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Testigo involucra a periodistas Gabriel Trillos y Nacho Castillo en sobornos de Casa Presidencial

El testigo clave en los casos de corrupción contra los expresidentes Saca y Funes asegura que entregó miles de dólares al director editorial de La Prensa Gráfica y al exdirector de Canal 33 procedentes de gastos reservados de Casa Presidencial durante la gestión Funes, a cambio de coberturas favorables. Dos exfuncionarios del gobierno de Funes confirman lo dicho por el testigo. Trillos y Castillo lo niegan.

 
 

 El periodistas Narciso Castillo ( izquierda) el miércoles 28 de enero de 2015 al finalizar su programa de entrevistas; y Gabriel Trillos (derecha), retratado durante el programa radial Pencho y Aida del 30 de junio de 2013. Montaje fotográfico: El Faro
 
 El periodistas Narciso Castillo ( izquierda) el miércoles 28 de enero de 2015 al finalizar su programa de entrevistas; y Gabriel Trillos (derecha), retratado durante el programa radial Pencho y Aida del 30 de junio de 2013. Montaje fotográfico: El Faro

El mismo testigo protegido que aseguró haber recibido $665,000 en sobornos del expresidente Elías Antonio Saca (2004-2009) para difundir noticias favorables al último gobierno de Arena asegura que recibió fondos de la partida secreta durante el gobierno de Mauricio Funes y sirvió de intermediario para pagar, a partir de 2009, sobornos al director editorial de La Prensa Gráfica, Gabriel Trillos, y a Narciso Castillo, mejor conocido como Nacho Castillo, director de Canal 33 en ese momento.

El testigo, un expresentador televisivo y empresario de medios de 48 años de edad, declaró el pasado martes a puerta cerrada ante el Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador que recibió $10,000 mensuales durante el quinquenio del entonces arenero Saca, a cambio de dar coberturas favorables y omitir contenidos que pudieran afectar la imagen del expresidente. Además de su declaración ante el tribunal, El Faro tuvo acceso a la confesión que el testigo rindió en febrero de 2018 ante la Unidad de Investigación Financiera de la Fiscalía (UIF). Ese testimonio es la piedra angular que sostiene la acusación por lavado de dinero que los fiscales han presentado contra el expresidente efemelenista Funes ante el Juzgado Quinto de Instrucción de San Salvador. En ese documento, el testigo da detalles sobre quién lo contactó y cómo realizaba la entrega de sobornos.

Asimismo, aseguró en la confesión de febrero que se reunía habitualmente con altos funcionarios del gobierno de Saca y Funes porque trabajaba para ellos como operador para mejorar las relaciones del Ejecutivo con ciertos medios de comunicación a través de sobornos. El testigo contó que a finales de julio de 2009 se reunió con Gerardo Cáceres, un empresario del círculo de confianza del recién nombrado presidente Funes -hermano del exministro de Hacienda de Funes, Carlos Cáceres, y tío de su exsecretario privado, Francisco Cáceres- y este le ofreció mantener con la nueva administración el acuerdo que tenía con Saca, y seguir recibiendo a cambio $10,000 mensuales. Según el expresentador, en esa misma reunión Cáceres le pidió que sirviera de intermediario para ofrecer sobornos a Castillo y Trillos.

Es su declaración a la Fiscalía, contó que recibió de la Presidencia $10,000 mensuales desde agosto de 2009 hasta agosto de 2012. Durante ese período, dijo el testigo, entregó personalmente $6,000 a Trillos, gerente editorial del Grupo Dutriz y director editorial de La Prensa Gráfica; y otros $4,000 mensuales a Castillo, entonces director de canal 33.

Castillo, conocido como Nacho Castillo, es un periodista de origen chileno que llegó a El Salvador en la década de los ochenta, en plena guerra civil. Trabajó para el canal 12 de televisión, una estación para la que también trabajó como presentador el expresidente Funes. A finales de los noventa, Castillo dirigió Radio Corporación Salvadoreña (RCS) y luego pasó a dirigir Canal 33. Cuando trabajaba para ese canal, La Prensa Gráfica reveló que era asesor del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Agustín García Calderón. Actualmente,  dirige uno de los principales programas de entrevistas del país: “Debate con Nacho”, transmitido por el canal VTV, propiedad de Telecorporación Salvadoreña (TCS).

Trillos, por su parte, es un periodista de origen nicaragüense, de 46 años de edad, que en la década de los noventa trabajó para El Diario de Hoy y luego para La Prensa Gráfica, el principal periódico impreso de El Salvador y la marca más antigua en el Grupo Editorial Dutriz. En 2004, Trillos fue nombrado director de La Prensa Gráfica, y desde entonces es el principal encargado de los contenidos periodísticos de ese medio. Luego fue nombrado gerente editorial del Grupo Dutriz, empresa que también edita los periódicos El Gráfico y Mi Chero.

Consultados por El Faro, Castillo y Trillos negaron rotundamente haber recibido sobornos de ninguna administración presidencial. Explican que ambos conocían al testigo y solían reunirse con él, pero en su calidad de directores de medios. Si bien el testigo tiene régimen de protección, se han filtrado en las últimas semanas suficientes datos sobre su identidad como para que Castillo y Trillos tengan claro de quién se trata. Reconocen que se reunieron varias veces con el testigo y otros periodistas en el restaurante Kreef o la cafetería Shaw’s, en San Salvador. Explican que en esas reuniones se discutía temas de coyuntura nacional, pero rechazan haber recibido dinero de la administración Funes. “Es absolutamente falso”, respondió Trillos telefónicamente el 14 de agosto por la noche. “Niego totalmente eso”, dijo Nacho Castillo el mismo día también en entrevista telefónica.

Además de tener acceso a cientos de páginas de la confesión completa del testigo, El Faro entrevistó a dos exfuncionarios del gobierno de Funes, ambos parte del círculo de confianza del exmandatario que confirman los sobornos y aseguran que los pagos a estos y otros periodistas eran un tema de conversación normal en el gabinete. Ambos hablaron a cambio de anonimato y confirmaron detalles de lo relatado por el testigo ante las autoridades. La primera fuente, exmiembro del gabinete de Mauricio Funes, habla abiertamente del dinero que recibía Castillo, Trillos y el ahora testigo. “Eran muchos más”, dijo ese funcionario, en referencia a otros periodistas nacionales que supuestamente recibieron pagos de Casa Presidencial.

El otro exfuncionario, también con acceso al círculo de confianza de Funes, dice haber escuchado de boca del mismo expresidente que su gobierno pagaba a periodistas, y explica que el exmandatario le confirmó que la persona encargada de ejecutar esos pagos fue en algún momento Gerardo Cáceres. Al igual que el exmiembro del gabinete de Funes, la fuente cita a Gabriel Trillos, Nacho Castillo y al ahora testigo protegido como personas que recibían dinero de casa Presidencial “Yo he escuchado a Gerardo Cáceres hablar del pago a esos periodistas”, afirma. Aclara también que los señalados no eran los únicos que recibían sobornos. “Había otros sectores periodísticos que también recibían dinero del gobierno”, dice.

A puerta cerrada

El testigo protegido declaró este martes 14 de agosto a puerta cerrada ante el Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador, como parte del proceso contra Saca. Los jueces dijeron que el testimonio del expresentador está bajo reserva e hicieron que todos los presentes, excepto los fiscales y los abogados de la defensa, evacuaran la sala. También tuvieron que salir los medios de comunicación, que desde el martes 7 de agosto cubren el juicio. A eso de las 11 de la mañana, en el salón 2B del edificio de salas de audiencias, el testigo declaró detrás de un biombo que fue colocado en el interior del salón. También su voz fue modificada con un distorsionador incorporado en el sistema de audio.

El Faro preguntó a abogados que escucharon el testimonio detalles del mismo. Según los entrevistados, el testigo admitió que recibía un pago de la Casa Presidencial del expresidente Saca, entregado en efectivo. La cantidad mensual que recibía era de $10,000, para un total de $600,000 en todo el quinquenio. Según dijo en el juicio, el dinero lo ocupaba para “sus gastos de vida o de consumo”. Aseguró que los billetes provenían de Casa Presidencial (Capres). A cambio, los eventos donde participaba el entonces presidente Saca se cubrían, en el canal de televisión para el que trabajaba, bajo lineamientos especiales: había que hablar bien de Saca y omitir en la cobertura hechos que pudieran perjudicar al exmandatario.

Según el testigo, la administración Saca le pagó otros $35,000 para el blindaje de una camioneta, y el dinero le fue entregado por Herbert Saca Vides, primo y operador político del expresidente. El gobierno también cubrió, dijo, gastos médicos de su padre por un monto de $30,000. En total, a la luz de lo dicho por el testigo, durante los cinco años recibió al menos $665,000.

Este martes 14 de agosto, en el juicio quedó claro que el testigo era un operador del expresidente Saca, pero fuentes y documentos judiciales consultados por El Faro permiten afirmar que su papel como actor clave en la relación de Capres y los medios no terminó en esa administración. En su declaración de febrero de 2018, dada en el marco del proceso contra el expresidente Funes, el mismo testigo confiesa haber seguido cumpliendo ese rol en la siguiente administración, ya bajo la bandera del FMLN.

En los últimos tres meses, El Faro ha conversado en múltiples ocasiones con dos investigadores que interrogaron al testigo. Estos han proporcionado una lista de abogados que crearon empresas en El Salvador y Panamá, funcionarios que recibieron sobresueldos, directores y propietarios de medios de comunicación salpicados por la corrupción; en especial, la relacionada al uso de la partida secreta. Alguna de la información recolectada por estos investigadores ha sido anexada a los expedientes judiciales por peculado y lavado de dinero abiertos contra Saca y Funes.

Tanto Gabriel Trillos como Nacho Castillo aceptan que se reunieron con el testigo en múltiples ocasiones, pero como parte de su labor profesional. “Nunca hubo una relación de soborno o nada por el estilo”, respondió Castillo. El entrevistador considera que la mención en su contra podría ser una venganza, porque se alejó del testigo, a quien antes consideraba “un buen amigo”, cuando se percató, dijo, de “situaciones extrañas” relacionadas con el lujoso estilo de vida de quien ahora lo acusa.

También Trillos rechazó las acusaciones en su contra. “Es absolutamente falso. No sé por qué lo relató. Lo conocí. Nos reuníamos como directores de medios. Jamás ha mediado dinero… Las reuniones se daban; el dinero, no”, respondió.

El testigo, en sus diferentes declaraciones ante fiscales, agregó detalles sobre las reuniones, los montos que dice haber entregado, reveló el nombre de la persona que le propuso sobornar a los periodistas, y delimitó el tiempo durante el cual recibió dinero de los gastos reservados durante dos gobiernos. En ocho años, de 2004 hasta 2012, el testigo aceptó haber recibido un millón 75 mil dólares por “hablar bien” de dos presidentes y funcionar como su operador para sobornar a otros periodistas.

El génesis

La historia del primer soborno comienza, dice él, con un mal recuerdo. El testigo protegido y la familia Saca eran viejos conocidos; en la década de los noventa, el testigo trabajó para un canal de televisión y, al mismo tiempo, fue locutor de una radio que pertenece al conglomerado de José Luis Saca, empresario radial y tío del expresidente Saca. Por sus antecedentes laborales con la familia Saca, y por trabajar para uno de los principales medios de comunicación del país, dice el testigo, no le resultó extraño que el candidato presidencial de Arena lo invitara a un viaje a los Estados Unidos, donde Antonio Saca se reunió con funcionarios del Departamento de Estado y les expuso su plan de gobierno.

En los documentos a los que este periódico ha tenido acceso el testigo no cita una fecha exacta de cuándo recibió su primer soborno, pero cuenta la siguiente anécdota: una vez Saca ganó la Presidencia, le ofrecieron un pago secreto de $10,000 mensuales. Sin embargo, al recoger el dinero por primera vez en la oficina del entonces secretario privado de la Presidencia, Élmer Charlaix, que en juicio se ha declarado culpable de lavado de dinero y peculado, el testigo solo recibió $4,000. El testigo dice que se indignó. “Pasó una semana sin contestarle el teléfono a Tony Saca y Élmer Charlaix con la condición de que consideraran esta posición”, se lee en uno de los documentos judiciales.

La estrategia al parecer funcionó. Declara que Saca lo contactó para que se reunieran y le preguntó por qué se había molestado con Charlaix. Según la confesión del testigo, él ya sabía que a algunos ministros del gobierno de Flores y a algunos periodistas les pagaban hasta $10,000 de la partida secreta. Por eso le molestó la oferta de $4,000. Según su relato, Saca lo consoló y le mostró una libreta de color amarillo. En la libreta había una lista de nombres. En la lista estaba el nombre del testigo. Y al lado del nombre del testigo, la cantidad que debía recibir mensualmente: $10,000.

El expresidente de El Salvador, Elías Antonio Saca, es custodiado por miembros del Grupo de Operaciones Policiales Especiales de la PNC para ser trasladado hacia las bartolinas de la División Anti Narcóticos de la PNC (DAN), al cierre de la primera jornada de la audiencia inicial, celebrada el jueves 3 de noviembre. 03/11/2016./ Foto El Faro: Víctor Peña
 
El expresidente de El Salvador, Elías Antonio Saca, es custodiado por miembros del Grupo de Operaciones Policiales Especiales de la PNC para ser trasladado hacia las bartolinas de la División Anti Narcóticos de la PNC (DAN), al cierre de la primera jornada de la audiencia inicial, celebrada el jueves 3 de noviembre. 03/11/2016./ Foto El Faro: Víctor Peña

De una presidencia a otra

En marzo de 2009 Arena perdió las elecciones y Mauricio Funes se convirtió el 1 de junio siguiente en el primer presidente de izquierda en El Salvador. El testigo protegido asegura que durante la campaña presidencial se reunió varias veces con el empresario Gerardo Cáceres, que era miembro del movimiento político Amigos de Mauricio. Cáceres, entrevistado por El Faro el 14 de agosto, no rechaza que ocurrieran estas reuniones: “Durante la campaña, conversar con periodistas era parte de mis labores”, dijo, y explicó que algunas de esas reuniones ocurrieron en el restaurante Kreef, sobre la calle Maquilishuat; o en la cafetería Shaw’s, ubicada en el centro comercial Basilea, en la Zona Rosa de San Salvador. Sin embargo, rechaza cualquier acusación de haber tramitado pagos a periodistas: “Yo no entregué ninguna menta (soborno) a ningún periodista ni directa ni indirectamente”, dijo Cáceres.

El testigo asegura en cambio haber tenido una reunión clave con Cáceres a finales de julio de 2009, en el restaurante Kreef, en la que el empresario le ofreció “la continuidad de eso que ya venía de la presidencia Saca y que venía de todas las presidencias”, según la confesión que rindió ante los fiscales de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF). El testigo lo llama sobresueldo o bonificación, pero se trataba de un soborno. “La idea era continuar con la misma dinámica (del gobierno de Saca)”, reiteró en su declaración, que forma parte de la investigación por lavado de dinero en contra del expresidente Funes.

También dice que fue Cáceres quien le ofreció un pago de $10,000 mensuales, la misma cantidad que le entregaba el anterior gobierno, Dijo a los investigadores que nunca pidió ese dinero, pero reconoció que tenía “una expectativa” de recibirlo. En esa misma reunión, según el testigo, Cáceres le pidió contactar al entonces director de Canal 33, Nacho Castillo, y al gerente editorial de La Prensa Gráfica, Gabriel Trillos. “Hizo un planteamiento de seis mil dólares para Don Gabriel y cuatro mil para Don Nacho”, se lee en la confesión.

A cambio del dinero, los directores de medios debían comprometerse a tres peticiones concretas. La primera: no atacar a la Presidencia de la República. La segunda: dar cobertura a sus eventos. La tercera: cuando fuera posible, hacer promoción o hablar bien de los proyectos de la Presidencia. El testigo respondió a Cáceres que “estaba dispuesto a colaborarles en lo que ellos le pedían, y le dijo que conocía a las dos personas y tenía confianza con ellos, y que podía irlos a buscar para preguntarles si estaban de acuerdo”.

“Aquí le manda don Gerardo”

El testigo relató que tras la reunión llamó a Trillos y a Castillo y les pidió una cita. Dijo no recordar con precisión el lugar, pero cree que se vieron en una casa que alquilaba en la colonia La Mascota. Luego les informó que había una “cobertura (periodística) para ellos (gobierno) y que a cambio de eso había una compensación económica”, según consigna el documento de su confesión.

“Ambos respondieron que sí, que estaban de acuerdo, respondieron afirmativamente en ese mismo momento”, se lee en el testimonio. Una vez que obtuvo el sí, el testigo asegura que cambió rápidamente el asunto de la plática, pues “a casi nadie le gusta hablar tan extendido de ese tipo de temas, pues solamente se responde con un sí o con un no, cuánto va haber y cuándo”. Después, declaró, hablaron de la agenda noticiosa del país.

Según esta versión, en agosto de 2009, el testigo recibió el primer pago de la administración Funes en la casa 403 de la avenida La Capilla de San Salvador. Le entregaron $20,000 en un sobre. Todos eran billetes de cien. Él, dice, tomó sus $10,000 y luego separó el resto en dos fajos: uno de $6,000 para Trillos y otro de $4,000 para Castillo.

En los siguientes tres años, asegura el testigo, el sobre con dinero se lo entregó un señor al que identificó como “don Fito”. El testigo no sabe su nombre completo, por lo que se limitó a describirlo: de unos 65 años, un poco pasado de peso, piel morena, cabello negro, cara redonda, casi siempre vestía con una guayabera. “Era el que realizaba la función de correo humano para llevar el dinero en efectivo de gastos reservados que les pagaban a los periodistas”, declaró. En su versión, cada mes, don Fito se limitaba a entregarle el sobre con la siguiente frase: “aquí le manda don Gerardo”.

El Faro preguntó a Gerardo Cáceres si tenía algún empleado identificado como Fito. “No es empleado”, respondió. Ante la insistencia, y tras asegurarle que el testigo lo describía como su conductor, el empresario respondió: “es amigo mío, me hace favores”.

Según el testigo, recibió su dinero de la Presidencia Funes entre agosto de 2009 y agosto de 2012. Un total de 37 meses que suman $370,000. En el caso del entonces director de canal 33, el testigo asegura que le entregó sus $4,000 durante el mismo período; es decir, $148,000 en total.

Uno de los exfuncionarios del gobierno de Funes que hablaron con El Faro afirma que fue testigo de cómo Cáceres hablaba con normalidad de esos sobornos y recuerda que cuando Gerardo Cáceres se refería a Trillos, Castillo y al ahora testigo lo hacía con la expresión “nuestros amigos”, algo que en ese contexto eso se entendía como que eran aliados del Ejecutivo.

La fuente relata que Cáceres, pese a ser responsable de que algunos periodistas recibieran su pago, no participaba en la estrategia de comunicaciones del Gobierno, en manos de Luis Verdi, experto argentino que llegó al país de la mano de Joao Santana y trabajó como asesor de Funes. Esta información coincide con el testimonio del testigo protegido, que se refiere a Verdi como parte de la estructura de relación con los medios durante el gobierno Funes. “(El testigo) sabe que (Verdi) participó en reuniones con medios y que Funes le quedó debiendo como 400 mil dólares por sus servicios prestados”, se lee en documentos de la Fiscalía.

Castillo insiste que eso es falso: “Yo niego totalmente eso. Yo tuve una relación de amistad (con el testigo), pero nunca una cosa que tuviera que ver con sobornos. Yo creo que los ladrones siempre hacen cosas y tratan de taparlas. Yo no sé si el señor (testigo) se ha quedado con ese dinero, pero a mí no me ha llegado nada de eso”, respondió a preguntas de este medio.

Cuando los investigadores le pidieron relatar los antecedentes entre Castillo y el expresidente Funes, el testigo aseguró que el conductor del programa Debate con Nacho fue padrino de la boda entre Funes y Regina Cañas, ambos prófugos y procesados por lavado de dinero. Nacho Castillo no negó ese vínculo e incluso agregó que él también fue el padrino de matrimonio del ahora testigo. Sin embargo, explicó que esto se trató simplemente de relaciones laborales con colegas. Cuando Funes se casó con Cañas, era periodista y subordinado de Castillo en el canal de televisión. Castillo insiste además en que si se reunió múltiples veces en su casa y en restaurantes con el testigo y otros directores de medios fue para discutir temas de coyuntura nacional: “hay gente que puede decir: ‘ah, pero yo vi que estaba Gabriel, Nacho, y otros directores de medios, puede ser Álvaro (Cruz Rojas, director de El Mundo)’. Yo siempre he tenido relación y reuniones con otros periodistas. Es lógico”, dijo.

Sobre las posibles razones del testigo para involucrarlo con los sobornos, Castillo dijo: “él nunca habló conmigo de negocios. Hoy me estoy dando cuenta de cosas. Yo ya había comenzado a sospechar, y por eso me había alejado de él totalmente muchos meses antes de que a él lo tomaran preso, y él estará resentido. Primero, porque conocí su casa y era lujosa. Yo le llegué a decir: mira, a mí no me conviene ser amigo tuyo, porque a ti no te quieren donde yo estoy trabajando. Jamás me dijo que tenía negocio alguno, lo que sí me dijo es que era muy cercano al presidente Saca, y que participaba de reuniones del Coena (Comité Ejecutivo Nacional del partido Arena). Eso sí me lo dijo”.

En el caso de Trillos, el testigo aseguró que le entregó $6,000 mensuales en el mismo período en el que él recibió los pagos de Capres. De ser así, la cantidad recibida por Trillos sumaría $222,000. “Es absolutamente falso”, respondió el periodista de La Prensa Gráfica.

El escudo protector

El Faro conversó este mes de agosto con un exfuncionario que formó parte del gabinete de gobierno del expresidente Funes, con acceso al círculo íntimo del exmandatario. Cuando se le consultó por supuestos pagos a periodistas y directores de medios de comunicación, reaccionó asegurando que esos pactos eran “normales”.

“No nos llamaba la atención, porque eso (los sobornos a periodistas) era una cosa tan normal, era una rutina asumida en el gabinete”, dijo el exfuncionario.

Esta fuente, que ocupó un alto cargo en la anterior administración del FMLN, aseguró que supo de primera mano que tanto Castillo como Trillos recibían dinero en efectivo a cambio de que sus medios brindaran una cobertura positiva a la Presidencia de la República: “en el círculo íntimo los nombres de ellos eran una obviedad”, dijo.

También asegura que el esquema de pagos a periodistas fue heredado por la administración de Saca, y que la única novedad que se introdujo en el mecanismo de sobornos durante la gestión Funes fue que los periodistas ya no recibían su dinero directamente desde Capres sino a través del expresentador de televisión que ahora es testigo protegido de la Fiscalía: “lo que se hizo es buscar a alguien que repartiera el dinero. Los presidentes se pasaban listas de administración en administración. Él (testigo) comenzó con (el expresidente) Saca”, dijo. Agregó que el actual testigo era “operador de un sector de periodistas, pero había otros, eran un montón”.

“Algunas veces, ellos (los periodistas pagados) pedían más dinero cuando se les pedía algo concreto, como ‘no jodás con esto o con lo otro’; o a veces, ellos creaban temas y luego se vendían como mediadores con su medio. Otras veces, (cuando los medios estaban publicando temas incómodos) se pedía que se tirara el escudo protector para que no jodieran mucho”, relata el exfuncionario. Esta fuente aseguró que Trillos y Castillo eran periodistas considerados influyentes, y que le resulta lógica la versión del testigo de que recibían pagos altos. “Había otros que con migajas se iban felices. Casi no se salva nadie”, dijo.

Otro exfuncionario de Funes confirma esa versión: “En el entorno de Verdi se hablaba con nombres y apellidos de los pagos a Gabriel Trillos, Nacho Castillo y otros periodistas. Pero ellos eran solo un grupo. Había otras personas encargadas de hacer pagos a otros sectores de los medios”, dice.

En una declaración que rindió ante las autoridades, el exsecretario de comunicaciones del gobierno de Saca, Julio Rank, dijo haber usado fondos de la partida secreta de la administración Saca para pagar a otros periodistas, como Raúl Beltrán Bonilla, entonces periodista de Radio YSKL y ahora diputado del Partido de Concertación Nacional (PCN). Los detalles de la confesión de Rank y otros pagos a periodistas que realizó Élmer Charlaix, exsecretario privado de Saca, fueron publicados por la Revista Factum, el 24 de mayo de 2018.

Quería ver un caballo”

Al testigo, como es costumbre en las confesiones ante la Fiscalía, se le preguntaron nombres, se le pidió describir a personas y lugares, aunque no toda esa información termine presentada en juicio. La primera vez que declaró ante las autoridades, en febrero de 2018, el testigo habló de los sobornos a periodistas y añadió que visitó a Gerardo Cáceres en un rancho que está ubicado sobre la carretera que conduce hacia Sonsonate. “La referencia es un rótulo hacia Ciudad Mujer, ahí se ingresa”, dijo. “El declarante ha estado ahí varias veces”, consigna el documento.

Cáceres aclara que ese no es un rancho, sino su casa de habitación. “Me visitó porque quería ver un caballo. Una vez me visitó. ¿Qué responsabilidad tengo de que me visitó?”, dijo.

El sobrino del empresario, Francisco Cáceres, que fue secretario privado de la Presidencia, está reclamado, como Funes, por el Juzgado Quinto de Paz de San Salvador por el delito de lavado de dinero. Ambos son prófugos y tienen orden de captura. Funes está asilado en Nicaragua. La Fiscalía los acusa de desviar dinero de la partida secreta para beneficiar a sus familiares y amigos. El expresentador de televisión y ahora testigo asegura que el dinero que recibía de Gerardo Cáceres, y con el que pagaba a periodistas, provenía de las cuentas que manejaba el secretario privado de la Presidencia, aunque no detalla en su declaración cómo supo el origen preciso de los fondos.

Además de los $370,000 que recibió para “hablar bien” de la Presidencia, el testigo aseguró que, en septiembre de 2012, Gerardo Cáceres le entregó en el parqueo de Casa Presidencial un extra de $40,000 para blindar una camioneta Land Cruiser, año 2010, porque había recibido amenazas de las pandillas.

En su declaración a puerta cerrada ante el Tribunal Segundo de Sentencia de San Salvador, rendida este martes 14 de agosto, el testigo mencionó también al exoperador político del expresidente Saca, su primo Herbert Saca Vides, un importador y vendedor de vehículos usados, como la persona que le entregó dinero en efectivo en una ocasión para que comprase una camioneta blindada. En el juicio, según cuentan abogados que escucharon este martes su testimonio con la voz distorsionada, dijo que Herbert Saca le dio $35,000 dólares en las instalaciones de su negocio de carros, sobre el bulevar Constitución de la capital, HS Imports. Herbert Saca es un financista del partido GANA.

Un segundo testigo con régimen de protección que desfiló este martes en el juicio, y que la Fiscalía identifica como Olimpo, ratificó que el expresentador de televisión, y ahora también testigo protegido, recibía $10,000 mensuales de Casa Presidencial. “Él apoyaba a Capres en publicidad, creaba notas, reportajes favorables a la gestión presidencial. Él y Tony Saca eran amigos, tenían confianza y una relación estrecha”, dijo Olimpo ante los jueces, según abogados consultados por El Faro.

*Con reportes de Gabriel Labrador, Óscar Martínez y Sergio Arauz.

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