Columnas / Política
Bukele logró convertirse en figura global, pero del autoritarismo
¿Cómo Bukele –que se precia de tener un sofisticado entendimiento de las redes sociales– ha llegado a ser, quizá, el líder centroamericano con peor imagen internacional después de Daniel Ortega?

Fecha inválida
Ricardo Valencia

Nada explica mejor el fracaso del proyecto que pretendía hacer que Nayib Bukele trascendiera de líder de un país pobre a una figura global –según las palabras de los seguidores y replicadores del presidente– como su berrinche por verse convertido en un autoritario de bolsillo. En un artículo de opinión, publicado el 30 de septiembre en la Bitcoin Magazine –instrumento de la ideología más extrema del Bitcoin–, Bukele reprocha a los medios internacionales de publicar “miles” de artículos sobre el fracaso de la implementación del Bitcoin y de la –no tan remota– posibilidad de impago de la deuda externa en lugar de sus supuestos éxitos económicos. Su arrebato editorial pone en evidencia que si bien triunfó como figura global, lo ha hecho como una del autoritarismo, no como una revolucionaria.

El quejumbroso texto se hizo público apenas diez días después de que Bukele compareciera ante un auditorio semivacío en la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Al margen de varios flirteos de figuras de la extrema derecha latinoamericana, como los derrotados candidatos presidenciales de Chile, José Antonio Kast, y de Colombia, Rodolfo Hernández, Bukele no se fotografió con otros mandatarios internacionales durante su última visita a las Naciones Unidas. Nadie que se pretenda respetuoso de la democracia quiere ser vinculado con él.

En el artículo, el presidente enumera su larga lista de enemigos: BBC, Al Jazeera, The New York Times, The Washington Post, Fortune, Financial Times, Deutsche Welle y Forbes. Todos, según él, publican “disparates” que en ocasiones alcanzan “una página completa”. Sin darse cuenta, sus palabras , que seguro concibe como contestatarias, Bukele acepta la derrota de haber construido un consenso mediático en contra suya.  El consenso es tal que ha logrado que el peligroso autoritarismo de Bukele sea tan evidente para Mary Anastasia O’Grady, una columnista conservadora de The Wall Street Journal, como para un medio liberal como el New Yorker.

Como parte de su respuesta, el mandatario salvadoreño se ha refugiado en medios como Fox News y el entrevistador ultraconservador Tucker Carlson. Bukele, quien al principio de su mandato conversaba con medios en inglés como Sky News y la misma Al Jazeera, ahora se esconde detrás de su cuenta de Twitter. Y, contrario a viejos caudillos como Fidel Castro y Hugo Chávez, Bukele rehúye de la confrontación directa con otros líderes de Estado y se refugia en sus redes sociales.

¿Cómo Bukele –un líder que se precia de tener un sofisticado entendimiento de las redes sociales– ha llegado a ser, probablemente, el líder centroamericano con peor imagen internacional después del líder nicaragüense Daniel Ortega? Mi argumento es que la internacionalización del periodismo salvadoreño independiente que ha documentado sus abusos de poder, sumado al fracaso de la implementación del Bitcoin erosionaron la imagen de Bukele.

Bukele aspiraba a ser un líder global, un rompedor de esquemas, un iconoclasta versátil. Fue bajo esa bandera que se reunió con la élite intelectual conservadora en su primer viaje a Estados Unidos como presidente electo, en marzo de 2019, para meses después fotografiarse con el presidente chino Xi Jinping, el archienemigo de los Estados Unidos. Ese mismo año, el mandatario pontificó sobre el potencial de la internet en las Naciones Unidas durante su primera Asamblea General del ente internacional. Para demostrar su punto, se tomó una selfi en el estrado.

La figura de líder fresco se empezó a resquebrajar con la toma militar de la Asamblea Legislativa en febrero de 2020. La imagen del salvadoreño rodeado de militares, haciendo a huir a diputados de oposición, dio la vuelta al mundo. Eso activó a una red de periodistas locales e internacionales que lo comparaban con otros caudillos regionales, como el peruano Alberto Fujimori.

Bukele sobrestimó su control en las redes sociales en El Salvador. Al mismo tiempo, subestimó la creciente influencia del periodismo salvadoreño en los medios internacionales y la capacidad carnívora de la prensa internacional de entender la decadencia autoritaria de Bukele como parte la larga historia de Latinoamérica. Estamos ante una etapa de internacionalización del periodismo salvadoreño como nunca desde la firma de los Acuerdos de Paz, que se ha construido a partir de una generación de periodistas que internacionaliza la búsqueda por la verdad. 

Durante la guerra civil, los medios internacionales y las agencias de prensa enviaron a sus mejores periodistas a Centroamérica y reforzaban sus coberturas con talento local. Entonces, buscaban entender la razón por la cual presidente de Estados Unidos Ronald Reagan ponía a la región en el centro de la guerra fría contra la Unión Soviética.

Ahora es diferente. Washington no tiene a Centroamérica como prioridad, pero el periodismo salvadoreño es respetado internacionalmente y cuenta con una mayor capacidad de influir directamente en medios internacionales. A diferencia de los años ochenta, ahora son los periodistas salvadoreños quienes publican en medios insignias de Occidente como The New York Times

Bukele ha culpado al millonario George Soros de su desastrosa imagen internacional, pero la realidad es que es claro su desconocimiento de cómo la prensa internacional funciona. La prensa internacional construye sus agendas al escoger temas que sean de interés de amplias audiencias, que ahora sobrepasan sus límites geográficos. Al mismo tiempo, utiliza viejos filtros geopolíticos. Para mala suerte de Bukele, la realidad de la prensa internacional combinaba un periodismo salvadoreño cada vez más activo y profesional que expuso paso a paso la construcción de Bukele como nuevo caudillo latinoamericano.

En junio de 2021, el presidente trató de girar el timón hacia la narrativa que lo perfilaba como el reformista global con la legalización del Bitcoin como moneda de curso legal. En septiembre de 2021, cuando la criptomoneda entra en vigencia, medios como The New York Times, The Washington Post, Le Monde y Der Spiegel produjeron material acerca del hito histórico de El Salvador como primer país del mundo en adoptar esta moneda.

La luna de miel de Bukele con la prensa internacional duró lo que duró el precio de la criptomoneda arriba de los $60 mil, un par de meses. Ahora el valor del Bitcoin se ha desplomado en más del 50 %. Con el derrumbe del mundo cripto se cayó también el poco brillo que había logrado su imagen a nivel mundial. El presidente vive en un mundo donde influencers criptocabilderos de extrema derecha se han convertido en su cuerpo diplomático de facto.

La marca del Bukele global se diluye, pero el Bukele autoritario, ese que acumula el poder sin ninguna vergüenza toma cada vez más fuerza. El lado oscuro del mandatario es y seguirá siendo noticia internacional. 


*Ricardo Valencia es profesor asistente de Comunicaciones en Fullerton, la universidad estatal de California.

Twitter: @ricardovalp.

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