EF Foto / Migración
Cientos de migrantes centroamericanos llegan a Roma cada noche

Fecha inválida
Víctor Peña

 

El viernes 26 de marzo, en el transcurso de cuatro horas, alrededor de 300 adultos ingresaron de manera indocumentada por el paso fronterizo entre la ciudad de Miguel Alemán, en el estado de Tamaulipas, México, y la ciudad de Roma, en el Estado de Texas, Estados Unidos. Cada persona se hacía acompañar de uno o dos menores que salieron para entregarse a la Patrulla Fronteriza. En ese mismo grupo, había también unos 20 menores que viajaban solos.
 
El viernes 26 de marzo, en el transcurso de cuatro horas, alrededor de 300 adultos ingresaron de manera indocumentada por el paso fronterizo entre la ciudad de Miguel Alemán, en el estado de Tamaulipas, México, y la ciudad de Roma, en el Estado de Texas, Estados Unidos. Cada persona se hacía acompañar de uno o dos menores que salieron para entregarse a la Patrulla Fronteriza. En ese mismo grupo, había también unos 20 menores que viajaban solos.

 

 

A lo largo de la línea fronteriza, las autoridades detectan cada día decenas de grupos de migrantes, la mayoría centroamericanos, que esperan a que la luz del sol se caiga para cruzar el río Bravo. El sol se pone sobre el muro fronterizo, en la zona conocida como Peñitas, Texas, un punto de cruce donde las autoridades mantienen una vigilancia extrema.
 
A lo largo de la línea fronteriza, las autoridades detectan cada día decenas de grupos de migrantes, la mayoría centroamericanos, que esperan a que la luz del sol se caiga para cruzar el río Bravo. El sol se pone sobre el muro fronterizo, en la zona conocida como Peñitas, Texas, un punto de cruce donde las autoridades mantienen una vigilancia extrema.

 

 

En la noche en Roma, no hubo imágenes de gente corriendo en territorio estadounidense, intentando evadir a las autoridades. Grupos de cinco, diez, hasta 20 personas, llegan por veredas hasta este punto para entregarse a la Patrulla Fronteriza. Buscan pedir asilo.  Los agentes solo esperan cada noche la llegada de los centroamericanos.
 
En la noche en Roma, no hubo imágenes de gente corriendo en territorio estadounidense, intentando evadir a las autoridades. Grupos de cinco, diez, hasta 20 personas, llegan por veredas hasta este punto para entregarse a la Patrulla Fronteriza. Buscan pedir asilo.  Los agentes solo esperan cada noche la llegada de los centroamericanos.

 

 

Después de cruzar el río, los migrantes caminan alrededor de 30 minutos entre el monte y las calles polvosas. En el trayecto, hay ropa, bolsas que vuelan con el viento y pertenencias que quedan olvidadas en la prisa del camino.
 
Después de cruzar el río, los migrantes caminan alrededor de 30 minutos entre el monte y las calles polvosas. En el trayecto, hay ropa, bolsas que vuelan con el viento y pertenencias que quedan olvidadas en la prisa del camino.

 

 

Familias enteras aparecen entre los montes. Algunos han pasado escondidos durante el día; otros cruzaron el río en balsas en horas de la noche. Esta familia hondureña hablaba con un agente de la Patrulla Fronteriza y le explicaban que buscaban asilo en Estados Unidos.
 
Familias enteras aparecen entre los montes. Algunos han pasado escondidos durante el día; otros cruzaron el río en balsas en horas de la noche. Esta familia hondureña hablaba con un agente de la Patrulla Fronteriza y le explicaban que buscaban asilo en Estados Unidos.

 

 

Hay decenas de menores en brazos de sus padres. Un numeroso grupo espera sentado sobre el polvo para hacer el registro formal con las autoridades, en Roma, Texas. Algunos vecinos de la ciudad llegan hasta este punto cercano al río para regalar agua y algo de comida a esa multitud que hora tras hora sigue creciendo.
 
Hay decenas de menores en brazos de sus padres. Un numeroso grupo espera sentado sobre el polvo para hacer el registro formal con las autoridades, en Roma, Texas. Algunos vecinos de la ciudad llegan hasta este punto cercano al río para regalar agua y algo de comida a esa multitud que hora tras hora sigue creciendo.

 

 

En esta camioneta de la Patrulla Fronteriza hay diez adultos que recién se entregaron. Con ellos también hay niños. En el radio se escuchan conversaciones sobre su traslado. Hablan de llevarlos a Carrizo Springs, un centro de detención cercano a la ciudad de San Antonio, Texas, ubicado a unos 350 kilómetros de este lugar.
 
En esta camioneta de la Patrulla Fronteriza hay diez adultos que recién se entregaron. Con ellos también hay niños. En el radio se escuchan conversaciones sobre su traslado. Hablan de llevarlos a Carrizo Springs, un centro de detención cercano a la ciudad de San Antonio, Texas, ubicado a unos 350 kilómetros de este lugar.

 

 

Esta mujer esperó sobre esta silla para ser registrada. Cruzó el río Bravo sobre una balsa y caminó por el monte durante media hora. Ella viajaba sola y con seis meses de embarazo.
 
Esta mujer esperó sobre esta silla para ser registrada. Cruzó el río Bravo sobre una balsa y caminó por el monte durante media hora. Ella viajaba sola y con seis meses de embarazo.

 

 

Esta es solo un punto clave de entrada indocumentada en esta frontera de 3,100 kilómetros. La gran mayoría de los centroamericanos que se entregan en busca de asilo provienen de Honduras y huyen de la violencia o de la devastación dejada por dos huracanes que golpearon el empobrecido país este 2020, en plena pandemia.
 
Esta es solo un punto clave de entrada indocumentada en esta frontera de 3,100 kilómetros. La gran mayoría de los centroamericanos que se entregan en busca de asilo provienen de Honduras y huyen de la violencia o de la devastación dejada por dos huracanes que golpearon el empobrecido país este 2020, en plena pandemia.

 

 

Una mujer carga a su hijo en brazos frente a la Patrulla Fronteriza. Salió también de entre el monte para entregarse. “Ya me siento tranquila de estar aquí”, le dijo a un agente que la recibió. Los patrulleros no facilitaron las condiciones para conversar con los migrantes detenidos.
 
Una mujer carga a su hijo en brazos frente a la Patrulla Fronteriza. Salió también de entre el monte para entregarse. “Ya me siento tranquila de estar aquí”, le dijo a un agente que la recibió. Los patrulleros no facilitaron las condiciones para conversar con los migrantes detenidos.

 

 

Un hombre espera bajo la sombra de otros migrantes con su hijo entre los brazos. Descansa mientras sus familiares se registran con las autoridades. Es parte de una familia entera que salió un mes atrás del departamento de San Marcos, en Guatemala.
 
Un hombre espera bajo la sombra de otros migrantes con su hijo entre los brazos. Descansa mientras sus familiares se registran con las autoridades. Es parte de una familia entera que salió un mes atrás del departamento de San Marcos, en Guatemala.

 

 

La Patrulla Fronteriza ha improvisado su oficina sobre una calle polvosa, paralela a la carretera principal de la ciudad de Roma. En los últimos 15 días, todas las noches reciben a decenas de migrantes hondureños, guatemaltecos y salvadoreños en busca de asilo.
 
La Patrulla Fronteriza ha improvisado su oficina sobre una calle polvosa, paralela a la carretera principal de la ciudad de Roma. En los últimos 15 días, todas las noches reciben a decenas de migrantes hondureños, guatemaltecos y salvadoreños en busca de asilo.

 

 

 

Tres niños lloran y abrazan  a su abuela materna, quien corrió asustada al ver a los agentes de la Patrulla Fronteriza. Tras el intento de escape, la separaron de grupo y, unas horas después, la trasladaron bajo detención. Es una familia de cinco hondureños que huye de la violencia de su país. “Ella es lo único que tengo. Si la regresan, me la van a matar”, le decía su hija a un agente, mientras todos se aferraban a su matriarca, en horas de la madrugada del 27 de marzo.
 
Tres niños lloran y abrazan  a su abuela materna, quien corrió asustada al ver a los agentes de la Patrulla Fronteriza. Tras el intento de escape, la separaron de grupo y, unas horas después, la trasladaron bajo detención. Es una familia de cinco hondureños que huye de la violencia de su país. “Ella es lo único que tengo. Si la regresan, me la van a matar”, le decía su hija a un agente, mientras todos se aferraban a su matriarca, en horas de la madrugada del 27 de marzo.

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