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Los creyentes en bitcoin buscan un nuevo paraíso en Atitlán
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Los creyentes en bitcoin buscan un nuevo paraíso en Atitlán

Inspirados en el experimento salvadoreño de Bitcoin Beach, ya hay quienes sueñan con crear un criptoparaíso centroamericano entre tres pueblos maya en Guatemala, alrededor del icónico Lago Atitlán.

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Al caer la noche, un microbús lleno de turistas norteamericanos y europeos sin mascarillas frena a la entrada de San Pablo La Laguna, un enclave maya tzutujil en el altiplano guatemalteco. Una capilla evangélica abarrotada arroja luz sobre el cruce. “¡San Marcos, San Marcos!”, grita el conductor. Un turista francés, inquieto, susurra a la mujer que le acompaña: “¿Qué hacemos aquí?”

Soy el único en bajar del bus. El conductor me acompaña en la oscuridad hasta una línea de pequeños carritos motorizados: “Ya pagué su tuktuk. Suerte”. Para ahorrarse un tramo de viaje ha decidido, sin consultarme, convertir mi boleto a San Marcos en un trayecto con dos ancianas kaqchiquel en un tuktuk al que le cuesta subir el camino empedrado.

San Marcos y San Pablo son solo dos de los 19 pueblos —muchos con nombre de santo— que rodean el Lago Atitlán, punto de encuentro de tres pueblos maya: los kaqchiquel, los k’iche’ y los tzutujil. De las 400,000 personas que viven en la cuenca del lago, más del 90 % son indígenas. Por ocho décadas, Atitlán, espejo para atardeceres en el cráter de un volcán dormido, ha sido un imán para turistas, expatriados adinerados, misioneros y otros nómadas. La primera oleada de visitantes tras la construcción de una carretera a la Ciudad de Guatemala en los años 1940 intentó convertir el lugar en una glamorosa “Cancún de las montañas”. Dos décadas después, en Panajachel se asentó la primera comuna hippie en Guatemala.

Era cuestión de tiempo que llegaran los bitcoineros.

Vista del Lago Atitlán desde el Barrio 2 de San Marcos La Laguna. Los residentes kaqchikel llaman el lugar donde se tomó esta foto Tz'un Ucuy, que en español se traduce como “punta de la nariz del palo de chipilín”. Los turistas conocen el lugar por el nombre de un centro privado llamado
 
Vista del Lago Atitlán desde el Barrio 2 de San Marcos La Laguna. Los residentes kaqchikel llaman el lugar donde se tomó esta foto Tz'un Ucuy, que en español se traduce como “punta de la nariz del palo de chipilín”. Los turistas conocen el lugar por el nombre de un centro privado llamado "Eagle's Nest" (nido del águila), uno de los primeros negocios alrededor del lago en manejar bitcoin. Foto de El Faro: Roman Gressier.

Hay en estos días quienes miden la distancia a Atitlán no en las tres horas que la separan de la capital de Guatemala sino en la media jornada en bus desde la playa salvadoreña El Zonte, sede de Bitcoin Beach, el pequeño experimento comunitario que un grupo de surfistas impulsó hace tres años para mover dinero al margen del sistema bancario y que se ha vuelto sitio sagrado para cripto-evangelistas del mundo entero desde que el año pasado el presidente Nayib Bukele los halagó y declaró el bitcoin moneda de curso legal en El Salvador. Ese evangelio ha llegado a Atitlán, donde los locales sobreviven con los quetzales del día a día. Los padres de este esfuerzo son un misionero cristiano de Estados Unidos y un elusivo criptogurú nacido en Guatemala.

El misionero de bitcoin

Patrick Melder es quizá la única persona que puede decir que sus escritos sobre bitcoin condujeron a alguien al cristianismo. Un canoso excirujano e inventor retirado del Ejército estadounidense que vive en las afueras de Atlanta, Georgia, tiene 54 años y puso pie en Panajachel por primera vez en 2012, cuando él y su familia vinieron a dar talleres de arte a los niños del Centro Educativo Josué, una escuela cristiana privada. Se enamoraron de la comunidad y volvieron cada verano hasta 2018, el año en que Melder comenzó a estudiar el bitcoin.

Ahora se define como maximalista, alguien que no promueve el uso de otras criptomonedas. Tiene un podcast, Misión Bitcoin, y el año pasado publicó en inglés el libro “El argumento cristiano a favor del bitcoin”. Para el ex emprendedor de tecnología canadiense-israelí Tomer Strolight, otro escritor bitcoinero autoproclamado “ateo militante”, los escritos de Melder fueron una revelación. Dice que en un futuro primer viaje a Guatemala espera que Melder lo bautice en el Lago Atitlán.

Algunas de las comunidades alrededor del lago, como la de San Pablo, han intentado aislarse de las grandes cantidades de extranjeros que lo visitan durante todo el año, pero en Panajachel abundan los letreros en inglés y existen dos hoteles de lujo. En la arteria central del pueblo hay una pizzería Domino’s y una capilla mormona con cancha de básquetbol cuyo portón e impecable fachada de ladrillo contrastan con las modestas edificaciones del entorno.

De día sus tiendas ofrecen todo tipo de mercancía de tejido y cuero para los mochileros y turistas a cambio de quetzales en efectivo mientras los tuktuks recorren las calles de asfalto. Cuando cae la noche, la mayoría de los negocios cierran, la policía hace la vista gorda y las discotecas y bares burlan la ley seca. La Covid-19 sofocó el comercio, pero nuevos visitantes han revivido la economía del pueblo en los meses recientes.

Melder volvió a finales de enero con la idea de que Pana pueda beneficiarse además de los bitcoineros. “Estamos tratando de generar una economía circular de bitcoin parecida a la de El Zonte”, dice a El Faro con un café matutino en la mano en el Porta Hotel del Lago, en Panajachel. “Pero con un toque distinto: a diferencia de dar capacitaciones comunitarias, estamos usando la capacitación formal escolar”.

El fundador de Bitcoin Lake Patrick Melder (abajo, camiseta negra) con los jóvenes del Centro Educativo Josué y Adventures in Missions, un grupo cristiano con sede en la Antigua Guatemala. Por ahora Melder no tiene planeado mudarse a Guatemala para dirigir Bitcoin Lake. Ha reclutado la ayuda de Seth Barnes (extrema derecha), CEO del grupo en Antigua, para apoyar el proyecto en su ausencia. Foto cortesía de Melder.
 
El fundador de Bitcoin Lake Patrick Melder (abajo, camiseta negra) con los jóvenes del Centro Educativo Josué y Adventures in Missions, un grupo cristiano con sede en la Antigua Guatemala. Por ahora Melder no tiene planeado mudarse a Guatemala para dirigir Bitcoin Lake. Ha reclutado la ayuda de Seth Barnes (extrema derecha), CEO del grupo en Antigua, para apoyar el proyecto en su ausencia. Foto cortesía de Melder.

El Centro Educativo Josué está a unos minutos caminando desde el mercado y, seducido por la promesa de que la criptomoneda llevará a la independencia económica de la comunidad, accedió el año pasado a que Melder dé a los estudiantes charlas sobre bitcoin. Él, mientras elabora con la escuela una currícula para niños a partir de seis años, asegura que los vecinos de Panajachel podrán un día generar ahorros y cosechar beneficios económicos a través de la minería de bitcoin que luego se pueden invertir en crear una fuente de energía renovable.

Melder se describe como “republicano de hueso colorado”, pero dice que bitcoin le abrió los ojos a las injusticias del “colonialismo monetario” y que las políticas de los poderes globales como Estados Unidos y Francia le dan asco. Tiene otro argumento moral a favor del bitcoin: dice que poseerlo enseña valores cristianos como la responsabilidad individual y la gratificación diferida. “Estas verdades sobre el bitcoin se parecen bastante a lo que sabemos de Jesús”, dice. “Por mucho tiempo traté de llevar estos temas por separado, hasta que ya no pude más.”

Señala otra diferencia clave con Bitcoin Beach: “En El Zonte recibieron una donación anónima de bitcoin para echar a andar la economía”. Él está buscando financiamiento privado y asegura que no tiene interés financiero personal en el proyecto. Tampoco ha tenido, de momento, contacto con el gobierno central. “Apenas conozco la situación política acá en Pana”, asegura. “No me puedo imaginar cómo está la situación un nivel o dos arriba, así que por ahora no hace falta”.

Su promoción del bitcoin en Panajachel sería imposible sin un intérprete. Josué De León, hijo de la fundadora del Centro Educativo Josué, es un universitario pensativo y cerebral de 19 años, que creció desmantelando computadoras con su padre y curioseando en línea. Internet no solo le enseñó inglés, también le llevó al mundo de bitcoin a los 14 años. Negoció su tarifa como traductor para Melder en bitcoin. 

“Nosotros sabemos cuánto ha sufrido Pana por la pandemia”, dice De León. Al completar la carrera de psicología sueña con trabajar con jóvenes. “Este es un proyecto no para mi generación sino para las que siguen”, dice.

Patrick Melder (abajo) con la fundadora del Centro Educativo Josué, Nancy Ríos (a la izquierda), y el intérprete Josué De León (arriba). Melder y la escuela cristiana privada de Panajachel están elaborando una currícula para enseñar bitcoin a los niños de la escuela. Foto cortesía de Melder.
 
Patrick Melder (abajo) con la fundadora del Centro Educativo Josué, Nancy Ríos (a la izquierda), y el intérprete Josué De León (arriba). Melder y la escuela cristiana privada de Panajachel están elaborando una currícula para enseñar bitcoin a los niños de la escuela. Foto cortesía de Melder.

La escuela de su madre, Nancy Ríos, tiene 40 estudiantes de Panajachel y los pueblos vecinos. En años prepandémicos la asistencia rondaba los 55 niños. “Siempre hemos tenido gente de muy bajos recursos y gente media”, dice Ríos. El año pasado la escuela acordó con Melder pagar a los estudiantes satoshis, o fracciones de bitcoin, a cambio de limpiar el lago y otros trabajos comunitarios. De León, su madre y su hermana Flor, de 22 años, dicen que su relación de varios años con Melder, la esperanza de independizar a Panajachel del turismo y su interés en la energía renovable influyeron en su decisión de sumarse al proyecto.

No parece que la dueña del Josué esté al tanto de que múltiples organizaciones ambientalistas han denunciado los altos niveles de desechos electrónicos que genera la minería de bitcoin, y su enorme consumo de energía. El prominente bitcoinero Nic Carter calculó el año pasado en el Harvard Business Review que la red mundial de bitcoin consume actualmente 110 teravatios-hora (Twh) de electricidad al año. En 2016, el último año de datos disponibles al público, el consumo nacional de Guatemala fue de 86.

De León fue el intérprete en las conversaciones que Melder tuvo en enero con el alcalde de Panajachel, César Piedrasanta. A la primera reunión asistieron por Zoom el minero de bitcoin salvadoreño-estadounidense Gerson Martínez y Ricardo Carmona, cofundador de Biomining, una empresa mexicana especializada en convertir los desechos naturales en fuente de energía para la minería de bitcoin.

“La otra vez tuvimos una reunión virtual con varios amigos que están en el extranjero, que mencionan cómo podemos generar [electricidad] como municipio, en bien común de nuestra gente”, dijo a El Faro Piedrasanta durante una segunda reunión con Melder, un representante de recursos humanos de la alcaldía y una jueza municipal. “Tenemos que sentarnos para ver cómo aplicar el bitcoin para captar más ingresos para nuestra gente”, dijo el alcalde, un aparente converso al plan de Melder.

Patrick Melder se reunió por primera vez con el alcalde de Panajachel, César Piedrasanta, el 25 de enero. Hablaron de los fundamentales de bitcoin, el turismo local y la generación de energía a través de los desechos naturales. Melder dice que le regaló $50 dólares en bitcoin. Foto cortesía de Melder.
 
Patrick Melder se reunió por primera vez con el alcalde de Panajachel, César Piedrasanta, el 25 de enero. Hablaron de los fundamentales de bitcoin, el turismo local y la generación de energía a través de los desechos naturales. Melder dice que le regaló $50 dólares en bitcoin. Foto cortesía de Melder.

Melder y De León también se reunieron con vendedores y residentes locales para enseñar la billetera digital desarrollada por Bitcoin Beach y explicar la forma de realizar transacciones y convertir bitcoin en quetzales. Trataron de convencerles de que el bitcoin es una inversión que puede generar ganancias a largo plazo, a pesar de la volatilidad a corto plazo, aunque la mayoría de vendedores en Panajachel trabaja en la economía informal y sabe o quiere saber poco de bitcoin. Apenas algunos de ellos lo ven como fuente de propinas, porque solo alguno que otro turista pide utilizarlo.

Artisan Coffee GT y la cadena centroamericana de helados Sarita empezaron a aceptarlo, pero la primera fue Zaruki’s Zone, una camioneta de comida rápida manejada por salvadoreños. Usan la Chivo Wallet de Nayib Bukele.

Enrique González, un artesano que vende textiles y cuero en su tienda Kique Craft, se mudó de Chichicastenango a Panajachel hace una década seducido por la economía turística. Cuando golpeó la pandemia de coronavirus se mantuvo a flote vendiendo mascarillas de tela. Para finales del año pasado, una publicación de Bitcoin Lake en Facebook le llamó la atención: “Ahora busco una fuente de ingreso, una nueva estrategia”, dice a El Faro. Asistió a un taller organizado por Melder en la Iglesia Calvary y bajó la billetera de Bitcoin Beach a su celular. 

Todavía lleno de preguntas, recurrió a internet, la madre tierra del bitcoin. Encontró pocas certezas: “Muchos dicen que es algo que puede venirse abajo. Otros explican que es un riesgo y otros decían que era algo seguro”, dice del valor de la criptomoneda.

Por ahora no se atreve a aceptar pagos en bitcoin, pero en el primer mes después del taller recibió siete propinas de turistas que sumaron 10 dólares. “Lo único que quiero es poderlo transferir, porque con esto puedo vender un producto, pero no lo puedo ver físicamente en quetzales”, se queja. La familia De León Ríos entiende el escepticismo ante las promesas de foráneos. “Hemos sido estafados muchas veces antes”, dice Nancy Ríos, “así que la gente desconfía”. Ella tampoco sabía de bitcoin hasta que Melder volvió a aparecer en sus vidas el año pasado. “Aquí llegan muchos proyectos, pero cuando algo falla o se cierra el proyecto las personas ya crearon dependencia”, dice. “Nos gusta lo autosostenible”.

El artesano Enrique González aprovecha que haya aprendido de su padre a trabajar el cuero para vender en el mercado turístico de Panajachel. Dos años de pandemia que sofocaron el comercio local, está buscando nuevas fuentes de ingresos. El fundador de Lago Bitcoin, Patrick Melder, lo convenció a instalar un código QR en su tienda para recibir propinas pero no se atreve aún a recibir pagos. Foto de El Faro: Roman Gressier.
 
El artesano Enrique González aprovecha que haya aprendido de su padre a trabajar el cuero para vender en el mercado turístico de Panajachel. Dos años de pandemia que sofocaron el comercio local, está buscando nuevas fuentes de ingresos. El fundador de Lago Bitcoin, Patrick Melder, lo convenció a instalar un código QR en su tienda para recibir propinas pero no se atreve aún a recibir pagos. Foto de El Faro: Roman Gressier.

Tan cerca pero tan lejos

El cofundador de Bitcoin Beach Mike Peterson dice que el proyecto en El Zonte no tiene vínculos formales con otros en Atitlán, “pero estamos compartiendo lo que hemos aprendido con diversos proyectos y hacemos lo posible por apoyarlos”.

La Ley Bitcoin de Bukele creó un fideicomiso para garantizar el valor de las transacciones en bitcoin desde el momento en que se realiza una compra en bitcoin hasta que el negocio quiera convertirlo en dólares, pero esa medida no cruza la frontera guatemalteca. Cuando se le pregunta a Melder si las comunidades de Atitlán deberían seguir el camino de El Salvador, toma distancia: “Yo no tengo comentario sobre el contexto regulatorio. Creo que la gente es lo suficientemente astuta para decidir si usar bitcoin o no”.

En febrero de 2021, el Banco Central de Guatemala recordó que la única unidad monetaria del país es el quetzal y solo el Banco de Guatemala puede emitir billetes y monedas dentro del territorio de la República. Añadió que “las monedas virtuales no son respaldadas por el Estado de Guatemala” en parte porque “podrían no cumplir con estándares de protección o procesos de mitigación de riesgo”. En un correo electrónico a El Faro en enero, la Junta Monetaria del Banco de Guatemala reafirmó esa postura y añadió que no conoce ningún estudio, propuesta de ley, ni reglamento relacionado a las criptomonedas en el país.

En contraste con otras divisas de la región, el quetzal ha evitado por décadas cualquier crisis severa de inflación y retenido su poder adquisitivo. Hasta 1987 el intercambio entre el quetzal y el dólar estadounidense era fijo uno por uno. Desde ese año, en pleno conflicto armado, el Banco Central lo ha devaluado en varias ocasiones y hoy se cotiza a algo menos de ocho por dólar.

Aunque el bitcoin es menos que un zumbido en el oído de los residentes de Atitlán y su uso se limita a entusiastas individuales, eso podría cambiar este año en lo que bitcoineros adinerados ojean nuevos rincones de Centroamérica. Un proyecto incluso está buscando echar raíces en Costa Rica. La influencer Stacy Herbert, que en enero anunció que ella y su esposo Max Keiser buscarán la ciudadanía en El Salvador, dijo que Atitlán sería “el siguiente lugar en hiperbitcoinizarse”.

Pero el éxito de ese nuevo evangelio en Atitlán no solo dependerá de asuntos de regulación. Es incierto cómo las autoridades indígenas, opuestas a la privatización y especulación de tierras y recelosas de los proyectos de explotación que suelen llegar del exterior, reciben a los nuevos predicadores. En enero, el consejo de ancianos kaqchiquel de Panajachel envió una carta abierta al alcalde Piedrasanta en la que condenaron la usurpación y arrendamiento de tierras ancestrales por el gobierno central y exigieron al alcalde que deje de conceder permisos de construcción en las playas del lago.

“Las playas públicas por historias pertenecen al municipio”, escribieron los ancianos. “Como pueblos originarios pedimos que se respeten nuestras formas ancestrales de organización”.

El Consejo de Ancianos Riajaw Tinamit Panajachel firmó una carta abierta en enero al alcalde César Piedrasanta exigiendo el cese de obras de construcción en sus tierras ancestrales, sobre todo a la orilla del lago. También la firmaron el Comité Playa Los Salpores Jucanyá y la Comisión Comunitaria de la Mujer. Foto de El Faro: Página de Facebook
 
El Consejo de Ancianos Riajaw Tinamit Panajachel firmó una carta abierta en enero al alcalde César Piedrasanta exigiendo el cese de obras de construcción en sus tierras ancestrales, sobre todo a la orilla del lago. También la firmaron el Comité Playa Los Salpores Jucanyá y la Comisión Comunitaria de la Mujer. Foto de El Faro: Página de Facebook "Pana Like".

Melder quiere ver una oportunidad en esas reivindicaciones. Afirma que uno de los mayores beneficios de bitcoin es la posibilidad de “codificar de forma inmutable los derechos de propiedad” y que la tecnología blockchain podría ayudar a prevenir el despojo de tierras por el gobierno.

“No tengo complejo de mesías. La meta principal es proporcionar una oportunidad educacional y tecnológica para los niños, para que tengan un acercamiento con bitcoin”, dice. “Si eso fuera todo lo que lográramos, ya estaría contento”.

El otro Lago Bitcoin

Melder no es el primer bitcoinero en plantar su bandera en Atitlán. Al otro lado del lago, a media hora en lancha motorizada, otro proyecto en San Marcos La Laguna lo antecede por más de un año. El esfuerzo, conocido inicialmente como Crypto Atitlán, ya dio algunos frutos: desde noviembre, al menos seis negocios turísticos han empezado a aceptar bitcoin.

El fundador de la iniciativa es un ingeniero industrial guatemalteco-estadounidense y consultor de criptomonedas que se hace llamar Rishi Bond. Tiene 38 años, habla con fluidez tanto español como inglés y dice que nació y creció en Guatemala. Añade que sacó su maestría en administración de empresas en un programa conjunto entre la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans, y la Universidad Francisco Marroquín, el bastión libertario de Guatemala.

Explica que se mudó a San Marcos hace año y medio para comenzar una serie de talleres llamados “Cripto y cacao” y que ha cultivado una comunidad de inversionistas y entusiastas de criptomonedas por Telegram. De los más de 450 miembros del grupo, dice que el 95 % habla principalmente en inglés, pero que de vez en cuando tienen también eventos en español.

“El objetivo de Crypto Atitlán es abrir una oenegé formal para recibir donaciones desde dentro y fuera de Guatemala únicamente en bitcoin, y con ellas financiar programas sociales aquí en el Lago Atitlán”, dice a El Faro. Limitarse al bitcoin implicaría un giro radical para su comunidad, ya que, a diferencia de Melder, dice que les interesan otras criptomonedas. Asegura que lanzará el proyecto oficialmente a principios de abril, justo a tiempo para la Conferencia Bitcoin 2022 que se celebrará del 6 al 9 de ese mes en Miami.

La ONG, dice, enseñará inglés, carpintería o computación y proporcionará equipo electrónico. “Teniendo una red de millonarios de bitcoin, vamos a ir a la comunidad y hacer un estudio económico donde preguntamos lo que les interesa aprender, generar participación del municipio y, de ahí, formar diferentes programas”, dice.

Tras la visita a Atitlán del famoso podcastero británico y promotor de bitcoin en El Salvador Peter McCormack (centro, gorra color crema) en mayo de 2021, el fundador de Crypto Atitlán Rishi Bond (abajo) dice que entendió la necesidad de convencer a los vendedores locales a aceptar el bitcoin a través del Lightning Network. Una reunión en Bambu Guest House en Tzununá, Sololá. Foto de El Faro: Twitter de McCormack.
 
Tras la visita a Atitlán del famoso podcastero británico y promotor de bitcoin en El Salvador Peter McCormack (centro, gorra color crema) en mayo de 2021, el fundador de Crypto Atitlán Rishi Bond (abajo) dice que entendió la necesidad de convencer a los vendedores locales a aceptar el bitcoin a través del Lightning Network. Una reunión en Bambu Guest House en Tzununá, Sololá. Foto de El Faro: Twitter de McCormack.

Alrededor del lago hay un apodo para San Marcos: “Gringotenango”. En varios lugares del pueblo hay tablones repletos de anuncios —casi ninguno hecho por las comunidades indígenas locales— que invitan a todo tipo de talleres. A diferencia de Crypto Atitlán, que según Bond da talleres gratuitos, las tarifas de estos talleres —que incluyen yoga, medicina alternativa, sanación a través del sonido, autosuficiencia y emprendedurismo— van desde los 50 quetzales (6.50 dólares) a los varios cientos.

Incluso el taller más barato escapa al bolsillo de la mayoría de habitantes locales. Las lanchas que hacen el viaje de Panajachel a San Marcos cobran a los vecinos locales 20 quetzales en lugar de la tarifa regular de 25 (3.25 dólares). “De otra manera a muchos de los jornaleros que hacen varios viajes al día no les alcanzaría el dinero para cenar”, dice un vendedor de boletos.

El cacao es otra piedra angular del turismo en San Marcos. Varios lugares hacen ceremonias supuestamente inspiradas en la tradición maya, en las que los participantes lo toman en forma de bebida. No es raro escuchar a los turistas hablar de trances y experiencias espirituales intensas, a pesar de la falta de propiedades psicodélicas del grano y antigua moneda mesoamericana.

Una sede habitual de talleres en el municipio es un centro privado para turistas conocido como “Eagle’s Nest” (nido del águila), incrustado en una colina en el Barrio 2 de San Marcos. En kaqchiquel el lugar se llama Tz’un Ucuy, que en español se traduce como “punta de la nariz del palo de chipilín”. Para llegar hay que subir una cuesta empinada de unos 600 metros entre casas de cemento y lámina. No hay supermercado en San Marcos, pero a lo largo de estos 600 metros encuentras dos iglesias evangélicas.

Eagle’s Nest, un complejo de cabañas de madera con alojamiento, estudio de yoga, sala de masajes y una vista imponente del lago, es uno de los negocios que empezó a aceptar bitcoin a finales del año pasado. En una placa en el restaurante, atendido por mujeres kaqchiquel del Barrio 2, se lee, en inglés: “La Embajada de la India en Guatemala agradece a Eagle’s Nest Atitlán en reconocimiento a su contribución al Séptimo Día Internacional de Yoga en Atitlán, Guatemala, junio de 2021.

Otros comercios, agrupados cerca de un camino al muelle apodado “Hippie Highway” (carretera hippie), han empezado también a aceptarlo. Lush, un hotel a la orilla del lago donde el cuarto más barato supera los 50 dólares (unos 400 quetzales) por noche, es uno de ellos. “San Marcos como comunidad es un lugar muy experimental para tudo (sic) que se quiere hacer,” responde por correo la empresa en una mezcla de español y portugués cuando se les pregunta por sus planes de futuro. “Acceder a un mercado que no quiere usar más divisas normales, que tan poco (sic) quiere pasar por bancos”.

Lush empezó a aceptar bitcoin a finales de enero. Ese mismo día, el grupo de Bond celebró un evento en inglés llamado “Cómo resguardar tus criptos”. Decenas de personas asistieron a un sermón en el que se habló sobre criptodivisas, técnicas de lavado de cerebro de la CIA, ingeniería social y la filosofía de la religión del psicólogo suizo Carl Jung.

Bond y Melder han quedado para conocerse. De momento parecen haberse puesto de acuerdo en unificar sus nombres: “Yo tengo mi versión de Lago Bitcoin y Patrick tiene la suya”, dice Bond, que ya no usará la denominación Cripto Atitlán. “Espero poder unir nuestras fuerzas”.


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