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La manipulación de Nayib Bukele

El Faro

 
 

De un candidato presidencial cabe esperar, como mínimo, compromiso democrático y responsabilidad política. El ingreso forzado de seguidores del candidato Bukele a las instalaciones del Tribunal Supremo Electoral (TSE), y las amenazas contra los magistrados, ilustran una versión muy pobre de alguien que aspira a gobernar el país.

Acusar, sin ninguna base, de fraude electoral y llamar a sus seguidores a retener a los magistrados en las instalaciones del tribunal demuestra no solo un carácter antidemocrático sino también paranoia e irresponsabilidad política.

El jueves pasado, el candidato Bukele tuiteó que en el TSE estaban fraguando un fraude “en estos momentos”. Pocos minutos después, por la misma vía, escribió: “Si se consuma el fraude, nos vamos a las calles”. Por la noche, decenas de enardecidos seguidores llegaron hasta el estacionamiento del TSE. Las cámaras de televisión captaron al secretario general de Nuevas Ideas, Federico Anliker, autoproclamarse representante del “pueblo salvadoreño” que, de acuerdo con su concepción, no permitirá que nadie más alcance la presidencia. Visiblemente alterado, micrófono en mano, llamaba a sus seguidores a mantenerse en el lugar “hasta el 2 de febrero si es necesario”.

Mientras Anliker gritaba bravuconadas, el candidato Bukele expresaba en Twitter que El Salvador no era Honduras, que aquí no se permitiría un fraude.

Ni siquiera los dirigentes de su partido, Gana, avalaron las falsas denuncias de fraude, basadas en un rumor de que estaban cambiando el color de la nueva bandera del partido. Andrés Rovira, secretario general de Gana, se desentendió de las infundadas acusaciones de Bukele y dijo que el tono de la bandera en las papeletas era el mismo que ellos, los representantes legales de partido, habían aprobado.

Casi una semana después, Bukele no ha explicado su arrebato, el equivalente de una matonería política que no puede pasarse por alto. Experto en marketing político, decidió crear un nuevo debate para que se olvidara el capítulo del TSE: insultó a sus rivales areneros y desató la polémica por su lenguaje soez.

Pero la bravuconada en el TSE no puede quedar atrás. El TSE es una institución producto de los Acuerdos de Paz y que ha costado mucho a los salvadoreños crear y mantener como garante creíble de los comicios. Hasta ahora, y a pesar de sus fallos en castigar a los partidos transgresores en campaña, ha cumplido su labor de manera transparente y seria, probada en momentos delicados como la elección a la alcaldía de San Salvador de 2006 y las presidenciales de 2014. Si el Tribunal hubiese carecido de credibilidad, El Salvador habría sufrido una crisis nacional inédita desde la firma de la paz.

El candidato a vicepresidente de Gana, Félix Ulloa, conoce muy bien las falencias y las fortalezas del Tribunal porque es desde hace muchos años uno de los principales abanderados de la reforma electoral; sabe que el TSE no ha sido nunca espacio para la comisión de fraudes. Gana, el partido de Bukele, comparte con el PCN y PDC una representante entre los magistrados cuestionados. Pero Ulloa, al parecer, no ha transferido sus conocimientos al candidato.

Elecciones internas del partido GANA, el 29 de julio de 2018. Foto: Víctor Peña.
 
Elecciones internas del partido GANA, el 29 de julio de 2018. Foto: Víctor Peña.

Es gravísimo acusar de fraude al Tribunal. Por mínima responsabilidad eso debe demostrarse antes de manipular seguidores y opinión pública. Pero ese no ha sido el estilo de la campaña de Bukele, cuyos asesores amenazaron con tomar las armas si no se permitía la inscripción de su candidatura. Ulloa, un veterano político, llegó incluso a comparar las dificultades de la candidatura de Bukele con la guerra civil. Bukele, Anliker y adláteres hacen ver a Gana como la sección madura de su alianza política.

Estos nuevos políticos deben asumir pronto que la democracia no se practica con la amenaza de la movilización violenta para cumplir caprichos. Eso es justo lo contrario. Como lo son sus estrategias de comunicación, efectivas en el marketing electoral pero políticamente pobres e irresponsables.

A sus reiteradas quejas de que los medios de comunicación no le dan espacio (lo cual es cierto en los vergonzosos casos de dos periódicos y una cadena de televisión, pero no de todos los medios), Bukele ha optado por no conceder entrevistas a otros medios. Esto le permite seguir hablando sin necesidad de interlocutores ni cuestionamientos directos, a través de Facebook Live y de un espacio pagado en Canal 12, reservándose las entrevistas para medios extranjeros.

Este periódico lleva meses solicitándole una entrevista para que explique los términos de su alianza con Gana y su visión del Estado. Pero Bukele ni siquiera ha respondido. La rendición de cuentas no parece ser su prioridad. Es más fácil seguir acusando a los medios de no cederle espacios. Como es más fácil acusar al TSE de fraude que comprometerse con la institucionalidad del país o presentar alguna propuesta de reforma institucional.

Si aspira a presidir el gobierno nacional, y su eventual triunfo lo convertiría en el jefe de Estado, necesitará madurar pronto. El marketing político puede bastar para ganar una elección, pero no para gobernar el país.

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