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Nuevas Ideas y “la mano de Dios”

Luis Enrique Amaya

 
 

Copa Mundial de Fútbol. 22 de junio de 1986. Estadio Azteca (Ciudad de México). Argentina versus Inglaterra. Minuto 51. Diego Armando Maradona, “el vengador de la guerra de las Malvinas”, salta en el área grande frente al portero Peter Shilton. Se alza “la mano de Dios”. Víctor Hugo Morales, connotado locutor de origen uruguayo, identificado con el equipo argentino, dice: “[…] contra Inglaterra, hoy, aun así, con un gol con la mano, ¿qué quieren que les diga?” Era ilegal, antirreglamentario, pero a la afición no le importó. La ovación resonó hasta la Tierra del Fuego. Todo se valía para esa masa de gente, con tal de vengarse del “enemigo” y desquitarse el agravio previo, sufrido lejos de la cancha pocos años atrás. En El Salvador, el sábado 1 de mayo, primer día de la legislatura 2021-2024, el partido político del presidente Nayib Bukele metió un gol con la mano.

En la sesión plenaria de la Asamblea Legislativa que empezó el sábado y concluyó la madrugada del domingo, la mayoritaria “Bancada Cyan”, junto con sus aliados parlamentarios, destituyó a los magistrados propietarios y suplentes de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (también remplazaron al fiscal general, pero ese caso se cuece aparte). Luego, los mismos diputados eligieron a los magistrados sustitutos, tras dedicar unos minutos al análisis de los perfiles. Para ello, adujeron basarse en el art. 186 de la Constitución de la República. En relación con la destitución, ese artículo señala que la Asamblea Legislativa podrá hacerlo “por causas específicas, previamente establecidas por la ley”. Y con respecto a la sustitución, se indica que la elección de los magistrados “se hará de una lista de candidatos, que formará el Consejo Nacional de la Judicatura en los términos que determinará la ley, la mitad de la cual provendrá de los aportes de las entidades representativas de los abogados de El Salvador y donde deberán estar representadas las más relevantes corrientes del pensamiento jurídico”. A partir de ahí, cabe una interrogante honesta: ¿fue acatada o desacatada la norma constitucional?

Estando en el estadio, pregunto: ¿qué vio el árbitro (si existe)? ¿Qué vio el público? ¿Acaso hay VAR? Desde esta localidad, se apreció la mano.

Gustave Le Bon, sociólogo francés, definió a la “masa” como “una agrupación humana con los rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo”. Entre otras cosas, significa que, dentro de la turba, las exaltadas pasiones reducen la lucidez mental de los seres humanos. Esto representa un problema, o al menos una limitación, porque el apego a las leyes siempre es resultado de una decisión personal, consciente e intencional. El fomento de la cultura de la legalidad es un acto de la voluntad. Y al interior de la masa (deportiva, política o de cualquier tipo), el rigor intelectual se debilita y el emotivo fanatismo se robustece. Como diría Winston Churchill: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”.

Ahora bien, citando a Joseph de Maistre, filósofo y político, “cada pueblo o nación tiene el gobierno que se merece”. O, en palabras de André Malraux, político y novelista, “la gente tiene los gobernantes que se le parecen”. A mi juicio, en realidad, cada pueblo tiene los gobernantes que produce; es decir, cada gobierno, en cierto modo, es reflejo de la sociedad en la que está inserto. Y la población salvadoreña, en general, no únicamente los diversos gobernantes que ha tenido, pareciera que no es muy obediente a la ley ni admiradora del régimen democrático. 

Por ejemplo, según el reporte Análisis preliminar del Barómetro de las Américas de LAPOP: El Salvador 2018, la satisfacción con la democracia bajó, entre 2004 y 2018, de 61.4 % a 36.6 %. Además, en materia de seguridad ciudadana, de acuerdo con el estudio Legitimidad y confianza pública de la policía en El Salvador, realizado en 2017 por la Florida International University y el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA, apenas el 43.5 % de los salvadoreños encuestados expresó disposición a seguir las órdenes de la Policía. Estos son solo dos botones de muestra de los miles que existen. En suma, la propensión a subestimar las reglas democráticas y a optar por el relativismo jurídico no es exclusiva de los gobernantes de turno, sino que se extiende a toda la sociedad.

Al terminar el partido, con un 2-1 a favor de la selección albiceleste (gracias también al “Gol del Siglo”), la multitud de hinchas se agolpó en el Obelisco de Buenos Aires. Se escuchaba a la masa gritar: “¡Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés!”. En el libro biográfico Yo soy el Diego, Maradona llegó a afirmar: “Y fue como robarles la billetera a los ingleses”. En aquel instante eufórico, con el rencor aún fresco y la dulce venganza recién consumada, era imposible, impensable, que alguien plantease que el primer gol argentino ocurrió violando el reglamento y que, por honradez y coherencia, convendría detener la celebración y revisar el resultado. Era la anhelada revancha, y no se hubiesen tolerado dubitaciones ni vacilaciones en el “alma de masa” descrita por Le Bon. 

A día de hoy, aquella jugada se recuerda con orgullo en Argentina. Los feligreses de la iglesia maradoniana la conmemoran con veneración. La canción La mano de Dios, en la ardorosa voz de Rodrigo “el Potro” Bueno, sube la adrenalina. En Inglaterra, en cambio, la lectura es opuesta. De hecho, el propio Peter Shilton, años después, hablando acerca de Maradona, aseveró: “Siempre digo que es el mejor jugador de la historia, pero no lo respeto como deportista y nunca lo haré”. Al margen de las variadas perspectivas y valoraciones que hay, lo cierto es que aquel gol no debió contar y el marcador final tuvo que ser distinto.

Salvando las notables diferencias entre ambas situaciones, habrá que esperar para descubrir cómo rememorarán las masas lo sucedido el 1 de mayo de 2021 en la Asamblea Legislativa. No será extraño contemplar a muchos defendiendo que fue la fecha de la derrota del “enemigo” y el inicio glorioso de la refundación de la patria, mientras que otros tantos, dentro y fuera del país, seguirán convencidos de que se trató de un ataque artero y autocrático al Estado de derecho. No todos estamos sentados en la misma silla del estadio, pero, con una actitud sincera y desideologizada, visto desde aquí, hubo mano, hubo trampa.

Luis Enrique Amaya es consultor internacional e investigador en materia de seguridad ciudadana, asesor de organismos multilaterales y agencias de cooperación internacional, experto en análisis y gestión de políticas públicas de seguridad basadas en evidencia.
 
Luis Enrique Amaya es consultor internacional e investigador en materia de seguridad ciudadana, asesor de organismos multilaterales y agencias de cooperación internacional, experto en análisis y gestión de políticas públicas de seguridad basadas en evidencia.


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