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La guerra en Ucrania evapora la red de propaganda internacional de Bukele
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La guerra en Ucrania evapora la red de propaganda internacional de Bukele

Ricardo Valencia

 
 

Las similitudes entre el presidente ruso Vladimir Putin y el mandatario salvadoreño Nayib Bukele van más allá de un ejercicio de admiración del segundo por el autoritarismo del primero, tienen expresiones de mimetismo en el esfuerzo de Bukele por replicar la estrategia de propaganda y desinformación global del Kremlin. Al igual que Rusia, Bukele ha construido varios niveles de desinformación y propaganda: medios gubernamentales, sitios web no atribuidos al Gobierno que repiten su narrativa, youtubers que pretender ser analistas de televisión, expertos que tratan de descifrar los algoritmos de las redes sociales para influir en los usuarios en la internet y una red de opinadores prepago dentro y fuera del país. A pesar de todo esto, la guerra rusa en Ucrania ha descascarado la cámara de eco que Bukele ha creado para retar a Washington y la Unión Europea.

La audiencia principal de esta estrategia está conformada por extremistas anarcocapitalistas y ultraconservadores que creen en el repertorio de falsas conspiraciones que incriminan a EE. UU. y Europa en un complot contra el gobierno salvadoreño. Bukele quiere ser el prócer del Bitcoin de esos extremistas que luchan contra la “tiranía” del dólar. La red de opinadores extranjeros y asesores del gobierno salvadoreño está encabezada por Max Keiser, un evangelista del Bitcoin que, por años, fue anfitrión de un programa en la cadena internacional Russia Today (RT), ahora sancionada por Estados Unidos y la Unión Europea en relación con la invasión a Ucrania. Esta red de influencers cripto le dio a Bukele presencia y fama internacional en momentos en los que era criticado por Washington por su creciente autoritarismo en El Salvador. Siguiendo el ejemplo de Putin, quien ha reclutado al actor de películas de bajo presupuesto, Steven Seagal, Bukele ha sumado a su operación de propaganda a dos actores de películas y televisión venidos a menos: Daniel Baldwin, el hermano menos conocido del actor Alec Baldwin, y Rodrigo Vidal, actor de telenovelas de Televisa.

Durante meses, fuentes cercanas a la Casa Blanca me aseguraron que habían detectado que las operaciones de desinformación y propaganda del presidente salvadoreño Nayib Bukele en redes sociales se parecían mucho a las que realizaban Rusia y China. Fue en una de esas tantas cámaras de eco leales a Bukele en donde empezó a sobresalir una supuesta amistad entre Bukele y Vladimir Putin. 

La “audacia” transnacional de Bukele y sus troles y bots afines descansaba sobre una poderosa suposición: Occidente está en decadencia y su poder disminuye a pasos agigantados. Entonces, sin esperarlo, el mundo en el que supuestamente la influencia reinaba sobre la fuerza, colapsó. El 24 de febrero 2021, Rusia invadió Ucrania y a partir de ahí sucedió lo imposible: en apenas dos semanas, Occidente y sus aliados desconectaron a Rusia del sistema financiero internacional. En respuesta, Rusia se desconectó de los medios globales y las redes sociales. Sus opinadores, como Keiser, se quedaron sin plataforma mediática y el símbolo geopolítico de Bukele, el Bitcoin, entró en una crisis profunda. Poco a poco, los pragmáticos del mundo cripto han empezado a ceder a las nuevas reglas del juego mundial: las casas de cambio de criptomonedas empiezan a sacar clientes rusos y EE. UU. y la UE vuelven el control de las criptomonedas un tema de seguridad mundial. El Reino Unido cancela cajeros automáticos y Biden prepara una batería de regulaciones domésticas e internacionales contra las criptomonedas. 

Está altamente documentada la agresividad de Occidente cuando enfrenta a un enemigo geopolítico. Esa agresividad ha puesto al proyecto Bitcoin de Bukele en suspenso y de posibles sanciones si se vuelve instrumento para el lavado de dinero ruso y del crimen organizado en el lanzamiento de los bonos Bitcoin (Volcano). ¿De qué le sirve a Bukele entender los algoritmos de Twitter, YouTube y Facebook, reclutar opinadores extranjeros, si Occidente te puede desconectar de sus redes sociales? ¿De qué sirve ser profeta del Bitcoin si te cortan la entrada al sistema financiero en horas? Bukele ha pasado quejándose dos años del Departamento de Estado, pero el juego geopolítico desde hace rato ha pasado a las manos ejecutoras del Departamento de Justicia y del Departamento del Tesoro. 

En las próximas semanas, la administración Biden podría elevar el combate contra la desinformación rusa y china entre sus prioridades en Latinoamérica.EE. UU. y la UE avanzan rápidamente en el cerco informativo a Putin. La Casa Blanca se ha reunido con influencers de Tik Tok  para que “informarles” sobre el carácter de la invasión rusa y el impacto en la población ucraniana. Al mismo tiempo, el cerco contra Putin ha llevado a YouTube a desaparecer de su plataforma a periodistas ligados a RT. Hemos pasado de la hegemonía online al puro y duro enfrentamiento geopolítico. En Estados Unidos, un consenso contra Putin parece unir a los halcones del partido Republicano con los socialistas demócratas del partido Demócrata: del senador republicano Marco Rubio al senador Bernie Sanders. 

Como explicaba un artículo en la publicación de Wired, la red de desinformación e influencia rusa está colapsando ante la respuesta de Occidente. Como consecuencia, importantes nodos de propaganda y desinformación internacional de Bukele entraron en crisis. Y no es porque el mandatario salvadoreño haya conspirado con Putin –dudo que tenga tal influencia–, más bien, el salvadoreño usaba redes proKremlin para diseminar su mensaje. En abril, Bukele tratará de reactivar su red de propaganda y desinformación al ser ponente de la conferencia Bitcoin2022 en Miami. Tal vez anuncie en el evento lo que su ministro de Hacienda ha adelantado ya: que inversionistas están supuestamente interesados en comprar $1 mil 500 millones en bonos Bitcoin. Si es verdad esto último, Bukele se colocará un gigantesco anuncio neón en el pecho que invite que autoridades estadounidenses y europeas escarben el origen de ese dinero y si esos recursos provienen de Moscú y sus aliados. Mientras tanto, Bukele debe reconstruir una maquinaria que se descascara a la misma velocidad que EE. UU. y la UE cercan a Putin.


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