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Los días en prisión del expresidente Saca y los reos del sector 9

Los 15 presos del Sector 9 de Mariona, incluido el expresidente Saca y el exfiscal de la República, se bañan con agua de pila, limpian los baños, los cuartos, la cocina y gran parte del tiempo no contaban con ningún chorro en el sector 9. Los encierran en sus celdas de 8 de la noche a 6 de la mañana. Antes del encierro rezan el rosario y tienen como principal pasatiempo recibir clases de superación de otro reo, condenado por homicidio, y convertido en pastor. Cuatro visitas al sector 9 desbaratan el mito de que los ahí reclusos vivían con extremados privilegios.  

 
 

Diez reos uniformados de blanco están sentados en semicírculo delante de tres mesas de plástico. En el centro hay una pizarra, también blanca, a la que todos miran con atención. Quien hace los apuntes en ella es un pastor que se sabe casi de memoria el libro de trabajo, la adaptación cristiana de un texto de autoayuda que desarrolla 12 pasos para combatir el alcoholismo. Se llama Limpieza Interior para un Encuentro con Dios.

En la pizarra, escrito con plumón negro, la fecha, el nombre de la clase, los temas y una frase. Lo escrito luce así:


                                                                         Limpieza interior

 

                     Paso 9                                                                                              04.04.2019.



                    Tema: Reparación directa de los daños causados.

 

                    Subtema: Se necesita prudencia.

 

                                                                    “Sacar el tornillo que metimos”

Pasillo del sector 9 en el centro penal La Esperanza. Al final del pasillo, los baños y la pila. Foto de El Faro: Fred Ramos 
 
Pasillo del sector 9 en el centro penal La Esperanza. Al final del pasillo, los baños y la pila. Foto de El Faro: Fred Ramos 


El profesor de estos diez reos es Gabriel Rodríguez. Está condenado a 35 años de cárcel por homicidio agravado. Todos sus alumnos le llaman pastor. Cuando habla, su voz se hace más carrasposa y su tono es más severo, cual pastor evangélico en su púlpito.  

En la clase todos están callados y atentos. Uno de los reos levanta la mano y el pastor le cede la palabra. Hace la pregunta y el pastor responde algo que no puedo escuchar desde la distancia, unos cinco metros. El reo escucha atento la respuesta de su tutor. Este curso, cuyo contenido se centra en la lectura de la Biblia, es el preferido de los internos del sector 9. Quien preguntó fue el expresidente Elías Antonio Saca.

Esa es la escena que pude ver en los cinco minutos que me permitieron observar el patio del sector 9 mientras ocurría un taller. Ese es el espacio al que cada día salen a ver el sol los más célebres reos de Mariona. Es un patio encementado, sin decoración alguna. En él, estos reos han recibido el curso de limpieza interior, de cocina, de pintura, de yoga. También en ese patio del tamaño de una cancha de baloncesto reciben las visitas de sus abogados y familiares. Lo que ocurre en ese patio y el encierro en sus celdas son su vida.  

El pastor alecciona a reos distintos, pero con una característica común: sus casos judiciales recibieron amplia atención por su notoriedad como figuras públicas. Hoy lo escuchan con atención Saca; dos exsecretarios presidenciales —uno del último gobierno de Arena, Élmer Charlaix, y otro del primer gobierno del FMLN, David Rivas—; un acaudalado corredor de autos y exfuncionario del gobierno de Mauricio Funes, Miguel Menéndez, mejor conocido como Mecafé; el papá de un piloto del expresidente Funes acusado de lavado de dinero, Luis Miguel García; y dos exjueces antimafia del oriente del país, Jorge González y Rodolfo Castillo. Casi en el centro está Esteban Cañas, exgerente del periódico La Página y Grupo Orbita, acusado de lavado de $8.1 millones. También asistió Ramiro Fuentes, empleado de un juzgado al que Saca intentó sobornar.  Aunque casi siempre llegan, a esta clase no asistieron dos alumnos asiduos al curso: el exsecretario de comunicaciones de Saca, Julio Rank, y el ex fiscal general, Luis Martínez. El primero, está hospitalizado; el segundo por atender asuntos de su proceso judicial.

También suelen asistir los tres exempleados de Casa Presidencial (Capres) que purgan condena en este sector de Mariona, aunque este 4 de abril solo llegó uno, Pablo Gómez. Son los obreros que movieron dinero público hacia las cuentas personales de los últimos tres presidentes del país, incluido el efemelenista Salvador Sánchez Cerén, que entrega el cargo este 1 de junio. A la par de David Rivas está sentado Raúl Mijango, el ejecutor de la tregua entre pandillas, plan que fue organizado en el despacho del ministro David Munguía Payés, entonces a cargo de la cartera de Seguridad y Justicia y ahora al mando de Defensa. El proceso contaba con la anuencia del expresidente Funes.

Una característica común de los habitantes del sector 9, dice el director del penal, Élmer Mira, es que todos leen la Biblia y rezan el rosario. Se reúnen en una de las minúsculas celdas para rezarlo en conjunto antes de las ocho de la noche, cuando todos son encerrados. A veces, las barreras se rompen en una celda, y el expresidente arenero del Súper Mano Dura reza junto a un exguerrillero y mediador con las pandillas; o un exfiscal clama a Dios uniendo sus plegarias a las de dos jueces a los que metió a prisión.

Pese a la devoción mostrada noche a noche por estos reclusos, tras las cuatro veces que visite Mariona —casi ocho horas de entrevistas con reos y empleados del penal—  salí convencido de algo: ninguno admite ser un criminal, incluidos los diez que ya están condenados. Hablé con tres de los reos del sector 9, con dos empleados de la cárcel, y con el director Mira. Todas esas voces coinciden en algo: en el sector 9 todos se consideran víctimas de una injusticia.

Para explicar el tema de este día, “Reparación de los daños causados”, el pastor  da lectura a Ezequiel 33:15, del Antiguo Testamento: “si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado y caminare en los estatutos de la vida; no haciendo iniquidad, vivirá”.  

—¿Pastor, usted cree que ellos están conscientes de sus errores? —le pregunto cuando termina sus enseñanzas.

—Dice la escritura: “No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido: se hizo juicio y justicia; vivirá ciertamente” —responde el pastor optando por la misteriosa literalidad de la Biblia.

***

Saca tiene 845 noches durmiendo en la celda cinco del sector 9 de Mariona. A escasos metros, en el mismo edificio donde duerme, hay una pared que tiene una placa con su nombre: “Sala de Cine  Penitenciaría Central La Esperanza. Esta obra fue construida por la Dirección General de Centros Penales durante la administración del presidente Elías Antonio Saca”.

Cuando pusieron la placa, 16 de noviembre de 2004, Saca tenía un poco más de cinco meses en el cargo de presidente y había llegado al penal para cortar la cinta. Era el primero de los políticos de posguerra en obtener más de un millón de votos y ganar por casi medio millón de ventaja a su adversario y líder histórico del FMLN, Schafik Jorge Hándal.   

Después de 2009, cuando entregó el poder al primer gobierno efemelenista, esa popularidad se fue esfumando hasta casi desaparecer por completo. En las presidenciales de 2014 quedó en tercer lugar, lejos del también excomandante guerrillero Sánchez Cerén.

Fue capturado en la madrugada del 30 de octubre de 2016, en la fiesta de la boda de su hijo mayor, Gerardo.  

Un día después del 25 aniversario de la firma de paz, el 17 de enero de 2017, tras pasar un tiempo recluido en bartolinas policiales, Saca se convirtió en el reo más insigne de Mariona y en el primer presidente de El Salvador en pagar con cárcel una condena por delitos de corrupción. Ocho años después de concluido su mandato, Saca llegó al recinto que remodeló para ocupar una celda de 2.5 metros de frente y 3.5 de largo, de dimensiones similares a las del baño de visitas de su casa en la pudiente colonia Escalón.

El expresidente, Elías Antonio Saca, guarda prisión desde el 17 de enero de 2017 en la celda 5 ubicada en el sector 9 de Mariona. La imagen fue captada desde el patio exterior de ese sector justo cuando Saca se asomaba desde su celda. Foto de El Faro: Carlos Barrera.
 
El expresidente, Elías Antonio Saca, guarda prisión desde el 17 de enero de 2017 en la celda 5 ubicada en el sector 9 de Mariona. La imagen fue captada desde el patio exterior de ese sector justo cuando Saca se asomaba desde su celda. Foto de El Faro: Carlos Barrera.

El sector 9 tiene 11 celdas: una de ellas, la que tiene espacio para 16 reos, está vacía y no entra luz natural. No tiene focos ni colchonetas en los catres. Las otras diez celdas tienen dos camarotes en su interior, cuatro plazas para dormir. La cinco, la de enmedio del pasillo, es la que comparte Saca con Charlaix. David Rivas, Mecafé y Luis Miguel García comparten la celda tres. Ramiro Fuentes, secretario de un juzgado acusado de filtrar información al expresidente Saca, comparte la celda cuatro con el exjuez Rodolfo Castillo y Mijango. En la celda 6, duermen César Funes y Julio Rank. En la celda siete están los obreros de la partida secreta: Pablo Gómez, Jorge Herrera y Francisco Rodríguez. Y en la ocho está el exfiscal Luis Martínez junto a Jorge González, quien era juez cuando su ahora compañero de celda lo metió preso por cobrar sobornos a narcos. A estos últimos los acompaña Esteban Cañas, el contador y financiero de las empresas del exempresario televisivo, Jorge Hernández.

El edificio recibe sol todo el día, pero el pasillo techado de la celdas es oscuro. Ningún rayo directo de sol entra ahí. En cada una de las celdas hay un escuálido foco de luz blanca que está encendido incluso de día. En el fondo del pasillo, siempre bajo techo, está la pila que ocupan para bañarse a huacaladas cada madrugada, un urinario y cuatro inodoros sin puerta que los reos descargan también sacando y vertiendo agua de pila.

Dentro de las celdas, el único escudo contra el sol es un delgado techo de duralita que genera un calor sofocante, húmedo. Es por eso que el expresidente Saca duerme en la parte alta de un catre metálico de dos niveles que lo acerca a la ventana, a la posibilidad de recibir alguna corriente de aire.

Entré al sector 9 el último día de abril de este 2019. Pude recorrer todas las celdas. Ese día había una nube gris que tapaba el sol, pero el calor era inclemente.  La celda cinco, de los reos Saca y Charlaix, era la más ordenada. Charlaix había dejado un rosario de madera en su almohada. Ambos comparten un improvisado estante de libros en el que sobresale una estampita de San Óscar Romero. Utilizan una parte de la celda para colgar la ropa que ellos mismos lavan durante el día. Aunque son los reos más prominentes del sector, el director solo les permite acumular cuatro camisas blancas, cuatro bermudas blancas y media docena de calcetines y calzoncillos a cada uno.  

En la celda del exfiscal general destacaban tres estampillas religiosas pegadas en la pared junto su catre: la Virgen de Guadalupe, Jesús y una pequeña de San Óscar Romero. “Al igual que casi todos los reos, su refugio es Dios o la religión”, explicó el director.  Un reo y un exempleado del penal coinciden en algo: Luis Martínez es el reo al que más llaman la atención. “Es al que más regañan los guardias, siempre cuelga ropa y tiene todo desordenado”, dijo un empleado de Mariona.

El expresidente Saca ocupa su tiempo leyendo la Biblia Latinoamericana, a Paulo Coelho y casi todo lo que cae en sus manos. Tiene turno de limpieza en el comedor, en los baños, y en el pasillo los miércoles, viernes y sábados. Saca hace uso de los $150 mensuales que le es permitido a cada reo gastar en la tienda del penal. En esa tienda venden desodorantes, jabones, papel higiénico, champú, café y comida en lata. “(Saca) acumula lo que puede. Ya agarró la maña de los demás reos”, dice un empleado de Mariona. De hecho, Saca solicitó aumentar la cuota de $150 que puede gastar mensualmente, pero su petición fue rechazada. En la primera entrevista que me concendió Saca, en 2003, cuando era candidato presidencial, me contó de una costumbre que había aprendido desde que era empresario y que le daba sensación de seguridad: aunque tuviera tarjetas de crédito, chequeras y dinero en bancos, él siempre mantenía en su cartera $300 en billetes de distinta denominación.  

“Al principio, (Saca) me pidió una celda solo para él, pero le dijimos que no, que teníamos que hacer lo mismo con todos. Y no se puede”, dijo el director Mira, un expolicía que ha hecho de Mariona una cárcel decente y se ha acostumbrado a rechazar incontables peticiones de los personajes del sector 9.

—¿Qué es lo que más le piden estos reos?

—De todo. Comer cosas de afuera: hamburguesas, por ejemplo— dice el director Mira.

—¿Qué les responde?

—Que no.

El “sector VIP” de Mariona solo es VIP por lo insigne de sus personajes. Sus privilegios son relativos: están alejados de la población general. En Mariona, la celda más hacinada está hecha para 20 y en ella duermen 40 reclusos. Los del sector 9 comparten celda con un reo o dos, y su encierro ocurre a las 8 de la noche, 2 hora después que para el resto de presos.

Los reos del 9 no tienen privacidad alguna. Hay cámaras de vigilancia que pueden captarlos en cualquier punto, incluidos inodoros y celdas. Las autoridades penitenciarias justificaron esta medida por un temor: que alguno de los encerrados ahí se intentara suicidar.

El sector 9 existe desde antes de la llegada de presos célebres. Entonces, sus celdas eran ocupadas por reos acogidos en programas de testigos.  

Los primeros reos implicados en casos de relevancia en la opinión pública que entraron aquí fueron Alejandro Maximiliano González, conocido en la farándula como Gordo Max, y Ernesto Regalado O'sullivan, parte del núcleo de unas de las familias más ricas e influyentes de país: los Regalado Dueñas. Llegaron en la primera semana de enero de 2017. Los seis siguientes ocupantes llegaron el 17 de enero, los hoy condenados por el caso Saca.

Otra vez, la misma pregunta al director Mira:

—¿Tienen privilegios los reos del sector 9?

—Yo no creo. Quizá por el espacio, pero nadie quiere venir acá. Se les cierra la celda un poco más tarde, pero es porque el promedio de edad del sector sobrepasa los 50 años, es para que puedan ir al baño— responde.

El director Mira tiene la personalidad de un severo policía, y sus frases suelen ser tajantes: “les digo que no a todas sus peticiones, pero es por igualdad, todos tienen los mismos derechos. Si se viene a ver los días de visita, verá que hasta sus familias entran con el tipo de yinas Balco que se acostumbra; es que las visitas familiares no pueden entrar con zapatos normales”.

A pesar del director Mira, el expresidente Saca es hábil y ha logrado sus pequeñas victorias. Es el preso del sector 9 con más cosas. Tiene en la parte de abajo de su camarote su reserva: tres latas de atún, un par de cajas de cincuenta sobres de café Riko, uno de los más baratos del país; seis sopas de fideos a las que todo el mundo conoce como “Maruchán”, y una decena de rollos de papel higiénico. “Eso es ser rico aquí”, dice un seguridad del penal.

Afuera de la cárcel, Saca acumuló una mansión de $8 millones y al menos cuatro casas en la exclusiva colonia Cumbres de Cuscatlán; otra casa en la residencial Palmira; 450 manzanas de terreno en dos haciendas -la Constitución establece 350 como límite de posesión de tierra-; varios apartamentos en condominios La Montaña 2, en Santa Tecla; y en condominios Montecastello, de la colonia capitalina San Benito. Su empresa radial tenía 86 frecuencias. Todo esto está en un juicio de extinción de dominio y, salvo alguna radio, todo está siendo administrado por el Estado.

César Funes, el reo del Yo cambio

Hoy es 3 de abril, y es la primera vez que hablo con el reo César Funes, exsecretario de Juventud de la administración Saca. Tiene más de dos años de no dormir en su cama. La última vez que hablé con este político cuando no era reo me citó a su despacho en el piso 12 de Plaza Futura, uno de los condominios de oficinas más exclusivos de la capitalina colonia Escalón. Faltaban un par de meses para las presidenciales de 2014 en las que su amigo Saca compitió por segunda vez. Aquel día, Funes vestía un pulcro y casual saco azul, que combinaba con el pantalón caqui y sus zapatillas de cuero color vino.

Ahora duerme en un catre de metal en una oscura y calurosa celda. Es el único que, de momento, duerme solo, después de que su compañero, el exsecretario de comunicaciones de Saca, Julio Rank, fuera trasladado al hospital Zacamil en la segunda semana de enero de este año.  

El ex secretario de Juventud durante la Presidencia de Saca, César Funes, saluda a Francisco Rodríguez Arteaga, exjefe de la Unidad Financiera Institucional de Casa Presidencial. La imagen fue captada en un sector común de Mariona, donde se imparten talleres del programa Yo Cambio, al que asisten algunos de los reclusos del sector 9.  Arteaga es uno de los tres técnicos condenados por lavado de dinero y peculado en el caso de la corrupción de esa administración. Foto de El Faro: Fred Ramos
 
El ex secretario de Juventud durante la Presidencia de Saca, César Funes, saluda a Francisco Rodríguez Arteaga, exjefe de la Unidad Financiera Institucional de Casa Presidencial. La imagen fue captada en un sector común de Mariona, donde se imparten talleres del programa Yo Cambio, al que asisten algunos de los reclusos del sector 9.  Arteaga es uno de los tres técnicos condenados por lavado de dinero y peculado en el caso de la corrupción de esa administración. Foto de El Faro: Fred Ramos

César Funes fue arrestado la madrugada del 30 de octubre de 2016 en la boda del hijo de Saca, que ocurría en el exclusivo salón de eventos Hacienda de Los Miranda. Desde esa noche, durante 3 meses, durmió en las bartolinas de la División Antinarcóticos (DAN) de la Policía Nacional Civil (PNC). Dice que no los sacaban ni a caminar y en la celda no había espacio de suelo libre, ya que todo era ocupado por colchonetas. Luego, desde enero de 2017, fue trasladado al sector 9 de Mariona.

En la cárcel, el reo Funes también luce pulcro: zapatillas deportivas Nike grises, calcetas blancas ajustadas a la pantorrilla y una holgada bermuda también blanca. Usa una camisa de tela sintética con un estampado del programa Yo Cambio, implementado por este gobierno para suplir el tiempo de ocio carcelario e instruir a los reos con buen comportamiento en oficios que puedan practicar una vez en libertad. Hay algo en la presentación del reo Funes que lo distingue de la mayoría de presos del penal con los que convive al salir de su sector: sus manos libres de callosidades, sus uñas perfectamente recortadas. La vida acomodada es más notable cuando un exfuncionario como este camina por Mariona. Funes cumple una condena de cinco años tras declararse culpable de lavado de dinero.  

Empezó en el Yo Cambio alrededor de abril, tres meses después de llegar a Mariona. Empezó impartiendo clases de inglés. Dice que también se metió a clases de pintura y hasta pintó un par de cuadros. “Después me metí a yoga”. Las clases de yoga la daba un reo al que le decían Yoga.

Yoga se fue, pero hoy otros internos que aprendieron de él siguen dando el curso. Es una de las actividades más populares en el penal. Todos los internos del 9 la han recibido.

Las paradojas en la vida del reo Funes restan potencia al argumento de que el 9 es un sector VIP.

Hasta hace unos días, el reo Funes, expresidente de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (Anda), no tenía chorro de agua potable en su sector. Instalaron uno en la pila del fondo del pasillo en abril pasado. Todos los reos del 9 se bañan a huacaladas con agua de esa pila que está junto a los retretes.

Todos, el expresidente, el exfiscal, el reo Funes y los demás del 9, dependen del humor de un silencioso y moreno celador que en más de una ocasión ha olvidado sacarlos a tomar sol. “Usted puede notar que es muy serio, estricto”, describe un empleado del penal, con una risita pícara, al celador que abre las puertas de las diez celdas del 9 que tienen ocupantes.

Entre las 8 de la noche, cuando las celdas se cierran, y las 6 de la mañana, cuando se abren, el reo Funes y los demás deben contener cualquier necesidad fisiológica o usar una  cubeta.  

Funes y sus compañeros del 9 usan uniforme, comen en recipiente de plástico la comida de Food Tech, empresa que da de comer a los presos de este país, y tienen que apuntarse al menos a un curso impartido por otros reos, como aquel del profesor Rodríguez, preso por homicidio.

Vista del sector 9 desde el jardín principal de Mariona. Las celdas están ubicadas en el segundo nivel, sobre las oficinas administrativas del penal. Foto de El Faro: Carlos Barrera
 
Vista del sector 9 desde el jardín principal de Mariona. Las celdas están ubicadas en el segundo nivel, sobre las oficinas administrativas del penal. Foto de El Faro: Carlos Barrera

El reo que no reconoce su error

En los cinco años de administración de Saca, a parte de los cargos públicos, Funes también fue vicepresidente de organización de Arena, el tercero al mando del partido de derecha. El Faro habló con él en dos ocasiones dentro de Mariona. Funes aceptó las entrevistas con la condición de no profundizar en el caso por el que fue condenado. “Creo que no es momento para estas reflexiones”, dijo.   

Aunque confesó ante un juez haber lavado dinero público, se niega a reconocerse como una persona que debe rehabilitarse por haber fallado a la sociedad.

—¿Usted dice que no cometió delitos? ¿No se considera culpable del delito por el que fue condenado? —pregunté al reo Funes.

—Yo le digo que como concepto no es correcto que criminalice algo que ha existido dentro de la institucionalidad del país por tanto tiempo —respondió.

El reo Funes admitió haber lavado dinero de los salvadoreños ante un juez y por ello consiguió, al igual que Saca, Charlaix y otros, una sentencia reducida el 12 de septiembre de 2018. “Por otro delito no me han condenado”, presume Funes al explicar que no fue condenado por la otra acusación, peculado (malversación de fondos públicos).  

En su confesión aceptó lo siguiente: “Me realizaron transferencias de fondos a mis cuentas personales y me dieron cheques. Yo estaba consciente de que estas cuentas habían sido alimentadas con fondos provenientes de la Presidencia”. Las transferencias suman $1.2 millones, aunque su abogado aseguró que hay que deducir $300,000 utilizados para sobresueldos de empleados de la Secretaría de la Juventud, pago de servicios, y $145,000 para dos empresas de Saca. Pero para él, ahora, encerrado y lejos del poder, no es justo que se criminalice eso.

—¿Usted no se considera una persona que hizo cosas malas? Y me refiero a esa práctica (uso discrecional de fondos reservados) que dice que siempre ha sido normal en la política— pregunté.

—Y sigue siendo normal— respondió.  

—¿Lo que dice es que ha sido injusto su caso?

—Sí.

—¿Lo dice porque solo han juzgado a un grupo y no a todos los que hicieron lo mismo?

—Sí, es correcto. Pero le digo: entrar en la práctica de querer apuntar dedos es algo de lo que todo el país debemos alejarnos.

—¿Y la mansión de $10 millones de Tony Saca y los abusos ya conocidos de la Presidencia Funes?

—Yo no voy a entrar a defender el uso de todos los gastos reservados. Cada quien debe responder por los gastos reservados que administró en su momento.

El valor de la cubeta

“Cuando uno no ha vivido dentro de un centro de detención, el concepto de libertad es distinto”, comenta el reo Funes. Dice haber cambiado. En la cárcel parece una especie de gerente de las nacientes industrias penitenciarias. Me mostró todos los proyectos del programa gestionados por internos: la cocina, los talleres de carpintería, pintura, la zapatería y la panadería. “Los internos lo ven como el coordinador, pero todos son enlaces de sus sectores. Los de la oficina lo ven con respeto”, reconoce el director Mira.

Funes empezó a salir de su celda y buscar una actividad que lo mantuviera ocupado entre abril y mayo de 2017. Antes de eso estaba en la DAN. “Llegamos acá y todo el mundo hablaba del Yo Cambio”, recuerda. En ese tiempo había 14 reos en el 9. Hoy son 15, contando a Rank, que está en el hospital.

Funes es uno de los principales defensores del Yo cambio en Mariona. Valora que pesar de que el sector 9 es estrecho, se pueda circular de una celda a otra. En la DAN estuvo en una pequeña bartolina. “Había cuatro colchones en todo el suelo y no salíamos en todo el día. Acá hay catre, no (dormimos) en el suelo, ya se tiene espacio para caminar en el suelo”, valora. Recuerda que en la DAN hubo una pequeña concesión cuando un juez ordenó que junto a Saca, Charlaix y Rank pudieran caminar 30 minutos en la mañana y otros 30 en la tarde, fuera de la celda. “Salíamos de dos en dos: primero salía Julio (Rank) y luego Élmer (Charlaix); después salíamos Tony (Saca) y yo”, recuerda Funes desde Mariona. También recuerda que se le entumecieron los músculos.

En la DAN, no tenían comedor. Como mesa ocupaban una cubeta de pintura. Dice que se convirtió en chiste. “La cubeta de pintura era la mesita donde comíamos, también era el clóset, era la alacena, era la silla”. En Mariona, casi todos tienen una cubeta similar. Les sirve de sanitario durante el encierro nocturno de diez horas.

Desde Mariona, el reo Funes dimensiona el valor de un bote de pintura vacío. “En tu vida has apreciado lo que una cubeta puede representar”, dice.

César Funes fue el primero de todos los reos del sector 9 en inscribirse en el programa Yo Cambio. Tiene una condena de cinco años. Fue capturado el 30 de octubre de 2016. Foto de El Faro: Fred Ramos
 
César Funes fue el primero de todos los reos del sector 9 en inscribirse en el programa Yo Cambio. Tiene una condena de cinco años. Fue capturado el 30 de octubre de 2016. Foto de El Faro: Fred Ramos

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