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Ni asilados ni sometidos: la evolución del movimiento campesino en Chalatenango

En 1970 nació el movimiento campesino revolucionario en el municipio de San Antonio Los Ranchos y el cantón Guarjila, en Chalatenango, en respuesta al acaparamiento de las tierras, los abusos y el maltrato de parte de sus patronos y los cuerpos de seguridad y de los defensores del Estado militarista. A la base de su conformación también estaba la teología de la liberación, la cual les proporcionó fundamentos ideológicos para la construcción de la conciencia revolucionaria. Todo este bagaje les ha sido útil para transformar su vida social sin que haya implicado ni un aislamiento completo de la sociedad capitalista dominante ni una completa subordinación a esta.

 

Carlos Benjamín Lara Martínez

 
 

Habitantes del cantón Guarjila durante la celebración de sus fiestas patronales. Foto cortesía del autor.
 
Habitantes del cantón Guarjila durante la celebración de sus fiestas patronales. Foto cortesía del autor.

Mi libro Memoria histórica del movimiento campesino de Chalatenango constituye una investigación que se realizó a través del programa de Doctorado del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Consejo de Investigaciones Científicas de la Universidad de El Salvador. Fue publicada por UCA editores en 2018, en el marco de un proyecto de difusión de una serie de investigaciones sobre memoria colectiva e histórica en diversas comunidades y municipios del oriente de Chalatenango y el norte de Morazán.

El trabajo de campo se llevó a cabo en el cantón Guarjila y el municipio de San Antonio Los Ranchos, en el oriente de Chalatenango, en los años que van de 2003 a 2007, en un período en el cual la principal fuerza política de derecha, el partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), dominaba el poder Ejecutivo. Esto es importante porque, como lo ha señalado Elizabeth Jelin en su obra Los Trabajos de la Memoria (2002), la memoria social no es ahistórica, sino que se construye con base en un contexto social e histórico determinado.   

En este caso el contexto nacional estaba condicionado por el proyecto capitalista globalizante de Arena, al cual los semicampesinos (pequeños agricultores que combinan la economía campesina de subsistencia con la economía capitalista), revolucionarios de Guarjila y Los Ranchos se oponían. Partiendo de la premisa de que la memoria histórica se construye a partir del presente – los que recuerdan son los vivos, no los muertos – y de que este discurso siempre está en contienda y disputa con “otro” –en este caso con los defensores de la sociedad capitalista dominante–, el hecho de que la principal fuerza de derecha dominara la nación condicionó la creación de un discurso unificado sobre el conflicto político-militar que inició en 1970. En otras palabras: cuando “el otro” (el contrincante) está bien definido, las poblaciones se unifican y producen discursos unificados; pero cuando el otro se desdibuja (lo que sucedió a partir de 2009 con la llegada del FMLN al Ejecutivo), florecen las contradicciones internas.

En mi trabajo de campo (2003-2007) encontré un discurso bastante unificado sobre el origen y desarrollo del conflicto político-militar, que abarca un período amplio que va desde el nacimiento del movimiento campesino revolucionario en la década de 1970 hasta el período de confrontación armada (1980-1992), y el período de construcción de un nuevo tipo de sociedad y de cultura, o lo que el antropólogo Víctor Turner en su obra From Ritual To Theatre (1982) denomina el período en donde se busca resolver el conflicto. En el caso de las sociedades locales de Guarjila y Los Ranchos puede identificarse con el período que va de los Acuerdos de Paz al año 2000. Ya en el siglo XXI Guarjila y Los Ranchos se encuentran reintegrados a la sociedad nacional, con un grado importante de autonomía sociocultural.

Ahora bien, de acuerdo a mis informantes, el movimiento campesino revolucionario surgió por cuatro causas: la escasez de tierras, debido al acaparamiento por parte de los terratenientes locales; el maltrato en las cortas de café y caña de azúcar; el abuso de la violencia física por parte de los cuerpos de seguridad y de los defensores del Estado militarista; y el cuestionamiento a la religión católica tradicional por parte de la teología de la liberación y la opción preferencial por los pobres, lo cual proporcionó uno de los fundamentos ideológicos para la construcción de la conciencia revolucionaria.

Esta última característica es fundamental, porque las tres anteriores ya existían desde mucho
tiempo atrás, pero el cambio de mentalidad provocado por el cuestionamiento a la doctrina católica tradicional es un fenómeno nuevo. Como lo recordó una informante originaria de Arcatao:

“La organización popular, que yo recuerde, a través de la reflexión muchas veces de la Biblia, interpretaciones precisas de la Biblia, y su realidad concreta, verdad, no sólo profundización del contenido, en el sentido de las lecturas, y no algo sólo superficial, verdad, en que el Dios que está en los cielos y todo lo que hagamos en esta tierra lo tenemos ganado en el cielo; sino que más la interpretación precisa sobre la justicia, sobre qué quiere Dios con sus hijos, y sobre la justicia que debe de existir no en el cielo sino en la tierra”.

El entrelazamiento del discurso y el simbolismo religioso con el discurso y el simbolismo de la organización política configuró un movimiento campesino robusto, el cual enfrentó a los defensores del Estado militarista. Durante el conflicto armado, una parte importante de los hombres jóvenes de las actuales poblaciones de Guarjila y Los Ranchos se incorporaron a las filas guerrilleras, mientras que la mayor parte de las mujeres, adultos mayores y niños se fueron a los campos de refugiados de Mesa Grande. En el refugio, los semicampesinos practicaron una vida de carácter comunitario. Así lo expresó una informante que actualmente vive en Guarjila:

“…yo sentí que en Mesa Grande sí se pudo realmente vivir y practicar el sentido comunitario, el sentido de solidaridad, el sentido de lo que significa el pueblo”.

En octubre 1987 los pobladores retornaron a Guarjila y en agosto 1988 se verificó el regreso a Los Ranchos. A partir de los Acuerdos de Paz, los pequeños agricultores comenzaron la construcción de un nuevo tipo de sociedad y de cultura. Este nuevo tipo de sociedad y cultura se construyó con base en tres variables: la tradición semicampesina que ya existía antes del conflicto político-militar; las estructuras sociales y simbólicas que se generaron a lo largo del conflicto; y las nuevas condiciones del capitalismo global.

Es importante resaltar que la nueva sociedad recibió la influencia del modelo colectivista de sociedad construido en Mesa Grande, pues la mayoría de los actuales pobladores de Guarjila y Los Ranchos (más del 90 %) llegaron de este campo de refugiados, luego una pequeña proporción llegó de los campos guerrilleros y una proporción aún menor (1 %) lo constituyen algunas familias originarias de Los Ranchos.

Aunque actualmente se han desarrollado conflictos al interior tanto de Guarjila como de Los Ranchos, es de resaltar que los actuales pobladores de estas localidades han mejorado sus condiciones de vida: la mayoría cuenta con tierras para trabajar, tienen casa propia de bloque con los servicios básicos, tienen clínica y escuela – ya hay un conjunto de profesionales en estas localidades – y cuentan con una estructura sociopolítica que les garantiza un importante grado de autodeterminación.

En consecuencia, podemos resaltar que estas poblaciones han experimentado un importante proceso de transformación sociocultural en el marco de su dinámica social semicampesina, han transformado su vida social sin que esto haya implicado ni un aislamiento completo de la sociedad capitalista dominante ni una completa subordinación a esta.


*Carlos Benjamín Lara Martínez es coordinador de la Licenciatura en Antropología Sociocultural de la Universidad de El Salvador. Esta entrega a El Faro Académico se basa en su libro Memoria histórica del movimiento campesino de Chalatenango (UCA Editores, 2018).


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