Al inicio de la pandemia, en marzo de 2020, la fábrica maquilera Industrias Florenzi S.A de C.V envió a sus casas a sus 185 empleadas y 21 empleados. Entonces empezó todo. Se los anunciaron como un "descanso obligatorio". Se fueron a casa. Su salario nunca llegó, a pesar de que así lo ordenaban las disposiciones gubernamentales durante la cuarentena. El representante legal de la empresa es Sergio Pineda, hijo del fallecido dueño, y desde entonces no ha dado explicaciones públicas. Casi tres meses después, el 1 de junio de 2020, y sin noticias de su reincorporación al trabajo, las mujeres se presentaron a la maquila y recibieron la noticia de que había dejado de funcionar. El dueño ya no aparecía por ahí y únicamente quedaba un vigilante que cuidaba la mercancía y las máquinas que estaban en bodegas. Por eso, desde ese mismo lunes 1 de junio, las mujeres improvisaron un campamento en la entrada de Florenzi y montaron guardia para que nadie se llevara los pocos bienes que podían garantizarles alguna reparación a su deuda salarial. Desde entonces, permanecen ahí, a pesar del calor, el hambre o las tormentas de 2020. Empezaron siendo más de 110 mujeres, de las que aún continúan 60. Las que siguen, lo hacen para el beneficio de todas, aún de aquellas que se han ido. Tras seis meses en la calle, decidieron tomarse las instalaciones y mover el campamento hacia una de las galeras de la maquila en desuso. Ahí duermen por grupos, cocinan lo que organizaciones o particulares les regalan y montan turnos nocturnos de guardia. Tras un año del cese de labores y casi un año de haber iniciado su lucha, las mujeres de Florenzi ven una pequeña luz de esperanza: el Juzgado Tercero de lo Laboral ha determinado que hubo despido injusto y ordena a Florenzi pagar la indemnización a las trabajadoras acorde al tiempo laborado en el lugar. También se ha iniciado un proceso de embargo del inmueble y los bienes: maquinaria de costura, hilos y centenares de piezas terminadas. Es una victoria que llega tarde, tras meses de lucha y desesperación. Es una victoria que aún no está completa, pues falta que la disposición judicial se haga realidad. Es una victoria demasiado sufrida en un país donde decenas de miles de mujeres hacen jornadas de más de ocho horas por salarios que no llegan a los $300 mensuales, por producir piezas de marcas que terminan vendiéndose en aparadores del mundo a precios que ellas no pueden pagar. No es lo ideal, pero sí es una victoria. Algunas de ellas aseguran que en estos meses pasaron de ser compañeras de trabajo a ser familia. 

 

Victoria Panameño y Nuria Pérez durante su ronda de vigilancia el 15 de marzo de 2021 a las 10:40 p.m al interior de las instalaciones donde existió la fábrica Florenzi. Desde que accedieron a las instalaciones, en enero de 2021, las mujeres han hecho ronda de vigilancia todas las noches para evitar que alguien pueda entrar y robar cosas del interior.
 
Victoria Panameño y Nuria Pérez durante su ronda de vigilancia el 15 de marzo de 2021 a las 10:40 p.m al interior de las instalaciones donde existió la fábrica Florenzi. Desde que accedieron a las instalaciones, en enero de 2021, las mujeres han hecho ronda de vigilancia todas las noches para evitar que alguien pueda entrar y robar cosas del interior.

 

 

Victoria Panameño de 58 años trata de iluminar, con la lámpara de su celular, un sector del inmueble de la ex fábrica Florenzi durante su turno de vigilancia la noche del 15 de marzo de 2021. Según comentó esa noche el lugar lo cuidan para que nadie se robe nada, ya que de eso depende la indemnización que les corresponde por los años laborados. La ex trabajadora le dedicó treinta años de su vida a la fábrica y con el pago que reciba piensa montar un negocio porque por su edad se le complica conseguir un trabajo en otra fábrica.
 
Victoria Panameño de 58 años trata de iluminar, con la lámpara de su celular, un sector del inmueble de la ex fábrica Florenzi durante su turno de vigilancia la noche del 15 de marzo de 2021. Según comentó esa noche el lugar lo cuidan para que nadie se robe nada, ya que de eso depende la indemnización que les corresponde por los años laborados. La ex trabajadora le dedicó treinta años de su vida a la fábrica y con el pago que reciba piensa montar un negocio porque por su edad se le complica conseguir un trabajo en otra fábrica.

 

 

Para acostumbrarse a las noches de vigilancia las mujeres deben ingeniarse un método para no dormirse en el intento, uno de esos métodos son los juegos de mesa de entre los cuales está la Lotería. Durante el juego muchas hacen bromas y comentarios, ''¿Qué harían si ganan la lotería? Yo les ayudaría para que nos fuéramos de aquí'', comenta Victoria Panameño a sus compañeras de turno.
 
Para acostumbrarse a las noches de vigilancia las mujeres deben ingeniarse un método para no dormirse en el intento, uno de esos métodos son los juegos de mesa de entre los cuales está la Lotería. Durante el juego muchas hacen bromas y comentarios, ''¿Qué harían si ganan la lotería? Yo les ayudaría para que nos fuéramos de aquí'', comenta Victoria Panameño a sus compañeras de turno.

 

 

En el campamento solo hay un foco el cual ilumina una pequeña sección de la ex fábrica, en ese lugar permanecen las mujeres durante la noche y para cocinar y hacer café para evitar el sueño tienen que caminar auxiliadas de una lámpara y a tropezones. El foco se alimenta de la electricidad donada por una iglesia evangélica aledaña.
 
En el campamento solo hay un foco el cual ilumina una pequeña sección de la ex fábrica, en ese lugar permanecen las mujeres durante la noche y para cocinar y hacer café para evitar el sueño tienen que caminar auxiliadas de una lámpara y a tropezones. El foco se alimenta de la electricidad donada por una iglesia evangélica aledaña.

 

 

El único sector iluminado por las noches es un pasillo en la entrada de la fábrica, las trabajadoras utilizan las antiguas mesas del comedor de la fábrica donde por años se sentaron para consumir sus alimentos.
 
El único sector iluminado por las noches es un pasillo en la entrada de la fábrica, las trabajadoras utilizan las antiguas mesas del comedor de la fábrica donde por años se sentaron para consumir sus alimentos.

 

 

Victoria Panameño recorre en la oscuridad el interior de la fábrica. En el campamento, las mujeres se han impuesto reglas: toda aquella mujer que quiera ser parte de la resistencia tiene que hacer turnos nocturnos de guardia.
 
Victoria Panameño recorre en la oscuridad el interior de la fábrica. En el campamento, las mujeres se han impuesto reglas: toda aquella mujer que quiera ser parte de la resistencia tiene que hacer turnos nocturnos de guardia.

 

 

Calendario de vigilancia del día 15 de marzo del 2020. En la libreta se muestra quién y a qué hora tiene turno. Las rondas duran una hora, inician a las 10:00 p.m y finalizan a las 5:00 a.m
 
Calendario de vigilancia del día 15 de marzo del 2020. En la libreta se muestra quién y a qué hora tiene turno. Las rondas duran una hora, inician a las 10:00 p.m y finalizan a las 5:00 a.m

 

 

Las ex trabajadoras de industrias Florenzi han sido apoyadas por algunas organizaciones, como el BPJ y la Coordinadora Sindical Salvadoreña, que entre otras cosas han asesorado a las mujeres en temas legales y en acciones para llamar la atención y ser escuchadas.
 
Las ex trabajadoras de industrias Florenzi han sido apoyadas por algunas organizaciones, como el BPJ y la Coordinadora Sindical Salvadoreña, que entre otras cosas han asesorado a las mujeres en temas legales y en acciones para llamar la atención y ser escuchadas.

 

 

Para mantener la unidad del grupo se realizan constantemente plenarias en las que se informa de los avances de los distintos procesos jurídicos que las ex trabajadoras llevan: El juzgado 3.º de lo Laboral emitió sentencia para que se les pague su tiempo de trabajo en concepto de indemnización y el Juzgado primero de lo Laboral emitió el inicio de embargo del inmueble donde funcionaba la fábrica.
 
Para mantener la unidad del grupo se realizan constantemente plenarias en las que se informa de los avances de los distintos procesos jurídicos que las ex trabajadoras llevan: El juzgado 3.º de lo Laboral emitió sentencia para que se les pague su tiempo de trabajo en concepto de indemnización y el Juzgado primero de lo Laboral emitió el inicio de embargo del inmueble donde funcionaba la fábrica.

 

 

Lucía Torres, Nuria Martínez, José Rivas tras 64 días de huelga de hambre, en esos días padecieron de algunas enfermedades como retención de líquidos, desarrollo de hipertensión. Únicamente tomaron suero, agua y algunos batidos energéticos. ''Todo esto valió la pena, debido al esfuerzo y sacrificio ahora vemos algunos avances como la venida de la jueza para ver los bienes que se pueden vender para recibir un pago'', dijo Nuria.
 
Lucía Torres, Nuria Martínez, José Rivas tras 64 días de huelga de hambre, en esos días padecieron de algunas enfermedades como retención de líquidos, desarrollo de hipertensión. Únicamente tomaron suero, agua y algunos batidos energéticos. ''Todo esto valió la pena, debido al esfuerzo y sacrificio ahora vemos algunos avances como la venida de la jueza para ver los bienes que se pueden vender para recibir un pago'', dijo Nuria.

 

 

En el campamento está coordinado el día que le toca cocinar a cada mujer. Desde temprano se hacen presentes a la fábrica y cocinan. Cuando hay sesión para dar informes y avances de logros se cocina hasta para 60 mujeres.
 
En el campamento está coordinado el día que le toca cocinar a cada mujer. Desde temprano se hacen presentes a la fábrica y cocinan. Cuando hay sesión para dar informes y avances de logros se cocina hasta para 60 mujeres.

 

 

El 3 de septiembre de 2020, las mujeres de Florenzi hacían una fila para recibir alimentos, de lo poco que tenían en esas fechas: huevos, frijoles, tortillas.  Se juntaban bajo toldos, bajo la lluvia, a la orilla de la Calle al Matazano, frente a las instalaciones de la fábrica.
 
El 3 de septiembre de 2020, las mujeres de Florenzi hacían una fila para recibir alimentos, de lo poco que tenían en esas fechas: huevos, frijoles, tortillas.  Se juntaban bajo toldos, bajo la lluvia, a la orilla de la Calle al Matazano, frente a las instalaciones de la fábrica.

 

 

Después de una intensa tormenta el 3 de septiembre del 2020 las mujeres pudieron almorzar un plato con arroz y huevo bajo unos toldos que poco resistían el agua que caía.
 
Después de una intensa tormenta el 3 de septiembre del 2020 las mujeres pudieron almorzar un plato con arroz y huevo bajo unos toldos que poco resistían el agua que caía.

 

 

Silvia Sánchez, de 54 años, y sus sobrinos, Alexis Sánchez, de 10, y Mateo Pérez, de 7, preparan el lugar donde dormirán las personas de turno la noche del 4 de marzo del 2021.
 
Silvia Sánchez, de 54 años, y sus sobrinos, Alexis Sánchez, de 10, y Mateo Pérez, de 7, preparan el lugar donde dormirán las personas de turno la noche del 4 de marzo del 2021. "Aquí pasamos día y noche y hacemos turnos, los niños y mi sobrina viene a ayudarme durante el día y se van en la noche. Yo trabajé 25 años en esta fábrica. Lo que quiero es reparar mi casa, porque vivimos 11 personas y la necesito hacer un poco más grande. Es mi sueño y espero cumplirlo con el pago del tiempo que trabajé aquí. En Casa casi nadie tiene trabajo. Hemos sobrevivido de con los víveres que nos dan en este lugar", dijo Silvia.

 

 

Olga Margarita Guevara (izquierda) , de 44 años, junto a su nieta y su hermana. Olga trabajó por nueve años en Florenzi. Cuando la fábrica cerró, no tuvo otra opción que ir a vivir donde su hermana, María Guevara (derecha) , de 49 años, tiene una venta de tortillas con la que mantiene a su familia y ahora ayuda a su hermana.
 
Olga Margarita Guevara (izquierda) , de 44 años, junto a su nieta y su hermana. Olga trabajó por nueve años en Florenzi. Cuando la fábrica cerró, no tuvo otra opción que ir a vivir donde su hermana, María Guevara (derecha) , de 49 años, tiene una venta de tortillas con la que mantiene a su familia y ahora ayuda a su hermana.

 

 

Rosario Sandoval, de 58 años, saca agua de una cisterna en un predio de la fábrica. El agua es utilizada para actividades de primera necesidad. Las instalaciones carecen de agua potable. La cisterna se llena por pipas que pagan organizaciones, personas solidarias y la Alcaldía de Soyapango.
 
Rosario Sandoval, de 58 años, saca agua de una cisterna en un predio de la fábrica. El agua es utilizada para actividades de primera necesidad. Las instalaciones carecen de agua potable. La cisterna se llena por pipas que pagan organizaciones, personas solidarias y la Alcaldía de Soyapango.

 

 

Un empleado del Juzgado Primero de lo Laboral revisa las cajas con productos textiles que quedaron en una galera de la fábrica. El 10 de marzo de 2021, el Juzgado inicio un proceso de embargo sobre el inmueble, como medida cautelar en favor de apenas seis trabajadoras.
 
Un empleado del Juzgado Primero de lo Laboral revisa las cajas con productos textiles que quedaron en una galera de la fábrica. El 10 de marzo de 2021, el Juzgado inicio un proceso de embargo sobre el inmueble, como medida cautelar en favor de apenas seis trabajadoras.

 

 

Consuelo Viuda de Peña, Silvia Sánchez y Albertina Ramos supervisan el conteo del inventario de productos textiles como parte del embargo impuesto por el Juzgado Primero de lo Laboral a favor de las extrabajadoras de Florenzi. Para su lucha, fue un día trascendental, ya que por primera vez se llevaba un procedimiento judicial a su favor dentro de las instalaciones.
 
Consuelo Viuda de Peña, Silvia Sánchez y Albertina Ramos supervisan el conteo del inventario de productos textiles como parte del embargo impuesto por el Juzgado Primero de lo Laboral a favor de las extrabajadoras de Florenzi. Para su lucha, fue un día trascendental, ya que por primera vez se llevaba un procedimiento judicial a su favor dentro de las instalaciones. "Esto es parte de los frutos de nuestra lucha y resistencia en este lugar. Si nos hubiéramos rendido, nada de esto hubiera pasado", dijo Silvia Sánchez.

 

 

Janira Rodríguez y Maritza Ramírez se abrazan el día de sus cumpleaños. Las dos mujeres han permanecido desde el primer día del campamento de trabajadoras.
 
Janira Rodríguez y Maritza Ramírez se abrazan el día de sus cumpleaños. Las dos mujeres han permanecido desde el primer día del campamento de trabajadoras. "No ha sido fácil lograr esta unidad. Al principio fue bien complicado, porque cada una quería ir por su lado, pero con el tiempo logramos entender que era una lucha de todas. Antes, cuando trabajábamos, nos veíamos simplemente como compañeras; ahora nos consideramos una familia", dijo Maritza.