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El Ágora / Cultura
Masferrer: Los filósofos también lloran

Detrás de esa aura intelectual que rodea el legado de Masferrer le sigue muy de cerca, aunque casi invisible, la intensa vida sentimental que marcó los últimos seis años de su vida. Este es un acercamiento a la historia no oficial de uno de los más emblemáticos pensadores salvadoreños, por medio de la correspondencia íntima y clandestina que mantuvo con Hortensia Madriz, el amor de los últimos años de su vida, con quien tuvo una hija que vive en Bélgica.


Fecha inválida
María Luz Nóchez

Son las 8 a.m. Frente a su escritorio, un hombre escribe con tono y pluma temblorosa. Está furioso y triste, y el calmante que ingirió para intentar dormir aún hace efecto. 'Hube de pasar varias horas despierto, sufriendo como nunca, y esta mañana, agotado ya mi valor y mi capacidad de sufrir, me resuelvo a escribirte esta (carta) que probablemente sea la última'. Está destrozado. Su amada no atendió a la cita pautada y lo fulminante es que le ha dado motivos para imaginar y convencerse de que esta relación no va más. Ella, de 25 años de edad, ha cometido el delito de dejarse llevar por sus deberes de socialité y saltarse el encuentro programado. Y lo más grave, para él, es que ella vive entregada a la coquetería de mostrar pierna y escote. Él la reprende y se retuerce con la idea de las miradas que la intrépida apariencia de su joven amada atrapa. 'Ahora surge esa fiesta a la cual vas sin consultarme, te doy razones para que no asistas y tú (…) me escribes una carta muy dulce, como siempre, pero te dispones a ejecutar tu voluntad únicamente, como siempre. […] Hace dos años te suplico que no te exhibas tan desnuda y te he dado cuantas razones caben en apoyo de mi súplica;…pero nunca has cumplido tu promesa de modificar tus vestidos'.

Estas líneas, que un lector descuidado podría confundir con alguna de las historias rosadas de Corín Tellado, salen de la pluma de Alberto Masferrer en 1928. Masferrer, el mismo al que en las escuelas se le presenta como el reformista que pretendía una sociedad donde cada quién tuviera todo lo necesario para vivir con dignidad. Masferrer, aquel de la mirada austera, aquel del espeso bigote y de la frondosa cabellera partida por la mitad, que, enfermo y atormentado por las circunstancias, a sus 60 años celaba a su amada de 25.

Al generar una nube de palabras a partir de las principales reseñas biográficas de Alberto Masferrer podemos destacar los conceptos que más se destacan (palabras más grandes) al abordar su perfil.
 
Al generar una nube de palabras a partir de las principales reseñas biográficas de Alberto Masferrer podemos destacar los conceptos que más se destacan (palabras más grandes) al abordar su perfil.

La pasión y angustia encarnadas en quien fuera el amor de su vida, es solo una de las paradojas que circundan esta unión. Hortensia Madriz, la destinataria y fuente de inspiración para estas cartas, pertenecía a las filas del statu quo conservador que Masferrer combatió desde su trinchera humanista. Sin embargo, confiaba ciegamente en su criterio y más que su musa la consideraba una discípula. 'Necesito confiarte largamente mis proyectos antes de que tomen vuelo, para que tu prudencia y tu inspiración me guíen'.

A sus 60 años, estaba consciente de su débil estado de salud y, por tanto, de que no viviría mucho más. Durante toda su vida tuvo que lidiar con distintos padecimientos, entre ellos constantes accidentes cardiovasculares que lo postraban en cama o lo destinaban a una incómoda silla de ruedas. Probablemente su afán de adoctrinar a Hortensia responda a la aspiración de que ella continuara con su legado, o al menos de que se convirtiera en su vocera y apóstol, ya que jugó un papel fundamental en la etapa más intensa de su prólifica producción filosófica.

Durante esos seis años de un tormentoso enamoramiento, Masferrrer alternaba su intimidad con su papel de pensador universal. En este papel fundó y dirigió el periódico Patria, que le servía para denunciar las injusticias en la sociedad salvadoreña. Uno de los grandes distintivos de su literatura es la articulación que hizo entre el pensamiento oriental y el occidental. Hubo mucha influencia hinduista en su concepción de regeneracionismo, ejemplos fieles de esto son 'Las siete cuerdas de la lira' (1926), Helios (1928) y La religión universal (1928), en donde propone al individuo regenerarse a través de la familia y la sociedad, convertirse en un ser de luz que sirva como puente para disipar la tristeza de la humanidad, para lograr la libertad, la justicia y la equidad. Es fundamental recordar que vivió en una época marcada por la revuelta social a la que sus detractores lo acusaron de alimentar con sus cartillas 'El dinero maldito' (1927) y 'El mínimum vital'. Esos fueron, de hecho, los años del levantamiento campesino aplastado por el gobierno en 1932.

Las primeras pistas para unir la imagen docta del filósofo y pensador con la del adulto afligido y contradictorio, que parece balancearse entre una adolescencia tardía y una crisis de edad avanzada, las lanzó en 2012 la académica guatemalteca Marta Casaús. Durante 10 años, la investigadora exploró la vida de Masferrer a través de sus escritos y resultado de la exhaustiva búsqueda conoció a la hija producto de aquel tórrido romance: Helia Masferrer. Fue ella quien le permitió estudiar el legado de 250 cartas que dan fe de la relación. La serie está resguardada desde 2004 en el Archivo General de la Nación (AGN), y comprende un total de 298 enviadas a familiares, 9 dirigidas a políticos latinoamericanos, y 48 que él recibió de diplomáticos e intelectuales.

Recorte de un especial publicado por El Diario de Hoy por los 100 años de Mercedes Madriz el 19 de enero de 2006. Publicaron una foto en la que aparece Hortensia Madriz en su juventud./ Haga clic en la imagen para ir a la publicación original.
 

Helia tiene 83 años y hablar de su padre biológico no es algo con lo que se sienta cómoda. Nació dos años antes de que él muriera, pero las circunstancias impidieron que se formalizara ese núcleo familiar; dos años después de la muerte de Masferrer, Hortensia contrajo matrimonio con Marcel Dekoninck, quien reconoció como su hija a Helia. Ha vivido prácticamente toda su vida en Bruselas, Bélgica, pero tuvo una corta estancia en El Salvador, país al que ha regresado ocasionalmente dos o tres veces para hacer turismo junto a la familia de su madre, entre 1939 y 1943. Fue en esos años que conoció y estrechó lazos de amistad con la ahora escritora Corina Bruni, quien fuera su compañera de colegio y una amiga cercana de la familia Madriz, designada para entregar el acerbo documental al AGN.

Soy Helia [Masferrer] Jenard Dekoninck. Nací en Bruselas, Bélgica a finales de 1929, hija de Hortensia Madriz y Alberto Masferrer. A los 3 meses de edad, mi madre me mandó a vivir en casa de Valerie Decordes; de modo que ella y su mamá fueron para mí como madre y abuela. Valerie Decordes era la institutriz a cargo del Jardín infantil en la escuela Decroly de Bruselas; los niñitos la llamaban “Poulou”. Cuando tenía 4 o 5 años, mi madre se casó con Marcel Dekoninck, ingeniero agrónomo graduado de la Escuela Superior de Agronomía, de Gembloux, Bélgica. Marcel me reconoció como suya, de modo que me llamo Elia Dekoninck (Helia no fue acceptado en la Maison Communale). Jenard es el apellido de mi marido. En 1935 fuimos Marcel, mi madre y yo a vivir a San Salvador y después de un año mi madre me mandó de regreso a Bruselas a vivir en casa de Poulou. En 1938, regresó mi madre a Bruselas con mi medio-hermanita Claire, que había nacido en San Salvador, y en 1939 nos fuimos las tres a San Salvador. En 1943 se separaron Marcel y mi madre, y fuimos mi madre, Claire y yo a vivir a los Estados Unidos. En 1947 regresé a Bruselas a casa de Poulou, adonde viví hasta casarme con André Jenard en 1953. Tuvimos un hijo, Stéphane, que falleció en 1989 a los 28 años de edad. En 1986 fuimos dos semanas mi hermanita Claire y yo a visitar a mi madre y la familia y hacer lo mas de turismo posible y en 1995 fuimos mi marido y yo 6 semamas a visitar Macel y su esposa, mi madre y su familia y hacer bastante turismo en Guatemala y El Salvador. He escrito el ensayo “Ser la hija de Alberto Masferrer y de Marcel Dekoninck”, pero es más bien para amigos de aquí y creo que no conviene a salvadoreños.

¿Sobre Alberto Masferrer? Lea el libro de Marta Casaús. ¿Sobre Hortensia? Pregúntenle a Enrique Altamirano. 

Extracto de un correo electrónico enviado por Helia el 6 de junio de 2013 en respuesta a una serie de preguntas que le formulamos.

Este abnegado señor, que se pasó y se ganó la vida criticando desde su escritorio a la oligarquía que gobernaba el país, terminó los últimos días de su vida sufriendo por el idilio clandestino que sostuvo por seis años con Hortensia, pero también sufriendo con amargura porque había concluido que el gobierno de Arturo Araujo solo lo había utilizado.

Sus cartas revelan que esta suerte de melodrama lo hundió en un estado de pasión posesiva y un obsesivo deseo por complacer a Hortensia: 'Este día se juntaron en mí todas las formas de la adoración: ternura, respeto, veneración, amor, anhelo de serte grato, de obedecerte, de contemplarte mudo y extático'.

Vivieron en una suerte de exilio provocado por una sociedad ultraconservadora y los círculos sociales que rodeaban a la pareja, especialmente a ella, mujer de alta sociedad a la que procedían dos hermanos menores. 'Aquí abajo todo nos separa, todos tienen contra nosotros un enorme y aplastante poder, y un minuto de felicidad, aun la sombra de un instante de felicidad, hemos de pagarlo con un montaña de dolor. ¡Pobres corazones nuestros! Cómo han sido oprimidos y exprimidos hasta quedar agonizantes por la arbitrariedad y la inconsciencia extraña'. Él, clasemediero reformista con dos matrimonios fallidos, lucha contra sus prejuicios, le atormenta no sentirse digno. Sabe que en su contra juegan la edad y una cuenta que no tiene los ceros suficientes para propiciarle la vida a la que está acostumbrada.

Como en toda historia destinada a luchar contra la corriente, esta suerte de Romeo y Julieta salvadoreños tuvieron que hacerse de aliados para lograr que su romance no cayera en letargo. Con su influencia de hermana mayor, Hortensia logró que Mercedes y José Madriz se convirtieran en cómplices del ir y venir de cartas y de los encuentros clandestinos. Se creó una especie de camaradería entre los hermanos Madriz y él, y entre Hortensia y la mamá y una de las hermanas (Nela Mónico) de Masferrer. Constancia de esto dan los saludos y consejos a 'Mechecitas y a Josesito' que él enviaba en las cartas, y las atenciones con las que él le anunciaba a Hortensia que su familia la recibiría en la próxima visita.

No hay detalles de cómo y dónde sucedió ese primer encontronazo que los sumiría en este melodrama. En su libro, Casaús señala que hay quienes han sugerido que “Una vida en el cine” es la novela en la que Masferrer vuelca su frustrada relación. No obstante, la dedicatoria del libro está firmada en 1922 por el autor y la carta más antigua de la serie de correspondencia íntima que resguarda el AGN está fechada en 1926. El historiador salvadoreño Carlos Cañas Dinarte es uno de los voceros de esa versión y asegura que 'se veían en los cines de San Salvador para evitar las habladurías de una sociedad en la que la figura de Masferrer era pública. Las cartas se dieron unos años después de conocerse, cuando ya no les resultaba tan fácil verse. No inician en 1926'. La historia que tiene lugar en las butacas parece un auspicio de lo que cuatro años más tarde sucedería, ya que coincide en circunstancias: una viuda que disfruta de ir al cine con su hija, pronto se convierte en el centro de rumores maliciosos de una sociedad hipócrita y provinciana por estar constantemente acompañada de un extranjero. Y cierra la nota reconociendo '¿no es más alto y bello que todos aquel amor que se otorga a las cosas más viles?

Masferrer era un hombre disciplinado para escribir, y la desesperación de estar separado de su amada lo ayudó a cosechar más esa virtud. Si bien el comportamiento que se percibe en muchas de las cartas por momentos parece el de un adolescente arrebatado y despechado, no malgastaba su prosa en piropos pueriles. Su trato hacia ella era dulce, con tono didáctico e incluso paternal. Era su niña adorada, su luz celeste, su hijita, su muchachita, pero además la causa de su tormento, su desesperación y probablemente de su desequilibrio emocional. Cada una incluía la recomendación de autores, como Herbeth George Wells, manuscritos de sus ensayos, números del periódico Patria o ideas que estaba pronto a materializar. Hortensia representaba lo opuesto al estereotipo de mujer cuya aspiración era el matrimonio. A pesar de sus comodidades y la inquieta personalidad que se le reconoce en las cartas, era alguien muy dedicada a sus estudios. Fue la primera mujer bachiller del país, hablaba tres idiomas (español,inglés y francés) y era experta en taquigrafía y mecanografía. Su hermana Mercedes, quien unos años más tarde se convertiría en fundadora de El Diario de Hoy, al celebrar sus 100 años recordaba a su hermana de la siguiente manera: 'mi hermana era mucho mejor estudiante que yo, pero yo siempre leía más'.

Por las cartas de Masferrer -casi todas manuscritas, excepto por un puñado mecanografiadas- puede verse que el escritor nacido en Alegría, Usulután, empuñaba la pluma sobre las páginas de una libreta rayada, que se preocupaba por tachar o anular algo de las diatribas, de los reclamos que dirigía a Hortensia en sus horas más turbias. A alguien también le podría parecer indescifrable su letra, que era una caligrafía alargada... las cartas también muestran que en algunos momentos Masferrer y Hortensia se escribían en francés...

En su otoño, derrotado por sus ideales y sus creencias, y seducido por la filosofía budista, resuelve que la única forma de vivir es desechar la doctrina que ha conllevado su fracaso y orientar su energías en un nuevo credo. “Ahora que tengo 59 años y medio y después de haber experimentado todo tipo de sufrimiento durante 3 años, para lograr llegar a ser libre, quiero convertirme en el dueño de mi destino y de mi propia vida, restablecer mi unidad interior y dar a los demás lo que finalmente conseguí pagando con mi sangre y mis lágrimas. He hecho mi interpretación del mundo y de la vida, por lo tanto he concebido mi propia religión. Tengo mi dios, mis dogmas, mi culto, mis misterios y mi ley. Y ahora que tengo todo esto y que no ha nacido solo de mi cerebro, sino que también de mi corazón, de mis verdaderos sentimientos, de mi desesperanza, de mis pecados, de mi amor, de mis tinieblas y de mi luz, en definitiva de todo mi ser; entonces debo vivir esta religión plenamente, trabajar para ella y, en caso de que sea necesario, sufrir por ella. Creer es en verdad vivir con plenitud y vivir en la plenitud es a veces sufrir'. A pesar de que su nuevo dios se cristalizó en 1928, desde hacía dos años, cuando conoció a Hortensia, se había planteado la posibilidad de la existencia de un dios que calmara sus angustias. Así lo predijo en la siguiente carta.

En 1926, tres años antes de publicar
 
En 1926, tres años antes de publicar 'Helios' y 'La religión universal', Masferrer confesaba a Hortensia que conocerla le ha devuelto la esperanza de un dios que tanta decepción le ha provocado durante su vida.
 

En medio de la guerra que estaba librando por conseguir la libertad de amar libremente, también estaba inmiscuyéndose cada vez más en el proyecto de gobierno de Arturo Araujo que, según él, sería más justo y se convertiría en la plataforma a través del cual vería materializadas sus denuncias.“Ya sabes que el viento es el espíritu, la ley de cada vida, la fuerza directriz de cada ser. El mío, el viento que me impulsa, me trae desde mi adolescencia en pos de los que sufren y me impele a que les sirva. He ahí mis planes, que tú quieres saber hasta el último, y que van a cristalizar en un partido social, con un mínimo de aspiraciones y exigencias en favor de los obreros, campesinos, maestros de escuela y sirvientes. Lo que he llamado en Patria ‘Mínimum Vital’”.

El encanto con el gobierno que para él sería de cambio fue breve y para mediados de 1931 decidió desligarse del Partido Laborista y refugiarse con su hermana Teresa y el esposo de esta en Guatemala. “Por toda clase de razones, es imperiosa mi salida de aquí, y retardarle sería un grave error”. Entre la decepción y los motivos que lo impulsaron al autoexilio, Masferrer vio luz en su traslado a Guatemala, en donde a fuerza de trabajo podría labrar el camino para amar, por fin libremente, a Hortensia. No obstante, las influencias de sus enemigos eran tan poderosas que tuvo que migrar a Honduras. “Esta gente hondureña es la más franca, generosa y fraternal que puedas imaginarte. [...] Piensa, querida mía, lo que esto significa después de 4 meses en Guatemala, donde por miedo de desagradar al mandatario, no hubo un amigo, de tantos que tenía, que se atreviera a visitarme. Y estaba enfermo de cuerpo y ánimo...”. A pocos días de arribar a Tegucigalpa hacía un recuento de todo lo que había ganado con sus conferencias y que le proporcionaba una 'fortuna' que le permitiría reunirse con ella. 

Al instalarse en Honduras, Masferrer siente cada vez más cercano el momento de formalizar su relación con Hortensia para criar juntos a Helia.
 
Al instalarse en Honduras, Masferrer siente cada vez más cercano el momento de formalizar su relación con Hortensia para criar juntos a Helia.

Liberado, y en orden para recobrar su honor destazado por un proyecto que al final no cumplió sus expectativas, Masferrer renunció a toda alianza con el poder y se asignó como última misión difundir sus principios vitalistas. 'Sentía necesidad de recobrar mi posición en el Vitalismo y de transportarme a un plano más ancho y más seguro. Desde ahora, quedo eximido de toda lucha de carácter local, y me consagro a la idea vitalista internacional, teniendo como campo de acción la América Española. Ya no tendré nada que ver con gobiernos ni con partidos, y olvidaré todas las mezquindades en que viví sumergido casi un año. 

El último registro en el archivo de correspondencia entre los amantes data del 25 de enero de 1932 en la cual, entre el malestar por la insólita represión impulsada por la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, Masferrer se confiesa entusiasta por reunirse con Hortensia en Montevideo para echar raíces y criar a Helia. Esta vez el encuentro se frustraría para siempre. En agosto de ese mismo año, Masferrer entró en coma, y tras dos semanas de letargo, murió en San Jacinto. Según el acta de defunción que levantó la alcaldía de San Salvador, fechada 5 de septiembre de 1932, Masferrer murió el día 4, de 'reblandecimiento cerebral', y su cuerpo yace en el ahora conocido como Cementerio de los Ilustres, en San Salvador.

Al pie de su busto, la lápida reza 'Homenaje de Liga Femenina Salvadoreña'. En sus últimos años, un grupo de mujeres, liderado por la chilena Gabriela Mistral y la hondureña Graciela Bográn, fueron las principales encargadas de difundir su pensamiento. Y es que Masferrer era, además, un acérrimo detractor del feminismo pensado como una batalla por volver a la mujer un ser superior al hombre: '¿Es la mujer un ser diferente del hombre? Sin duda que sí... Diferente no quiere decir contrario, como se lo imaginan muchos feministas, cuyo ideal sería hacer de la mujer una rival del hombre. Ello es totalmente absurdo, el prurito feminista de desdeñar al hombre en ciertas actividades, de arrebatarle ciertas ocupaciones, revela una radical incomprensión del problema. El hombre y la mujer no pueden ser rivales, puesto que el uno no niega al otro. En el pan, aunque la harina es diferente de la sal y del agua, no se combate entre sí, sino que se integran'. Esta línea de pensamiento diverge de lo que él mismo planteaba en 1913 en su libro 'En Costa Rica', en donde al describir a las mujeres de ese país hay cierto desdén: 'Miradlas en la casa, afanadas por dar a todas las cosas el aspecto más elegante y sencillo. [...] No habla de política, no es literata (mi más cordial enhorabuena, señoritas); toca, dibuja, lee, canta lindamente, y piensa siempre, como si fuera una flor o un pájaro, en sus pájaros y en sus flores'.

Probablemente nunca haya sido un militante del machismo, pero es en sus momentos de mayor precariedad y en su forma de reclamar a Hortensia, en los que el filósofo revela su condición de hombre dominante y débil a la vez. Es, de hecho, esta forma exagerada de reaccionar lo que no ha permitido tener la contraparte de esta relación. Atormentado por los celos y la cólera, Masferrer quemaba las cartas en las que sentía que Hortensia le respondía con indiferencia; incluso le pedía a ella en muchas de las cartas que le seguían a los puntos clímax de hombre celoso que las quemara en señal de perdón por haberla ofendido con la amargura producto de su inseguridad.

* Versión actualizada a las 3 p.m. del miércoles 12 de junio de 2013. Este texto originalmente consignaba que Masferrer murió en Tegucigalpa, Honduras, apoyándose en la versión de la investigadora Marta Casaús. El historiador Carlos Cañas Dinarte escribió a este periódico para señalar que falleció en San Salvador. El registro civil de la alcaldía de San Salvador da la razón en el acta de defunción que levantó el 5 de septiembre de 1932.
 

 

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