Inaugurado el Mundial, los bares alojan emociones y libertades. La Embajada, céntrico y clásico en San José, es anfitrión de esas relaciones añejas, fuertes y también conflictivas entre el balón y la botella. En Costa Rica el licor está desterrado de los estadios y de los patrocinios del deporte, pero gobierna libre en ese espacio entre cantinero, tele y consumidor.