Columnas / Política
Muchachos: no andemos ni miremos pa´sha
Es año preelectoral, y cuentas de redes sociales, medios seudoperiodísticos, políticos bailarines de TikTok y serios candidatos −tricolores, rojos o cyanes− tratarán de distraernos para que miremos pa´sha, como diría Messi, y no hacia donde de verdad importa.

Fecha inválida
Willian Carballo

Si existe un año en el que no hay que dejar que nos traten de bobos es este. Mentiroso y peligroso como todo periodo preelectoral, 2023 atascará a los salvadoreños con trampas que pretenderán guiarnos como reses hacia el rastro de 2024, donde, destazados de ideas y cortados por lo emocional, deberemos elegir un presidente, seleccionar 84 diputados y −si las últimas divagaciones tuiteras del año pasado se cumplen− escoger a 50 concejos municipales en lugar de a 262. Conscientes de los tiempos, los políticos de todos los colores nos querrán distraer, entretenernos con trucos y cegarnos, para que desviemos la vista y no miremos lo importante. Nos querrán mandar pa’sha, mushashos, como Messi en Qatar.

Lo anterior me lleva a imaginar el nuevo año así: en los próximos doce meses, las redes sociales se llenarán de políticos que, parodiando a famosas como Antonela Roccuzzo mientras baila cumbia en vestido rojo, intentarán a fuerza de videítos convencernos de que son capaces de crear leyes o administrar presupuestos municipales. Aparecerán personajes salidos de TikTok y de Instagram que confundirán ser influencer con ser políticos. Rellenos de filtros y bañados en hashtags, estos candidatos de lo cool y apóstoles de lo light recrearán retos virales de temporada, como si nosotros, quienes votamos, necesitáramos de sus gracias para entregarles el poder. Comediantes, los llamábamos en los años noventa. Hoy, políticos que están in.

Veremos también decenas de fake news, regadas como desechos de perro sobre el camino de adoquín que lleva a 2024. Por un lado, surgirán o reaparecerán cientos de cuentas de redes sociales digitales, a veces aduladoras y otras venenosas. Cuando adulen, buscarán marearnos con el anzuelo de las luces LED y la fantasía de un país idílico, casi escandinavo, perfecto; y cuando inyecten veneno, tratarán de convencernos, con una manzana entre los colmillos, de que los otros son serpientes, de que los otros son los malos y no podemos confiarles nada.

Por el otro, aparatos de propaganda disfrazados de medios periodísticos nacerán o se reforzarán. Aflorarán portales de contenido bautizados como adolescentes millennials criollos −El Kevin News, El Brayan Digital− o con viejos clichés de la industria −Periódico La Verdad, Diario El Objetivo− que, en nombre del mejor oficio del mundo, lanzarán contenido vestido de noticias que no soportaría un examen básico de cualquier materia de periodismo en la UCA, pero que tiene el suficiente condimento emocional como para convencer a los más desprevenidos de una verdad manipulada o, simplemente, de una mentira. Ambas −cuentas fanáticas y empresas seudoperiodísticas− defecarán lo mismo y buscarán que nos embarremos en el camino.

Por último, vendrán los más peligrosos, por descarados: los serios políticos. 2023 será también el año en que estos, a la vieja usanza −en el televisor, en los mupis o en el Facebook− nos intentarán conquistar con promesas de pretendiente enamoradizo. Ellos, cubiertos con elegantes trajes y caros Ferragamos; o ellas, enfundadas en finos vestidos o peinadas por René Valdivieso, se pararán desde las tribunas públicas −presenciales o virtuales−, coparán los programas de entrevistas que nos dan de desayunar o cenar política en la televisión y saturarán los postes con sus caras photoshopeadas y frasecitas de publicista de cereal, para prometernos portadas de Atalaya en un país al que solo le alcanza para póster de documental de cárceles en Discovery Channel. Suficiente para distraernos. 

Así, todos juntos −cuentas de redes sociales, medios seudoperiodísticos, políticos bailarines y serios candidatos, igual tricolores que rojos, anaranjados o cyanes− harán de 2023 un compilado de artificios para preparar el camino hacia 2024. Tomarán la pelota y regatearán con ella. La esconderán. La harán pa’cá y pa´sha. Como magos, nos la enseñarán con la pierna derecha −o la izquierda, da igual− para que miremos hacia ahí, hacia lo brillante, pero vacío; hacia lo bonito, pero irrelevante. Mientras tanto, ocultarán lo vital (dar soluciones a problemas estructurales, con propuestas realistas y financiables). Nos embaucarán. Sin darnos cuenta, mushashos, nos volveremos a ilusionar; y mareados por la bisutería o cegados por las lucecitas, iremos a las urnas a entregarles el voto. Cuando reaccionemos, ya se habrán ido por otro lado, huyendo con el balón y dejándonos en el piso, derrotados, burlados, embobados, como jugador de Países Bajos. Cuando lo captemos, ya estaremos eliminados.

¿Qué hacemos, entonces, para contrarrestar el plan a tiempo? No dejarnos embobar. Mirar más allá, para donde no quieren que veamos. En este 2023, dudemos. Indaguemos más allá de lo evidente. Si nos llega, vía redes sociales, una noticia sobre un político, preguntémonos: ¿quién la produjo? ¿Tiene algún interés el emisor? ¿El creador es un medio afín al candidato que ensalza o enemigo del que destroza? ¿Ese medio de verdad practica periodismo o solo fabrica propaganda? ¿Sus propietarios y fuentes de ingresos están claramente identificados? ¿Un reportero firma la nota o nadie se responsabiliza? ¿Ese medio o cuenta criticó igual a gobiernos anteriores? ¿Presenta pruebas de lo que afirma? ¿Las pruebas son validadas? ¿Contrasta? ¿Es un medio de parodias? ¿Una página de memes?

Lo mismo con los políticos. Pensemos: ¿ese candidato que baila y camina como modelo de historia en Instagram ofrece soluciones concretas y estructurales o solo sabe lucir un traje y pelar los dientes? ¿Esa aspirante a diputada sabrá aprobar leyes útiles de la misma forma que reluce el cabello planchado? ¿Ese candidato a alcalde que monta a caballo en camisa tipo Polo es realmente garantía de que sabrá administrar las tasas municipales de alguno de los 50 municipios que sobrevivan? ¿Esa carretera no me la habían prometido ya hace cinco años?

Voy de nuevo: en estos tiempos que se vienen, dudemos. Indaguemos más allá de lo evidente. O para usar términos del Mundial cuya copa todavía duerme calientita en brazos de Messi: mushashos, en este año, particularmente en este preelectoral, no nos vayamos a ilusionar tan fácil. Que no nos traten de bobos. No miremos hacia donde políticos oportunistas, seudomedios y cuentas fanáticas quieren que veamos. En este 2023, mejor mandémoslos nosotros pa’sha.


*Willian Carballo (@WillianConN) es investigador, catedrático, periodista y ensayista salvadoreño. Es doctorando en Sociedad de la Información y el Conocimiento, máster en Comunicación y licenciado en Comunicaciones y Periodismo. Actualmente es coordinador de Investigación de la Escuela Mónica Herrera y docente de la Maestría en Gestión Estratégica de la Comunicación de la UCA. Es Gran Maestre de los Juegos Florales de El Salvador, tras ganar tres veces el premio en la categoría Ensayo, por temas sobre medios y cultura. Ha sido becario del Instituto Iberoamericano de Berlín; del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO); de la Universidad de Bielefeld, Alemania; y del programa Autorregulación de Medios, de la Cooperación Sueca. Además, ha publicado en libros y revistas editadas en Gran Bretaña, España, Colombia, México, Cuba, Guatemala y El Salvador. 

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