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El Ágora

Secretaría de Cultura repatria a Róger Lindo para dirigir la editorial del Estado

Uno de los escritores más representativos del éxodo salvadoreño, Róger Lindo, de 57 años, es, desde el jueves 5 de enero, la nueva cabeza de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI).

 
 

Róger Lindo figura en el catálogo de la DPI desde 1998 con el poemario “Los infiernos espléndidos”, que fue una publicación desde el exterior, escrito en Los Ángeles, California, donde residía desde 1991, y donde ha ejercido como periodista. 

Ha regresado al país atendiendo el llamado del secretario de Cultura, Héctor Samour, para hacerse cargo de la DPI, una institución con el potencial de marcar el rumbo editorial del país pero que hasta la fecha ha sido criticada por no haber desarrollado ese perfil. Y por si fuera poco, en la actualidad se encuentra en una crisis por una serie de anomalías (ver nota aparte).

En la presentación a la prensa, Lindo marcó su objetivo al frente de la DPI con una metáfora: “Que la DPI sea un faro que esté brillando constantemente. Queremos que la gente sepa qué es la DPI y que llegue a todas partes”, enfatizando como uno de sus principales objetivos lograr el reconocimiento de la institución como la principal casa editora del país.

Los proyectos que Lindo se comprometió a impulsar incluyen la modernización del equipo de la DPI, el mejoramiento del sitio web y el uso de las redes sociales. Además de promover la lectura de las obras publicadas en la modalidad ebook (libros digitales), con el interés de llegar también a los salvadoreños que viven en el extranjero.

 

El hermano lejano

Que Lindo haya pasado dos décadas viviendo fuera del país lo hace parte de ese concepto de “hermano lejano” tan arraigado entre las familias salvadoreñas, concepto que está presente en las expectativas que su nombramiento levanta en la comunidad literaria e intelectual. La mayoría de escritores abordados aseguran conocer su trayectoria como escritor y periodista en Estados Unidos, pero pocos lo conocen personalmente. 

El historiador Carlos Cañas Dinarte, radicado en España, nos comentó vía Twitter: “No conozco su trabajo como editor o administrador editorial. Solo puedo desearle la mejor de las suertes en ese cargo”. El poeta y ex editor de la DPI Jorge Galán nos respondió vía correo electrónico: “Cualquier opinión mía sobre el señor Lindo sería superficial, pues no lo conozco. Lo saludé una vez, pero nada más. Así que me abstengo de expresar ningún comentario”. 

Para la escritora Elena Salamanca, que Lindo haya sido parte de la comunidad salvadoreña que emigró abre una oportunidad editorial, por el conocimiento que podría tener de la obra de salvadoreños en el exterior: "Es muy importante y necesario para la literatura salvadoreña conocer la producción literaria de los salvadoreños afuera de El Salvador, tanto de los que salieron en el contexto de la guerra de los 80, como de los jóvenes que han crecido o nacido en Estados Unidos, Canadá, Australia, u otros países. Abrir esta línea entre las líneas editoriales de la DPI es muy valioso para la historia nacional".

También consultamos a quien fue directora de la DPI de 1994 a 1996, la escritora Carmen González Huguet, y nos dijo que sí lo conoce y que le parece que es un hombre muy sensato, “le doy el beneficio de la duda”, apuntó. 

La respuesta más entusiasta vino del escritor Miguel Huezo Mixco, quien también ocupó este cargo entre 1996 y 2004: “Róger Lindo no es solo un magnífico escritor y periodista fogueado en las calles de Los Ángeles. También es una persona con criterio propio y, además, tiene un carácter ecuánime que le permite analizar las cosas con la cabeza fría, sin hígado”.

Las opiniones favorables subrayan su condición de literato, aunque esta ha sido una constante en los directores de la DPI de las últimas décadas. 

“El nombramiento de Róger me parece acertado porque es alguien del mundo literario, además de ser una persona inteligente y sensible, a quien conozco y aprecio”, dice el académico Ricardo Roque Baldovinos, quien fue director de la Revista Cultura de 1997 a 2002.

En esta línea, otro escritor que dirigió la DPI durante 2007, Luis Alvarenga, apunta como positivo que Lindo reúna dos aspectos que considera importantes para dirigir una editora cultural como la DPI: “Por una parte, es un poeta, es decir, una persona con inteligencia y sensibilidad para valorar el trabajo literario e intelectual. Por la otra, viene de una experiencia importante en el medio periodístico, lo cual le da un conocimiento de cómo funciona una industria editorial”.

La primera versión de la DPI se llamó Departamento Editorial del Ministerio de Cultura y fue fundado el 15 de enero de 1953 por Reynaldo Galindo Pohl, ministro en aquel entonces. El encargado de montar la flamante institución fue el escritor Hugo Lindo. El 10 de septiembre de ese mismo año, Lindo traspasó el departamento al escritor Ricardo Trigueros de León, que se matuvo en el cargo hasta 1965. 

El Ministerio de Cultura desapareció a inicios de los 60, pero la editorial sobrevivió ya con el nombre que ahora se conoce. En 1991 pasó a ser parte del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura), adscrito al Ministerio de Educación, y en 2009 pasó a ser parte de la Secretaría de Cultura de la Presidencia.

Roque Baldovinos trae a discusión el “deber ser” actual de la DPI como uno de los retos principales que enfrenta Lindo: “Creo que la DPI debe tomar el liderazgo en un mundo editorial casi inexistente como el nuestro, proyectando lo mejor de la producción literaria e intelectual del país”. Señala que la DPI ya tiene un catálogo y una estructura de colecciones interesantes que pueden ser retomadas y potenciadas. “También podría tomar liderazgo en incursionar en la difusión de la literatura salvadoreña en el ciberespacio”, agrega.  

Huezo Mixco nos ofrece una perspectiva del trabajo que implica dirigir una entidad como la DPI: “Cuando me hice cargo de la DPI, en 1996, cuando Roberto Galicia era el presidente de Concultura, me tocó ir a despertar a operarios de la imprenta que llegaban al taller a dormir la borrachera. Así estaban las cosas. El ambiente era de mucha desmoralización. La mayoría de los empleados no le encontraban sentido a hacer un trabajo tan hermoso como es producir libros. Nos pusimos a trabajar y en un año conseguimos resultados impresionantes”, y agrega que a su juicio, “ahora se necesita mucho mayor coraje que hace unos años para hacerle frente a una institución que atraviesa la que quizás sea su peor crisis”. 

Las dificultades del pasado se mantienen a la fecha: la falta de presupuesto y de una política editorial, así como una legislación anticuada que limita la comercialización de los libros, por mencionar las más estructurales. A esto, Huezo Mixco le suma actualidad: “La insolvencia financiera del gobierno, la extinción casi completa de librerías, la desaparición de secciones culturales serias y profesionales en la mayoría de los medios de comunicación y la emergencia de los libros electrónicos”. 

 


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