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Pese a EE. UU., China ha aumentado su presencia en Centroamérica

Constantino Urcuyo

 
 

El establecimiento de las relaciones diplomáticas de Costa Rica con China, en 2007, marcó un hito en la relación de la potencia asiática con la región. Todos los países centroamericanos mantenían relaciones con Taiwán y este episodio fue parte de la batalla diplomática entre Pekín y Taipei. Sin embargo, el acontecimiento no provocó reacciones airadas por parte de los Estados Unidos, comprometidos con Pekín desde décadas atrás.

Desde entonces el contexto internacional ha cambiado. A pesar de la estrecha imbricación de sus economías, las relaciones entre Estados Unidos y China se han deteriorado y existe un acuerdo en la clase política norteamericana sobre la “amenaza” china, tanto en el terreno comercial como en lo militar.

El involucramiento chino con el mundo es variado y difiere según las regiones, los recursos de estas y las oportunidades. Como lo señala el profesor e investigador Evan Ellis: “En general (…) China busca en América Latina y el Caribe (…) fuentes seguras de materias primas y alimentos, acceso confiable a mercados para sus bienes y servicios (…) tecnologías estratégicas…”

En Centroamérica Pekín ha librado la batalla diplomática por Taiwán, pero su interés primordial es geoeconómico. La geografía hace que el istmo tenga un valor económico, adicional al valor estratégico militar por su cercanía con Estados Unidos: patio trasero, acceso al Golfo de México, soft belly (como calificara Reagan a la región). Por ser un nódulo de comunicaciones y transportes, la posición geográfica de Centroamérica la lleva a convertirse en hub marítimo y aéreo, puente entre dos grandes océanos entre el sur y el norte del continente. Puertos, aeropuertos, plataformas multimodales y construcción de carreteras, importantes para la potencia hegemónica, pero también para el poder asiático ascendente.

El presidente de El Salvadorís Nayib Bukele se reúne con el Primer Ministro chino Li Keqiang, en el gran salón del pueblo en Pekín, en diciembre 2019. (Foto Noel CELIS / POOL / AFP)
 
El presidente de El Salvadorís Nayib Bukele se reúne con el Primer Ministro chino Li Keqiang, en el gran salón del pueblo en Pekín, en diciembre 2019. (Foto Noel CELIS / POOL / AFP)

América Central no tiene el atractivo del cobre chileno, el petróleo venezolano o el hierro peruano, pero sí es una importante vía de acceso china para el comercio con la costa este de Estados Unidos.

En la medida en que la rivalidad global entre ambas potencias ha venido creciendo, las consecuencias de la relación con Pekín cambian. Cuando Costa Rica estableció relaciones con China no hubo reacción de Washington, pero el establecimiento de estas con Panamá, República Dominicana y El Salvador suscitó el llamado a consultas de los diplomáticos norteamericanos en los tres países.

En enero de 2020, el secretario de Estado Mike Pompeo advirtió, en Costa Rica, sobre las promesas chinas que a menudo producen: “únicamente deuda, dependencia y hasta la erosión de la soberanía de algunas naciones”. Recientemente, en su visita a El Salvador, Ricardo Zúñiga, el enviado especial de Biden, expresó su inquietud por el acercamiento del gobierno de Bukele con China, lo que confirma la preocupación de la clase política norteamericana en torno a la presencia china en su vecindario cercano.

Más allá de las inquietudes a las orillas del Potomac, es preciso apuntar el incremento de la actividad de China, aunque señalando que Honduras, Nicaragua y Guatemala no mantienen relación diplomática con esta, a pesar de las actividades comerciales de empresas chinas en Honduras y Guatemala.

Los aliados de China en Centroamérica

La presencia china en Panamá venía dándose desde antes del establecimiento de la relación diplomática. Una empresa china, basada en Hong Kong (Hutchinson-Whampoa), estaba involucrada en el tránsito de contenedores. Cuando el presidente Varela se acercó a Pekín las relaciones se desarrollaron aceleradamente. Panamá se integró a la iniciativa china de la Franja y la Ruta, y Xi Jinping visitó Panamá en 2018. En lo comercial la relación se ha multiplicado por 22.

Las conversaciones para un tratado de libre comercio no han progresado y los proyectos de inversión china sufren estancamiento. Compañías chinas involucradas en la extracción de cobre en Panamá se han retirado. La construcción de un nuevo puerto de contenedores está incompleta y las inversiones en electricidad no han concluido. Los proyectos para gestión de agua y edificación de un cuarto grupo de esclusas no se han cristalizado. Y los proyectos de interés para China no logran abrirse paso con la administración de Laurentino Cortizo.

El gobierno de Cortizo (2019) ha desacelerado la relación con China por las advertencias de Estados Unidos. En una visita a Panamá en octubre 2018, Pompeo advirtió al presidente Varela de los peligros de China. Sin embargo, no es posible pensar en un retroceso en las relaciones y en un nuevo reconocimiento de Taiwán. China continuará comerciando e invirtiendo en Panamá.

Compañías chinas están ahora mismo construyendo un cuarto puente sobre el canal. La renovación del contrato con Hutchinson para la operación de puertos sucedió a pesar de las críticas. La construcción de un nuevo centro de convenciones financiado y construido por China ya finalizó. Las compañías de tecnología Huawei y ZTE proveen de equipos a las telefónicas y de cámaras para la vigilancia. El Instituto Confucio funciona en la Universidad de Panamá y más de 200 estudiantes panameños han recibido becas para estudiar en China.

En Costa Rica todo empezó como parte de la política de expansión de la frontera diplomática del expresidente Óscar Arias, en 2007. China inició la relación comprando deuda costarricense, regalando un estadio y firmando un tratado de libre comercio. Siguieron las visitas de los presidentes Hu Jintao y Xi Jinping, la donación de la construcción para la Escuela Nacional de Policía y de aviones ligeros. El Instituto Confucio funciona activamente, acogido por la Universidad de Costa Rica.

Aunque las relaciones han sido cordiales, las dos últimas administraciones las han venido enfriando, so pena de las advertencias de Estados Unidos. Con ocasión de una visita de Pompeo (2020) al país centroamericano, la embajadora criticó los proyectos de construcción de carreteras ejecutados por empresas chinas.

El balance de la relación, sin embargo, ha sido positivo para ambos países y sigue el patrón de las relaciones chinas con el mundo en desarrollo: regalos de parte de China y apertura de los mercados locales a los productos chinos. Hoy se continúa con la apertura china para las exportaciones de piña y carne de ganado vacuno. La compra de trenes chinos es un hecho reciente. Las exportaciones a China (2020) representan el 2 % y las importaciones un 14 %.

A pesar de todas estas bondades, la modernización de la ruta 32 hacia el Caribe se ha atrasado debido a errores de diseño y retrasos en las expropiaciones. La idea de crear zonas económicas especiales no ha progresado, y el proyecto de renovación de la refinería estatal de petróleo naufragó en un mar de acusaciones de corrupción.

En el terreno diplomático la administración de Carlos Alvarado, asediada por problemas internos, no ha estrechado lazos con Pekín: ni el presidente ha viajado a China ni se han recibido visitas chinas de alto nivel.

Las relaciones, no obstante, permanecerán inalteradas. Costa Rica es valioso para los chinos y el comercio se puede incrementar a pesar de dificultades logísticas. Los proyectos de infraestructura y tecnología podrían inquietar en el Norte, por lo que el país deberá buscar equilibrios.

Bukele gira

En El Salvador, en cambio, el giro hacia China ha sido rampante. Ante las críticas de Washington por sus desplantes autoritarios (remoción de jueces constitucionales y del fiscal general) y la publicación de una lista de políticos corruptos, el presidente salvadoreño ha fortalecido sus relaciones con China y se rehusó a recibir al enviado del presidente Biden en su primera visita al país. También ingresó en la diplomacia de las vacunas agradeciendo al presidente Xi Jinping sus buenos oficios para la adquisición de 500 000 dosis.

Sus opositores han denunciado “injerencia” china, lo que ha motivado que la embajada China señale que su ayuda carece de consideraciones geopolíticas y que nunca han utilizado la asistencia exterior para interferir en los asuntos internos de otros países.

Un día después de la publicación de la lista de funcionarios corruptos por parte del gobierno de EUA, la mayoría bukelista en la Asamblea ratificó precipitadamente un convenio de cooperación firmado en 2019. Dicho convenio contempla, según anunció el mismo Bukele, $500 millones en megaproyectos financiados y ejecutados por China, como un estadio nacional, una biblioteca nacional, una planta potabilizadora en el Lago de Ilopango, la infraestructura para una ciudad turística, la restauración de un sitio arqueológico, y la renovación y ampliación del puerto de La Libertad.

Las exportaciones salvadoreñas aumentaron a $85.5 millones luego del establecida la relación con China, pero cayeron a $51.9 millones en el 2019; mientras que las importaciones chinas a El Salvador alcanzaron $1723 millones ese año.

Además, al igual que en Panamá y Costa Rica, se creó el Instituto Confucio en la Universidad de El Salvador.

China ha venido incrementando su presencia en la región, mientras Estados Unidos aumenta sus advertencias a estos países. El escenario ístmico será de competencia y no de confrontación, pero Estados Unidos seguirá practicando la versión decimonónica de la Doctrina Monroe, rechazando inserciones extracontinentales en su zona de influencia.


*Constantino Urcuyo es abogado y politólogo por la Universidad de Costa Rica. DES en Derecho de la Cooperación Internacional, Instituto de Estudios Políticos Universidad de Bordeaux I. Doctor en Sociología Política por la Universidad de París. 

www.latinoamerica21.com, un medio de comunicación plural comprometido con la difusión de información crítica y veraz sobre América Latina.


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