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Honduras no aguanta la juramentación de Hernández

El Faro

 
 

Masivas protestas derivadas de la declaración oficial del Tribunal Supremo Electoral, que tres semanas después de la elección dio por ganador a Juan Orlando Hernández en la contienda presidencial, intensifican la crisis política abierta por las sospechas de fraude a favor de la reelección del presidente Hernández.

La situación actual corre el peligro de degradarse rápidamente si el gobierno intenta defender su reelección reprimiendo las protestas, como lo ha hecho durante las semanas posteriores a la elección general del 26 de noviembre. Honduras se asoma al caos.

Las irregularidades del proceso electoral han sido tan grandes que incluso la OEA y su Secretario General, Luis Almagro, han solicitado una nueva elección. En estas condiciones no parece haber posibilidades de que el candidato opositor, Salvador Nasralla, y su Alianza Opositora Contra la Dictadura, acepten los resultados de un proceso tan amañado.

Nasralla llegó el domingo a Washington para entrevistarse con Almagro y con funcionarios del Departamento de Estado. Ha advertido que su país está al borde de una guerra civil y, aunque se ha declarado dispuesto a someterse a una nueva elección, ni él ni nadie tiene claro aún cómo se podría llevar a cabo pronto.

Con la crisis política desatada, una nueva elección necesitará de un Tribunal Supremo Electoral de composición distinta, con mucha mayor supervisión de la comunidad internacional, con un nuevo contratista para procesar los datos y con acuerdos básicos de todas las partes. ¿Será una segunda vuelta entre Nasralla y Hernández o deberá incluirse a los demás candidatos presidenciales que participaron el 26 de noviembre? ¿Y cuándo podrían estar satisfechas estas condiciones para repetir la votación?

Con todos estos obstáculos, aún hay otros dos que sortear: el primero es el Partido Nacional de Hernández, con mayoría en el Congreso, que no tiene aún razones para entregar un triunfo electoral que les ha sido reconocido oficialmente por el TSE. Y porque, y este es el segundo y mayor obstáculo, Estados Unidos ha manifestado abiertamente su apoyo a la reelección de Hernández en todos los momentos de la contienda: durante la campaña, en los días posteriores a la elección e incluso cuando el Tribunal Supremo Electoral ya había sido duramente cuestionado por las fallas de todo el sistema. La representante estadounidense en Tegucigalpa no ha dejado ninguna duda del empecinamiento de su país en retener a Juan Orlando Hernández en la presidencia.

El viaje a Washington del candidato opositor Nasralla, en medio de la crisis política que atraviesa su país, solo confirma que Honduras sigue siendo el país latinoamericano más influenciado por las decisiones estadounidenses.

La administración de Juan Orlando Hernández eliminó los contrapesos de la democracia hondureña para controlar los tres poderes del Estado, la autoridad electoral, el ejército y el sector privado del país. Lo ha hecho manteniendo un sistema de prebendas y de solapamiento de la corrupción avalado por Washington y denunciado por la comunidad internacional y los grupos defensores de derechos humanos.

Honduras sufre una seria confrontación social fruto del irregular proceso electoral. Encontrar una salida a la crisis requerirá de mucha creatividad, pero sobre todo de la voluntad política de todos los involucrados para evitar que la violencia se desborde. En estos momentos, Honduras no aguanta la juramentación de Hernández para un segundo periodo. Su elección ha sido demasiado cuestionada. Ese debería ser el punto de partida para toda negociación.

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