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Miss El Salvador 2021: “Me encantaría una ley que permitiera el aborto en todas sus causales”

Asexual, feminista, funcionaria pública y ahora Miss El Salvador. Desde su coronación, Alejandra Gavidia se ha enfrentado a críticas, tanto por su discurso como por su imagen. La representante salvadoreña de este concurso de belleza comparte en esta plática sus visiones sobre la vigencia de este tipo de competencias, la sexualidad y la política salvadoreña. En esta entrevista, Gavidia confiesa que sus aspiraciones son políticas. La reina de belleza quiere ser presidenta. 

 
 

El pasado 29 de julio, Alejandra Gavidia se convirtió en “la soberana de la belleza” salvadoreña, según la nombraron algunos medios. Y aunque está dispuesta a representar de todas las maneras posibles al país, lo cierto es que su ambición nunca fue la corona. Es más, cuando se inscribió como participante y le avisaron que tenía una entrevista con los organizadores, sospechó que podía tratarse de una trampa. “Yo les juro que yo pensaba que era tráfico de blancas o algo por el estilo, porque era demasiado fantástico para mí”.

En su paso por el certamen, Alejandra aprendió desde cómo pegarse pestañas postizas hasta silenciar las críticas a su cuerpo. Con lo segundo ha tenido que lidiar toda su vida. Es por eso que, pese a lo lejana que se le hacía la corona, quiere aprovechar este espacio privilegiado para botar estigmas, empezando por el de la belleza. Como mujer asexual (orientación sexual de las personas que no sienten atracción sexual por otros) quiere que la atención esté puesta en los temas por los que hará vocería, no en su físico. “Lo que quiero hacer en este paso por Miss Universo no es solamente ser una cara bonita”, dice, y asegura que entre sus prioridades está desmitificar la salud mental y crear conciencia sobre la violencia contra las mujeres y las poblaciones LGBTQIA+.

Alejandra Gavidia representará a El Salvador en el concurso Miss Universo en noviembre. Lejos de una carrera como modelo, aspira a ser vocera de temas como la salud mental y la violencia contra las mujeres. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Alejandra Gavidia representará a El Salvador en el concurso Miss Universo en noviembre. Lejos de una carrera como modelo, aspira a ser vocera de temas como la salud mental y la violencia contra las mujeres. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Alejandra tenía 25 años y estaba desempleada cuando decidió inscribirse en el certamen. Cuenta que había mandado currículums a todos lados y ninguno respondió a su interés. En medio de su desesperación, en febrero de 2021, recibió una oferta de Casa Presidencial que sin pensarlo aceptó. “Para mí, como licenciada en Administración pública y gobierno, trabajar en el gobierno es mi sueño cumplido de vida. Porque realmente estudié para eso”. Pero su emoción por trabajar en el gobierno, explica, no debe confundirse con su apoyo al Gobierno y al sistema político actual, al que califica como “un fenómeno histórico que puede llegar a ser tétrico”.

Aun así, cree que trabajar en el Ejecutivo, aunque puede ser una contradicción con las luchas con las que se identifica, es el lugar ideal para revertir retrocesos que para ella fueron inadmisibles, como la eliminación de la Secretaría de Inclusión Social, y específicamente de la Dirección de Diversidad Sexual. Sabe que tiene el camino cuesta arriba en recuperar la confianza de quienes dejaron de ser beneficiados, tomando en cuenta que para su jefe, el presidente, ni la violencia contra la mujer ni los derechos de las poblaciones LGBTQIA+ son temas relevantes.

En pleno 2021, cuando concursos como Miss Universo son considerados anticuados, una mujer como vos con un discurso pro libertad para las mujeres decide convertirse en aspirante a la corona. ¿Nos podés explicar por qué eso no es una contradicción?
Yo nunca pensé ganar. Participé en esto porque estaba desesperada buscando trabajo y no encontraba nada. Mandé currículum a todas partes, yo creo que Save The Children ya estaba loco conmigo, porque siempre les mandaba mis cosas y al final me sale esta oportunidad y dije: "bueno, ni ellos me van a querer". Y luego conseguí trabajo y al ratito me cae una llamada de un número desconocido y me dicen: “le hablamos del reinado El Salvador y queríamos una entrevista con usted”. Yo les juro que yo pensaba que era tráfico de blancas o algo por el estilo, porque era demasiado fantástico para mí.

¿Qué tipo de preguntas te hicieron en esa entrevista?
Que qué opinaba de los concursos de belleza, que cuál era mi opinión sobre el desfile en traje de baño, lo cual les dije que me parecía una cosa demasiado misógina y que debería pasar ya. Entiendo que es una cosa que hay que ir cambiando paulatinamente y que no se puede pasar de corte inmediatamente, pero que no le veía razón. Pero entendía que participar en ello implicaba un traje de baño, entonces que estaba consciente de que eso entraba y que ni modo.

¿Te vieron raro?
No, solo asentían.

¿Y qué pasó después?
Me dijeron: “queremos informarte que estás seleccionada y solo tenés que firmar el contrato y demás por tu participación”. Y yo todavía me di el lujo de decir: “Me lo voy a pensar. Gracias”. Lo platiqué con mi mamá pensando en qué repercusiones iba a tener esto. Habiendo sufrido una gran pérdida de peso, enseñar el cuerpo era una cosa a la que no estoy ni estaba acostumbrada. Y mi mamá me dijo: “vos intentalo, hija, total ¿qué es lo peor qué puede pasar?” Y yo: “Que sea un meme, que termine en un video de las Miss más tontas de la historia”.

Según lo que nos contás, aun después de tomar la decisión, tuviste varias contradicciones.
La primera esencialmente era esa idea de que los concursos o certámenes de belleza son anticuados y que miden únicamente la estética física o la imagen de las mujeres y yo no quería ser una concursante más que iba a ser evaluada y que iba a ser vista por las cámaras e iban a decir qué tan bonita era. A mí eso nunca me importó. Otra de las cosas es que muchas personas dicen: esto te abrirá muchas puertas. Y sí, pero las puertas que yo quiero que se me abran no son precisamente las del modelaje o las de una carrera en televisión. A las chicas que tienen eso en verdad las admiro, porque estar producida en tacones y posando todo el tiempo no es fácil, para nada.

Supongo que de ahí venía tu temor a convertirte en meme.
Alguien una vez hizo un comentario de "es que a las misses las agarran de tontas" y yo dije “bueno, entonces tenés que demostrar que las misses no son tontas”. Pareciera que si sos bonita, sos incapaz de ser inteligente. Y yo decía: he conocido a mujeres hermosas, divinas, preciosas, que son de lo más inteligente de la vida. Antes de inscribirme vi un poco sobre los Miss Universo anteriores y recuerdo que vi uno en donde las chicas decían: mis medidas son tal… y en lugar de decir "93, 60, 90", decían cifras de feminicidios, de mujeres desaparecidas y me pareció súper relevante. Fue la primera vez que dije: guau, yo lo he satanizado tanto y nunca me he metido a algo así y qué plataforma más enorme para dar un mensaje tan importante. Y lo mismo en el Miss Universo de este año.

Y en tu vida personal, ¿qué implicaciones ha tenido para vos participar en el reinado y obtener la corona?
Lo primero que ha cambiado es esta producción que ven aquí. Yo ni sabía cómo ponerme pestañas postizas, para mí era un arte milenario que jamás iba a aprender, que para mí no valía la pena. Cuando me meto al concurso y nos dicen en el primer ensayo: “chicas tienen que venir producidas”, yo dije: “¿en qué me metí? Para empezar, ¿qué es producirse?” Yo ni siquiera tenía sombras. Yo estuve en un proceso de pérdida de peso bastante significativa desde 2017, entonces en temas de comida no ha cambiado nada. Otra cosa que ha cambiado es que antes en Instagram podía subir lo que quisiera y me veían como cuatro pelones y no me respondía nadie. Y ahora ya como Miss El Salvador, tengo que pensar bien cómo lo voy a subir, con qué intenciones.

Me imagino que firmás un contrato una vez que te convertís en Miss El Salvador. ¿Qué te permite o no hacer ese contrato?
Tenés que mantener una imagen presentable, no fomentar ningún tipo de vicios, drogadicción o ningún tipo de violencia. No hay nada que te diga que tenés que tener el pelo así y medir esto y lo otro. Ni siquiera te ponen dieta ni nada por el estilo. Es más que nada tu comportamiento en redes sociales. Pero también firmás uno cuando confirmás tu participación, que básicamente consiste en que no le podés decir nada a nadie.

¿Cómo fue tu experiencia de estar en este tipo de concursos que tienen estándares rígidos y cuerpos específicos de lo que debe ser una Miss? Y al mismo tiempo en tus publicaciones en Instagram hablás de aceptarse a una misma.
Lo que quiero hacer en este paso por Miss Universo no es solamente ser una cara bonita, si no que yo sé que tengo una historia que tiene que ver con sobrepeso que viene desde que tenía 6 años. La primera vez que fui al nutricionista fue a los 8 o 7 años. Para mí hablar de amor propio, de aceptarnos a nosotros, fue algo que lo viví de primera mano. Cuando más flaca estuve era lo más infeliz de la vida, porque realmente me obsesioné tanto con cuántas calorías consumía y trataba de llenarme de agua y era algo super tóxico.

¿Llegó a ser un problema alimenticio? 
Sí. Tuve que ir a especialistas, a una psicóloga y un psiquiatra para poder sobrellevarlo, porque llegó a ser un problema de obsesión total. De 2017 para acá llegó un punto en el que dije: no soy feliz. Extrañaba comer sin sentirme culpable, sin contar cuántas calorías me estoy comiendo o tengo que hacer tanto ejercicio en el gimnasio para sentirme mejor. Ahí fue cuando tomé la decisión de ir con mi nutricionista y ser sincera. Empecé bien pero después le mentí, le decía que estaba comiendo todo lo que me decía, pero comía menos de lo que me dejaban. Cuando ya unimos esfuerzos nutricionista, psicólogo y psiquiatra fue una historia distinta. Ya pude salir de ese hoyito en el que yo sola me había metido. Mi mamá me dijo: “si te vas a meter en esto, una de las condiciones es que vas a comer saludable, como lo hemos venido haciendo”.

¿No te ha pasado que te dicen: tenés que bajar de peso y eso te afecta porque has pasado por un trastorno alimenticio?
Evidentemente sí, porque son heridas que todavía están sanando y tiene como una costrita y todavía no han cicatrizado del todo. Yo entiendo cuando la gente dice que no tengo el cuerpo de Miss. Es la verdad, no tengo un cuerpo 90, 60, 90, ni mido 1.80 cm; pero por eso es que soy diferente. Era una constante crisis existencial en mi cabeza entre las críticas y lo que yo trataba de repetirme mirándome al espejo: eres valiosa. Curiosamente lo que más me dolía no era lo que me estaban diciendo, sino que revivían sucesos que habían pasado en mi infancia, en mi adolescencia, y eso era lo que más me pegaba. Todo ese bullying y ese acoso escolar que recibí yo estaba permitiendo que volviera a entrar a mi vida.

¿Tuviste alguna recaída?
Al final del día me dije: mirate en el espejo y reconocete. Y la verdad es que si me ven gorda, no es porque estoy gorda, sino porque tengo piel que me sobra de mi pérdida de peso. Y esto fue lo que más me animó a hacer un post sobre mi perdida de peso. No para callar bocas y que la gente me dejara de decir cosas, sino como, bueno, ya que tanto hablan de mi peso, vamos a darles más razones para que hablen, total nadie me conoce. 

Entre los requisitos del reinado para participar pide “una mujer que sea educada, de buenos modales y carismática”. ¿Qué entendés vos por una mujer de esas características?
Cuando leí eso de ser educada y de buenos modales, me recordó aquello que para ser servidor público o candidato presidencial tenés que ser una persona de honor. Y pensé: ¿cómo se mide esto? ¿Cómo van a medir que soy de buenos modales? ¿No eructando? ¿No tosiendo enfrente de la gente? ¿Abriéndole la puerta a las personas? ¿Diciendo buenos días, buenas tardes, buenas noches? Es bastante abstracto, entonces, me apegué mucho a mis clases de etiqueta, en donde aprendí a tener una imagen decorosa y respetable en la mayor parte de lo posible.

La idea de “los buenos modales” rompe un poco con el discurso de una mujer que puede ser libre, porque esa concepción nos restringe de expresarnos de cierta manera.
Creo que una de las cosas más esenciales sobre el feminismo es que tengamos la libertad de decidir. Gracias a las históricas olas feministas me veo hoy en día decidiendo cómo vestirme o decidir si quiero o no tener buenos modales. Yo decidí tomar el curso de etiqueta. No fue algo que me impusieron. Una de las clases que más me sirvió fue la de aprender a hablar en público. Y yo con cortocircuito en la cabeza porque era como: ¿no se supone que debemos estar calladas y guardar las maneras todo el tiempo? Nos enseñaron a usar nuestra voz, pero de una forma que fuera respetada por la sociedad.

Dame un ejemplo de cómo ocupar tu voz para que te vean con respeto, aunque eso no signifique ser una mujer sumisa.
Aquí ya entra mucho en la parte de asesoramiento de imagen y consultoría política que estudié y en estas clases nos enseñaban que a veces cuando usás tu voz y tiende a ser tan chocante con la sociedad, porque tú quieres ser escuchado, pero vivimos en sociedades tan cuadradas que la gente no va a escuchar tu mensaje, sino que van a escuchar la forma en que das el mensaje. Y si yo hubiera venido y me hubiera parado aquí en el Mc Donald’s a gritar el mismo discurso que di en el reinado en la respuesta final, probablemente nadie me hubiera escuchado, me hubieran tildado de loca.

Ahora está de moda eso de hacer diferencias entre las feministas que me representan y las que no, en donde alguien podría poner como ejemplo de las primeras a alguien como vos, que cree en el poder de los discursos sin necesidad de pintar paredes o lanzar consignas en contra de alguien. ¿Vos ya has marchado o no es lo tuyo?
Sí, y así fue como supe que en las marchas no podía canalizar mi mejor versión. No por el hecho de manchar, sino porque creo que toda mi capacidad está en el tema de crear proyectos y hacer programas. Cuando estaba trabajando en Cejil como pasante, fui parte del grupo de mujeres que estuvo afuera de la CIDH cantando bajo la lluvia "el Estado opresor es un macho violador". Nunca voy a decir la frase "no son maneras", porque una vez un maestro en la universidad nos dijo: "Cuando alguien no te quiere escuchar, vete a los extremos". Si tu extremo para que mínimo llegue a la agenda mediática es ir a pintar un monumento, hazlo. Simplemente yo no lo hago porque creo que mis pintas no van a ser tan buenas, no voy a ser la que más grite y tampoco creo que no pudiera canalizar mis mayores cualidades en ese espacio. No porque crea que está mal, simple y sencillamente porque no me veo en eso.

Nos has hablado de Miss Universo como una plataforma para mandar mensajes. En 2018 participó como Miss España una mujer trans y ahora Miss Estados Unidos también es una mujer trans. ¿Qué opinás de quienes dicen que las mujeres trans no deberían participar en estos concursos?
Que están equivocados, yo creo en la inclusión social. Y creo en la inclusión de las personas trans en general y de la comunidad LGBTQIA+. Si nunca les damos el espacio para que las mujeres trans sean reconocidas dentro de concursos de belleza, nunca socialmente se va a comenzar a romper esa idea de que “no son mujeres”. Yo sí creo que son mujeres. 

Los feminismos tienen diversas agendas políticas, ¿cuáles son las exigencias con las que vos te identificás dentro de este movimiento?
He escogido tres temas en los cuales quiero que circule toda mi plataforma. Pero lo principal es la comunidad LGBTQIA+, especialmente la visibilización de grupos minoritarios, como la comunidad asexual; segundo la violencia en contra de la mujer, que esa de fijo tiene que ir en un concurso de belleza en el cual estamos hablando y representando a mujeres; y tercero, tendría que ser la salud mental.

Recién hablabas de haber pasado un proceso con psicólogo y psiquiatra. ¿Cómo le explicarías a alguien qué implica estar en tratamiento con un psiquiatra para reducir el estigma?
A mí me parece que tanto el psicólogo como el psiquiatra deberían ser no reactivos, sino preventivos. Es como cuando ves que tu casa se comienza a agrietar y rápidamente llamás a un albañil, arquitecto o ingeniero para que te solucione el problema. No esperás a que tu casa se caiga para llamar al experto, sino que lo prevenís. Cuando ves una gotera no esperás a que se te inunde la casa. Rapidito buscas de donde viene la gotera y la reparás. Lo mismo debería ser la salud mental no deberíamos esperar a tener un proceso depresivo, de ansiedad, de problemas de trastornos alimenticios para poder atacar. El punto es que sea preventivo y creo que deberíamos tratar de crear una cultura en la que la educación en salud mental sea desde el colegio. Que no se nos hable solamente de higiene, sino también  de salud mental y cuidados de salud mental.

En países como El Salvador, la atención en salud mental es un privilegio, por lo caro que puede ser. ¿Qué proponés hacer desde tu plataforma para visibilizar la importancia de que sea accesible para todos? 
Una de las ventajas de estar como representante de El Salvador en Miss Universo es que gran parte de mi trabajo profesional es en innovación social. La creación de proyectos se está dejando bastante a mi criterio y yo creo fervientemente que no voy a poder cambiar la idea de la salud mental de aquí a seis meses, probablemente no la cambie de aquí a 30 años, pero sí puedo cambiar dentro del metro cuadrado.

Además del tema de aceptación de nuestros cuerpos, también has utilizado tu plataforma para visibilizar el tema de la asexualidad, una orientación sexual de la que casi no se habla. ¿Cómo le explicarías a quienes te van a leer qué implica ser asexual?
Primero que nada, hay que decir, es tan válida como cualquier otra orientación sexual, como ser heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual, etc.Y no es una decisión, los asexuales no decidimos ser asexuales, es simple y sencillamente nuestra orientación sexual. Consiste en no sentir atracción sexual hacia otras personas o se activa de forma muy baja o en ciertas situaciones y circunstancias. Ahora bien, muchos se preguntarán, ¿qué es atracción sexual? Es cuando ves a una persona y esa persona despierta en ti o tiene características que te despiertan un interés sexual, es como coloquialmente hablando ves a una persona y decís: ah, esa persona me gusta para tener relaciones sexuales o tener algún tipo de intimidad sexual”. Como asexuales, nunca experimentamos eso.

Que nada tiene que ver con sentir atracción física o romántica por otra persona.
Podemos ser asexuales románticos, en mi caso así es. Soy asexual heterorromántica, me gustan los chicos. Veo a un chico y yo me hago la historia en mi cabeza de cómo sería tener una relación romántica con él. O sea, plenamente romántica, nunca en un plano sexual. Parece algo tan sencillo, pero es un tema complejo, porque entre más lo vas conociendo te das cuenta que hay una escala, que hay tonos grises, que hay ocasiones en la que hay personas asexuales que quieren tener familia, hay otras que no quieren tener familia, hay personas asexuales que han sufrido violencia y otras que no han sufrido violencia, pero que esto no determina tu asexualidad. Incluso hoy me mandaron un mensajito a la página que era de un hombre que decía que él ya estaba cansado de los rompimientos amorosos y lo que quería él era tomar esta filosofía de vida, a lo que yo le explicaba: no es una filosofía de vida. No puedes decidir ser asexual.

Salir del clóset es algo que las personas no heterosexuales se lo piensan mucho por temor a la discriminación. ¿Cómo fue para vos salir del clóset la primera vez? Digo la primera, porque has dicho en otras entrevistas que en tu caso es un salir del clóset constante.
Y más cuando eres asexual, no es solo salir del clóset, sino que explicar también qué es lo que estás pasando. La primera vez que salí del closet fue con mi mamá. Recuerdo que estábamos sentadas en el comedor y le dije: mamá, tenemos que hablar.

¿Cuántos años tenías?
Tenía 24, fue el año pasado. Reconocerme como asexual comenzó en 2016 y tuve mucho miedo de reconocerlo por mi propia cuenta. Finalmente me dije: Ale, de aquí sos, no te busqués más. Y cuando regresé a El Salvador sentía que era una tarea pendiente. Hay personas que nunca sienten la necesidad de salir del clóset. Yo sentía la necesidad de contárselo mínimo a mi mamá. Mi mamá me dijo: ¿qué pasó? Y yo: "tiene que ver sobre mi orientación sexual". Y se quedó callada, taciturna. Y yo le expliqué: "Vaya, mami, en el mundo LGBTQIA+, hay una letra que es la a, que es por la asexualidad. Y ya di la charla. Mi mamá me dijo: "Ah, eso explica muchas cosas". Y eso fue todo con mi mamá. Y me dijo: bienvenida tu diversidad aquí a la casa, yo te apoyo, no te voy a dejar de amar.

Alejandra tiene 25 años y es activista y parte de la población asexual de El Salvador. Con su reinado pretende visibilizar esta orientación sexual de la que casi no se habla fuera de Internet. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Alejandra tiene 25 años y es activista y parte de la población asexual de El Salvador. Con su reinado pretende visibilizar esta orientación sexual de la que casi no se habla fuera de Internet. Foto de El Faro: Carlos Barrera

¿Y creés que esto tiene que ver con la visión que hay sobre el sexo como algo malo? Como tu orientación sexual se abstrae de esa parte, ¿no será que tu familia tuvo la paz de decir: ah, bueno, no será “promiscua”?
Creo que verme tan segura al respecto de lo que yo sentía les dio mucha paz, porque les dije que finalmente entendía cosas que yo nunca había entendido. Mis papás siempre han sido muy abiertos en ese tema. Para ellos es como “Sabelo hacer, cuidate”. De hecho, por un gran tiempo yo me refugié en la idea que no quería perder este constructo horrible social que llamamos virginidad, yo pensaba que era eso. Porque yo le huía al tema y tendía a ser demasiado inocente y la gente me decía: “sos demasiado inocente porque no entendés”. Hasta que un día me dije: si no soy religiosa, ¿por qué estoy defendiendo la idea de que no quiero tener relaciones por la virginidad si no creo en nada de esto? Ahí fue cuando cobró aún más fuerza eso que venía cargando desde 2016 de la asexualidad y comencé a buscar más y más, y tratar de hablar con gente que fuera así, pero nunca encontraba. Para mí era súper difícil. 

¿Te informaste solo por Internet?
Todo el movimiento asexual, desde hace 10 o 15 años, ha sido virtual. Los países que han estado en la punta de esto han sido Estados Unidos y Reino Unido, y todo virtual y en inglés. Entonces, crear un movimiento al menos en El Salvador ya era de por sí un reto. 

Una vez te inscribís en un concurso como Miss Universo El Salvador, la gente está pendiente de vos y te convertís en un objeto del deseo para muchos, y se empieza a hablar de vos de manera cosificada. ¿Cómo manejas esta situación?
Me pasó lo mismo cuando salí del clóset. Cuando salís del clóset como asexual, siempre hay dos cosas que pasan con las personas que no te entienden: una, te dejan de hablar porque te veía con deseo; o dos, te vuelves ese objeto preciado que la gente quiere tener y te dicen que ellos te van a cambiar.

¿Tuviste que salir del clóset con la producción del reinado?
No. Todos asumieron en su momento que, como defendía la causa, era parte de la causa. Lo que sí es que con las chicas que participamos, sí tuvimos un momento en el que me dijeron: "A ver, Ale, nosotras necesitamos entender qué es eso de la asexualidad". Eso es darme cuerda. Casi que saco mis diapositivas y les empecé a explicar: esto es ser asexual, esto es no sé qué y, curiosamente, dentro del grupo hubo chicas que se identificaban con ciertos términos, como hablar de demisexual, grisexual, así como chicas que decían que para ellas una vida así sería imposible.

¿Qué pasaría si la producción del reinado te dijera que no quieren que se vincule el certamen o ciertas marcas con el activismo?
Así como me ven, así como hablo y así como soy, así fue desde un principio. Y así fue mi entrevista con el jurado. Incluso me preguntaron sobre la asexualidad y otra vez a sacar la presentación y dar mi charla. No creo que llegue ese momento, pero si se llega a dar, sería un golpe contra la pared. Ellos me conocieron así, me seleccionaron así, no pueden coartar una parte de la labor social. No es que me dé a mí fama, es algo que se necesita en este país. Cuánta gente de la población LGBTQIA+ necesita de verdad sentirse representada. Y ser representada por quien sea, necesitan tener una voz. Y es parte, para mí, de estar en esta plataforma. Dar voz a la gente que no puede tener su voz.

Hace poco hablabas de cómo para vos las causas deben hacer una transición de lo mediático hacia lo público y de lo público hacia la agenda política. En tu LinkedIn dice que sos especialista senior en innovación en la Secretaría de Innovación de Casa Presidencial. ¿Nos podés comentar qué cosas impulsás desde ahí?
Ahí es donde se me ha dado la gran oportunidad de trabajar en innovación social específicamente, impulsando temas LGBTQIA+, temas de empoderamiento de la mujer, temas de salud mental, y ahorita vamos a empezar a trabajar con personas con discapacidad. Uno de los proyectos más recientes que hemos puesto en marcha es un proyecto que nació de su servidora, que es de proyección profesional para mujeres, y está enfocado en mujeres trans, mujeres trabajadoras del sexo y en mujeres privadas de libertad. Es para darles habilidades a las mujeres para hacer frente a una entrevista profesional y hacerle frente a una vida profesional en un trabajo formal y ocupar su storytelling para enaltecerse y empoderarse. Trabajamos de la mano con otras instituciones y organizaciones para crear acceso real a lugares de trabajo, para que no sea solamente un papel, si no poder vigilar cuántas mujeres trans o trabajadoras sexuales has contratado en tu empresa.

¿Con qué organizaciones de mujeres trans han trabajado?
Ahorita vamos a tener un acercamiento con la representante del corredor de Centroamérica y vamos a trabajar con los representantes que están trabajando en proyectos con el Fondo Mundial. Nos hemos emparejado con ellos, porque sabemos que dan mucha ayuda en temas de VIH sida, tuberculosis, y demás infecciones. Lo hemos hecho así porque ya están concentradas y organizadas, y es mucho más fácil llegar con sus representantes. 

¿Cómo obtuviste tu plaza en el sector público y qué implicaciones tuvo para vos asociarte con Casa Presidencial?
Yo mandé currículums a todos lados. Recuerdo que en algún momento mandé a la Secretaría de Comunicaciones, porque tengo una maestría en Asesoramiento de imagen y consultoría política, que tiene mucho que ver con comunicación política. De ahí vi la plaza en la Secretaría de Innovación y lo mandé y pasaron varias semanas y no recibí nada. Y pensé que iba a ser uno más que no fue. A las dos semanas de pensar que no quedé me mandaron un correo para decirme que tenía una entrevista. Fue un proceso bastante largo, la verdad, hasta que finalmente lo obtuve. Para mí, como licenciada en Administración pública y gobierno, trabajar en el gobierno es mi sueño cumplido de vida. Porque realmente estudié para eso.

¿Hablás del gobierno como órgano Ejecutivo o de este Gobierno?
El Ejecutivo. Creo que, independientemente de quien esté en cabeza de gobierno, viéndolo desde un punto de vista profesional, fuera poco ético para mí si veo cosas que no se están haciendo bien y no hago algo para cambiarlas. Yo creo que todos hemos tenido cosas que hemos dicho: "este gobierno –y me refiero a cualquiera– hizo bien esto y este hizo mal esto". Es cierto, a veces los gobiernos tienen aciertos y desaciertos constantes. Y para mí fuera poco ético verlo, juzgarlo, y no intentar mínimo hacer algo.

Además de la corona, que te da un megáfono importante para impulsar los temas que te interesan, tenés un trabajo en el podés diseñar programas que generen un cambio significativo para las personas. Partiendo de esto, ¿de qué manera promoverías otro tipo de condiciones que permitan un desarrollo libre de ataduras para niñas, adolescentes y mujeres?
Nunca me imaginé ser una figura pública o un ejemplo para alguien. Para mí es importante dar una idea o una imagen de que tú puedes decidir y que nada es muy grande y nada es muy pequeño para ti. Si lo puedes soñar lo puedes lograr. Así como yo soñé en algún momento en poder convertirme algún día, cuando estaba concursando: ¿Y si gano?

¿Pero no creés que eso es muy inocente? Hay un montón de mujeres que quieren hacer cosas, pero no pueden decidir.
Lo sé, pero el punto es que si me quedo sentada pensando que hay niñas que no pueden decidir esperando que alguien más les dé la oportunidad, esa otra persona tal vez piense lo mismo. Y al final nos vamos a quedar sentados esperando que alguien haga algo para que podamos decidir. Sé que los cambios no se pueden gestar de la noche a la mañana, pero si nadie comienza a hablar que de verdad podemos hacer un cambio, que de verdad podemos comenzar a decidir, y de verdad comenzar a trabajar... No es mi sueño andar por el mundo viajando; ayudando a la gente sí, pero como modelo no.

¿Y cuál es tu sueño?
Yo quiero ser presidenta de El Salvador. No por el título, sino porque quiero demostrar que así como Prudencia Ayala en los 30 desafió el sistema político, en 2000 no sé cuándo, voy a desafiar de nuevo el sistema político. Y esta vez lo vamos a romper, porque lo vamos a lograr. Si no comenzamos, mínimo, a ser inspiración, ¿cuándo vamos a comenzar?

Pero qué cambios propondrías en la legislación actual o qué leyes crearías para generar estas condiciones para que las mujeres, a cualquier edad, podamos ser libres. La legislación es, en teoría, lo que realmente puede cambiar las condiciones. No basta con las buenas intenciones.
Ni siquiera creo que la legislación puede cambiar la situación de las mujeres. Tenemos leyes tan bonitas. Tenemos la LEIV y no se cumple. Entonces, puedo poner cosas en la legislación y decirte que ya está, que la educación es un derecho humano, pero ¿educación de qué tipo, con qué calidad? Al final, que esté en un papel y diga: Ley especial para tal cosa, no significa nada.

Pero hay leyes, como la Ley de Identidad, que de existir impulsaría cambios y ofrecería garantías a los derechos de las personas trans.
Me parece que una ley de ese tipo sí ayudaría bastante. Pero la historia nos ha demostrado que tenerlo en ley, si no tienes un proyecto o un programa que de verdad esté comprometido y que vaya de acuerdo a lo que dice la Ley, de nada nos va a servir.

Pero es mejor tenerla que no tenerla, ¿no creés?
Ah, por supuesto. En eso estoy totalmente de acuerdo. Pero qué pasa cuando la tienes y aún así no hacés nada.

Y sobre el derecho al aborto y el acceso al aborto, ¿cómo te posicionás vos?
Siempre he sido una persona que está a favor de la decisión de la mujer de tomar decisiones de su cuerpo y demás. ¿Cuánto tiempo llevamos hablando de aborto sí o no, y cuántas mujeres siguen muriendo por abortos clandestinos? ¿Cuántos casos hay de mujeres que ahora están encarceladas porque el niño se les vino y se les ha coartado su derecho a un juicio justo? Me encantaría tener una ley que estableciera que se permite el aborto en todas sus causales, pero al final del día, si no tenemos una institución sólida que de verdad le conceda el acceso a todas las mujeres, independientemente de su esfera económica, a un aborto, va a terminar siendo lo mismo. Vamos a tener a mujeres muriendo en mesas de abortos clandestinos solamente porque son más baratos.

Este gobierno ha sido catalogado por distintas organizaciones como machista y sexista por la eliminación de ciertos programas, como la Dirección de diversidad sexual, y por promover actitudes y personajes que hacen apología de la violencia contra las mujeres. ¿Vos no sentís el peso de otras poblaciones, fuera de las heteronormadas, que esperan incidencia política de tu parte?
Claro, siento el peso y la responsabilidad. Y no porque me lo estén diciendo, nadie me lo ha dicho, sino porque soy la encargada de hacer programas con esto. Me han dado la libertad de crear programas que atañen a estas poblaciones específicas. Y si no lo hago yo, nadie lo va a hacer. Ese es precisamente mi rol en la oficina. Es cierto, hay mucha crítica al respecto y, como te dije antes, sería muy poco ético para mí si no lo hago.

Hay quienes dirían que no sos muy coherente por trabajar con un Gobierno que las organizaciones LGBTQIA+ han dicho que no están haciendo lo necesario para garantizar sus derechos. En el caso específico de las poblaciones trans, ha habido un silencio absoluto de parte de este Gobierno de reconocer los crímenes de odio.
Nunca he tenido una contradicción porque mi idea es que yo tengo que hacerlo. Sé que puede parecer una contradicción. Y alguien me dijo una vez: no puedo creer que estés trabajando en Secretaría de Innovación, no te pensaba así...

¿”No te pensaba así” en plan seguidora de este Gobierno?
Exactamente. Yo, te lo juro, mandé currículums a esas organizaciones y por cosas del destino terminé trabajando en Gobierno, que es en lo que me especialicé. Estoy segura de que mi vida profesional está destinada a trabajar en gobierno, cualquier gobierno. Es cierto que hay ideologías y demás, pero creo fervientemente que deberíamos de optar por el desarrollo humano y que esto debería de pesar más sobre qué bandera o color es tu gobierno. Se supone que somos representantes del pueblo y que nos debemos al pueblo, y esa es la diferencia entre agarrar a un especialista en administración pública y alguien que llegó ahí por razones más difusas.

Y entonces, vos que sos especialista en gestión pública y gobernanza, ¿cómo definís a este Gobierno y al sistema político actual?
Siempre he dicho que el Gobierno actual tiene un maravilloso manejo de imagen pública. La verdad se vendió como una diferencia respecto a lo que habíamos tenido los últimos 30 años, y está tratando de ser algo diferente. Pero creo que todavía le falta mucho tiempo para terminar de juzgarlo.

En momentos como el 9 de febrero vos te indignaste en redes sociales. Ya hay precedentes para hacerse idea de la línea que va tomando.
Me indigné porque realmente me pareció un exceso. Yo estaba en Costa Rica en ese momento y vine aquí por un acto que se iba a realizar en la Asamblea. Ese mismo fin de semana fue que pasó. Yo estaba en shock, no sabía ni qué hacer. De pronto recordé que hay un gran porcentaje de la población que defiende esta causa y que al final del día son personas que realmente creen que es lo correcto. Luego estamos otro porcentaje de la población, estudiados y especialistas, que sabemos que no es lo más sano democráticamente hablando.

En una entrevista en 2019 hablando precisamente de democracia, vos decías que no creías conveniente que el poder estuviera concentrado en una sola persona, que es lo que sucede ahora.
Teóricamente no es lo más conveniente para una democracia sana. Esto tiende a hacer creer que es posible manipular de cierta forma los poderes para tener diferentes respuestas o favores en pro de ciertas personas. Pensé que por la pandemia, los resultados se iban a ver disminuidos en razón del partido oficial. No consideré que la caja de víveres que se entregó ayudó a las personas, a lo mejor y los $300, que en su momento fue una mala jugada y el mismo presidente dijo "nos equivocamos", al final del día sí le ayudó a la gente. Y para la población lo que cuenta es lo que les termina ayudando, no lo que le prometiste. Como académica no estoy a favor de que el poder se concentre, y estoy muy emocionada por ver cómo va a fluctuar en las siguientes elecciones. Soy fan de la historia y esto me parece un fenómeno histórico que puede llegar a ser tétrico, pero qué tal y no. No me queda nada más que tratar de hacer la diferencia en mi metro cuadrado.

Ok, pero, ahora que sos parte de la función pública, ¿hay un límite para vos de algo que no sea negociable, que supere aquello en lo que vos creés?
Mi límite ya pasó. Y es tan curioso: estoy trabajando en la Secretaría de Innovación porque se suprimieron aquellas que trataban temas sociales dentro de Casa Presidencial. Ese era mi límite y terminé trabajando en ello. Ya no solamente me sentía presionada por las personas que represento, por lo que yo creo, sino por las personas que antes eran beneficiadas por esa Secretaría y ahora no. Tengo que volver a ganarme su confianza. Tengo que ver de qué manera puedo articular a los ministerios, a las instituciones, a la entidades, a las organizaciones, para que juntos volvamos a trabajar. No es tan sencillo como decir se eliminó Inclusión social y ahora vamos a ver qué hacemos.

Ahora que hablamos con vos pienso en otras reinas de belleza salvadoreñas que han catapultado su carrera política a partir de su participación en el reinado: Milena Mayorga, Mayteé Iraheta...
No sé cuáles habrán sido las aspiraciones de estas misses, pero para mí el reinado fue algo que se cruzó entre mis aspiraciones a ser servidora pública. No es algo que busqué para catapultarme y tener el show, sino que vino aquí mientras yo ya tenía todos estos sueños. Comencé estudiando lo que estudié y creo que al final es mi respaldo.

Ahora que viviste en el extranjero, ¿no pensaste en la posibilidad de quedarte afuera?
Cuando estuve afuera llegué a considerarlo. Pero siempre critiqué la fuga de cerebros. Y no la critiqué porque estuviera mal, sino porque necesitamos que El Salvador mejore para que los cerebros no se nos vayan. Y si yo me quedaba iba a ser un cerebro más fugado. El propósito de mi vida, de verdad se los digo, es la política, la función pública. Estoy convencidísima de eso. Si para ello tengo que dar mi imagen para lo que sea, y ahora ser miss y representar al país, pues qué bien.

En política, para cumplir una aspiración como esta, necesitás inscribirte en un partido. ¿Te sentís o te has sentido identificada con alguno?

Sí, me vi dentro de un partido y tuve la oportunidad de trabajar con Arena. Un muy buen empleo, para ser coordinadora de imagen del partido a nivel nacional. Tuve la oportunidad de tomarla y me fui a una pasantía a Costa Rica, sin paga. Al final del día sabía que iba a aprender mucho más en una organización que no me iba a pagar que en un partido que había perdido mucho de lo que yo creía en su momento cuando era mucho más chica.

Y ahora que estás en el Gobierno, ¿te parece llamativo Nuevas Ideas o para vos no hay ninguno de los partidos que podría ser para vos una alternativa en el futuro?
En algún momento pensé que en Nuestro Tiempo había alguna tentativa. Pero se centró en una burbuja y en un público demasiado preparado. Para mí como administradora pública fue como vivir un sueño. Por fin veía un partido que presentaba una plataforma sólida y propuestas. Pero luego recordé que al final del día eso no gana elecciones.

El presidente es tu jefe, pero como Miss Universo El Salvador, ¿has pensado en pedirle una audiencia?
Lo he considerado y creo que el acceso más cercano que tengo es con la primera dama, con quien estamos viendo todo el tema de Crecer juntos y si pudiera tener la dicha de tener reunión con el presidente, saliera la Alejandra administradora pública, no la Miss.

¿Qué le dirías?
Usted tiene un maravilloso manejo de imagen, pero hay algunas cosas que quisiera tocar con usted sobre estos temas en específico que creo que no se están haciendo muy bien: específicamente mujeres y población LGBTQIA+.

¿No te da miedo que te despidan por estar hablando sobre esto con El Faro, un medio que no es el favorito del presidente?
Si me van a despedir por decir que hay cosas que no se están haciendo bien, entonces no estaba en el lugar indicado.

Alejandra Gavidia tiene una licenciatura en Gobernanza y administración pública. Reconoce que el Gobierno actual tiene errores, y pretende, desde su oficina en la Secretaría de Innovación, hacer que las cosas cambien. Su sueño es ser presidenta de la República. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Alejandra Gavidia tiene una licenciatura en Gobernanza y administración pública. Reconoce que el Gobierno actual tiene errores, y pretende, desde su oficina en la Secretaría de Innovación, hacer que las cosas cambien. Su sueño es ser presidenta de la República. Foto de El Faro: Carlos Barrera


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