Centroamérica /
Dos nicas juegan el Mundial
EZEQUIEL BECERRA

Fecha inválida
Randall Corella Vargas

El 10 de julio del 2014 los nicaragüenses vivieron una fiesta que no estaba en los calendarios. Cientos de personas se amontonaron con banderas bicolores a la salida del aeropuerto Augusto César Sandino, para recibir al futbolista Óscar Duarte, luego de su histórica presentación en la Copa Mundial de Brasil.

El defensor, anotador de un gol espectacular a la Selección de Uruguay, volvía como un extraño hijo pródigo a su país, tierra de beisbolistas, en la que desde su llegada coreaban su nombre y gritaban “vivas” a Nicaragua.

A Catarina,  Masaya, su pueblo natal, llegó a bordo de un pick-up, al sonido de sirenas y en una caravana que a duras penas avanzó hasta el parque central. Ahí, a altas horas de la noche, le dieron regalos, diplomas y una placa con una sentida inscripción que lo distinguía como “Hijo predilecto” del municipio.

El presidente Daniel Ortega lo invitó a una cena en su casa, en el barrio El Carmen donde no cualquiera ingresa. Duarte le entregó una de las camisetas que vistió con orgullo para defender el escudo… de Costa Rica.

En 2014, Óscar Esaú Duarte Gaitán, el primer nicaragüense en disputar un Mundial de Fútbol, logró con su gesta deportiva otra gesta diplomática: disipar por algunas semanas los conflictos que durante décadas han existido entre Nicaragua y Costa Rica.

“El vientre de Catarina dio un hijo, pero se crió en Costa Rica. Dios ha usado a Óscar para unir a Costa Rica y Nicaragua”, gritó su abuelo materno Salomón Gaitán, en aquel caótico recibimiento.

Duarte nació el 3 de junio de 1989 en Catarina, 46 km al sureste de Managua, pero emigró a Costa Rica cuando tenía cinco años, junto con su madre Walkiria Gaitán. A los 13, adquirió la nacionalidad costarricense para participar en competencias internacionales con las ligas menores del Deportivo Saprissa, el club donde jugaba.

“En Costa Rica me abrieron las puertas para crecer. Sería muy motivante porque hay muchos niños que sueñan con lo que yo estoy viviendo y, si puedo ayudar a que lo logren, lo haré”, confesó Duarte luego de su hazaña en 2014. 

Hoy, a unos días de jugar su tercer Mundial Mayor con la Selección tica, el zaguero sigue siendo orgullo nicaragüense y pionero de un valioso aporte que la migración ha hecho al desarrollo del fútbol en ambas naciones, aporte que, para la Copa del Mundo Qatar 2022, se ha visto fortalecido por la convocatoria de un nuevo jugador tico de sangre nica: Carlos Martínez Castro.

Su historia tiene capítulos distintos. El joven defensor es el hijo de una familia leonesa, conformada por Marvin Martínez y Martha Castro, quienes emigraron con dos de sus hijos a Costa Rica en 1998, en busca de una mejor vida, como lo han hecho cientos de miles de nicaragüenses en las últimas décadas. Un año después, en marzo de 1999, nació Carlos Manuel, el menor y el único costarricense de esta familia que recaló en Santa Ana, un municipio entre rural y moderno al oeste de San José.

El pupilo

La infancia de Carlos estuvo marcada por la pobreza y halló en el fútbol un escape para las preocupaciones y algo más. La Academia Costarricense de Fútbol Argentino le ofreció entrenarse en su escuela; ahí recibía comida y transporte, todo un alivio para la familia Martínez.

A los 14 años pasó a la Academia Wilmer López y al equipo Sub-15 de la Asociación Deportiva Carmelita, un semillero de talentos del fútbol que suelen colocarse en los principales equipos del país o salir al extranjero. Después hizo pruebas para Aspire Football Dreams, una academia de fútbol que recluta a jóvenes talentos por todo el mundo, y le otorgaron una beca para ser una de sus promesas. 

Estuvo dos dos años en las sedes de Aspire en Senegal y Qatar; después fue contratado en Bélgica y regresó a Costa Rica para rodar en equipos de primera división como Club Sport Herediano, Guadalupe FC y la Asociación Deportiva San Carlos, su actual club. Ahí fue tentado hace dos años por la Selección de Nicaragua, pero él decidió esperar.

“Cuando me llamaron para jugar con Nicaragua, estaba en la Selección Preolímpica de Costa Rica y sentía que la oportunidad en la Mayor se podía dar en cualquier momento. En mi familia todos me decían del caso de Óscar Duarte, entonces pensaba: ‘Si él pudo, ¿por qué yo no?’, contó Martínez en marzo de este 2022, justo después de debutar con Costa Rica en la eliminatoria para el Mundial de Qatar.

Jugó y lo hizo bien. Tanto que el 3 de noviembre su nombre destacó en la lista de convocados por el técnico Luis Fernando Suárez para la Copa del Mundo. La noticia tuvo eco en la prensa y la población nicaragüense mira con orgullo e ilusión el papel que podrían tener Martínez y Duarte en la justa planetaria.

Ahora es muy probable que ocurra en León lo que pasa en Catarina cada vez que juega Costa Rica, con vecinos vistiendo la camiseta roja de Los Ticos, agitando banderas tricolores y celebrando los goles como si fueran propios.

Unas semanas en paz

La participación tica en la Copa del Mundo es una especie de tregua a unas relaciones que históricamente han sido de fricción. La mayoría de los problemas entre Costa Rica y Nicaragua se han originado en un conflicto fronterizo y la interpretación de los derechos de navegación en el río San Juan, pero también los brotes de xenofobia que la diplomacia costarricense suele disimular.

Y la lista de enfrentamientos ha sido larga, tanto que hasta fueron necesarios varios fallos de la Corte Internacional de Justicia para tratar de llevar paz a una tensión diplomática que suele aumentar con frecuencia. Todo esto hace que historias como la de Duarte y Martínez sean aún más notables. 

“Quizá su participación en la Selección es un llamado de atención en el sentido de que nos invita a vernos desde  la gran cantidad de lazos que hay entre ambos países. Tanto que esa generación que vino como niños ya es protagonista en un Mundial de fútbol”, explicó Carlos Sandoval, investigador de la Universidad de Costa Rica.

El beneficio ha sido mutuo para el fútbol de las dos naciones. Costa Rica ha sacado grandes réditos de la participación de los jugadores con sangre nicaragüense en la Tricolor y la Selección pinolera ha mejorado su desempeño, de la mano de futbolistas nacidos o criados al sur de su frontera.

Durante la última década, por ejemplo, Nicaragua ha saltado a la escena internacional con destacadas actuaciones ante selecciones de renombre, incluida una histórica clasificación a la Copa Oro de la Concacaf por primera vez en su historia en el 2017 (de la mano del técnico costarricense Henry Duarte).

El equipo que durante años fue considerado una de las selecciones más débiles de Centroamérica y el Caribe, ha recortado distancias sobre la cancha. Su nivel llegó a tal punto que en septiembre y noviembre, los pinoleros fueron considerados por las selecciones de Ghana e Irán como un rival de peso para los fogueos previos a su participación en la Copa del Mundo.

Durante este resurgir, en la lista de los seleccionados nicaragüenses han figurado jugadores como Byron Bonilla, Douglas Forvis, Cristian Reyes, Brayan Rodríguez, Carlos Montenegro, Bryan López y Francisco Flores Zapata, futbolistas nacidos en Costa Rica o formados en clubes costarricenses. Algunos incluso figuraron en convocatorias y partidos amistosos de la Tricolor.

“Lo que he encontrado en el futbolista de Costa Rica es una mejor base juvenil que en otros lados. Además, la Liga de Costa Rica es la más fuerte de Centroamérica, esa competencia hace que esos jugadores, cuando vienen acá, tienen una competencia agresiva, y eso es indispensable en la selección”, aseguró en el 2021 el entonces técnico de Nicaragua, Juan Vita, quien reconoció darle seguimiento a cerca de 30 jugadores en el fútbol tico.

La estrategia ha sido continuada por el actual timonel de la Azul y Blanco, el chileno Marco Antonio Figueroa, quien vuelve sus ojos al fútbol de Costa Rica cada vez que debe convocar a su equipo para un compromiso importante. Y los resultados les siguen respaldando. En los partidos amistosos ante las selecciones mundialistas de Ghana e Irán, Nicaragua perdió por la mínima (0-1) y mostró grandes avances en su juego colectivo.

Si la evolución se mantiene constante, será, entonces, cuestión de esperar. Quizás en algunos años la migración futbolística les depare a los nicaragüenses una fiesta nacional como la que vivieron en Brasil 2014.

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