepta como tal, pero también desde la iglesia, que era otra parte importante. En esa prisión hay dos grandes iglesias evangélicas que ejercen un gran control, que creo que no solo es la visión de esa iglesia evangélica, si no de muchos salvadoreños. Pero también nos encontramos con el Estado a través de una prueba psicológica, que así la llaman, para determinar si alguien es gay, en el que hay una serie de preguntas que no tienen ningún sentido y así lo ve el Estado. A través de esa prueba certificada deciden si alguien es gay o no y con base a ello toman decisiones sobre si trasladarlos o no a otra cárcel. 

Poster del documental Imperdonable. 
 
Poster del documental Imperdonable. 

Solo tuviste doce días para grabar. Además, lo hiciste en un sitio reducido, con ratas y charcos, y rodeada de hombres con un pasado violento y estigmatizados así. ¿Cómo encaraste estas condiciones? 

Una de las cosas del documental que más me gustan es que te da la posibilidad de vivir otras vidas, durante un pequeño tiempo. Nunca pensé que iba a pasar doce días, ocho horas cada uno, dentro de una cárcel salvadoreña; fue una experiencia extrema como creo que es el documental: de extremos. Fue un reto porque solo teníamos doce días para filmarlo y sabíamos que después del último día no íbamos a poder entrar a la cárcel a seguir grabando. Fueron días muy intensos, porque la película se fue haciendo a medida fue avanzando. Entramos con un interés por conocer lo que pasaba ahí, pero en el documental uno debe enfrentar a la realidad con los ojos y oídos abiertos, escuchando y dejando que la realidad te cuente un cuento y saber verlo. A medida pasaba el rodaje nos fuimos dando cuenta de por dónde iba la historia que podía contar después de vivir con ellos esos días y conocer esa realidad. 

¿Te dio miedo grabar el documental? Te lo pregunto porque uno de los documentales más reconocidos sobre pandillas (La vida Loca) terminó con el asesinato del director (Christian Poveda).

No, la verdad que no, no me dio miedo, pues la verdad para mí era fundamental que me dejaran estar dentro de la celda, porque si no, no podía hacerlo. En ningún momento me dio miedo, yo sabía que eran asesinos; pero, no sé, decidieron confiar en mí y contarme sus historias por una necesidad de ser escuchados, de que alguien se interesara en sus historias. Cuando me acerco a alguien para hacer un documental intento ver a la persona más allá de los estereotipos o prejuicios que podemos tener. Luego, en la cárcel, había custodios que estaban pendientes. Yo no sentí que estuviéramos en situación de riesgo.

Hablemos de la repercusión internacional del filme. Ha ganado el IDFA, considerado por algunos expertos como uno de los más importantes, si no es que el más importante del mundo en el terreno de los documentales. ¿Cómo tomaste la noticia? 

Ha sido una sorpresa increíble, no tengo palabras suficientes para explicar qué significa este premio. Desde que era estudiante era un sueño solo tener una película seleccionada en este festival, es el que tienes en la mira, es en el que yo quería ganar un premio, como la cima de festivales de cine documental. Haberlo ganado ahí es una palmada en la espalda increíble que me dice “lo estás haciendo bien” y me anima a seguir haciendo documentales y seguir contando historias desde esta parte del mundo. 

Si a eso le sumamos que ya había ganado otros como el Hot Docs, los expertos en premios aseguran que este es un camino prometedor hacia los Oscar, pues ambos festivales son considerados “calificadores” para los premios de la Academia. Además, está nominado en los IDA Documentary, un pulso de lo que puede pasar en los Oscar ¿Tú estás consciente de ello? ¿Qué sabes sobre esa posibilidad de llegar a competir por ese premio? 

Los Oscar desde hace años calificaron algunos festivales de cine e hicieron que las películas ganadoras en mejor cortometraje documental en ciertos festivales podían ser consideradas para los Oscar sin tener otros requisitos. Estos otros requisitos son siete días de proyección en una sala de cine de Los Ángeles y otros siete en Nueva York, lo cual es imposible económicamente para nosotros, no nos lo podemos permitir; entonces lo que permiten estos premios es saltarte ese paso y hacen que la película esté calificada. Por el hecho de ganar uno de esos premios ya puedes competir por un Oscar. Estamos contentos porque nuestra película ha ganado tres premios en tres festivales calificados por los Oscar. La película está inscrita; oficialmente, ya está compitiendo. 

¿Es automática la inscripción?

El festival emite una carta y tú haces la aplicación online y ellos aprueban o no. En nuestro caso ya lo aprobaron y ya estamos inscritos. Primero están las películas que cumplen requisitos para aplicar a los Oscar. En febrero anuncian una short list compitiendo a mejor corto documental, en marzo anuncia los cinco nominados, y en abril, el 25, el ganador. 

¿Qué posibilidades reales le ves de entrar a la lista final de los Oscar? 

La verdad no lo sé muy bien. Hemos recibido señales muy buenas ganando estos premios en estos festivales tan importantes, lo cual nos dice que la película es buena. Ahora, los Oscar tienen en cuenta otras variables, no solo la calidad, sino la publicidad para que los miembros (de la Academia) la conozcan. No te sé decir. Estamos en conversaciones con una empresa que está interesada en hacer la campaña de publicidad para el corto y estamos cerrando negociaciones, por lo que sí le vamos a apostar, sería una gran noticia para este país y para esta industria tan incipiente que tenemos. 

El documental no siempre tiene demanda en las salas de cine, en comparación con la ficción. ¿Qué expectativas tienes para llevarlo a exhibición comercial, particularmente en El Salvador? ¿Ya hay negociaciones? 

No es cuestión de documental o ficción, sino de largometraje o cortometraje, porque este mismo año, mi anterior película –que es un largometraje documental (Cachada)– estuvo en Cinemark cuatro semanas consecutivas. Tuvo buena recepción, a la gente le gusta ver historias que ocurren acá, no están acostumbrados a ver gente así en la pantalla. En este caso (con Imperdonable), con el hecho de que sea cortometraje no sé si será más complicado, no hemos valorado esa posibilidad. A mí sí me gustaría, pero no sé si por la duración tendrá ese espacio. 

El salvadoreño está poco acostumbrado a ver ambos temas (violencia de pandillas y homosexualidad) en la gran pantalla. ¿Tú te imaginas lo que va a pasar cuando lo estrenes en el cine en este país que en el pasado ha vivido escándalos por películas como El Crimen del Padre Amaro o La puta y la Ballena por tocar temas “prohibidos” en una sociedad moralista? 

Yo creo que será muy polémica. Estamos tratando dos temas muy polémicos (pandillas y homosexualidad) y están juntos en una misma película. A mí lo que me interesa es generar debate. Creo que el cine documental debe ser una esponja y un espejo de la realidad y a veces lo que vemos en el espejo nos gusta y otras veces no. Es importante que la gente tenga acceso a estas historias y de alguna manera provocar una reflexión. Creo que lo que se cuenta en el documental desde ese punto tan extremo y desde esa pequeña celda nos cuenta mucho sobre cómo somos como sociedad los salvadoreños. Partiendo de ahí, mi interés es que se genere debate y reflexión. 

Tú dejaste un trabajo estable y seguro en la publicidad para dedicarte hacer documentales donde hay más dudas que certezas, sobre todo en un país como El Salvador, sin industria cinematográfica. ¿Te arrepientes? 

Para nada, es la mejor decisión de mi vida; amo lo que hago, disfruto lo que hago y le he hallado sentido a lo que hago. Creo que es lo más importante.


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