Publicidad

Tuitear con maestría y reprobar en comunicación

Willian Carballo

 
 

Nayib Bukele ha cumplido este primer año en el Ejecutivo con todos los requisitos para ser nombrado tuitero destacado.

Para empezar, publica mucho, como si por cada mensaje le pagaran 5750 dólares (o 5.75 centavos, ya no sé, me confunden los ceros). En mayo, justo antes de alcanzar sus primeros doce meses como presidente de El Salvador, promedió 64.9 tuits al día, incluyendo retuits y respuestas, según la herramienta Tweetstats. Lo hace, además, como un zorro rojo millennial: principalmente de noche y a la caza de roedores. Ocupa IPhone. Le encanta retuitear a diputadas influencer y compartir notas de @tcsnoticias y @elblog que lo ensalcen. Rara vez contesta. Y, cuando se anima, suele ser a algún extranjero y en inglés.

No es solo cantidad, es también lo que escribe. En 365 días, aclaró que nunca fue raptado por extraterrestres y se autonombró el presidente más cool del mundo. Además, despidió por Twitter a los familiares que el FMLN había inventariado y le dio órdenes a una nueva parentela celeste que él instaló. Rezó Isaías 65:24 y Reyes 9:3. Mostró a su hija viéndolo en la tele el día que forró de militares la Asamblea para presionar por un préstamo y acusó a los partidos de oposición de ser mil veces malditos. En días recientes, se echó de enemigos a la diplomacia mexicana, a funcionarios ticos, a Human Rights Watch y a los vecinos que, a ritmo de pitos, convirtieron la residencial Los Sueños en su pesadilla. Otro día en llamas en la oficina. Otra buena jornada.

Ante ese currículum, el título de tuitero destacado es merecido. En hora buena. Todos de pie y a darle fav. 

Pero ahora vamos a lo serio. La verdad es que, a pesar de ese terremoto tuitero que abrió un barranco entre él y su ausente predecesor, el presidente actual ha comunicado muy poco, al menos desde un enfoque más integral y no meramente propagandístico. Uno puede tuitear a borbotones y hacer marketing electoral. O citar la biblia y crear propaganda simbólica. Pero esos dos conceptos son solo una parte de la comunicación política. Desde una visión más completa, esta consiste en generar información que conecte a los votantes con el poder, con las instituciones públicas, para crear ciudadanos informados y una democracia sólida. Ahí está la deuda, y la explico a continuación con cuatro argumentos.

1. Nos ha vendido la idea de que su estilo es democrático como ninguno. Su tesis es que no necesita a los periodistas para mediar entre él y los ciudadanos porque, desde sus redes, habla directamente con ellos, casi igual como con Dios. Contado así, suena idílico. Sin embargo, esa línea directa con el presidente es, en realidad, una curva para despistarnos. Este modelo significa que sus seguidores reciben solo lo que él decide. Si afirma en 280 caracteres que hay doce pasajeros contagiados con covid-19 a punto de abordar un avión México-El Salvador es porque los hay. Podrá ser cierto, falso o media verdad. ¿Cómo saberlo? Si no hay prensa que cuestione o que contraste, información como esa pasa a ser palabra del señor presidente y, por lo tanto, muchos la creen. A los Castro –los de Cuba, no los que luchan acá contra torticeros valladares– les hubiera encantado ese modelo.

2. Si bien hoy podemos celebrar el primer diente de su hija o reclamarle las decisiones sin intermediarios, incluso con insultos –gusto que nos hubiéramos querido dar con Funes si hubiera tenido Twitter en su gestión–, esto no es necesariamente sinónimo de diálogo. ¿Cuántas veces le ha contestado a sus dos millones de seguidores en Twitter? La relación es vertical, como la plomada de un albañil. Habla, respondemos; pero él no contesta. En las facultades de comunicación nos enseñan que a ese modelo le faltan elementos, entre ellos, el cambio de roles. 

3. ¿Y los que no tienen Twitter? Los datos más optimistas hablan de que la penetración del internet en el país es de 57 % (Internet World Stats). Hay quienes dudan del dato y argumentan que es mayor, que hasta en los cantones fían el alma por un dólar de saldo. No es exactamente así, pero, aunque lo fuera, lejos de nuestra burbuja de likes, aún existen señoras de 70 años con delantal que no entraron a la web para ver si podían ir por los 300 dólares de ayuda por la crisis sanitaria. ¿Por qué? ¡Porque nadie les ha enseñado tecnología ni tienen tiempo y dinero para conectarse! Para estos ciudadanos, la información solo existe si la confirma Kathya Carranza, antes de saludar a la señora Gozo, de nombres Alma y Marcela, por tv. Así, los desconectados, aunque cada vez sean menos, todavía quedan fuera de la fórmula.

4. Además, y este es el último punto, no satisfecho con ese modelo aparentemente democrático, pero que escupe verticalidad debajo de la mascarilla, el presidente ha demostrado que la prensa seria lo enferma. Ha negado acceso a conferencias a periodistas de El Faro y Factum, bloqueado en Twitter las cuentas de comunicadores, complicado el acceso a la información pública y vetado a sus funcionarios de asistir a Canal 33 y a Pencho y Aída. Lo irónico es que, al mismo tiempo, se deja apapachar por portales de contenido que, junto a cuentas afines, atacan en jauría a quien ose contradecirlo. Son usuarios que, por un simple tuit, llaman “putas” a comunicadoras críticas. O supuestos periódicos que, cada vez que el mandatario desenvaina la espada contra algún preguntador inquisitivo, arman predecibles videos del tipo Presidente ahueva a periodista.

Por eso afirmo que el saldo en materia de comunicación es engañoso. Armado con biblias y fusiles como símbolos de cabecera y perfilado como el millennial más cool de las redes sociales, el presidente cierra el primer año de su gestión como tuitero destacado: summa cum laude. Pero si de comunicación política hablamos, desde esa visión más integral y democrática que les contaba, entonces la nota es 10. Perdón, otra vez me confundí con los ceros. Quise decir 1. 

Willian Carballo (@WillianConN) es investigador, catedrático y consultor especializado en medios, cultura popular, jóvenes y violencia. Coordinador de investigación en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.
 
Willian Carballo (@WillianConN) es investigador, catedrático y consultor especializado en medios, cultura popular, jóvenes y violencia. Coordinador de investigación en la Escuela de Comunicación Mónica Herrera.


Apoya el periodismo incómodo

Si te parece valioso el trabajo de El Faro, apóyanos para seguir. Únete a nuestra comunidad de lectores y lectoras que con su membresía mensual o anual garantizan nuestra sostenibilidad y hacen posible que nuestro equipo de periodistas llegue adonde otros no llegan y cuente lo que otros no cuentan o tratan de ocultar.
Te necesitamos para seguir incomodando al poder.
¿Aún no te convences? Conoce más sobre cómo se financia El Faro y quiénes son sus propietarios acá.

Publicidad
Publicidad

 

 CERRAR
Publicidad