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El FMLN ignoró la lección de Los Ranchos

Cuatro años antes de su estrepitosa caída en las elecciones presidenciales de este año, el FMLN ya había perdido una elección contra un candidato que hizo campaña basado en un discurso anticorrupción y con promesas de obras de infraestructura. La dirigencia del partido no prestó atención a la historia de ese pequeño pueblo de Chalatenango: San Antonio Los Ranchos. Ahora la historia de los militantes descontentos de Los Ranchos es la historia de muchos votantes del Frente, y las lecciones son útiles para un partido que quiere reconstruirse.

Nelson Rauda Zablah / Fotos Fred Ramos

 
 

El FMLN ya había perdido con Gana un año antes de que Nayib Bukele arrasara en las elecciones presidenciales. Ya había perdido contra un exmilitante y en uno de sus bastiones. Ya había perdido, en buena medida, por la misma razón: hartazgo ante la cúpula partidaria. En chiquito, ya había ocurrido al partido lo que el 3 de febrero le pasó en todo el país.

Sucedió en San Antonio Los Ranchos, un pequeño pueblo de Chalatenango, en el que el Frente nunca tuvo menos que el 82 % de los votos en cualquier elección (municipal, legislativa o presidencial) entre 1994 y 2014, y llegó hasta el 96.5 % en 1997. Pero en 2015, el FMLN perdió por primera vez la alcaldía desde que es partido político, con solo el 46.7 % de las preferencias, 330 votos.  

Propaganda del excandidato presidencial del FMLN, Hugo Martínez en San Antonio Los Ranchos.  En este municipio, el FMLN no arrasó, ganó por un voto de diferencia. Consiguió 348, uno más que los 347 de Nayib Bukele, candidato de Gana que arrasó en las elecciones. Martínez quedó en tercer lugar, con 14.04 % de los votos, la más estrepitosa derrota del partido desde que existe como tal. Foto: Fred Ramos
 
Propaganda del excandidato presidencial del FMLN, Hugo Martínez en San Antonio Los Ranchos.  En este municipio, el FMLN no arrasó, ganó por un voto de diferencia. Consiguió 348, uno más que los 347 de Nayib Bukele, candidato de Gana que arrasó en las elecciones. Martínez quedó en tercer lugar, con 14.04 % de los votos, la más estrepitosa derrota del partido desde que existe como tal. Foto: Fred Ramos

Pero no es el tamaño de la derrota —en Los Ranchos viven unas 2,000 personas—, sino sus elementos simbólicos.

El Frente perdió en Los Ranchos dos veces contra un movimiento “contra la corrupción” conformado por sus exmilitantes; contra personas que se vistieron tanto de las banderas de Cambio Democrático (CD) como de Gana, con tal de tener un partido con el que retar al que fue suyo; perdió contra un candidato que prometió y cumplió con grandes obras de infraestructura— según parámetros de Los Ranchos— y que es crítico de “la cúpula” del FMLN por sus decisiones impositivas de candidatos, por proteger a funcionarios señalados de corrupción, por ignorar a la base.  

Si uno ve el mapa político que quedó después del 3-F, San Antonio Los Ranchos parece una frontera en el departamento de Chalatenango. Al oriente, persiste un corredor de municipios en los que el FMLN resiste: San José Las Flores, San Isidro Labrador, Las Vueltas, Cancasque o Nueva Trinidad, pueblos en los que el lenguaje de la guerra perdura. Cuando pregunté a Buenaventura Tobar, alcaldesa de Las Flores, si Arena nunca  ganaría en ese municipio, contestó: “Esa es la meta. Aquí nadie se rinde. Hasta el tope”. O cuando pregunté a Matías Abrego, síndico de Nueva Trinidad, si él metería las manos al fuego por la inocencia de Mauricio Funes (primer presidente del país por el FMLN, 2009-2014), acusado de corrupción y asilado en Nicaragua, contestó que sí, “mientras no lo declaren culpable. No ha habido demostración. Él ya estuviera preso o algo le hubieran hecho”, dijo.

Pero al occidente de Los Ranchos hay municipios como Chalatenango, San Miguel de Mercedes o Potonico, en los que Bukele ganó. Esos son los pueblos que durante la guerra la guerrilla llamaba "territorio liberado". Junto con Morazán, estos son los frentes de guerra sobre los que el FMLN tuvo más control. Su base social les permitió por años traducir el que fue control militar en control político. Desde la firma de los Acuerdos de Paz, para elecciones presidenciales, el Frente les dijo Rubén Zamora en 1994, y los militantes votaron por él; les dijo Facundo Guardado en 1999 y lo apoyaron; les dijo Schafik Hándal, Mauricio Funes, Salvador Sánchez Cerén… y la gente siguió con ellos. Pero ahora, ese dominio, incluso en estos "territorios liberados", titubea.

En esa cadena de dominó, Los Ranchos fue la primera pieza en caer. En Los Ranchos, el Frente incurrió en acciones parecidas a las que sus fieles le reclaman en el resto del país. El descalabro del partido en este municipio fue como un avance de lo que vendría; las lecciones de Los Ranchos podrían servir a un partido en reconstrucción, después de perder un millón de votos entre la presidencial de 2014 y la de este año.

Los pequeños signos de Los Ranchos son ahora metafóricos, si se los compara con la trayectoria del presidente electo de El Salvador, Bukele. Porque Bukele promueve su  historia de manera similar: un militante del FMLN que monta un mensaje anticorrupción aún en contra de sus compañeros de partido; un candidato que vistió las banderas de dos partidos ayudantes, CD y Gana, que hizo campaña sobre una gran gesta de infraestructura en el centro capitalino y que enfrentó la resistencia de sus ‘villanos’ particulares antes de, finalmente, inscribirse a la elección presidencial y lograr el triunfo.

“A nosotros nos pasó en chiquito lo que a Nayib en grande”, dice Miguel Serrano, el exalcalde que destronó al Frente con Cambio Democrático en Los Ranchos, y que fue decisivo en la segunda derrota del FMLN en un pueblo en el que, antes de 2015, el partido ni siquiera hacía campaña. Era suyo. Pero el divorcio ahora es definitivo.

Medardo González, al centro, luego de anunciar el retiro de la cúpula del FMLN y el adelante de elecciones internas. Foto: Víctor Peña.
 
Medardo González, al centro, luego de anunciar el retiro de la cúpula del FMLN y el adelante de elecciones internas. Foto: Víctor Peña.

El Frente empezó a pagar su verticalismo en Los Ranchos

San Antonio Los Ranchos no aparece mucho en las noticias. Alguna mención porque decrecieron las remesas, otra por ser uno de los municipios con cero homicidios —el jefe de la Policía local cuenta cuatro años desde el último, un pleito entre vecinos—, pero lo que atrae mayor atención es su historia política reciente. Los Ranchos es un pueblo donde la guerrilla fue fuerte en la guerra, con las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Es un pueblo de personas desplazadas, repoblado en 1988. Es un pueblo que recuerda sus historias de guerra como medallitas, y donde la Asociación de Desarrollo Comunitario (ADESCO) está decorada con una docena de fusiles de madera. Es un pueblo donde el FMLN lleva dos derrotas consecutivas en elecciones municipales, algo que nunca había ocurrido. Y es un pueblo donde el Frente se salvó por los pelos en la elección presidencial de este año. Literalmente, el Frente ganó este municipio por un voto en la presidencial de 3 de febrero: 348, frente a los 347 que logró Gana.

De los 32 municipios que el FMLN ganó en la presidencial de febrero, 11 están en Chalatenango, poblaciones muy similares a Los Ranchos. Esos 11 municipios, no obstante, solo representaron la mitad de un punto porcentual de los votos válidos en las últimas elecciones: menos de 14,000 votos, nada ante el millón de votos que Bukele sacó al Frente el 3-F.

Para 2015, Bukele todavía era alcalde del FMLN, el Frente acababa de ganar su segundo periodo presidencial consecutivo y era, discutiblemente, la primera fuerza política del país. Era otro Frente, pero ya para entonces había signos de que estaba alejándose de sus fieles. Entonces, la militancia descontenta de Los Ranchos decidió darle una lección.

En 2015, parte de  la militancia de Los Ranchos, aglutinada en la Asociación de Desarrollo Comunal —ahora conocida como ADESCO histórica— rechazó a José Navarro, alcalde del municipio entre 2012 y 2015, y por entonces candidato a la reelección. Los argumentos de los inconformes señalaban a Navarro por deficiencias en su gestión, pero sobre todo reclamaban que la Comisión Política (CP) del FMLN no había tomado en cuenta sus voces y habían mantenido a Navarro como su candidato predilecto.

“Lorena Peña nos dijo ‘a un alcalde FMLN lo vamos a defender aunque esté equivocado. Aunque paguemos los mejores abogados. Es el prestigio del partido”. Y eso no es así. Eso de la sangre derramada no fue por un partido. Fue por vivir mejor. El proyecto no era un partido, era un cambio estructural”, reclama Miguel Serrano, el alcalde que ganó en 2015 con el CD. La exdiputada Peña se negó a darle una entrevista a El Faro sobre este tema.

El conflicto escaló de un desacuerdo por el candidato a un rompimiento. Y no se trataba de una simple disputa electoral. Los problemas entre el FMLN y lo que eventualmente llegaría a ser su oposición empezaron en 2012. Y los directivos locales del FMLN identificaron a una organización como la cuna de la oposición: la Asociación Tiempos Nuevos Teatro, cuyo nombre completo suena más inocuo que sus siglas: TNT. Miguel Serrano, quien luego sería alcalde, era el administrador de TNT. Igual que la dinamita, los miembros de TNT rompieron la dinámica política de Los Ranchos. “TNT es el motor de todo ese trabajo de volcar al Frente”, dice Otilio Serrano, quien fue alcalde de Los Ranchos por cinco períodos consecutivos, entre 1997 y 2012.

La directiva local del FMLN sabía esto y decidieron que, como forma de combatir su oposición política, TNT no podía permanecer en el municipio. Entonces, encontraron un argumento legal para sacarlos. Las oficinas de TNT están en un terreno que es copropiedad de la comunidad y de una congregación católica. Dina García, la esposa del alcalde del Frente, era directiva de la ADESCO y decidieron darle un ultimátum a TNT para que abandonara las instalaciones. Si no lo hacían, “el pueblo iba a retomar lo que les pertenece”, recuerda Walter Romero, director ejecutivo de TNT, haber escuchado.

El 8 de febrero de 2013, una turba atacó el centro cultural a las 4 de la tarde. “Aquí reventaron puertas, quitaron la alarma, sacaron los muebles a la calle con banderas del Frente y música revolucionaria. Eso es el FMLN local”, dice Walter Romero. Otilio Serrano admite ahora que fue una situación que se salió de control. “La decisión de que se fueran, excelente. Pero solo hubieran puesto una cadena. Eso no los hubiera condenado en juicio”, dice Otilio Serrano.

El inmueble estuvo tomado 70 días, hasta que una orden judicial permitió a TNT recuperar sus oficinas.  Todas las acciones quedaron grabadas en videos que fueron subidos a redes sociales. Romero y el equipo de TNT recopilaron los videos y presentaron una denuncia judicial, por los delitos de daños agravados y perturbación violenta de la posesión.  Tras un proceso de casi dos años, un juez dictaminó condenas contra cinco personas: Wilber Mejía Serrano, Fernando Serrano Cruz, María Dina García Franco, esposa del exalcalde Otilio Serrano, Morena Orellana de Serrano y Celina Ortega Alemán, secretaria municipal del FMLN en Los Ranchos.

Celina Ortega Alemán, secretaria municipal del FMLN en San Antonio Los Ranchos. Ortega es de las votantes fieles a su partido. Cree que votar por otra bandera es traicionar a la sangre derramada en la guerra civil. Las armas de la foto son hechas de madera y pertrechos reales de armas de guerra. Las armas las ocupan para hacer una reconstrucción de la repoblación de Los Ranchos en 1988. Decenas de familias habían huido por el acoso militar. Poco a poco, mientras esa área se consolidaba bajo férreo control de la guerrilla, regresaron a su pueblo. Foto: Fred Ramos
 
Celina Ortega Alemán, secretaria municipal del FMLN en San Antonio Los Ranchos. Ortega es de las votantes fieles a su partido. Cree que votar por otra bandera es traicionar a la sangre derramada en la guerra civil. Las armas de la foto son hechas de madera y pertrechos reales de armas de guerra. Las armas las ocupan para hacer una reconstrucción de la repoblación de Los Ranchos en 1988. Decenas de familias habían huido por el acoso militar. Poco a poco, mientras esa área se consolidaba bajo férreo control de la guerrilla, regresaron a su pueblo. Foto: Fred Ramos

Ortega Alemán y Orellana de Serrano son profesoras. La ley de la carrera docente establece que los educadores condenados por delitos no pueden ejercer durante el tiempo que dure la condena. Sin embargo, esas sanciones no se ejecutaron. “Yo fui a la audiencia (en la Junta de la Carrera Docente) con la otra compañera maestra, pero de igual forma no procedió y ahí murió todo”, dijo Ortega a El Faro. Ortega, de hecho, sigue siendo la secretaria municipal del Frente.

“Les demostramos con condenas y denuncias en el Tribunal de Ética del partido. Cuando pasó lo de Nayib, rápido le resolvieron. Yo me quedé pensando, ¿y nuestro caso?”, dice Miguel Serrano, el alcalde que derrotaría al FMLN en 2015. A Bukele, el Tribunal de Ética lo expulsó del partido por agredir a una síndica y por fomentar prácticas divisivas. El proceso de Bukele empezó el 20 de septiembre de 2017 y terminó 20 días después, el 10 de octubre.

“Intentamos la lucha interna. El 15 de mayo de 2014 nos reunimos en el 1316 (la sede del FMLN en San Salvador) con Medardo González (el secretario general del partido)”, dice Miguel Serrano. “Nos dijo que cualquier comunicación, queja o diálogo que tuviéramos nos reuniéramos con la diputada (Audelia López). A ella le vamos a creer. Pero eso no se podía hacer porque no había comunicación con Audelia. Nosotros lo intentamos de varias formas”, dice Serrano.

La abogada Berta Deleón representó a TNT en ese caso, cuando ella trabajaba para la organización Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (Fespad). “Nosotros como Fespad buscamos a Medardo para explicarle el caso. Yo le escribí correos a Medardo y le dije lo que estaba pasando. Jamás me contestó ni aceptó reunirse con nosotros”, dice Deleón. Medardo González contestó “estoy ocupado” a una llamada que El Faro hizo para consultarle sobre el tema.

Con las vías de comunicación rotas, empezó un conflicto que dividió al pueblo en dos bandos. En diciembre de 2014 nació el “Movimiento Social Revolucionario contra la Corrupción”, el MSRC. Tres meses más tarde, Serrano vencía en los comicios al FMLN.

El FMLN, en lugar de asumir la lección, profundizó la división. “Después de perder, Marco Tulio (Mejía, secretario departamental adjunto del FMLN para Chalatenango) y Audelia (López, diputada de Chalatenango) nos decían: ‘ya no recogemos basura. Váyanse’”, cuenta Serrano.

Para 2015, Serrano y su base aún querían seguir en el FMLN. Para 2018 ya no. “Cuando ganamos, mucha gente esperaba que el FMLN se acercara. Querían ir con el FMLN en la otra elección. Pero la gente se sintió maltratada. Ahora la gente me decía que apoyarían cualquiera que no fuera el FMLN ni Arena. Nosotros, de este FMLN no queremos nada ya”, dice. “Tenemos principios de izquierda. Pero está complicadísimo volver”.

A Serrano le fue bien como alcalde. “Le apostamos a la parte social. Dimos 60 becas universitarias. La alcaldía regaló abono a los agricultores, eso nunca había pasado, solo se recibían los paquetes agrícolas del Ejecutivo. Priorizamos el trabajo con los adultos mayores con la Asociación TNT”, dice.  Serrano se jacta ahora de haber sacado el primer préstamo de la historia de la municipalidad para construir la joya de su corona: un complejo deportivo que tiene la primera cancha de basquetbol de Los Ranchos, un gimnasio con algunas máquinas, una mesa de ping pong, juegos infantiles, una cafetería, y una cancha de fútbol rápido con iluminación, como las que se pueden alquilar en San Salvador por $30 la hora, excepto que en Los Ranchos solo cuesta $5.

Pero, para quien su palabra no baste, hay números. En 2015, Serrano ganó la alcaldía con seis votos.  En 2018, el MSRC ganó con 66, abanderado por GANA. La diferencia aumentó pese al cambio de partido y hasta de candidato. Serrano empezó a tener acercamientos con Gana en 2017. “Estábamos en la incertidumbre por la probable desaparición del CD. Hablamos con el CD y nos aseguraron que no tenían ese problema. Pero nos daba mala espina. Y era jugársela”, dice Serrano. Las bases apoyaron el cambio de partido. “Nosotros dijimos no nos estamos pasando a Gana. Necesitamos una bandera para competir y ellos (los dirigentes de Gana) fueron conscientes”, dice Serrano.

Finalmente, el CD pudo participar en la elección de 2018, pero una sentencia de la Sala Constitucional que prohibió el transfuguismo impidió a Serrano participar, por haberse cambiado de partido. Aún así, Serrano hizo campaña por el nuevo candidato y el Frente volvió a perder. Son magnitudes de un pueblo de 2,000 personas, pero la diferencia de votos se multiplicó por once.

Los hijos de los guerrilleros votaron por Nayib

Aún 27 años después de finalizada la guerra civil, el FMLN sigue siendo un partido en el que no cabe un dirigente importante que no haya cargado un fusil. El pedigrí cuenta como un elemento calificador, como la última prueba de fidelidad a “la causa”. De forma usual, las nuevas caras, las voces frescas, han sido descalificadas como ‘traidores’, por carecer de historias o cicatrices de guerra. Ese argumento es inútil en Los Ranchos, donde los artífices de las derrotas efemelenistas son hijos, sobrinos, hermanos de los excombatientes. Son, como en el dicho, cuñas que aprietan a su mismo palo.

Jaime Galdámez, por ejemplo, viene de una familia guerrillera, fue miembro de la directiva departamental del FMLN en Chalatenango durante cinco años y ahora es coordinador de educación de TNT, esa semilla del movimiento revolucionario contra la corrupción.

Jaime (36 años) se llama así porque el seudónimo de guerra de su padre, Delfino Gáldamez, era Jaime, cuando militaba en las FPL. Delfino murió en un ataque a Nueva Trinidad en enero de 1982. Su madre, Teresa Serrano, era conocida en la guerra como Leila. Trabajó para las FPL en el taller de explosivos, como asistente sanitaria o en labores logísticas de abastecimiento. Su segundo esposo murió en la masacre de Nueva Trinidad en 1991. Tras la guerra, Leila fundó la directiva municipal del FMLN en el municipio de La Palma.

Galdámez ahora recuerda lo que considera adoctrinamiento en las escuelas políticas del FMLN. “Llegamos a una casa de los Planes de Renderos (la escuela de cuadros) y el diputado Damián Alegría llegó a hacer una apología del Frente”, dice. La escuela política "Farabundo Martí" funciona en un local de la carretera a Planes de Renderos, desde inicios de este milenio. Es un lugar para que algunos miembros del Frente se preparen en historia del partido, análisis de coyuntura y teoría marxista, pero los cursos no son un prerrequisito para ascender. En esas reuniones, a las que Galdámez asistió entre 2010 y 2015, había temas que se omitían.

“Lo que pasaba en Los Ranchos era un tema vetado en asambleas departamentales. Nos decían que no discutiéramos de eso porque vamos a hacer división en el partido. O no hay que hacerle el juego a la derecha o a la oligarquía”, complementa Galdámez. Frases que se repetían una y otra vez cuando alguien sacaba un tema del que el partido no quería hablar. Y decir partido, por años, fue decir cúpula y acólitos.

Dibujo en la pared de una casa en el municipio de San Antonio Los Ranchos. Este municipio fue repoblado en 1988 por refugiados que estuvieron en Mesa Grande, Honduras. El FMLN gobernó desde las primeras elecciones en las que participó, en 1994, hasta el 2015, cuando por diferencias con la conducción del partido en el municipio el pueblo se dividió. Desde entonces, primero ante la bandera de Cambio Democrático y luego de Gana, el FMLN ha perdido las elecciones locales. Foto: Fred Ramos
 
Dibujo en la pared de una casa en el municipio de San Antonio Los Ranchos. Este municipio fue repoblado en 1988 por refugiados que estuvieron en Mesa Grande, Honduras. El FMLN gobernó desde las primeras elecciones en las que participó, en 1994, hasta el 2015, cuando por diferencias con la conducción del partido en el municipio el pueblo se dividió. Desde entonces, primero ante la bandera de Cambio Democrático y luego de Gana, el FMLN ha perdido las elecciones locales. Foto: Fred Ramos

Ivonne Yenci Cartagena tiene 23 años y ahora es síndica de Gana en Los Ranchos. Ella también estudió en la escuela de cuadros. Y también escuchó las mismas excusas para no discutir lo que ella, como militante de Los Ranchos, quería discutir. O lo que muchos quería discutir en 2015: la situación de Bukele, por entonces alcalde estrella del partido. 

En 2016, tres integrantes de la juventud del FMLN —Charlin Zúniga, secretario de juventud, la actual diputada Anabel Belloso, y Rosy Ortiz— dieron una entrevista a El Faro donde se les preguntó por diferentes temas. En ninguno de ellos discrepaban con el criterio de su secretario general. “Nosotros somos un proyecto de transformación del país y nos caracterizamos por ser un partido unido. Lo que nos mueve es esa combinación, ese acompañamiento entre las dos generaciones. Nosotros no vamos a dejar que nos quiten la experiencia de los mayores”, defendía en aquel entonces Zúniga a la dirigencia del Frente.

“Me acuerdo de esas encerronas en Los Planes de Renderos. En 2015 o 2016, intentamos sacar temas en las mesas, como lo de Los Ranchos o el tema de Nayib”, dice Cartagena, quien recuerda a Rosy Ortiz, una de las entrevistadas por este medio, presente en esas encerronas.

Y la respuesta que escuchó era la misma. “Nos decían que identificáramos bien al enemigo, que no le hiciéramos el juego a la oligarquía”. Pero hay algo en ese lenguaje replicado que ya no conecta con Cartagena. Es decir, ella nació en 1995, tres años después de la firma de los acuerdos de Paz. El lenguaje de guerra, ese que muchos de los dirigentes del Frente en 2019 ocupan, ya no sirve para algunos. Habla de una realidad que estos jóvenes nunca vivieron. Manejar un partido político como si fuera un escuadrón militar no siempre funciona.

“¿Dónde queda la crítica o autocrítica? Se intentaba que la juventud replicara lo que ellos estaban diciendo”, cuenta Cartagena, ahora funcionaria pública cobijada por Gana. “Yo nunca estuve afiliada al Frente. Pero se crece con los principios y la ideología. Nos sentimos parte del movimiento contra la corrupción”, dice.  “No andamos saltando de bandera en bandera, aunque quizá se ve así. Es un convenio para usar la bandera”, asegura. Bukele no es el único que ve a Gana como un vehículo del que tarde o temprano puede bajarse.

En Los Ranchos, los hijos, hermanos o sobrinos de los guerrilleros votaron celeste. Pero la presidencial vio el fenómeno expandirse en este corredor en el que el Frente todavía gana, pero con menos fuerza. Buenaventura Tobar, alcaldesa de San José Las Flores, dice que vio lo mismo el día de la elección. “Yo no me lo creo todavía.  Estamos sorprendidos. Siento que les trajimos la gente que votara por ellos”, dice. Desde 1994, ninguna bandera que no fuera el Frente había sumado tantos votos como Gana el 3 de febrero: 151 marcas en ese municipio aún efemelenista. El Frente ganó cómodamente con 833 votos, pero en un pueblo pequeño como este, en el que todos se conocen, esos 151 votos son sospechosos. “Pusimos vehículos y refrigerios. Ellos (Gana) no tienen local ni bandera. Incluso iban de rojo el día de la elección. Han andado en campaña con nosotros, pero no votaron por nosotros”, agregó Tobar.

Pero no son solo los jóvenes. Gana obtuvo 347 votos en la presidencial en Los Ranchos. Walter Romero, director ejecutivo de TNT, explica que lo que ha sucedido es “un proceso de madurez política”. Para Romero, los votantes “tienen muertos (en la guerra), pero eso no media en su pensamiento político. Ya no le dan garabato a la gente con eso”, dice  Romero.

El FMLN silenció sus voces críticas

La escultura principal del parque central de San José Las Flores es un busto del Ché Guevara rodeado de bombas y ametralladoras, pertrechos de guerra. En este municipio hasta los rótulos que en las tiendas indican los horarios de venta de alcohol tienen distintivos del FMLN.  El Frente ganó aquí en la presidencial de 2019, pero lo hizo con los números más bajos desde 1999: 83 % de los votos, tras rozar el 97 % en las tres anteriores. Cerca del busto del Ché, frente a la alcaldía, tres hombres mayores están sentados en unas bancas, a las 10:30 de la mañana del martes 12 de febrero. Dos de ellos platican:

—No sé por qué hasta ahora están pensando en volar cabezas. Esperaron hasta este golpe mortal que nos han dado a nuestro partido— dice uno de los hombres.

—Ya vamos para 15 días y nada. Antes, con los jefes de escuadra en la guerra, cuando caía  un compañero, al día siguiente ya estaba que lo mandaban de último— replica el otro.

El Frente no solo padeció de verticalismo, trató negligentemente a algunas de sus bases, amainó a su juventud. También olvidó implementar la crítica que lo caracterizaba y buscó explicar sus fracasos de forma externa. Tras la derrota de marzo de 2018, José Luis Merino, cabeza de Alba Petróleos en El Salvador y líder del FMLN, culpó a los empleados públicos que no son afines al partido de los resultados. “Esos hijos de puta no tienen por qué estar en los cargos de Gobierno, hay que echarlos a la mierda inmediatamente, ni en los cargos de las alcaldías, ni en los cargos de los ministerios”, dijo Merino en una arenga a simpatizantes.

“Aquí en Chalatenango hay un enorme descontento, pero somos pocos los que dijimos las cosas”, dice José Avelar, alcalde de Arcatao. El Frente nunca ha perdido una elección en Arcatao desde que aparece en la boleta: municipales, legislativas, presidenciales o balotajes. Todo rojo. Y Avelar parece sacado de un manual de alcalde en un pueblo dominado por la guerrilla y poblado por muchos excombatientes. Tiene la mano derecha amputada. "En combate", dice. Su pelo es corto, igual que su estatura, sus facciones cuadradas, como cortadas con cuchillo. Los ángulos rectos en la cara y en las facciones que se repiten en sus respuestas. Es directo.

Avelar dice que él nunca creyó en el eslogan de su partido que auguraba una remontada para el candidato Hugo Martínez. “Mi tarea era ganar la elección en mi municipio. Pero yo nunca estuve engañado. A mí no me sorprenden los resultados”, dice en su pequeña oficina de la alcaldía de Arcatao.

“Hay que meterle a la gente ser crítico. Cuando nos dio riata la policía, fuimos a la guerra, a las marchas.  Ese es el deber ser, regresar a las raíces. Pero una cosa es autocrítica y disponerse a cambiar; otra es hacerlo en medios”, advierte Avelar. “Eso perjudica al FMLN y es una forma de posicionarse en el mercado electoral. Bukele hizo eso, pero no se sentó con nosotros”, lamenta.

Para Avelar, el resultado del 3 de febrero es un cúmulo de decepciones de los electores, conectado de manera directa con lo ocurrido en la elección de  marzo de 2018, la otra gran derrota del FMLN. “Yo les dije: ‘no nos demos paja’. En diez meses no se pueden corregir los errores de gestión de nueve años”, dice. Entre esos errores señala programas gubernamentales, como la reducción de subsidios a gas o energía eléctrica, pero también decisiones de la dirigencia, como permitir que líderes en el partido ejerzan también cargos  como funcionarios públicos, es decir, dobles cargos.

Alfonso Ventura Alas, un profesor de 37 años de la escuela de Los Ranchos e investigador del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), cree que la reducción del padrón también se relaciona con la ausencia de debate en el partido. “El Frente ha desconocido a los intelectuales. Hablan de debate de ideas, pero en toda la dirigencia no hay ni uno que no haya tenido cargo público”, dice Ventura. En efecto, 18 de los 20 integrantes de la Comisión Política del partido han ocupado un cargo en el gobierno o en la Asamblea Legislativa.

Ventura es un militante del Frente con historia de guerra. “Mi papá fue secretario departamental de las FPL. Y cayó en el ataque en el 81. Fue capturado por miembros de la Guardia Nacional en Nejapa y nunca más supimos nada”, dice. Su madre también colaboraba con la guerrilla y se refugió junto a él en Mesa Grande, Honduras.  Pero el académico no se corta para señalar a su partido. “El Ejecutivo es una burbuja de poder que les impide ver las cosas particulares que los están carcomiendo. Entonces se meten en una burbuja y se apendejan”, dice Ventura.

El profesor cree que uno de los errores también ha sido la inmovilidad de las estructuras de liderazgo del partido. “A nivel municipal, departamental y nacional, los únicos canales con la dirección son estructuras partidarias. ¿A quienes llamaron para las evaluaciones (después de elecciones)? A las mismas estructuras municipales y departamentales que quieren mantener el cargo. Ese es un trueque, un trasiego de poder”, dice.

Cambiar las estructuras locales es un tema que causa escozor, aún después de la estrepitosa caída del partido. En Nueva Trinidad, donde hay que retroceder 25 años para encontrar la última elección en la que el Frente no ganó, Matías Abrego, secretario municipal del partido, dice que la renovación “no tiene que ser a barrer”.  Abrego hasta se resiste a llamar a la elección de febrero “un fracaso” y dice que solo fue “un pasar”.

Pero Emilio Salazar, exdirector municipal de San José Las Flores, dice que advirtió a su partido del peligro de no renovarse hace años ya. ”Una vez critiqué en una reunión en Chalatenango, hace dos o tres años. Dije que este se había convertido en un partido comercial, de la burguesía, y que había una rueda de caballitos montada entre diputados y alcaldes. Les dije que tenían que adecuarse a la alternancia interna, porque desde los acuerdos de Paz están los mismos rostros. Y se necesitan caras nuevas, eso diera más credibilidad”, dice Salazar.

“La verdadera izquierda de El Salvador”

Miguel Serrano camina de noche por el pueblo de Los Ranchos, cerca del complejo deportivo que construyó. Ayuda a sembrar un árbol, saluda a los empleados, pregunta a los jóvenes que van llegando a la cancha quienes juegan hoy.  “Es más fácil sentarse y esperar que venga el FODES (el fondo que la Presidencia envía a las alcaldías para invertir). Pero no lo vemos así. Este es un espacio para generar convivencia”, dice Serrano. Y en la noche hay familias con niños pequeños que llegan al complejo y le dan la razón.

Como no compitió con ningún partido en este periodo, Serrano ya piensa en competir por la alcaldía en 2021.  No sabe con qué partido aún, pero sí sabe que no será con el Frente ni con Arena. Ante la pregunta de si considera entonces a Nuevas Ideas, Serrano sonríe y dice que todo dependerá de la decisión de las bases. “Ya les demostramos que no necesitamos la bandera para hacer cambios”, asegura.

Mural en una de las calles de San Antonio Los Ranchos, Chalatenango. Foto: Fred Ramos
 
Mural en una de las calles de San Antonio Los Ranchos, Chalatenango. Foto: Fred Ramos

En la calle que lleva a la iglesia de Los Ranchos hay un mural. Tiene 23 rostros. Al centro están el Ché Guevara, Monseñor Romero y Rutilio Grande. Hay héroes locales de la guerrilla: Dimas Rodríguez, dos mujeres solo identificadas como Rosibel y Victoria, Marcos Guardado, Justo Mejía. También hay referentes del FMLN histórico: Schafik Hándal padre, Farabundo Martí, Anastasio Aquino. Hay otros hombres de izquierda: Héctor Silva, Guillermo Manuel Ungo. Cabe incluso Hugo Chávez. Está la comandante Chana, la hermana de la diputada Lorena Peña, pero no está Lorena Peña. El mural está en la casa de Ricardo Martínez, miembro de la directiva del MSRC. Lo único alusivo al FMLN es un grafiti con sus siglas que han pintarrajeado encima para mancharlo. Martínez eligió los rostros, sobre fondo de paisajes y torogoces. Está firmado por Franco, un artista chalateco, el 1° mayo de 2015. Y tiene en letras grandes, todas mayúsculas, una leyenda:

“LA VERDADERA IZQUIERDA DE EL SALVADOR”.

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