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Lo "cool" es el nuevo ideario nacional

Ricardo Valencia

 
 

Si los marxistas miran al poder como un sitio para la lucha de clases y los liberales creen que la política es un pleito entre el Estado y la libertad individual, el régimen salvadoreño entiende lo político como un bachillerato en la que hay estudiantes populares e impopulares, y los populares de la escuela ejercen su poder a través de la crueldad simbólica contra sus adversarios políticos y críticos. En este terreno, la moneda de cambio es lo cool. Afuera quedan las cercanías ideológicas, la experiencia tecnocrática y hasta los protocolos de comportamiento. Este es el reino de los hombres cool, quienes se sienten dueños de la política y no quieren compartirla.

Tapp and Bird definen lo cool como una cualidad “esquiva y exclusiva” que hace que los comportamientos de las personas y los objetos sean vistos como modernos y deseables, sobre todo la cualidad de ser famoso. Como contraste, lo “no cool” sería aquello que parece viejo y proviene de antiguas generaciones. Los investigadores sociales usan herramientas sociológicas y psicológicas para a vender lo cool a jóvenes menores de 20 años.

Al igual que las películas de adolescente de los noventas -que muy probablemente la familia presidencial vio en su pubertad- ser cool en el bachillerato -a veces- implica mucha crueldad. Esta forma de educación popular es lo que la académica feminista Rita Segato llama la pedagogía de la crueldad. Segato argumenta que la crueldad es un proyecto político que trata de reducir la empatía de la gente y convertir los cuerpos en cosas. Las cosas no sienten. Segato también habla del “dueñismo” de lo político, en el cual ciertas élites políticas no solo se sienten gobernantes, sino dueñas de la política y del país.

En este caso, la crueldad complementa la única ideología que tiene este gobierno: lo cool. Esto los orienta en el diseño de sus políticas y toma de decisiones. Por eso, el presidente Nayib Bukele se ha llamado a sí mismo el presidente más cool del mundo y su más grande cumplido a una persona se lo dio al expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien el mandatario salvadoreño se refirió como “very nice and cool”. En respuesta, el mismo Trump etiquetó al mandatario salvadoreño de dictador

Siendo lo cool el discurso que busca regir las relaciones sociales en El Salvador, la élite en ciernes lo impulsa a través del liderazgo que le da los recursos familiares. La familia presidencial se nutre de un histórico respeto que amplias capas de la población le brinda a los que nacen en riqueza. La historiadora salvadoreña Elena Salamanca, en su artículo de 2014 Odio de clase media, describe cómo el origen de gente como los Bukele -nacidos en hogares acomodados y con educación bilingüe- deriva en la obsesión por lo cool y cómo esto ha encontrado hogar en los corazones de un buen grupo de sus ministros y diputados provenientes de ambientes medios. Salamanca explica: 

La clase media salvadoreña es un fósil con poca movilidad social. La impiden la violencia económica y social y la negación de la alteridad. La clase media de esta generación no tiene la posibilidad de movilidad social como la tuvieron las generaciones anteriores; en esta generación la movilidad se vincula al arribismo y el servilismo. El problema de la percepción de la clase media es también cultural, un problema que se finca en la negación del otro como igual. 

Este Gobierno no es solo un régimen de mercaderes de lo cool, sino de eternos adolescentes, intoxicados con la novedad y los halagos que reciben de otros adolescentes ricos y blancos como el criptoaficionado Jack Maller.

La ministra de economía, María Luisa Hayem, al parecer no fue invitada en esas conversaciones entre los hermanos Bukele y los criptofanáticos. Ella no es parte de esa cerrada cofradía que se ha adueñado desde la economía hasta las relaciones internacionales.

Estos adolescentes -educados en el arquetipo del emprendedor milenial- tienen más de 30 años y algunos hasta alcanzan los cincuenta. Ellos nunca crecerán ni lo quieren. Creen que lo cool es gobernar con otros hombres cool. Este régimen es nihilista y su fin último es convertir al país en el retrato del presidente y su familia. Pero para esto necesita de una parte de la clase media -representada por muchos de sus funcionarios y diputados oficialistas-, comprada por las promesas de movilidad social y unas clases populares cada vez más cegadas por el repudio al pasado. Tal vez esta es la contradicción del régimen y de su ideología: un gobierno de adolescentes ricos y cool que necesitan la popularidad que le dan los pobres.

Ricardo Valencia is associate professor of communications at California State University, Fullerton. Twitter: @ricardovalp
 
Ricardo Valencia is associate professor of communications at California State University, Fullerton. Twitter: @ricardovalp


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