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La primera vuelta en Guatemala marcó récord en Latinoamérica

La medalla de oro se la llevaron los votos nulos y en blanco. Un total de 24.4 % –una sorprendente tasa de 1 de cada 4 personas que acudieron a las urnas– eligieron no votar por ninguno de los 22 candidatos presidenciales.
Víctor Peña
Víctor Peña

Fecha inválida
Manuel Meléndez-Sánchez y Lucas Perelló

El inesperado segundo lugar de Bernardo Arévalo en la primera vuelta de la elección presidencial de Guatemala marcó uno de los hitos más notables en la historia electoral reciente de Latinoamérica. Los resultados fueron sorprendentes, incluso, para sus seguidores más fieles. En un mitin de Semilla ocurrido el día después de la elección, uno de los organizadores veteranos del partido explicó con una sola palabra cómo Arévalo había logrado colarse en la segunda vuelta aunque las encuestas lo mostraran en el octavo lugar solo unos días antes: “Magia. Es que esto no tiene otra explicación”. América Latina, sin embargo, es una región donde abundan los giros políticos inesperados. Los números detrás de esa “magia” dejan entrever algunos patrones en los procesos electorales recientes en América Latina.

Es fácil entender por qué tantos guatemaltecos están asombrados con los resultados del pasado 25 de junio. Aparte de que el candidato de Semilla estaba hundido en las encuestas, la élite política usó casi todas las herramientas a su alcance para orquestar una segunda vuelta entre la favorita Sandra Torres y Edmond Mulet o Zury Ríos, candidatos con vínculos cercanos a los poderes fácticos. Y antes del 25 de junio todo apuntaba a que los resultados les serían muy cómodos y complacientes.

Los datos confirman que la primera vuelta estuvo entre las más sorprendentes de la región en los últimos años. Arévalo cuadriplicó la expectativa de voto a su nombre y le sacó la delantera a seis candidatos que estaban por arriba de él en las encuestas. La elección también incluyó el segundo número más alto de candidatos y produjo la tasa de votos nulos y en blanco más alta en cualquier elección presidencial libre en Latinoamérica desde 2015. El futuro democrático de Guatemala ahora depende del éxito que los grupos tradicionales de poder tengan en manipular a las altas cortes para revertir este histórico resultado.

Para hacer estas afirmaciones analizamos 27 elecciones que tuvieron lugar en 16 países latinoamericanos entre 2015 y 2023, comparando la intención de voto con los resultados obtenidos por los 133 candidatos a la presidencia que lograron al menos 5 % del voto. Ya que nuestro objetivo era poner en contexto la primera vuelta electoral de Guatemala, excluimos del análisis las elecciones presidenciales de segunda vuelta que ocurrieron dentro de ese período. Además, porque nuestro análisis asume que las elecciones son generalmente libres y justas, excluimos cuatro contiendas en donde hubo serias irregularidades —Bolivia (2019), Venezuela (2018) y Nicaragua (2016 y 2021)—, así como la elección del 2017 en Honduras, debido a que no pudimos obtener encuestas confiables.

Revisamos la última encuesta que se realizó antes de cada elección que incluyera a todos los candidatos importantes. Cuando dos o más encuestas se realizaron durante el mismo período, tomamos en cuenta el promedio de los resultados. Y en los casos en los que tuvimos serias dudas acerca de la fiabilidad de la última encuesta disponible —usualmente porque sus resultados difieren drásticamente tanto de los de otras encuestas así como de los del día de la elección— tomamos el promedio de la última y la penúltima encuesta.

Este análisis revela que Arévalo superó las encuestas por 8.9 puntos, saltando del 2.9 % al 11.8 % del total de votos. Es decir que el candidato de Semilla obtuvo 4.06 veces el porcentaje de votos que le otorgaban las encuestas. Solo un candidato logró multiplicar las expectativas por un número mayor: Manuel Villacorta, también guatemalteco, quien ganó 4.35 veces más votos de lo esperado en 2019. Pero Villacorta no logró pasar del séptimo lugar en esa elección. El único otro candidato que se le acerca a Arévalo y Villacorta es el ecuatoriano Xavier Hervas, quien cuadruplicó su expectativa de votos en la elección de 2021, pero no logró llegar a la segunda vuelta. Aunque los tres candidatos superaron por mucho las encuestas, solo Arévalo logró cambiar fundamentalmente la contienda en la que participaba. 

De los candidatos evaluados, solo nueve superaron las encuestas por más puntos brutos que Arévalo. Uno de ellos, Luis Arce, presidente de Bolivia, se benefició de que al menos dos candidatos se retiraran en los días previos a la elección de 2020. Otro de ellos fue el expresidente de la República Dominicana, Danilo Medina, a quien la oposición acusó de jugar sucio en la elección de 2016. Un tercero, el expresidente costarricense Carlos Alvarado (2018-22), ganó una elección donde hubo acusaciones de manipulación de encuestas. Por lo tanto, a diferencia de la elección del 25 de junio en Guatemala, en estas tres elecciones era de esperarse que los resultados electorales se desviaran de las encuestas. 

Todo esto le alcanzó a Arévalo para dar un salto de seis posiciones en relación a las encuestas, de octavo a segundo lugar. Solo dos candidatos en nuestra muestra han logrado dar un salto de esa magnitud: el ya mencionado Villacorta, a quien las encuestas mostraban en el decimotercer lugar, y el expresidente peruano Pedro Castillo, quien ganó la elección de 2021 a pesar de aparecer séptimo en las encuestas.    

En el caso de Arévalo, contrario al de muchos de los candidatos evaluados para este análisis, no se impuso una campaña en su contra, precisamente porque los números en las encuestas no lo perfilaban como una amenaza. De ahí que los seguidores de Semilla atribuyan a la “magia” el que se haya colado en el balotaje.

Arévalo dio la sorpresa, pero no fue el gran ganador de la noche. Tampoco lo fue Torres, quien ganó más votos que cualquier otro candidato, con el 15.9 %. La medalla de oro se la llevaron los votos nulos y en blanco. Un total de 24.4 % –una sorprendente tasa de 1 de cada 4 personas que acudieron a las urnas– eligieron no votar por ninguno de los 22 candidatos presidenciales.

Este es el porcentaje más alto de votos nulos y en blanco en Latinoamérica en los últimos ocho años, según las 27 elecciones evaluadas. Las elecciones en Perú de 2016 y 2021 se ubican en el segundo y tercer lugar, con 18.7 % y 18.1 %, respectivamente. La elección de 2019 en Guatemala se posicionó en cuarto lugar, con 13.1 %. El promedio de votos nulos y en blanco en las elecciones analizadas fue de 6.2 %, por lo que la primera vuelta de las elecciones en Guatemala registró un porcentaje de cuatro veces el promedio regional.

Hay muchos factores que ayudaron a dar forma a estos resultados, incluyendo el desgaste que sufre la clase política tradicional y la baja popularidad del Presidente Alejandro Giammattei. Otra de las claves fue, sin duda, el altísimo número de candidatos presidenciales que compitieron en la elección (22 en total). Solo la elección presidencial de Costa Rica en 2022 incluyó a más candidatos (25). Si las candidaturas de Roberto Arzú, Thelma Cabrera y Carlos Pineda no hubieran sido excluidas, la elección recién pasada habría empatado el récord.

El desempeño inesperado de Arévalo en las urnas agarró a las élites políticas desprevenidas. En las últimas semanas, muchos de ellos han lanzado una serie de maniobras legales para cuestionar los resultados e incluso para excluir a Arévalo de la segunda vuelta. 

Nuestro análisis ayuda a comprender lo grave que sería que estas élites logren alterar los resultados del 25 de junio. Como hemos demostrado, los guatemaltecos emitieron un número histórico de votos blancos y nulos, y le dieron a un candidato reformista uno de los triunfos más sorprendentes en la historia reciente de la región. Y todo esto a pesar que las élites hicieron lo posible por cargar los dados a su favor. Bajo estas circunstancias, es difícil imaginarse un mensaje de rechazo más claro y contundente en contra de la clase política del país. Por lo tanto, que estas mismas élites consigan excluir a Arévalo de la segunda vuelta podría ser un golpe mortal para la democracia asediada de Guatemala. 


 *Manuel Meléndez-Sánchez es candidato al doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard; Lucas Perelló es profesor asistente de Ciencias Políticas en la Marist College.


Traducción por María Luz Nóchez

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