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El populismo de lo seguro

Verónica Reyna

 
 

Las elecciones del pasado 28 de febrero están cerrando sus últimos conteos y cada vez se tiene más claridad del gane arrasador de Nuevas Ideas. Este partido, promovido por el presidente Nayib Bukele, tendrá control total de las decisiones en la Asamblea Legislativa. Con una mayoría calificada a la mano, el partido del presidente podrá tener control de las decisiones del órgano Legislativo, incluyendo lo que se requiera para llevar a cabo las propuestas en el ámbito de seguridad ciudadana que el Ejecutivo proponga.

En este proceso electoral la ausencia de propuestas en seguridad fue un elemento llamativo. La Plataforma por la Seguridad Ciudadana, una red de diversas organizaciones de la sociedad civil que trabajan en temas de seguridad, convocó el 9 de febrero a todos los partidos políticos en contienda para la Asamblea Legislativa a presentar sus propuestas en seguridad ciudadana. A esta convocatoria respondieron cinco partidos políticos: el FMLN, Nuestro Tiempo, PCN, Vamos y CD. Los partidos Nuevas Ideas, Gana, Arena, PDC y el candidato no partidario no respondieron a la invitación.

De las propuestas presentadas, solo la del partido Vamos mostró alguna estructura e integralidad en el tema de seguridad, el resto de los partidos políticos que asistieron se limitaron a nombrar algunas acciones que se acercaban, según ellos, al tema que les convocaba, o a puntualizar otras acciones, muchas veces de forma aislada. A petición de la Plataforma, los partidos invitados presentaron algunas acciones en torno a la violencia contra las mujeres, la población LGBTI, las juventudes y las personas privadas de libertad. En este punto, en donde pudieron haber tenido mayor ventaja quienes tienen una experiencia previa en la Asamblea, tampoco lograron presentar propuestas diferentes a las que hasta la fecha no han podido sacar del cajón del olvido.

Algunos partidos –los menos– hablaron del problema de las pandillas, ya sea desde la rehabilitación o desde la persecución del delito. Todos, eso sí, coincidieron en apostar a la prevención de la violencia como prioridad. Algunos hablaron de fortalecer a la Policía Nacional Civil; otros plantearon su preocupación por la participación de la Fuerza Armada en seguridad ciudadana y propusieron regresarle su carácter apolítico.

De estas propuestas tengo dos valoraciones personales. La primera es que la seguridad ciudadana parece no haber sido un tema central en estas elecciones, al menos no para la mayoría de las candidaturas que se lanzaron a alcanzar una diputación en la Asamblea Legislativa. Creo que esto se debe a que las preocupaciones mayoritarias de los partidos de la oposición se han alineado a la necesidad de defender la democracia y la institucionalidad, donde ven a Bukele como un riesgo al que hay que combatir. El discurso partidario de la oposición ha establecido su base ahí, en ser oposición a una fuerza política movilizada por el presidente Bukele, y esto no ha dejado cabida para pensar en qué sí se quiere y puede hacer desde el órgano Legislativo.

Por otro lado, creo que hay poco interés en hacer propuestas que les comprometan más allá de si fueron electos o no en este proceso electoral. Y es que parece que los partidos políticos ya no se cimentan a partir de imaginar y construir una idea de país, sino más bien con la intención de llegar a un poder que permita satisfacer intereses más personales e inmediatistas. Y algunos, pareciera, ni en eso han sabido ganar.

La población no pide propuestas, pide soluciones inmediatas. Y pide eso porque se encuentra en una situación de precariedad. Los partidos políticos lo saben y tienden a caer (o a lanzarse con apetito) en el populismo más simplista. Así se explica, por ejemplo, que figuras como Guillermo Gallegos se sigan reeligiendo desde hace un par de décadas en la Asamblea Legislativa, anclado en su promesa de aprobar la pena de muerte en cada campaña. La propuesta es popular porque responde a esa necesidad de venganza que a la gente le surge ante la imposibilidad de la justicia y la reparación. Es así como no hay campaña sin láminas regaladas, casas pintadas y, literalmente, dinero tirado al aire.

Si a este populismo simplista se le suma la disminución de homicidios y otros delitos, aunque no se sepa las razones de esta y tampoco se quiera saberlas –no porque la gente sea ingenua, sino porque está muy ocupada tratando de sobrevivir este país–, se tendrá muchas más posibilidades de contar con un respaldo popular amplio.

Una vez más la ausencia de propuestas ha ganado las elecciones, esta vez porque el presidente y su partido político han sabido jugar mejor la carta del populismo: este Gobierno dio comida, dio dinero, bajó los homicidios e inauguró carreteras que otros habían empezado. Un país con hambre, sin dinero, con muertos a montones y que quiere ver cosas concretas, no papeles, va a votar por ese Gobierno y cualquier opción que lo fortalezca. Hace falta entender esto y partir desde un punto de humildad para ver qué es lo que nos espera. Los partidos tradicionales, mientras tanto, no saben si reinventarse desde el elitismo intelectual o desde TikTok, porque lo que quieren es ganar la siguiente partida, no construir un país distinto. Los partidos políticos saben que hay mil formas de llegar a Roma, lo que no deciden es si les interesa o no llegar de forma ética.

En lógica con esta tendencia, el partido Nuevas Ideas optó por no presentar propuestas en seguridad, a excepción de una que fue la única para todos los temas: apoyar al presidente en un plan de Gobierno todavía desconocido. El gane de Nuevas Ideas nos permite prever algunas cosas en seguridad, entre ellas el incremento de la militarización, no solo en seguridad sino en los diversos ámbitos del país, una policía cada vez más alineada con los intereses particulares del presidente y la evolución del posible pacto con las pandillas, que se estará movilizando a otras etapas de la negociación, consolidando así fuerzas legales e ilegales a su favor.

Mientras tanto, en la Asamblea Legislativa quedan guardadas en el cajón de abajo varias propuestas de ley que nunca avanzaron, incluyendo una que delineaba un sistema nacional para la prevención de la violencia, otra para mejorar la ley de protección a víctimas y testigos, otra sobre rehabilitación e inserción de personas en pandillas que tiene más de una década olvidada y una propuesta de ley para el reconocimiento y la protección de las personas defensoras de derechos humanos que la legislatura actual no tuvo tiempo de aprobar por su anhelo de mantenerse en el poder y querer sobrevivir al tsunami Bukele.

Verónica Reyna es directora de Derechos Humanos del Servicio Social Pasionista (SSPAS).
 
Verónica Reyna es directora de Derechos Humanos del Servicio Social Pasionista (SSPAS).


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