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¿Quién ganará el voto de oro en 2021?

 
 

La fórmula electoral salvadoreña beneficia a las minorías por el sistema de cocientes y residuos, y deja en desventaja a las banderas mayoritarias.En este caso, y como algo inédito, para 2021 solo hay una bandera con gran aceptación: la de Nuevas Ideas. Según todas las encuestas, este país se ha quedado sin banderas políticas fuertes que hagan contrapeso al partido fundado por el clan Bukele. Por eso me surgió la pregunta de si la cuota o cociente hare, (como es conocida en el mundo de las ciencias políticas) beneficiará a los otrora partidos mayoritarios (Arena y FMLN) de cara a las elecciones de diputados 2021. 

La famosa cuota Hare se usa en las democracias con sistema de representación proporcional como el nuestro. Sirve para establecer el número de escaños por jurisdicción a partir de cocientes y residuos.  La fórmula está pensada para asegurar la pluralidad y representación de distintas corrientes de pensamiento en el congreso.

Vista del Salón Azul de la Asamblea Legislativa. Plenaria del 22 de diciembre de 2018. 
 
Vista del Salón Azul de la Asamblea Legislativa. Plenaria del 22 de diciembre de 2018. 

Explicado de manera sencilla: se calcula un cociente electoral y para esto se divide el número de votos emitidos en un departamento entre los escaños que allí se disputan. Por ejemplo: el departamento de San Salvador reparte 24 escaños y en las elecciones de 2018 este número se dividió entre 514 723 votos válidos.  Entonces, un diputado por cociente costó en este caso 21 444 votos. En estas mismas elecciones, en San Salvador, 20 escaños se definieron por cocientes: Arena ganó 12 escaños, el FMLN logró seis, y Gana y PCN, uno cada uno.  

Los cuatro diputados restantes ganaron su escaño por residuos, esto significa que entraron con menos votos que el cociente de 21,444.  El PDC logró el escaño con un poco más de 20 mil votos (Rodolfo Parker); el candidato no partidario (Leonardo Bonilla) entró con menos de 15 mil votos, y el CD de Juan José Martel ganó su escaño con 13 380 votos. Así, en 2018, en los 14 departamentos del país, 30 diputados ganaron su escaño por residuos, un número más que suficiente para obligar al partido del presidente a negociar deuda, elección de magistrados de la Corte Suprema y Fiscal General de la República. ¿Por qué? Porque la llave de la mayoría calificada (56 votos) la obtiene la bandera que asegura 28 diputados. En tres comicios electorales de posguerra, el FMLN opositor obtuvo esta llave, pero la perdió por deserciones durante los 20 años de gobiernos de Arena.  

Ningún presidente de la posguerra ha tenido total control de la llave de los 56 votos en la Asamblea, ya que siempre ha tenido que negociar con partidos bisagras -el PCN principalmente-, con opositores de igual peso -FMLN en los tiempos de Arena- y hasta con diputados con voto de oro, como ocurrió en la legislatura 2003-2006. 

En medio de la pandemia (la crisis democrática, la crisis sanitaria y la crisis económica) hacer pronósticos o escenarios es complicado, tomando en cuenta que existe desde 2012 el voto por rostro, opción que ha logrado que los votantes alteren el orden de las listas propuestas por los partidos y repartir (fraccionar) su voto a más de una bandera. Esto ha permitido que, desde la firma de la paz, los electores tengan más control a la hora de elegir a sus representantes en la Asamblea, lo que por lo general también asegura una pluralidad de pensamientos, imprescindible en las democracias saludables. 

Con esto no pretendo obviar la historia cierta del hombre del maletín negro que compraba voluntades de disidentes o partidos bisagra para alterar correlaciones elegidas en las urnas. Los diputados de Gana conocen muy bien a este hombre. Ocurrió. Esa denuncia, convertida en pancarta por el presidente Bukele, le ha servido para hacer campaña contra una institución vital para la democracia y desprestigiada por varios diputados y exdiputados. Un truco para eliminar o debilitar la competencia y para evitar negociar.

Pero por ahora quiero centrar el debate en el escenario para la oposición de cara a las elecciones de 2021, esto pasa por preguntarse si Nuevas Ideas, el partido de la familia Bukele se convertirá en la aplanadora cian, tal como ya lo publicitan. El término hace alusión a la aplanadora verde por el mítico triunfo electoral del PDC de Napoleón Duarte en 1985, cuando logró la mayoría de escaños del congreso al ganar 33 de 60 posibles. 

Para esto hace falta acudir al pasado reciente, ya que el mapa legislativo 2021 puede aproximarse al de los primeros años del milenio en los que había votos de oro. Lo digo por los resultados de las elecciones de 2003: estos comicios beneficiaron principalmente al PCN de Ciro Cruz Zepeda, que logró 16 diputados (casi todos por residuos) con 181 mil votos, un 13 % de los votos válidos. 

Ese período legislativo fue un tiempo complicado para el partido en el gobierno, la Arena de Francisco Flores, que se enfrentó a votaciones en las que un voto definía la mayoría calificada (el voto 56). En una ocasión, una plenaria terminó con un diputado levantando la mano del diputado Mauricio Hernández, quien parecía estar siendo obligado a votar. Con ese voto se logró superar el veto de Francisco Flores con el que se eliminaba el IVA a los insumos agrícolas. Un voto de oro, literalmente; ocurrió en febrero de 2004. En la legislatura 2003-2006, los diputados más influyentes eran los del PCN de Ciro Cruz Zepeda y estos diputados disidentes.  El otro ejemplo ocurrió en 2006, cuando un grupo de diputados disidentes (de izquierda y centroizquierda) formó el G-13, grupo que se hizo de la llave de la mayoría calificada y que quitó protagonismo al FMLN. 

El Centro Democrático Unido, en el que figuraban Héctor Silva y Héctor Dada, fue influyente en este mapa político y legislativo. En 2003, con apenas 89 mil votos, lograron ganar cinco diputados. Este CDU, siendo minoritario, tenía peso en las negociaciones de esa época. Lo lograron con el 6.3 % del total de votos válidos de aquella elección. Los mayoritarios, Arena y FMLN, rozaban los 500 mil votos válidos en esta votación (cada uno obtuvo un poco más del 30 % de votos válidos). El mismo porcentaje de popularidad de Nuevas Ideas en este momento y que una vez ostentaron Arena y FMLN, en su mejor época. 

En aquel momento, solo un 40 % de personas respondía en las encuestas que no sabía o no respondía por quién votar. Y esto de alguna forma se reflejaba en el número de votos, ya que solo un 70 % del pastel de votantes se lo disputaban Arena y FMLN (dos competidores) y el resto las minorías. Hoy, el 60 % de los encuestados parece no tener clara su representación. Puede que sea una forma de esconder su voto. 

¿Habrá votos de oro? 

Todavía no está claro qué pasará en los próximos meses, pues apenas están terminando de aparecer y perfilándose en el mapa opciones políticas opositoras como Nuestro Tiempo y Vamos, que pueden mover votantes en zonas urbanas y hacer llegar sus mensajes a cierto público. Lo incierto es si podrán hacer contrapeso o ejercer el poder de influencia que obligue al diálogo y la negociación al beligerante y popular Bukele. Es probable, eso parece ser la apuesta presidencial, que la maquinaria publicitaria de Bukele promueva a sus aliados y así buscar los 56 votos con la correlación Nuevas Ideas, Gana y CD. Para esto, Nuevas Ideas debería lograr más de 40 diputados, Gana mantener o aumentar los 10 diputados que logró en 2018 y CD lograr al menos un par de escaños. 

En 2021, la correlación de los 56 votos será fundamental para negociar el endeudamiento del país, que al cierre de este año puede llegar al 90 % del PIB. 

La aritmética básica a tomar en cuenta es la siguiente: un bloque opositor o partido opositor debe conseguir 28 votos que obliguen al diálogo y a negociaciones al Ejecutivo. En 2021 se elegirán al próximo Fiscal General de la República y a cinco magistrados, entre ellos a uno de la Sala de lo Constitucional -el que hoy ocupa el cargo de presidente-, y ya hay figuras públicas fieles al presidente proponiéndose y promoviéndose para ambos cargos. 

Bukele, el experto en símbolos, no escapará de la tentación de tomarse la foto de él y sus amigos haciéndose de las presidencias del resto de Órganos de Estado. El símbolo de poder. No es difícil ni lejano pensar, ya me lo mencionaron algunos simpatizantes de Nuevas Ideas, que Ernesto Castro, su secretario privado, busque convertirse en presidente de la Asamblea Legislativa y que su asesor jurídico, Javier Argueta, se postule para magistrado de la Sala y presidente de la Corte Suprema de Justicia. La primera se obtiene con 43 votos, la segunda, con 56. 

En el escenario también hay otra incertidumbre que no podrán despejar las encuestas. Es incierto si la crisis de liderazgo y credibilidad en el FMLN podrá mover a su veterana masa de afiliados organizados en todo el país. Arena tiene la misma crisis y estructura partidaria, con la diferencia de que hay entre ellos varios infiltrados que coquetean o han coqueteado con el partido de gobierno. Dos de sus alcaldes más emblemáticos ya no promueven la bandera ni colores de Arena, promueven sus nombres: Ernesto Muyshondt y Milagro Navas. 

¿Es lógico pensar que las estructuras del FMLN y Arena no lograrán colar al menos un diputado por residuo en cada departamento? ¿Las desconocidas banderas opositoras (Nuestro Tiempo, Vamos, candidatos no partidarios) servirán como voto de despecho a Nuevas Ideas y a los partidos de la Guerra Fría (Arena y FMLN)? Hasta hoy, ninguna encuesta registra una bandera atractiva para el electorado. Las preguntas siguen en el aire. 

La última encuesta de la UCA arroja luces y muchas preguntas que solo serán respondidas el día de las elecciones, ejercicio que además permitirá medir el impacto real de las medidas tomadas por el presidente durante la pandemia del nuevo coronavirus. Por primera vez, en poco más de un año de gestión, se han destapado casos con fuerte olor a corrupción en este gobierno: denuncias de nepotismo, favores a amigos del presidente y otros excesos (falsas plazas ad honorem y compras con sobreprecios). También es novedad el fuerte golpe a la imagen internacional del Gobierno: el apellido Bukele aparece entre los principales rostros del populismo global, junto a Trump, Bolsonaro, Ortega y Maduro.

Más allá de si la amplia popularidad del presidente sufrirá un fuerte golpe electoral, también está en el escenario otro aspecto más importante: los efectos reales de las crisis. El Salvador está aún sufriendo una alta cifra de contagios y esta parece ser la principal preocupación. ¿Qué pasará cuando suframos los efectos económicos que irremediablemente se convertirán en más hambre y más pobreza? 

A seis meses de las elecciones para alcaldes y diputados, el partido Nuevas Ideas no tiene competencia o rival opositor de su tamaño. Según el último sondeo del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA, la mayoría de las personas encuestadas (59.7 %) dice que no tiene un partido político preferido. En segundo lugar aparece un 30 % de personas que simpatizan con Nuevas Ideas. El resto de banderas del espectro político se reparten el 10 % y  solo aparecen nombradas -26 puntos abajo- las del FMLN (3.8 %) y de Arena (3.5 %). 

Esto significa que solo un 40 % de las personas encuestadas está interesada en votar el próximo 28 de febrero de 2021 y que casi un 60 % de gente no se considera representada (incluidas las personas que prefieren esconder su voto).  

El sondeo de la UCA también muestra algo más: el Gobierno no tiene la popularidad que pregona su maquinaria. El mito de que un 97 % de la población aprueba la gestión presidencial es eso, un mito. Una muestra de esto es la disminución del porcentaje de gente (26.5 % menos que la última encuesta) que cree que está cumpliendo sus promesas: 51.3. Este debilitamiento en su imagen, sin embargo, no resta mérito a que el partido del presidente y la marca Nayib Bukele tengan amplia popularidad. 

El debate artificioso del 3 % solo alimenta a la narrativa oficial de este gobierno, que promueve y publicita la idea de que sólo una minoría no está de acuerdo en las acciones gubernamentales y de que estos son una especie de paria a la que hay que atacar. Una conversación inútil si se toma en cuenta que difícilmente este gobierno logrará uniformidad de pensamiento en un 97 % de la población, esto pasa por matar la democracia representativa. Dicho de otra forma: el presidente y su partido son un fenómeno político por su amplia popularidad, pero esto no se traduce en que vaya a obtener el voto del 97 % del electorado salvadoreño. Lo que dicen los números es que su bandera será la primera fuerza política del país, ya que al día de hoy es el que cuenta con más gente convencida para acudir a las urnas.

Pero la incertidumbre es otra. Detrás de estos números está la interrogante de si surgirá un opositor de peso al partido de gobierno o si la próxima Asamblea será un abanico fraccionado de bancadas sin poder de influencia. Dicho de otra forma: ¿en 2021 habrá una aplastante mayoría de diputados pro gobierno?

Sergio Arauz es periodista de El Faro. Foto de Víctor Peña.
 
Sergio Arauz es periodista de El Faro. Foto de Víctor Peña.


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