El Salvador / Medioambiente

El campesino que vive sobre una mina de oro

Hace siete años, William Lozano compró un terreno en el caserío El Limón de Sensuntepeque, un lugar que Pacific Rim identificó como mina de oro. Con la aprobación de una nueva ley minera, los vecinos están preocupados por la contaminación de las fuentes de agua. El campesino trabajó hace unos años como vigilante de la minera y reconoce que ese tipo de trabajo afecta los manantiales, pero dice que no se opondrá a la llegada de la industria extractiva porque teme terminar en “el bote”.

Carlos Barrera
Carlos Barrera

Domingo, 9 de febrero de 2025
Efren Lemus

El terreno del campesino William Lozano es una colección de laderas, barrancos y piedras. La cima de la ladera principal es un mirador hacia la presa 5 de Noviembre y el río Lempa, la principal fuente de agua potable de la capital. Las 44 manzanas que forman su propiedad están tapizadas de árboles dispersos, pasto para ganado y piedras exóticas codiciadas por empresas transnacionales. Unas piedras brillan contra la luz del sol porque en la superficie tienen granitos blancos como la sal; otras son pedazos de cascajo que parecen tener en su interior un huevo blanco gigante. “Esto es lo que ellos buscan”, dice William, mientras sostiene en sus manos una roca color café oscuro, con partes visibles de una masa blanca en su interior.

William Edel Lozano Echeverría es un campesino de 53 años que vive de la ganadería y del cultivo de maíz y maicillo. Hace siete años compró una de las propiedades de Pacific Rim, la empresa canadiense que realizó exploraciones para la extracción de oro en el caserío El Limón, cantón Trinidad de Sensuntepeque, Cabañas.

A finales de los noventa, los técnicos de Pacific Rim estaban convencidos de que aquella tierra inhóspita ocultaba un tesoro. La empresa compró el terreno al papá de William, construyó calles de terracería, un puente, una cancha de fútbol, una escuela, empleó pobladores, pero el proyecto fracasó por una férrea oposición de las comunidades aledañas. William conoce detalles de aquel conflicto porque, incluso, provocó un cisma en su familia: mientras sus primos fueron reconocidos activistas contra la minería, él trabajó como vigilante para Pacific Rim. Cuando la empresa abandonó el lugar, William compró el terreno.

 

La zona es árida. Bajo la sombra de los árboles, la brisa es caliente. William Lozano cultiva frijol, maicillo, maíz y pasto para alimentar el ganado. En la propiedad hay calles de tierra que fueron hechas por Pacific Rim, para poder entrar con el equipo y realizar estudios. Foto de El Faro: Carlos Barrera
La zona es árida. Bajo la sombra de los árboles, la brisa es caliente. William Lozano cultiva frijol, maicillo, maíz y pasto para alimentar el ganado. En la propiedad hay calles de tierra que fueron hechas por Pacific Rim, para poder entrar con el equipo y realizar estudios. Foto de El Faro: Carlos Barrera

—Yo pensé que esto (de la minería) ya se había muerto, fíjese. Yo sentía que ya todo estaba muerto, que ya no iba volver.

La explotación minera en El Salvador estuvo vetada durante siete años. El 31 de marzo de 2017, la Asamblea Legislativa aprobó una ley que prohibía la minería metálica, pero esta fue deshabilitada por orden del presidente Nayib Bukele a sus diputados el 23 de diciembre de 2024, durante la última sesión plenaria del año, un día antes de navidad. Desde entonces, William se ha convertido en un receptor de las dudas y preocupaciones de sus vecinos, quienes temen que venda su terreno a una empresa minera o al Gobierno, y que la activación de esa industria contamine los manantiales y ríos que los abastecen de agua .

Ante el hervidero de dudas, William responde a sus vecinos que no está a favor ni en contra de la minería. Como todo negociante y, sobre todo, como ciudadano consciente de que vive bajo un Gobierno que hace lo que quiere, incluso pasando por sobre la Constitución, dice que no se opondrá a vender su propiedad en caso de que así se lo solicite la industria minera. Sobre el temor de una contaminación de las fuentes de agua, el campesino dice que esa y otras preguntas las debe responder el Gobierno a los habitantes de la zona, quienes el 30 de enero de 2025 organizaron la primera marcha contra la minería en el departamento.

Unas 300 personas de comunidades como San Felipe, Potrero Batres, El Matazano, El Roble, Cacelhuatal, Ilobasco, San Isidro, Santa Marta, entre otras, marcharon desde el Llano de la Hacienda en San Isidro hasta unos 12 kilómetros más adelante: el parque de Sensuntepeque. “Todos moriremos envenenados, la ley no prohíbe el cianuro. Somos un territorio altamente amenazado. Cabañas se resiste a estos proyectos de muerte”, dijo Vidalina Morales, campesina y presidenta de la Asociación de Desarrollo Económico Social (ADES) Santa Marta.

La caravana
La caravana 'Cabañas Libre de Minería' fue convocada para el 30 de enero d 2025 y reunió aproximadamente a 300 personas que marcharon desde San Isidro hasta el centro de Sensuntepeque, Cabañas. La caravana fue organizada por comunidades de Cabañas y encabezada por pobladores y líderes de San Marta. Foto de El Faro: Carlos Barrera

El descontento contra la minería no solo está en las calles. William es un católico que frecuenta la pequeña capilla del cantón. La Iglesia Católica se ha pronunciado en contra de la minería y tiene una campaña de recolección de firmas para solicitar la derogación de la ley. El sacerdote del cantón El Limón, dice William, ha llamado a los pobladores a oponerse a la minería “con palabras” y, por eso, él le ha pedido consejo espiritual sobre qué hacer con su propiedad con potencial minero. Aunque el sacerdote le ha dicho que está en su derecho de vender el terreno, William considera que para evitar conflictos lo mejor es que el Gobierno dialogue con las comunidades, aunque sabe que esa petición es como esperar lluvia en el desierto.

—A mí me pregunta la gente. “Usted nos va a afectar a nosotros con esa mina porque usted va a vender”. “¡No! -le digo yo-, si el que los ha jodido es el presidente”. Si el presidente dijera: No… Ya no hubiera venido la empresa, (yo) hubiera dicho que no también, pero como él es el que ha aflojado la cuña  ¿Qué es lo que puedo hacer yo? O sea, aquí al Gobierno nadie le va hacer nada, que se acerque a platicar con la gente, que venga a reunirse con la gente, para que la gente sepa de que sí está de acuerdo o no. O mande a alguien, al representante que él tiene, si ahora no estamos en tiempo de guerra, estamos en tiempos de paz: que se acerquen a dialogar con la gente, porque si la gente dice que no, para mí magnífico, yo estoy para apoyar a la gente.

Por el momento, el oficialismo no ha dado ninguna muestra de interés en dialogar con las comunidades sobre la minería ni sobre ningún otro tema de interés nacional. Los diputados de Nuevas Ideas aprobaron la ley sin escuchar a ningún experto y, menos, a las comunidades afectadas. Durante la última semana de enero 2025, La Prensa Gráfica reportó que la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas declaró confidenciales los estudios relacionados a los distritos de oro en El Salvador, mientras que el Ministerio de Medio Ambiente calificó como información reservada hasta el 2030 las recomendaciones de un juzgado ambiental sobre la minería en San Sebastián, La Unión. 

La poca información sobre la minería es la que el presidente Bukele ha divulgado en redes sociales y conferencias de prensa. El primero de diciembre de 2024, Bukele dijo que la cantidad potencial de oro que tiene El Salvador es de 3 billones de dólares, que equivale a más de 8000 % del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, el 10 de enero de 2025, la Fundación Heinrich Böll publicó en su web un artículo de Steven Emerman, un experto en hidrogeología y consultor internacional en minería, que cuestiona la veracidad de los datos divulgados por el presidente Bukele. “Ese valor sería equivalente al 60 % del total mundial de oro en el planeta. Considerando que El Salvador representa apenas el 0,014 por ciento de la superficie continental global, tal afirmación es inconsistente con los datos disponibles hasta la fecha a nivel internacional”.

Todo apunta a que ni los datos erróneos o inexactos ni la tradicional oposición de las comunidades de Cabañas a la minería detendrá el proyecto de Bukele. Y así lo argumenta el campesino William:

—La situación si va a cambiar porque acuérdese que si una empresa se abre, si una minería se abre, el Gobierno es astuto: el Gobierno lo que va hacer es cercarla de soldados y no va a dejar entrar gente. Y el loco que se venga a oponer, ahí lo van a enchuchar y se los van a llevar para el bote. Yo, según lo que veo en las noticias, que si el dueño del terreno se opone, hasta él se puede ir al bote (...) El Gobierno tiene todos sus poderes. Acuérdese que el Gobierno ahorita está sin frontera y entonces nosotros no podemos oponernos. Yo no me voy a oponer, porque directamente le digo: yo no quiero tener problemas con nadie.

La propiedad de William Lozano está ubicada en un terreno montañoso en el caserío El Limón, del cantón Trinidad,  Sensuntepeque. A nueve kilómetros de allí, tras las montañas en primer plano, se encuentra el río Lempa. Foto de El Faro: Carlos Barrera
La propiedad de William Lozano está ubicada en un terreno montañoso en el caserío El Limón, del cantón Trinidad,  Sensuntepeque. A nueve kilómetros de allí, tras las montañas en primer plano, se encuentra el río Lempa. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Vivir sobre el oro

La historia de por qué William vive sobre una potencial mina de oro es el resultado del fracaso de Pacific Rim en El Salvador.

Todo comenzó por un auge minero, provocado por la subida de los precios del oro, en la década de los noventa. En ese momento, El Salvador tenía una Ley de Minería aprobada en 1995, que permitió la llegada de empresas como Martinique Minerals, Minerales Morazán y Pacific Rim. Entre 1998 y 2003, el Ministerio de Economía otorgó 29 licencias de exploración.

El interés de las empresas mineras aumentó en los años siguientes. Entre el 2000 y 2010, la Dirección de Minas e Hidrocarburos del Ministerio de Economía recibió tres solicitudes de explotación y 92 de exploración minera de parte de distintas empresas, según documentos oficiales obtenidos por El Faro. Sin embargo, ante la resistencia de las comunidades y una fuerte movilización de organizaciones de la sociedad civil, el Gobierno paralizó los proyectos.

En este contexto, Pacific Rim no obtuvo los permisos para la exploración y explotación minera, razón por la que demandó al Estado salvadoreño ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI, por sus siglas en inglés), por un monto de 248 millones de dólares, quejándose de una violación a sus derechos comerciales.

El 14 de octubre de 2016, la empresa canadiense perdió el litigio y fue obligada a pagar ocho millones de dólares al Estado salvadoreño. Las propiedades y cuentas bancarias de la filial de Pacific Rim fueron congeladas. Luego de pagar la deuda con el Estado, en los siguientes dos años, Pacific Rim vendió las propiedades que había adquirido en El Salvador y así, por medio de los abogados de la minera, llegó la oferta a William, quien hizo un préstamo para poder comprarla.

El 28 de septiembre de 2018, la secretaria de la junta de Minerales Torogoz, filial de Pacific Rim, Maymi Emerita Moreno Rivas, firmó un acta en la que aceptaban la oferta de compra del agricultor en pequeño William Edel Lozano Echeverría, en ese momento de 46 años de edad. El comprador pagó 70,000 dólares por las 44 manzanas y 1,803 varas que mide la propiedad, según los documentos inscritos en el Registro de la Propiedad.

Por su anterior trabajo como vigilante, William conoce cómo y en qué lugares se hicieron las exploraciones mineras en el terreno que ahora es de su propiedad. Lo que escuchó de los expertos es que, por las características del terreno, la explotación minera en ese lugar debe ser a cielo abierto, y que las muestras codiciadas están a medio metro de profundidad y otras a 70 metros bajo el suelo. William me invitó a recorrer su propiedad y ahí observé las pequeñas losas de cemento que cubren los agujeros de la exploración minera.


William Lozano aún identifica los lugares donde Pacific Rim hizo perforaciones para realizar estudios. Comenta que todas las perforaciones ahora están selladas con un bloque de cemento y se extienden por toda la propiedad. Foto de El Faro: Carlos Barrera
William Lozano aún identifica los lugares donde Pacific Rim hizo perforaciones para realizar estudios. Comenta que todas las perforaciones ahora están selladas con un bloque de cemento y se extienden por toda la propiedad. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 

—Esta mina está a cielo abierto, no está para lo hondo. Está a lo visible, porque con las piochas sacaban a donde estaban las muestras, como a este hondor estaban las muestras —dice.

—¿A menos de medio metro?

—A menos de un metro, si es que hacían así las cavitas y ya se topaban con las cosas esas y decía el vato que eso era lo que buscaba, pero que supuestamente está como a lo largo, porque cruza un terreno de un primo mío. Allá en el terreno de un primo mío sí, ahí sí se destapó la cosa esa.

—¿Y cómo se ve? ¿Cómo luce eso que andan buscando?

—Es como un caliche brillante, ajá, una roca brillante.

William recuerda que Pacific Rim también realizó algunas exploraciones entre los 60 y 70 metros de profundidad, pero que fueron suspendidas por las protestas de comunidades en Los Ranchos, La Nueva Trinidad y Los Amates “¡Ah, jueputa! Toda esa gente del lado del Lempa, todita se viene a pelear aquí”, dice. El reclamo de los habitantes es que los trabajos mineros reducen la cantidad de agua de sus manantiales, algo que el exvigilante de Pacific Rim no niega.

—Aquí lo que perforaban sí afectó un poquito, porque los nacimientos que yo tengo se pegaron un bajón a la hora de estar perforando, porque se metía hasta 60 metros la máquina para adentro, 50, 70 metros, y así. La propiedad esta tiene bastante agua, al nacimiento de este lado yo sentí que sí lo afectó tantito, porque pegó un bajón en la misma época que lo estaban perforando.

La minería y una familia rota

A finales de los noventa, el caserío El Limón era un territorio recóndito y pobre. La cooperación de Estados Unidos aún no había construido la carretera Longitudinal del Norte ni el puente Santa Rita ni el puente Copinolapa. Era un lugar aislado, con un acceso —incluso, hasta hoy— difícil. Ahí donde los habitantes apenas sobreviven con el cultivo de maíz y maicillo, porque son terrenos secos, llegó una empresa levantando la bandera del progreso: ofreció trabajo y pagó tractores para terracear las calles hacia la comunidad.

Ante la llegada de Pacific Rim, la comunidad se dividió en dos: unos agradecían por el empleo y las obras benéficas, mientras que otros criticaban el daño al medio ambiente. Con el paso de los años, la oposición comunitaria al proyecto minero se convirtió en un conflicto entre vecinos y familias.


Un rótulo viejo y oxidado da la bienvenida a las 44 manzanas ubicadas en el caserío El Limón, cantón Trinidad. Son propiedad de William Lozano y donde la ahora extinta Pacific Rim realizó estudios para buscar minerales valiosos. Foto de El Faro: Carlos Barrera
Un rótulo viejo y oxidado da la bienvenida a las 44 manzanas ubicadas en el caserío El Limón, cantón Trinidad. Son propiedad de William Lozano y donde la ahora extinta Pacific Rim realizó estudios para buscar minerales valiosos. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 

Dividir a una comunidad es una estrategia que las grandes empresas usan para desarticular la resistencia a sus proyectos mineros o inmobiliarios. En la Hacienda La Labor de Ahuachapán, por ejemplo, la comunidad protestó contra la construcción de una residencial que amenazaba el manantial que los abastece de agua, pero la Constructora Fénix regaló láminas, alimentos y contrató a algunos pobladores como vigilantes. Entonces, el pleito contra la inmobiliaria se transformó en un pleito entre vecinos que ha llegado hasta los tribunales.

En Cabañas, los activistas relacionan a la minería incluso con homicidios . El 29 de junio de 2009, el cadáver del profesor y promotor cultural Gustavo Marcelo Rivera fue encontrado en avanzado estado de putrefacción dentro de un pozo en Ilobasco. Seis meses después, en diciembre de 2009 fue asesinado el vicepresidente del Comité Ambiental de Cabañas (CAC), Ramiro Rivera Gómez, y Dora Alicia Recinos de Sorto, esposa de Santos Rodríguez, entonces primer vocal del CAC.

La investigación oficial atribuye esas muertes a rencillas personales. William es una de las personas que cree en esa versión oficial, aunque dice que él también fue víctima de la violencia que generó la explotación minera en la zona.

—Para mí fue difícil. Usted está en su casa durmiendo, llega un cabrón a las doce de la noche, le descarga un fusil al haz de su casa. Su familia ya no duerme tranquilo. A mí me llegaban a descargar fusiles en la noche, ahí cerquita de la propiedad, cerquita de la casa, a la una, a las dos de la mañana.

Lo que William trata de explicar es que las diferencias por la minería llegaron hasta la violencia por ambos lados. Aunque sin duda las denuncias de un lado tienen un tono aún más grave: los ambientalistas denuncian homicidios, mientras que William habla de las amenazas y disparos de advertencia que él y otros vigilantes recibieron por trabajar para Pacific Rim. Los vecinos y familiares divididos en bandos eran conocidos de toda la vida. Por ejemplo, Dora Alicia, ambientalistas asesinada en esa época, era prima de William.

Dora Alicia fue asesinada a las 3:30 de la tarde del 26 de diciembre de 2009, cuando regresaba de lavar ropa del río. Tenía ocho meses de embarazo. Cuando los familiares llegaron al lugar del crimen encontraron su cuerpo y un huacal con ropa ensangrentado, un niño de dos años llorando a su costado y el feto aún moviéndose en el vientre. William no asistió ni a la vela ni al entierro de su prima como resultado de la profunda división familiar por el tema de la minería. Según William, el marido de Dora Alicia, activista contra la minería, lo amenazó para que no los visitara y por esa razón no asistió al cortejo fúnebre.

—El marido de la muchacha era el que movía todo con don Ramiro y con el medio ambiente y ya nos había dicho a nosotros de que si bajábamos allá a Trinidad no íbamos a salir bien. Entonces, aunque era familiar, evitábamos. La familia preguntaba por qué no nos acercamos. Yo admiro a toda la gente esa. Vinieron a poner un puesto de la Policía en Trinidad. los policías no investigaron nada, porque podían investigar de dónde venían los matadores, quién los pagaba. Ellos venían pagados, pero de otros lados, pero quién los pagaba, eso nunca lo pudimos saber nosotros.

William Lozano, de 53 años, es dueño de 44 manzanas donde la compañía minera Pacific Rim realizó estudios en el cantón Trinidad, Sensuntepeque, y encontró oro en la primera década de los 2000. Esas tierras pertenecieron al padre de William y a él, antes de ser vendidas a Pacific Rim, para la exploración minera. Cuando la compañía se retiró del país, por falta de permisos de explotación, William compró las tierras que ahora utiliza para cultivos como el maicillo y el pastoreo de ganado. Foto de El Faro: Carlos Barrera
William Lozano, de 53 años, es dueño de 44 manzanas donde la compañía minera Pacific Rim realizó estudios en el cantón Trinidad, Sensuntepeque, y encontró oro en la primera década de los 2000. Esas tierras pertenecieron al padre de William y a él, antes de ser vendidas a Pacific Rim, para la exploración minera. Cuando la compañía se retiró del país, por falta de permisos de explotación, William compró las tierras que ahora utiliza para cultivos como el maicillo y el pastoreo de ganado. Foto de El Faro: Carlos Barrera

Al hacer un recuento del pasado, William dice que no quiere vivir otra vez los días agitados de cuando llegó la minería a su caserío. Tampoco quiere que su familia se vuelva a enfrentar y dividir hasta el odio por posturas encontradas sobre la minería. Sin embargo, ante la inminente llegada de esa industria extractiva a su comunidad, siente que tiene las manos atadas y anuncia que venderá la propiedad.

—Bastante gente dice que va afectar. Ahí hay dos vecinos que tienen casa al laz de la propiedad y me preguntaron: ¿Y usted se va ir de aquí? Yo no sé, les digo yo no voy a abandonar mi propiedad hasta no ver la terminación.

—Pero si usted vende, ¿ha pensado en irse de aquí?

—Pues tengo que irme, tengo que emigrar. No tengo a dónde quedarme aquí. Y, si llegamos a hacer un negocio, tengo que comprar otra propiedad para seguir luchando, porque tengo familia.

Mientras la minería no llega, William seguirá ordeñando las 14 vacas y cuidando los dos terneros negros que nacieron hace un mes. Continuará facilitando parte de sus tierras a campesinos pobres con la condición de que, una vez terminada la cosecha, le dejen las plantas secas para alimentar el ganado. Desde su casa también seguirá viendo cómo una decena de jóvenes se reúnen en la cancha de fútbol que construyó Pacific Rim para jugar un partido todos los días, al final de la tarde.

Y sobre las calles polvosas seguirá viendo cómo campesinos sin tierra regresan a sus casas. Esos mismos campesinos son los que están inquietos y que le preguntan a William constantemente sobre el futuro de la propiedad. Ante esas preguntas con tono de reclamo, William seguirá repitiendo uno de los argumentos que me dijo durante la conversación.

—Yo no los voy a joder. El que los va joder es el presidente.

 

William Lozano tiene su casa dentro de las 44 manzanas y vive junto a su esposa e hijos. Se dedica a la ganadería y a la venta de leche. En los años 90 vivió en Estados Unidos y ahorró para comprar por primera vez parte de la tierra que ahora posee. Foto de El Faro: Carlos Barrera
William Lozano tiene su casa dentro de las 44 manzanas y vive junto a su esposa e hijos. Se dedica a la ganadería y a la venta de leche. En los años 90 vivió en Estados Unidos y ahorró para comprar por primera vez parte de la tierra que ahora posee. Foto de El Faro: Carlos Barrera

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