Centroamérica / Política
Jordán Rodas: “Tenemos hasta fin de año para concretar una candidatura única de oposición”

El exprocurador de derechos humanos guatemalteco Jordán Rodas cree que la oposición aún puede ganar las elecciones de 2023 en su país. Guatemala vive desde hace dos años una cacería de juezas, fiscales y periodistas críticos, pero el exprocurador de Derechos Humanos, forzado él mismo a huir por temor a ser detenido injustamente, ha decidido ser optimista. Asegura que en la ciudadanía hay indignación suficiente para llevar a la Presidencia el año que viene a una candidata o candidato de izquierda. Dice que no descarta —es decir, le gustaría— ser ese candidato.  

Víctor Peña

Fecha inválida
José Luis Sanz / Washington

En Guatemala se ha vuelto una oscura costumbre que pocas horas después de entregar su cargo, o antes incluso, fiscales generales, juezas o en este caso el procurador de Derechos Humanos abandonen en secreto el país. Temen ser detenidos, bajo cargos falsos, nada más perder la inmunidad. Quienes nunca la tuvieron, fiscales de rango medio, periodistas, exfuncionarios de la CICIG, defensoras de derechos humanos, también han huido por decenas durante el último año a México, Estados Unidos, Costa Rica o incluso El Salvador.

Jordán Rodas dice que no está exiliado pero cruzó la frontera por tierra el 19 de agosto, un día antes de terminar su mandato como procurador, y pasó en silencio por dos países antes de pisar Estados Unidos. El Faro le entrevistó en Washington, donde hizo una escala de dos semanas antes de viajar a la ciudad europea en la que se asentará, y que pide que no se divulgue. Muchas precauciones para un no-exiliado.

Asegura, como han hecho otros antes, que volverá pronto a Guatemala. En las últimas semanas, partidos de oposición han anunciado sus primeras alianzas locales de cara a las elecciones de junio de 2023 y Rodas quiere, si una coalición de izquierda y movimientos anticorrupción se consolida, ser candidato a diputado o incluso a presidente. Dice que, si la votación es limpia, se puede sacar a las élites corruptas del poder. Visto lo que sucedió en junio pasado con su candidatura a rector de la Universidad Nacional San Carlos, su primer reto puede ser que le dejen siquiera inscribirse.

Ya no es procurador. Y nunca llegó a ser rector de la San Carlos...

Puede pasar todavía que sea rector. Aunque es muy difícil, casi imposible. ​​El Pacto de Corruptos impuso a Mazariegos mediante un burdo fraude, pese a la resistencia de los sancarlistas.

¿Realmente ve posible ser rector? Parece difícil incluso que pueda volver a Guatemala en un tiempo corto.

Volveré. Los tiempos dependen de distintos escenarios, de cómo evolucione la democracia en el país, de las condiciones de seguridad, de libertad de expresión... Pero no pierdo la esperanza. Veo mi salida como temporal. Hay mucho por hacer en Guatemala y creo que puedo aportar.

¿Habla de volver antes o después de las elecciones de 2023? ¿O precisamente por las elecciones?

Espero volver antes. Pese a los nubarrones, creo que puedo ayudar a que la población tenga alternativas electorales diferentes.

Está diciendo que quiere ser candidato.

Tengo propuestas para distintos cargos y lo estoy reflexionando. Estoy decidiendo si participar y, si lo hago, en qué espacio. He recibido propuestas para aspirar a una diputación y para ser parte de un binomio.

Es decir, ser candidato a presidente o vicepresidente.

Sí. Aunque aceptaría ser candidato allí donde pueda sumar más para que una fuerza progresista logre incidencia real en la toma de decisiones.

La madrugada del 24 de julio de 2021, Jordán Rodas (de chaleco azul) acompañó al exfiscal Juan Francisco Sandoval hasta la frontera Las Chinamas de El Salvador, el mismo día que este último fue destituido de la FECI. Un año después, Rodas también salió por El Salvador y viajó a Washington ante el acoso gubernamental. Foto de El Faro: Víctor Peña.
 
La madrugada del 24 de julio de 2021, Jordán Rodas (de chaleco azul) acompañó al exfiscal Juan Francisco Sandoval hasta la frontera Las Chinamas de El Salvador, el mismo día que este último fue destituido de la FECI. Un año después, Rodas también salió por El Salvador y viajó a Washington ante el acoso gubernamental. Foto de El Faro: Víctor Peña.

¿Cree que tiene usted opciones de ganar una elección?

El escenario es difícil. Haría falta mucha madurez política, que los egos queden a un lado y se sumen esfuerzos para presentar una alternativa que represente algo diferente. La población está harta de la corrupción y eso quedó comprobado con mi candidatura a la San Carlos. Con un mensaje tan sencillo como “fuera las mafias de la USAC” se logró llegar al corazón y el cerebro de los sancarlistas, que creo que son una muestra de lo que sucede a nivel nacional. Que la gente no salga a manifestarlo es otra cosa, pero el sistema político electoral, tal y como está, está agotado.

¿Confía en que la oposición presente una candidatura única a la Presidencia?

Sería lo más sensato si no se quiere que sigamos gobernados por más de lo mismo.

¿Quiénes deben integrar esa coalición? ¿Quienes se le han acercado?

Distintas fuerzas democráticas se han acercado a mí, pero no lo veo como un tema personal. Hay un abanico amplio de partidos y movimientos progresistas que tienen que ser realistas, entender que ya fracasaron antes por separado y sumar esfuerzos. Hoy tienen su pequeña parcela de poder, seis o siete diputaciones que les permiten sobrevivir políticamente, pero repetir eso sería egoísta, muy miope, y haría daño a la sociedad guatemalteca. Hay que aglutinar fuerzas progresistas que puedan conformar una alternativa, para que nazca la esperanza.

Habla de un abanico amplio, pero las izquierdas de Guatemala no parecen ni muchas ni fuertes. En el Congreso las fuerzas críticas son un bloque muy pequeño.

Sí, pero en las últimas elecciones generales, si sumas el resultado de las fuerzas progresistas, alcanzas un 20 % del voto, suficiente para poner a una persona en segunda vuelta.

Suena a que quiere usted ser la Thelma Cabrera de las próximas elecciones, o acompañar a Cabrera en una dupla.

No descarto nada. Pero todo mi respeto y admiración a Thelma Cabrera, que alcanzó un cuarto lugar en 2019 y es una mujer indígena que ha logrado un liderazgo importante en una sociedad machista y racista. Representa a un sector de la sociedad que no ha sido protagonista en la toma de decisiones, e ignorarla es no querer ver la realidad del país. Pero no basta. Hay que hacer un alto en el camino y sumar actores. Aún hay tiempo.

La excandidata guatemalteca por el partido Movimiento para la Liberación de los Pueblos, Thelma Cabrera, saluda a sus seguidores durante un mitin de cierre de campaña en la Plaza de la Constitución en la Ciudad de Guatemala el 8 de junio de 2019. Foto de El Faro: Johan Ordóñez/ AFP.
 
La excandidata guatemalteca por el partido Movimiento para la Liberación de los Pueblos, Thelma Cabrera, saluda a sus seguidores durante un mitin de cierre de campaña en la Plaza de la Constitución en la Ciudad de Guatemala el 8 de junio de 2019. Foto de El Faro: Johan Ordóñez/ AFP.

¿Lo que dice es que una alternativa política no tiene sentido si no incluye al Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP) y el Comité de Desarrollo Campesino?

Tendría más sentido con ellos. Con el MLP, WINAQ, Semilla, el URNG, y con personas que han tenido militancia en la UNE y han de darse cuenta de que tienen que guardar distancia con el actual Gobierno.

¿Imagina a Sandra Torres en esa alianza?

Es difícil, pero no imposible. Es una mujer con mucha convicción en ser candidata, que ha tenido una carrera política importante. Por eso apelo a un proceso de reflexión colectiva. Pero con ella o sin ella hay que crear una alternativa. Y con o sin Jordán Rodas, porque tampoco estoy obsesionado con ser candidato.

En estos días me estoy repensando. He sido dirigente deportivo en el ajedrez, dirigente del gremio de abogados, tuve la oportunidad de servir al país como Procurador de los Derechos Humanos, fui síndico, fui concejal de Xela, mi ciudad natal, fui candidato a alcalde... No me avergüenzo de ser político. Pero la política es una carrera de largo aliento. No es una carrera de 100 metros sino una maratón. Quienes saben jugar a ajedrez entienden que no se gana una partida en cuatro o cinco movimientos y que no solo has de pensar qué puedes hacer sino también qué pueden hacer tus adversarios.

De las posibles candidaturas que ya se perfilan para 2023, ¿cuál le parece más peligrosa para el país?

Corremos el riesgo de que cambie el rostro o el género de la Presidencia, pero caer un piso más abajo en el sótano que ya es Guatemala. Después de Jimmy Morales pensamos que no podía venir algo peor, pero llegó Giammattei. Y si Manuel Conde llegase a gobernar eso sería peor todavía. Conde sería más autoritario aún que Giammattei. Sería una muerte anunciada de nuestra democracia.

Lógicamente, desde el Gobierno están intentando alinear a todos los alcaldes del país a través de proyectos de inversión en obras, y por eso vemos a Conde al lado del presidente. Es un intento de construir su imagen, aunque sea un contrasentido porque Giammattei es el segundo entre los presidentes peor valorados del continente, solo detrás de Pedro Castillo en Perú.

Y también está la candidatura de Zury...

¿Cómo se debería leer una posible victoria de Zury Ríos en 2023?

Primero, no podemos ignorar la resolución de la Comisión Interamericana que la permite participar, guste o no guste, y será la población la que dirá en las urnas “estoy de acuerdo o no estoy de acuerdo con que ella sea presidenta pese a que su papá fuese acusado de genocidio”. Ella está ejerciendo un legítimo derecho.

Por otro lado, ella simboliza en parte el genocidio y su victoria significaría que la sociedad no ha dado su justa dimensión a lo que pasó, a los horrores que se cometieron en la guerra. Eso, sin exculparla por las posiciones que ha tomado, es una responsabilidad del Estado por no haber informado y formado sobre los horrores de la guerra. La mayoría de la población es joven y no sabe lo que pasó en 36 años de guerra. Un hermano mío fue desaparecido, aparece en el caso Diario Militar, y yo como víctima y como ciudadano informado jamás votaría por ella.

El ex presidente de facto guatemalteco (1982-1983) y general retirado, José Efraín Ríos Montt, habla con su hija Zury Ríos durante una audiencia judicial en la Ciudad de Guatemala el 23 de enero de 2013. Ríos Montt y el general retirado José Rodríguez asistieron a la audiencia, donde el Fiscalía solicitó juzgarlos por genocidio en comunidades indígenas del norte de Guatemala durante la guerra civil entre 1960 y 1996. Foto de El Faro: Johan Ordónez/ AFP.
 
El ex presidente de facto guatemalteco (1982-1983) y general retirado, José Efraín Ríos Montt, habla con su hija Zury Ríos durante una audiencia judicial en la Ciudad de Guatemala el 23 de enero de 2013. Ríos Montt y el general retirado José Rodríguez asistieron a la audiencia, donde el Fiscalía solicitó juzgarlos por genocidio en comunidades indígenas del norte de Guatemala durante la guerra civil entre 1960 y 1996. Foto de El Faro: Johan Ordónez/ AFP.

¿Qué definirá el resultado de la elección 2023?

La comunidad internacional tiene que estar muy atenta a que se garanticen elecciones libres, que no se instrumentalice al Tribunal Supremo Electoral para definir quién participa y quién no participa. Hasta el momento el TSE ha sido una institución respetada, pero espero que no ceda a cerrar discrecionalmente el camino a candidaturas o permita que se criminalicen ciertas candidaturas.

Ya sucedió en 2019 con Thelma Aldana y la misma Ríos.

Ahora hay temores aún más fundados, porque vemos que determinados actores están en clara campaña adelantada y el TSE y otras instituciones no han sido equitativos en las llamadas de atención. Ojalá la comunidad internacional no reconozca la elección si ésta es manipulada.

¿Qué opina del papel de la comunidad internacional en el momento que vive Guatemala?

Hemos tenido gobiernos muy hostiles hacia la comunidad internacional en los últimos años. Los dos últimos gobiernos han hecho una apuesta perversa por el aislamiento, con un doble discurso sobre la soberanía que hace que recibamos con agrado vacunas, pero no se acepten críticas del Departamento de Estado, la Comisión Interamericana o el Parlamento Europeo en materia de derechos humanos o independencia judicial. OACNUDH —Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos—, por ejemplo, está amedrentada por el Gobierno de Guatemala, porque su presencia en el país se negocia año a año y está condicionada a cómo actúe. Hay muchos funcionarios internacionales que en Guatemala han aceptado ser casi invisibles.

Al final, corresponde a los guatemaltecos defender nuestra democracia. Tenemos el ejemplo de los 48 cantones, que recientemente volvió a la carga hasta hacer retroceder al Congreso en iniciativas represivas que pretendían impedir a la población manifestarse.

Cabrera, los 48 cantones... da la impresión de que los movimientos campesinos e indígenas son la gran fuente de legitimidad en este momento en el país, de que la gran fuerza política de Guatemala está fuera de la capital.

La esperanza está en los departamentos del interior, en las mujeres, en la llama que se encendió en la San Carlos... Hay gente que ya ha dicho “todo tiene su límite”.

No ha dicho usted una palabra sobre el sector privado.

El excomisionado Iván Velásquez, hoy ministro de la Defensa de Colombia, ya dijo hace años que el problema más de fondo en Guatemala era el financiamiento de los partidos y las campañas políticas. Por eso estoy a favor del financiamiento público, porque no hay almuerzo gratis y no se puede esperar mucho de un sector privado tan conservador como el nuestro, de un CACIF que tiene mentalidad cavernaria y llega a decir que el actual Gobierno de Estados Unidos es de izquierda. En realidad, ellos deberían ser los más preocupados por el deterioro de la justicia en el país, porque pueden tener el poder económico hoy, pero el crimen organizado aspira a desplazarlos y arrebatárselo.

Es alentador, al menos, que ya haya sanciones internacionales contra algunos empresarios, para que el sector privado, que dio oxígeno a Otto Pérez, a Jimmy Morales y hoy a Alejandro Giammattei vea que hay un costo, que no les sale gratis su visión de azadón, de arrastrar todo hacia adentro, de acaparar poder y riqueza mientras las enormes brechas de desigualdad hacen daño al país. Aunque es evidente que las sanciones no han tenido hasta el momento el efecto debido. Es importante que Estados Unidos revise si su política es la adecuada, si no necesita apretar un poco más las tuercas. Al final, es el sistema económico el que sostiene nuestros problemas estructurales de desigualdad, discriminación y racismo contra mujeres e indígenas, y corrupción. Si eso no se aborda, desde Guatemala y con apoyo de la comunidad internacional, vamos a seguir sumando años perdidos.

¿De verdad cree que en este momento de persecución de disidentes, de secuestro del sistema de justicia por parte de poderes ligados a la derecha, es posible una victoria de la izquierda en Guatemala?

Las condiciones materiales están dadas. La población está llegando al hartazgo. La clave son cuatro instituciones, el TSE, la Contraloría, el Ministerio Público y la Corte de Constitucionalidad, que deberían garantizar un proceso transparente pero pueden obstaculizarlo. Por eso se hace necesario el acompañamiento internacional, y es impostergable que no solo de Estados Unidos sino también la Unión Europea, Canadá y otras democracias consolidadas garanticen desde este momento que el año que viene tengamos una elección sin discrecionalidad. Creo que si el proceso electoral es limpio hay muchas posibilidades de una victoria electoral progresista.

Dice que espera que las fuerzas progresistas guatemaltecas dejen de lado sus intereses individuales, que el sector privado dé un giro y se comprometa con la justicia en el país, y que la comunidad internacional sea más firme en sus sanciones y garantice un proceso transparente. ¿No pide demasiados milagros?

Probablemente, jaja.

Y aún faltaría que la ciudadanía apoye su visión de cambio.

El péndulo ha estado mucho tiempo en la derecha. Por eso es importante que haya un cambio, para que las grandes mayorías se vean beneficiadas, no solo en discurso sino en forma de políticas públicas y presupuestos ejecutados. No solo Guatemala, sino toda la región, necesita dejar atrás gobiernos no solo corruptos sino autoritarios. Lo vemos también en El Salvador con Bukele, que violenta los derechos humanos con capturas masivas y persigue a la prensa. Es un mal regional. Nicaragua con Ortega puso las planas y el resto de países las seguimos. Seguir apostando por gobiernos conservadores en la región sería pegarnos un tiro en el pie, también para la comunidad internacional y Estados Unidos.

Quizás sea mucho pedir que se alineen los astros, pero algo tiene que cambiar en Guatemala. Estamos en el sumidero. Cuando capturaron a José Rubén Zamora concluí que somos una Nicaragua 2.0. Varios operadores de justicia y periodistas han salido del país, allanan El Periódico... Podemos caer en la depresión, pero yo creo que hay otra ruta. Es difícil que se den todos los elementos para sacarnos de la dictadura, pero hay que apostarlo todo. Lo contrario es asumir una visión conformista, darlo todo por perdido. Y si no se logra ahora, seguiré insistiendo.

En 2019 Thelma Aldana quiso ser candidata y terminó en el exilio. Usted quiso ser rector de la San Carlos y hay denuncias de fraude. Incluso ha salido temporalmente del país. ¿No teme represalias cuando se escuche de su boca lo que hace meses se rumorea en Guatemala: que tiene aspiraciones políticas y podría aceptar una candidatura? ¿Le sorprendería que se abra una repentina acusación penal contra usted?

En Guatemala ser candidato antisistema es un riesgo. Pero no es una razón para descartar ese camino. Ser electo es un derecho y hay Jordán para rato. La pregunta es si en 2023 se darán las condiciones, y si logramos resultados que cambien el rumbo del país.

¿En qué plazo debería concretarse esa alianza de oposición?

A final de año, como máximo. Es un esfuerzo que amerita ser tomado con seriedad pero también con celeridad.

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