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El coqueteo de Bukele con Rusia es un berrinche peligroso
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El coqueteo de Bukele con Rusia es un berrinche peligroso

Ricardo Valencia

 
 

Cualquier relación con la Rusia de Vladimir Putin podría costarle caro, bajo las circunstancias actuales, al presidente salvadoreño Nayib Bukele. La invasión rusa a Ucrania ha provocado un terremoto geopolítico a escala mundial. En esta sacudida, El Salvador y Centroamérica tiene poca o nula influencia, pero las consecuencias de este realineamiento económico, político y social podrían ser enormes para los países del istmo, en especial para El Salvador. La animadversión personal de Bukele con Estados Unidos –expresada el 2 de marzo en su abstención a la resolución de las Naciones Unidos contra la ofensiva rusa– probablemente tensionará aún más la relación con el bloque de países encabezado por Estados Unidos, Europa y Japón. Esta posición coloca a Bukele del mismo lado de Venezuela, Nicaragua y China. Pero a diferencia de estas naciones, cuyos intereses están contrapuestos con los de EE. UU., la decisión de Bukele es más bien un berrinche.

Los datos producidos por su mismo Gobierno dejan desnudo la sinrazón de Bukele. Estados Unidos es el socio comercial más importante de El Salvador, solo superado por el bloque de países centroamericanos, si los contáramos como uno solo. Del total de un poco más de $6 mil millones en exportaciones, El Salvador envió $2.2 mil millones en 2021 a Estados Unidos, lo que significa 25 veces más de lo que exporta a Corea del Sur y más de 40 veces de lo que se envía a Alemania. En 2021, el 94 % de las remesas que recibieron los salvadoreños ($7,130.5) provenían de Estados Unidos. Y de estas, las remesas representan alrededor del 26 % de la economía salvadoreña. Con Rusia, la relación es casi inexistente en materia comercial. En abril de 2021, el mismo vicepresidente, Félix Ulloa, revelaba que El Salvador no exportaba nada a Rusia y que importaba solamente $16 millones, lo que le daba al país “una balanza comercial muy desfavorable”, según la mismas palabras de Ulloa. 

Si los intereses económicos, políticos y financieros de El Salvador están íntimamente relacionados con los de Estados Unidos y Rusia es irrelevante para el país ¿por qué Bukele ha evitado pronunciarse públicamente sobre la invasión y se ha abstenido en apoyar resoluciones contra la invasión a Ucrania en diferentes foros internacionales? En mi opinión, es simple resentimiento contra Washington y una profunda admiración por el autoritarismo de Putin. Al quedar huérfano de referentes internacionales, la maquinaria de propaganda y desinformación afín al régimen salvadoreño ha inflado las expectativas de un posible encuentro entre estos dos líderes autocráticos en Moscú este junio próximo. Esta lucha entre intereses y sentimientos que ejemplifica el silencio de Bukele se llama en psicología disonancia cognitiva: por un lado, El Salvador tiene muy pocos beneficios de su relación con Moscú, pero en los ánimos del gobernante, nada es más importante que provocar a Washington. Otra posible lectura de esta estrategia puede ser la intención de reforzar un mensaje de rebeldía de El Salvador para atraer a China. Sin embargo, China ha tomado distancia de Moscú en sus posiciones al respecto de Ucrania.

En tiempos “normales”, un encuentro entre Putin y Bukele podría convenirle a la narrativa de que el presidente tiene amigos poderosos fuera de Estados Unidos. En tiempos de conflicto geopolítico, un encuentro entre Putin y Bukele puede tener un alto costo para El Salvador. El grupo de los siete países más ricos del mundo y la Unión Europea buscan impedir que las sanciones contra Rusia no sean evadidas a través de las criptomonedas como el Bitcoin. Esto reduce el alcance de los bonos Bitcoin que quiere colocar Bukele en los mercados internacionales en las próximas semanas. Si Estados Unidos detecta que Rusia usa a El Salvador para lavar capital –con la finalidad de que flujos de dinero entren al sistema financiero de Occidente– podría provocar consecuencias profundas para el gobierno de Bukele. Las cuales podrían ir desde ser colocado en listas grises y negras del Grupo de Acción Financiera Internacional –organismo intergubernamental que establece estándares contra el lavado de dinero internacional y financiamiento del terrorismo– hasta la amenaza de desconectar al sistema financiero salvadoreño del sistema de electrónico de transferencias electrónicas SWIFT. Esto último impediría que bancos con oficinas en El Salvador hagan transacciones electrónicas a Estados Unidos y viceversa.

Las consecuencias también podrían venir a nivel comercial. El jefe del comité de relaciones exteriores del Senado, el demócrata Bob Menéndez impulsa una revisión del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA, por sus siglas en inglés) para El Salvador y Nicaragua tras la abstención de ambos a condenas internacionales a Rusia. La percepción que el gobierno de Joe Biden tiene sobre Bukele es que el régimen salvadoreño se ha convertido en cuasi un adversario que busca, con el Bitcoin, erosionar el sistema financiero estadounidense.

El terremoto internacional del conflicto entre Occidente y Rusia afectará a países, empresas privadas y organismos de la sociedad civil a nivel global. Muchas acciones que parecían imposible para EE. UU. y Europa hace un par de semanas –como el decomiso de propiedades y dinero a oligarcas rusos y la desconexión del sistema financiero ruso hacia Occidente– se han hecho realidad en apenas una semana. Si Bukele pasa de una retórica inflamada contra Washington y Bruselas a una práctica conspirativa a favor de Putin, muchas medidas que el gobierno de Biden no ha querido iniciar, podrían tener sentido bajo la lógica del enfrentamiento con Putin. Ya lo advirtió Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad: “Nadie puede poner en el mismo pie de igualdad al agredido y al agresor, y nos acordaremos de aquellos que en este momento solemne no estén de nuestros lado”.

La historia deja claro que cuando se disloca el orden internacional, monstruos nunca antes imaginados aparecen. En este caso, están claros los peligros que podría traer los berrinches de Bukele, pero a pocos les quedan claro los beneficios de ese tácito espaldarazo a Putin. Tal vez porque el beneficio no es geopolítico y ni mucho menos económico, sino psicológico.

Ricardo Valencia es profesor asistente de Comunicaciones en Fullerton, la universidad estatal de California. Twitter: @ricardovalp.
 
Ricardo Valencia es profesor asistente de Comunicaciones en Fullerton, la universidad estatal de California. Twitter: @ricardovalp.


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