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La familia de Efraín lo despide 45 años después de ser asesinado por la Guardia Nacional

Víctor Peña

Lunes, 12 de diciembre de 2022
Víctor Peña

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Efraín Antonio Arévalo Ibarra fue asesinado por la Guardia Nacional de El Salvador en noviembre de 1978, un año después de su desaparición. Así lo detalla un documento desclasificado de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), enviado el 29 de agosto de 2022 a Angelina Godoy, directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington, quien en 2019 solicitó la desclasificación de múltiples documentos sobre desaparición forzada, que revelan la barbarie perpetrada por la Policía Nacional y a la Guardia Nacional de El Salvador entre en el 1 de enero de 1975 y el 31 de diciembre de 1980. Efraín Arévalo era maestro de una escuela rural en el municipio de Chinameca, en el departamento de San Miguel, y también era miembro del Comité Ejecutivo de ANDES 21 de Junio, la más importante gremial de maestros. Su hijo, José Efraín Cuéllar Arévalo, había sido capturado en la ciudad de San Miguel, el 26 de octubre de 1977. El maestro fue a buscar a su hijo al cuartel de la Guardia Nacional de San Salvador, el 6 de noviembre de 1977. Tenía información de que él estaba detenido allí y aprovechó el viaje a la capital para buscarlo en horas de la mañana. Por la tarde, Efraín Arévalo tenía programada una reunión en el Ministerio de Educación a la que nunca llegó. “El día de su desaparición, Efraín vestía una pantalón de lino color café y camisa amarilla”, se lee en las memorias de su esposa, Iris Idalia Portillo, que desde ese día buscó en todos los cuerpos se seguridad estatal y en la mayoría de hospitales del país. También tuvo una entrevista con el subsecretario de Defensa, José Eduardo Iraheta, pero nunca tuvo respuestas. Buscó ayuda de monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien denunció el hecho públicamente en una de sus homilías. Iris también habló de la desaparición de su marido en varios medios de comunicación y se reunió con Victoria de Romero, madre del general Romero, entonces presidente de El Salvador.

Nunca hubo respuestas, pero aún albergaba la esperanza de que Efraín hubiera huido de El Salvador para salvarse. En septiembre de 2022, por medio del documento de la CIA, la familia Arévalo recibió la confirmación de su muerte: “En noviembre de 1978, el general Alfredo Alvarenga, quien era el director general de la Guardia Nacional de El Salvador, ordenó el asesinato de los prisioneros políticos salvadoreños: Efraín Arévalo Ibarra, Manuel Alberto Rivera y Carlos Antonio Madriz Martínez. Ellos fueron asesinados por el teniente José Antonio Castillo, de la Guardia Nacional y por el sargento Miguel Antonio Ramírez Mejicanos”, se lee en el documento, que también agrega que los cuerpos fueron depositados en un lugar desconocido.

Después de 45 años, y tras dos meses de la confirmación de su muerte, el 19 de noviembre de 2022, la familia Arévalo organizó una ceremonia para festejar el cumpleaños de Efraín y también el funeral para despedirlo. Ocurrió en el Monumento a la Memoria y la Verdad, en el parque Cuscatlán, en San Salvador. “Es insensato decir que estos acontecimientos han sido una farsa”, dijo Astul Arévalo, hermano de Efraín, en referencia a las descalificaciones que el presidente Nayib Bukele y sus seguidores han hecho sobre acontecimientos como la firma de los Acuerdos de Paz de 1992. “Mientras él esté en nuestra memoria, siempre será parte de la historia. Hacemos esto como familia para exigir justicia por todos aquellos crímenes y violaciones a derechos humanos. Para que no se repitan ni aquí ni en ningún otro lugar, porque los derechos humanos se respetan”, dijo Mario Orellana, yerno de Efraín. “Este acto es el cierre y la sanidad de nuestros corazones”, concluyó Roberto Castillo, sobrino de Efraín, que a sus ocho años buscó el cuerpo de su tío entre los cadáveres que comenzaban a aparecer en las calles durante los primeros años del conflicto armado.

 

 

Efraín Arévalo Ibarra era profesor y miembro del Comité Ejecutivo de ANDES 21 de Junio cuando despareció en 1977. Efraín habría cumplido 88 años el 19 de noviembre de 2022. Ese día, su familia y otras cien personas se reunieron en el Monumento a la Memoria y la Verdad, en el parque Cuscatlán, en San Salvador, para festejar y honrar su vida con un funeral. La familia colocó una ofrenda floral, su nieta recitó un poema, sus hijos leyeron cartas y pegaron fotografías sobre el mural con los miles de nombres de desaparecidos durante el conflicto armado para despedirlo con dignidad.
Efraín Arévalo Ibarra era profesor y miembro del Comité Ejecutivo de ANDES 21 de Junio cuando despareció en 1977. Efraín habría cumplido 88 años el 19 de noviembre de 2022. Ese día, su familia y otras cien personas se reunieron en el Monumento a la Memoria y la Verdad, en el parque Cuscatlán, en San Salvador, para festejar y honrar su vida con un funeral. La familia colocó una ofrenda floral, su nieta recitó un poema, sus hijos leyeron cartas y pegaron fotografías sobre el mural con los miles de nombres de desaparecidos durante el conflicto armado para despedirlo con dignidad.

 

 

 

Mario Orellana, de 58 años, consuela a Fresia Arévalo, su esposa de 56 y tercera hija de Efraín Arévalo, durante la lectura de cartas para su padre. Ambos migraron a Estados Unidos durante la guerra y ahora viven en Salt Lake City, en el estado de Utah. Mario conoció a la familia Arévalo en 1976 y vivió la desaparición de Efraín, y también ha acompañado la búsqueda durante los últimos 45 años. “Ya nos habíamos resignado a nunca saber nada de él, pero ahora que tenemos respuesta le queremos dar una cristiana despedida, como lo hubiera querido su madre y sus esposa”, dice Mario. En 2017, Carlos Efraín Orellana, hijo de Mario y Fresia, conoció a la directora del Centro para los Derechos Humanos de la Universidad de Washington, en Seattle, Angelina Godoy, a quien comentó el caso de su abuelo desaparecido en 1977. En junio de 2019, Godoy solicitó que se desclasificaran los documentos sobre desaparición forzada que involucran a la Policía Nacional y a la Guardia Nacional de El Salvador, entre enero de 1975 y diciembre de 1980, y que estaban en poder de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). En septiembre de 2022, esos documentos confirmaron el asesinato de Efraín en 1978.
Mario Orellana, de 58 años, consuela a Fresia Arévalo, su esposa de 56 y tercera hija de Efraín Arévalo, durante la lectura de cartas para su padre. Ambos migraron a Estados Unidos durante la guerra y ahora viven en Salt Lake City, en el estado de Utah. Mario conoció a la familia Arévalo en 1976 y vivió la desaparición de Efraín, y también ha acompañado la búsqueda durante los últimos 45 años. “Ya nos habíamos resignado a nunca saber nada de él, pero ahora que tenemos respuesta le queremos dar una cristiana despedida, como lo hubiera querido su madre y sus esposa”, dice Mario. En 2017, Carlos Efraín Orellana, hijo de Mario y Fresia, conoció a la directora del Centro para los Derechos Humanos de la Universidad de Washington, en Seattle, Angelina Godoy, a quien comentó el caso de su abuelo desaparecido en 1977. En junio de 2019, Godoy solicitó que se desclasificaran los documentos sobre desaparición forzada que involucran a la Policía Nacional y a la Guardia Nacional de El Salvador, entre enero de 1975 y diciembre de 1980, y que estaban en poder de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). En septiembre de 2022, esos documentos confirmaron el asesinato de Efraín en 1978.

 

 

 

El nombre de Efraín se lee en medio de los más de 600 nombres de desaparecidos entre 1970 y 1979, en el Monumento a la Memoria y la Verdad, en el parque Cuscatlán. “Este acto es el cierre y la sanidad de nuestros corazones”, dijo frente al mural Roberto Castillo, sobrino de Efraín Arévalo, que en 1977, cuando tenía ocho años, acompañó a su abuela a las morgues y a lugares donde las autoridades reportaban fallecidos, para confirmar si era el cuerpo de su tío. Roberto también cuenta que su abuela se sentaba todos los días en la puerta de su casa a esperar que Efraín. Eran Originarios del municipio de Santa Elena, en el departamento de Usulután, donde el Ejército masacró a más de 30 personas en 1981.
El nombre de Efraín se lee en medio de los más de 600 nombres de desaparecidos entre 1970 y 1979, en el Monumento a la Memoria y la Verdad, en el parque Cuscatlán. “Este acto es el cierre y la sanidad de nuestros corazones”, dijo frente al mural Roberto Castillo, sobrino de Efraín Arévalo, que en 1977, cuando tenía ocho años, acompañó a su abuela a las morgues y a lugares donde las autoridades reportaban fallecidos, para confirmar si era el cuerpo de su tío. Roberto también cuenta que su abuela se sentaba todos los días en la puerta de su casa a esperar que Efraín. Eran Originarios del municipio de Santa Elena, en el departamento de Usulután, donde el Ejército masacró a más de 30 personas en 1981.

 

 

 

Llena de nervios y con la voz jadeante, Iris Márquez (izquierda), inició la ceremonia dedicada a su abuelo: “Sé que es un gran esfuerzo para los que están aquí acompañándonos, pero sé también que mi abuelo, dónde quiera que se encuentre, está feliz de ser el motivo de esta reunión y este movimiento que hemos generado como familia para apoyarnos”. La acompañaba Fresia Monroy, también nieta de Efraín, que declamó un poema para continuar el funeral.
Llena de nervios y con la voz jadeante, Iris Márquez (izquierda), inició la ceremonia dedicada a su abuelo: “Sé que es un gran esfuerzo para los que están aquí acompañándonos, pero sé también que mi abuelo, dónde quiera que se encuentre, está feliz de ser el motivo de esta reunión y este movimiento que hemos generado como familia para apoyarnos”. La acompañaba Fresia Monroy, también nieta de Efraín, que declamó un poema para continuar el funeral.

 

 

 

Junto a la fotografía de Efraín Arévalo Ibarra había dos retratos más: Alfredo Aguilar (centro), un profesor que también desapareció durante el conflicto armado, y José Efraín Arévalo (derecha), el mayor de los cinco hijos de Efraín Arévalo, que también fue capturado por la Guardia Nacional, el 26 de octubre de 1977, en la ciudad de San Miguel. José Efraín Arévalo (hijo) apareció el 10 de noviembre de 1977 en la sala de emergencias del hospital Rosales. Había sido torturado y tenía quemaduras de cigarro en las muñecas de sus manos. Se le podían ver los huesos, asegura su familia. Lo habían confundido con su padre. El miércoles 13 de marzo de 1980, José Efraín apareció asesinado con un balazo en la cabeza en las afueras de la ciudad de San Miguel, después de denunciar los asesinatos del 8 de marzo en el Instituto Nacional de esa ciudad. Este hecho fue parte de las múltiples denuncias que monseñor Óscar Arnulfo Romero hizo en su penúltima homilía, el domingo 16 de marzo de 1980, nueve días antes de su martirio.
Junto a la fotografía de Efraín Arévalo Ibarra había dos retratos más: Alfredo Aguilar (centro), un profesor que también desapareció durante el conflicto armado, y José Efraín Arévalo (derecha), el mayor de los cinco hijos de Efraín Arévalo, que también fue capturado por la Guardia Nacional, el 26 de octubre de 1977, en la ciudad de San Miguel. José Efraín Arévalo (hijo) apareció el 10 de noviembre de 1977 en la sala de emergencias del hospital Rosales. Había sido torturado y tenía quemaduras de cigarro en las muñecas de sus manos. Se le podían ver los huesos, asegura su familia. Lo habían confundido con su padre. El miércoles 13 de marzo de 1980, José Efraín apareció asesinado con un balazo en la cabeza en las afueras de la ciudad de San Miguel, después de denunciar los asesinatos del 8 de marzo en el Instituto Nacional de esa ciudad. Este hecho fue parte de las múltiples denuncias que monseñor Óscar Arnulfo Romero hizo en su penúltima homilía, el domingo 16 de marzo de 1980, nueve días antes de su martirio.

 

 

 

Renán (tercero de izquierda a derecha) es el último hijo de Efraín Arévalo. Nació el 21 de diciembre de 1977, un mes después de la desaparición de su padre. Creció en el cantón Los Planes Segundos, del municipio de Chinameca, en el departamento de San Miguel, la misma comunidad donde su padre fue director de la Escuela Rural Mixta José A. Mora. Cuando tenía 14 años, una maestra le mostró la fotografía de Efraín Arévalo, la misma que se había publicado en un periódico en 1977. Por primera vez vio el rostro de su padre y se interesó en conocer a sus demás hermanos. En 2008 conoció a sus tres hermanas. “Dicen que soy igual a mi papá. Me siento orgulloso porque ahora sé que fue una persona ejemplar que luchó por las injusticias y la desigualdad de mi país”, dijo Renán. Él ahora tiene la misma edad que tenía su padre cuando desapareció, y llegó al funeral acompañado de su esposa y sus tres hijos.
Renán (tercero de izquierda a derecha) es el último hijo de Efraín Arévalo. Nació el 21 de diciembre de 1977, un mes después de la desaparición de su padre. Creció en el cantón Los Planes Segundos, del municipio de Chinameca, en el departamento de San Miguel, la misma comunidad donde su padre fue director de la Escuela Rural Mixta José A. Mora. Cuando tenía 14 años, una maestra le mostró la fotografía de Efraín Arévalo, la misma que se había publicado en un periódico en 1977. Por primera vez vio el rostro de su padre y se interesó en conocer a sus demás hermanos. En 2008 conoció a sus tres hermanas. “Dicen que soy igual a mi papá. Me siento orgulloso porque ahora sé que fue una persona ejemplar que luchó por las injusticias y la desigualdad de mi país”, dijo Renán. Él ahora tiene la misma edad que tenía su padre cuando desapareció, y llegó al funeral acompañado de su esposa y sus tres hijos.

 

 

 

Al final de la ceremonia, la familia y sus allegados, uno por uno, dedicaron frases y colocaron rosas al pie del Monumento a la Memoria y La Verdad para celebrar el cumpleaños y el funeral de Efraín Arévalo Ibarra. Los Arévalo siguen en el proceso de búsqueda, con la esperanza de encontrar los restos de Efraín.
Al final de la ceremonia, la familia y sus allegados, uno por uno, dedicaron frases y colocaron rosas al pie del Monumento a la Memoria y La Verdad para celebrar el cumpleaños y el funeral de Efraín Arévalo Ibarra. Los Arévalo siguen en el proceso de búsqueda, con la esperanza de encontrar los restos de Efraín.

 

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