La comunidad Nueva Esperanza 2, en San Pedro Sula, es la suma de toda las miserias hondureñas: pobreza, abandono estatal y una necesidad: migrar. A seis meses del paso de los huracanes Eta y Iota, los hondureños no han logrado recuperarse de las pérdidas causadas por las inundaciones. El Valle de Sula fue unos de los sectores más afectados debido al desbordamiento de los ríos Ulúa y Chamelecón, que recorre los sectores más populosos del departamento de Cortés. El Ulúa es uno de los ríos más grandes de Honduras y en su recorrido pasa por el municipio de Villanueva. En noviembre del 2020, el río se desparramó casi cinco kilómetros más allá de su cauce y dejó desconectado al Valle de Sula del resto del país. En medio de toda esa agua quedó una comunidad que para ese entonces llevaba el nombre de La Libertad. Ahora se llama Nueva Esperanza 2, y sigue siendo una planicie de tierra ocupada por 250 familias que habitan un terreno ajeno. Desde 2017, un informe de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), titulado Economía del Cambio Climático de Honduras, advertía sobre la vulnerabilidad de la región: "La región es una de las más expuestas a los efectos del cambio climático". En el país donde siete de cada diez familias viven en la línea de la pobreza, la comunidad Nueva Esperanza es un reflejo de esos datos. En el lugar, la falta de empleo, la deserción escolar y el deseo de migrar se han convertido en el común denominador.

 

Después del paso de Iota, el 19 de noviembre del 2020, los niveles de agua subieron tanto que lo suficiente que apenas podían verse los techos de la comunidad Nueva Esperanza 2. Allí no murió nadie, todos pudieron ser evacuados antes de que el río Ulúa se lo tragara casi todo. Seis meses después, las familias vuelven a repoblar la comunidad después de permanecer en albergues del municipio de Villanueva.
 
Después del paso de Iota, el 19 de noviembre del 2020, los niveles de agua subieron tanto que lo suficiente que apenas podían verse los techos de la comunidad Nueva Esperanza 2. Allí no murió nadie, todos pudieron ser evacuados antes de que el río Ulúa se lo tragara casi todo. Seis meses después, las familias vuelven a repoblar la comunidad después de permanecer en albergues del municipio de Villanueva.

 

 

En enero del 2021, Edwin García, de 33 años, se unió a la caravana migrante que partió de San Pedro Sula con rumbo a Guatemala, todos dispuestos a llegar a Estados Unidos. Edwin recuerda que en su paso por Vado Hondo, Chiquimula, se enfrentaron a las fuerzas policiales de Guatemala:
 
En enero del 2021, Edwin García, de 33 años, se unió a la caravana migrante que partió de San Pedro Sula con rumbo a Guatemala, todos dispuestos a llegar a Estados Unidos. Edwin recuerda que en su paso por Vado Hondo, Chiquimula, se enfrentaron a las fuerzas policiales de Guatemala: "Allí fue una cuestión de fuerza, algunos como pudimos logramos pasar, pero muchas familias fueron retornadas en ese lugar", dijo. Edwin no logró su objetivo, fue detenido en Tecún Umán y deportado a Honduras. Actualmente vive sin empleo en la champa que reconstruyó después de los huracanes de 2020.

 

 

María Hernández, de 69 años de edad, frente a su champa, con las pocas cosas que el río Ulúa no se pudo llevar, un sofá y una silla. Reconstruyó su champa con láminas que el Ulúa arrastró. El día que el río se salió de su cauce, María no quería evacuar, pues no creía que el agua llegaría hasta su casa.
 
María Hernández, de 69 años de edad, frente a su champa, con las pocas cosas que el río Ulúa no se pudo llevar, un sofá y una silla. Reconstruyó su champa con láminas que el Ulúa arrastró. El día que el río se salió de su cauce, María no quería evacuar, pues no creía que el agua llegaría hasta su casa. "Milagrosamente", como dice ella, logró escapar y ahora sobrevive con la poca ayuda de comida que algunas organizaciones le donan.

 

 

En Honduras, la población económicamente activa es contada a partir de los 15 años de edad. Según la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples, el 73.8% de la población hondureña está en edad de trabajar y para el año 2020 el desempleo creció a 10,9%, siendo la población joven la más afectada. De 447,774 desempleados del país, casi la mitad son menores de 25 años. La comunidad Nueva Esperanza 2 es un fiel reflejo de las encuestas. Edwin García, de 33 años; Josué García, de 18; y Francis Morales, de 15, son parte de esa franja poblacional. De los tres, ni uno tiene ingresos. Francis, el menor, tampoco estudia.
 
En Honduras, la población económicamente activa es contada a partir de los 15 años de edad. Según la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples, el 73.8% de la población hondureña está en edad de trabajar y para el año 2020 el desempleo creció a 10,9%, siendo la población joven la más afectada. De 447,774 desempleados del país, casi la mitad son menores de 25 años. La comunidad Nueva Esperanza 2 es un fiel reflejo de las encuestas. Edwin García, de 33 años; Josué García, de 18; y Francis Morales, de 15, son parte de esa franja poblacional. De los tres, ni uno tiene ingresos. Francis, el menor, tampoco estudia.

 

 

Algunas familias no han podido regresar a la comunidad, la falta de trabajo para comprar materiales de construcción impide que algunas viviendas sean reconstruidas después de la devastación causada por los huracanes Eta y Iota en noviembre de 2020.
 
Algunas familias no han podido regresar a la comunidad, la falta de trabajo para comprar materiales de construcción impide que algunas viviendas sean reconstruidas después de la devastación causada por los huracanes Eta y Iota en noviembre de 2020.

 

 

Los niños de la comunidad Nueva Esperanza 2 juegan en las calles menos afectadas por Iota en 2020, en el municipio de Villanueva (izquierda). Seis meses después, los mismos niños regresaron a su hogar, y ahora juegan en lo que quedó de un taller en la comunidad.
 
Los niños de la comunidad Nueva Esperanza 2 juegan en las calles menos afectadas por Iota en 2020, en el municipio de Villanueva (izquierda). Seis meses después, los mismos niños regresaron a su hogar, y ahora juegan en lo que quedó de un taller en la comunidad.

 

 

David Hernández, de 19 años, viajó en la caravana en enero de 2021. Llegó hasta Tecún Umán, Guatemala, y fue deportado. Desde entonces, planifica su viaje para finales de abril de 2021:
 
David Hernández, de 19 años, viajó en la caravana en enero de 2021. Llegó hasta Tecún Umán, Guatemala, y fue deportado. Desde entonces, planifica su viaje para finales de abril de 2021: "De aquí me fui por todo lo que causó la tormenta. Mi madre estaba sin trabajo y el río se llevó todo lo que teníamos, lo único que nos quedó fue este sillón en el que estoy sentado. Vivir sin nada no es vida, por eso voy a intentar irme al norte hasta que lo logre. Ya no queremos vivir en este país".

 

 

Interior de una bodega de equipos electrónicos usados que pertenece a Hernán Velázquez. El hombre de 43 años vivió diez años en Estados Unidos y, al regresar, montó un negocio con equipos importados. Hernán quedó en la quiebra, lo perdió todo cuando el río Ulúa se desbordó sobre la comunidad Nueva Esperanza 2.
 
Interior de una bodega de equipos electrónicos usados que pertenece a Hernán Velázquez. El hombre de 43 años vivió diez años en Estados Unidos y, al regresar, montó un negocio con equipos importados. Hernán quedó en la quiebra, lo perdió todo cuando el río Ulúa se desbordó sobre la comunidad Nueva Esperanza 2.

 

 

A la orilla de la carretera que de San Pedro Sula lleva a Tegucigalpa, a la altura de Villanueva, en una de las entradas a la comunidad Nueva Esperanza 2, hay una galera y en su techo ondean las banderas de Estados Unidos y Honduras. Al pie de la choza, hay un rótulo que fue arrancado por las corrientes del río Ulúa y que en sus letras anunciaba el antiguo nombre de la comunidad, La Libertad.
 
A la orilla de la carretera que de San Pedro Sula lleva a Tegucigalpa, a la altura de Villanueva, en una de las entradas a la comunidad Nueva Esperanza 2, hay una galera y en su techo ondean las banderas de Estados Unidos y Honduras. Al pie de la choza, hay un rótulo que fue arrancado por las corrientes del río Ulúa y que en sus letras anunciaba el antiguo nombre de la comunidad, La Libertad.

 

 

 

En la comunidad Nueva Esperanza 2 no hay conexión de agua potable para las familias del lugar. En la comunidad hay dos pozos, uno de ellos pertenece a la familia de Javier Lindo, de 39 años de edad (de camisa morada). Él es de los pocos en que tiene trabajo en la comunidad. El pozo tiene una profundidad de 20 metros y de allí abastece a algunas familias que viven cerca de su casa.
 
En la comunidad Nueva Esperanza 2 no hay conexión de agua potable para las familias del lugar. En la comunidad hay dos pozos, uno de ellos pertenece a la familia de Javier Lindo, de 39 años de edad (de camisa morada). Él es de los pocos en que tiene trabajo en la comunidad. El pozo tiene una profundidad de 20 metros y de allí abastece a algunas familias que viven cerca de su casa.

 

 

 

La comunidad es atravesada por dos canales donde son vertidas las aguas negras de vecindarios del municipio de Villanueva. Los habitantes de la Nueva Esperanza 2 relatan que fue por los tubos que conectan a los canales donde salió una cantidad de agua que nunca había pasado por allí y que en cuestión de minutos inundó el terreno. El agua provenía del río Ulúa, que había colapsado debido a las tormentas causadas por Iota.
 
La comunidad es atravesada por dos canales donde son vertidas las aguas negras de vecindarios del municipio de Villanueva. Los habitantes de la Nueva Esperanza 2 relatan que fue por los tubos que conectan a los canales donde salió una cantidad de agua que nunca había pasado por allí y que en cuestión de minutos inundó el terreno. El agua provenía del río Ulúa, que había colapsado debido a las tormentas causadas por Iota.

 

 

Durante el 2020, el 40 % de los niños y jóvenes de Honduras abandonaron sus estudios. Según Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras, entre las causas principales están la pandemia de la Covid-19 y los huracanes Eta Y Iota, que destruyeron la infraestructura de las escuelas. En un sondeo en la comunidad Nueva Esperanza 2, de Villanueva, resultó que la mayoría de niños no asiste a clases virtuales por la falta de ingresos en sus familias. Es decir que han perdido el año 2020 de clases y probablemente pierdan el 2021.
 
Durante el 2020, el 40 % de los niños y jóvenes de Honduras abandonaron sus estudios. Según Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras, entre las causas principales están la pandemia de la Covid-19 y los huracanes Eta Y Iota, que destruyeron la infraestructura de las escuelas. En un sondeo en la comunidad Nueva Esperanza 2, de Villanueva, resultó que la mayoría de niños no asiste a clases virtuales por la falta de ingresos en sus familias. Es decir que han perdido el año 2020 de clases y probablemente pierdan el 2021.

 

 

Darwin Palacios, de 11 años, vive con sus padres en la Nueva Esperanza 2 y, al igual que la mayoría de niños, no asiste a clases virtuales por falta de dinero en su familia. Mantiene intactos los recuerdos de los huracanes Eta y Iota:
 
Darwin Palacios, de 11 años, vive con sus padres en la Nueva Esperanza 2 y, al igual que la mayoría de niños, no asiste a clases virtuales por falta de dinero en su familia. Mantiene intactos los recuerdos de los huracanes Eta y Iota: "Fueron los días en los que lo perdimos todo lo que había en la casa". El único juguete de Darwin es la máscara que lleva puesta y que llegó como donativo de parte de una organización evangélica.

La comunidad Nueva Esperanza 2, ubicada en el valle de Sula, se está repoblando poco a poco. Las familias que huyeron del agua ahora regresan porque es el único lugar que tienen para vivir. Reconstruyen las casas con lo que pueden y algunos solo esperan pasar un tiempo en el lugar y luego emprender un nuevo viaje hacia Estados Unidos.
 
La comunidad Nueva Esperanza 2, ubicada en el valle de Sula, se está repoblando poco a poco. Las familias que huyeron del agua ahora regresan porque es el único lugar que tienen para vivir. Reconstruyen las casas con lo que pueden y algunos solo esperan pasar un tiempo en el lugar y luego emprender un nuevo viaje hacia Estados Unidos.