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Biden gana la presidencia y saca a Trump de la Casa Blanca

Tras una participación electoral récord y días de suspenso, los principales medios de comunicación estadounidenses declararon al demócrata Joe Biden presidente electo. Estados unidos tendrá además por primera vez una mujer y una persona de color como vicepresidenta: Kamala Harris. El presidente Donald Trump se niega a admitir su derrota y denuncia fraude, sin ninguna evidencia. Biden ha prometido revertir las decisiones de su antecesor sobre TPS y DACA, que amenazan a cientos de miles de centroamericanos con su deportación.

AFP/ El Faro

 
 

El demócrata Joe Biden alcanzó este 7 de noviembre la Presidencia de los Estados Unidos, cuatro días después de unas tensas e igualadas elecciones contra el presidente republicano Donald Trump, quien no ha concedido la derrota y, en cambio, denuncia fraude, sin presentar pruebas de ello, y demanda judicialmente recuentos en estados donde ha perdido. 

Biden, hasta este 7 de noviembre, tenía más de cuatro millones de votos de ventaja sobre Trump. Sin embargo, su victoria no se había confirmado, debido al Colegio Electoral, el sistema estadounidense de sufragio universal indirecto. El número mágico es 270, de un total de 538 electores. En la mayoría de conteos, Biden tuvo 253 y Trump 213 desde la noche de la elección, aunque la conservadora cadena Fox News y la agencia AP ya le daban 264 al exvicepresidente de Barack Obama. 

"Con la campaña finalizada, es tiempo de dejar atrás la ira y la retórica dura y unirnos como nación. Es hora de que Estados Unidos se una. Y que sane", dijo Biden en un comunicado en la mañana de sábado. Biden había insistido en este mensaje de unidad desde la noche del viernes, cuando su triunfo era ya aparente.  

Con 74.4 millones de votos a su favor, Biden, de 77 años, es el presidente más votado en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, hace cuatro años, Hillary Clinton le ganó a Trump el voto popular con una diferencia de 2.8 millones de votos, pero no consiguió los votos electorales requeridos para ganar la Casa Blanca. La victoria demócrata también significa que, en Kamala Harris, el país tiene por primera vez, una mujer y una persona de color como vicepresidenta.

La pandemia de covid-19 ocasionó una cifra récord de votos emitidos por correo: unos 63 millones. Ese factor, como se había anunciado previo a los comicios, retrasó el escrutinio. El final del proceso se centró en siete estados muy disputados: Arizona, Carolina del Norte, Wisconsin, Michigan, Nevada, Georgia y Pensilvania. En esos últimos dos estados,  Biden tomó la ventaja, por primera vez desde que comenzó el conteo, en la mañana del 6 de noviembre. Las cadenas CNN, NBC News y CBS News declararon a Biden victorioso, tras asignarle una ventaja decisiva en Pensilvania, su estado natal. 

Según las proyecciones, Pensilvania le permitió al demócrata lograr 273 votos en el Colegio Electoral, superando el umbral de los 270 necesarios para llegar a la presidencia. 

Trump tuvo una ventaja inicial que fue progresivamente revertida, a medida que se contaban las papeletas enviadas por correo, que favorecen masivamente a Biden. 

"¡Paren el fraude!", tuiteó Trump en mayúsculas, luego de que la noche misma de la elección se declarara ganador y amenazara con ir hasta la Corte Suprema. El 5 de noviembre, optó por una declaración desde la Casa Blanca en la que insistió en sus alegatos de desconfianza al proceso electoral. El presidente dijo que vencería si se contaran las papeletas "legales", pero que la elección sería robada "si se cuentan las papeletas ilegales y tardías", en alusión a los estados que siguen contando votos que hayan sido emitidos antes del 3 de noviembre, aunque no hayan llegado a los lugares de escrutinio hasta el viernes 6 de noviembre, algo permitido bajo leyes locales. Además, se quejó de que sus observadores no tenían acceso al conteo en lugares como Filadelfia, asegurando que estaban lejos del proceso y, en algunos casos, tenían que usar binoculares para ver lo que estaba ocurriendo. Trump no aceptó preguntas de periodistas.

Pese a sus declaraciones, el presidente de Estados Unidos no ha mostrado evidencias que respalden sus denuncias de fraude. Eric Trump, hijo del presidente, tuiteó un video que supuestamente mostraba 80 papeletas con votos para Trump siendo quemadas en Virginia Beach. Autoridades de Virginia respondieron que se trataba de papeletas de muestra. Eric Trump también ha tuiteado sugerencias de que personas fallecidas han votado. 

La campaña de reelección del mandatario republicano interpuso demandas en Michigan, Pensilvania y Georgia y pidió un recuento en Wisconsin, donde Biden lo aventaja por 20,000 votos con un conteo del 99 %.

Michael Link,  jefe de una misión internacional de observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), criticó las "acusaciones infundadas" de Trump, quien llamó a detener el escrutinio en algunos estados. Link dijo que las declaraciones de Trump son un “grave abuso del cargo” y su organización consideró las elecciones como “competitivas y bien manejadas”. La misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) dijo este viernes 6 que no ha "observado directamente ninguna irregularidad grave" en las elecciones.

Joe Biden hace un gesto de satisfacción la noche del 3 de noviembre en el Chase Center en Wilmington, Delaware.
 
Joe Biden hace un gesto de satisfacción la noche del 3 de noviembre en el Chase Center en Wilmington, Delaware. "Creemos que estamos en camino de ganar esta elección", dijo Biden a sus seguidores, y pidió paciencia durante el recuento de votos. Foto de ANGELA WEISS / AFP.

El largo camino hacia una decisión firme

Estados Unidos no vivía esta incertidumbre electoral desde 2000, cuando la Corte Suprema terminó pronunciándose a favor del republicano George W. Bush en la pugna con el demócrata Al Gore. Aunque la mayoría de conteos se acercaron a su finalización este viernes, en Carolina del Norte los votos por correo se pueden contar hasta el 12 de noviembre.

Una de las razones de la demora en el conteo es el aumento de la participación. Según el US Elections Project de la Universidad de Florida, en estas elecciones estadounidenses votaron 160 millones de personas, incluidos los más de 101.1 millones que lo hicieron de manera anticipada. Es una participación del 66.8% contra 59.2% de 2016.

Pero la principal razón es la negativa de Trump y su campaña en aceptar los resultados. La táctica de Trump ha sido desde hace meses deslegitimar el voto por correo, animando a su base a votar en persona. El principal estratega de la campaña de Trump, Jason Miller, aseguró a periodistas que el mandatario "volverá a ganar". Trump insistió en la mañana del viernes en que se impidió a sus observadores electorales hacer su trabajo y que la Corte Suprema deberá tomar una decisión. En la mañana del sábado, Trump tuiteó: "gané esta elección por mucho".

"Esta elección no ha terminado. Las proyecciones erróneas que dan como ganador a Joe Biden se basan en resultados en cuatro estados que están lejos de ser definitivos", dijo Matt Morgan, del equipo de Trump, en un comunicado el viernes. "Con un margen tan pequeño, va a haber un recuento en Georgia", dijo a la prensa Brad Raffensperger, el secretario de Estado, que es el consejero de Interior encargado del proceso. 

Bob Bauer, un abogado del equipo de Biden, desestimó las impugnaciones presentadas. "Todo esto está destinado a crear una gran nube", dijo Bauer. "Pero no es una nube muy espesa. Vemos a través de ella. También los tribunales y los funcionarios electorales", agregó.

Si el recuento pasa a la justicia, como en 2000, el desenlace "podría durar semanas", señaló a AFP Ed Foley, especialista en derecho electoral de la Universidad Estatal de Ohio.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla en la Sala Brady Briefing en la Casa Blanca en Washington, DC el 5 de noviembre de 2020. Foto de Brendan Smialowski / AFP.
 
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla en la Sala Brady Briefing en la Casa Blanca en Washington, DC el 5 de noviembre de 2020. Foto de Brendan Smialowski / AFP.

La larga espera aumentó la incertidumbre sobre los posibles conflictos en el país. Seguidores de Trump se manifestaron a gritos frente a los centros de conteo. En Detroit, los simpatizantes de Trump pedían detener el conteo en el estado clave de Michigan, en una protesta tensa frente a un centro electoral. En cambio, en Arizona, donde el presidente recortó distancias, la demanda  era que el conteo siguiera. Imágenes de televisión mostraron a seguidores del mandatario reuniéndose afuera de una oficina de recuento de votos del condado de Maricopa, donde está Phoenix. Algunos manifestantes llevaban armas -lo que es legal en este estado- y policías se formaron ante la edificación para protegerla.

Del otro lado también hubo protestas. En Portland (Oregon), uno de los epicentros de la ola de manifestaciones antirracistas y contra la brutalidad policial este año, una tensa manifestación dejó al menos 10 detenidos. En Nueva York, bastión demócrata, miles de partidarios de Biden marcharon pacíficamente por la Quinta Avenida para exigir "el conteo de cada voto".  

¿Qué espera a Centroamérica con el presidente Biden?

El presidente electo de más edad de Estados Unidos comenzó su carrera en el Capitolio en 1972, como uno de los senadores más jóvenes de la historia, en Delaware, con solo 29 años. Un mes después, la tragedia lo golpeó: su esposa Neilia y su hija de un año Naomi murieron en un accidente automovilístico mientras estaban de compras navideñas. Los dos hijos de Biden resultaron gravemente heridos, pero sobrevivieron, aunque en 2015, el mayor, Beau, moriría de cáncer. Los detalles de su historia familiar se han convertido en parte de una marca política.

Pasó más de tres décadas en la cámara alta antes de ser mano derecha de Barack Obama de 2009 a 2017. Ofreció su planteo de política moderada en un momento de división a un electorado agotado de escándalo y caos en la Casa Blanca de Trump.

Para Geoff Thale, presidente en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), la administración Biden cambiará la prioridad en su relación con los gobiernos centroamericanos, que durante el mandato Trump fue migración y el control de fronteras. 

Thale dijo a El Faro que “Biden no abandonará el asunto de migración pero pondrá el Estado de Derecho, la lucha contra la corrupción y la separación de poderes como una prioridad más alta”. WOLA es una organización líder en investigación y en la promoción de los derechos humanos en Latinoamérica.

“Si yo fuera el presidente (Nayib) Bukele, el presidente (Juan Orlando) Hernández en particular, y hasta cierto grado el presidente (Alejandro) Giammattei, esperaría una presión más seria sobre asuntos de corrupción y Estado de Derecho”, dijo Thale. 

Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en El Salvador fue el último diplomático en pronunciarse tras la toma militar de la Asamblea Legislativa en febrero.

Cientos de personas participan en una protesta a favor del recuento de todos los votos en la elección presidencial estadounidense, el 5 de noviembre de 2020 en Filadelfia, Pensilvania. Chris McGrath / Getty Images / AFP
 
Cientos de personas participan en una protesta a favor del recuento de todos los votos en la elección presidencial estadounidense, el 5 de noviembre de 2020 en Filadelfia, Pensilvania. Chris McGrath / Getty Images / AFP

En Honduras, el apoyo de Estados Unidos fue instrumental para la reelección inconstitucional de Hernández, cuyo hermano fue condenado en Nueva York por cargos de narcotráfico. “Espero que el Departamento de Estado empiece a presionar un poco más a Bukele en algunos temas de separación de poderes”, dijo Thale.

Aunque permisiva en esos asuntos, la administración Trump mostró su cara más dura en el tema migratorio. Canceló dos programas que protegían a más de un millón de centroamericanos asentados en Estados Unidos: TPS, que beneficiaba a unos 250,000 salvadoreños y unos 80,000 hondureños, y DACA, con la mayoría de beneficiarios mexicanos, cerca de 600,000, pero también unos 26,000 salvadoreños, 18,000 guatemaltecos  y 16,000 hondureños. Tras las enormes caravanas que se formaron en Honduras y El Salvador a finales de 2018, Trump prácticamente cerró la admisión de asilados centroamericanos y, en cambio, firmó con los países del Triángulo Norte acuerdos que los obligan a recibir a personas que buscan refugio en Estados Unidos

El estilo de Trump fue crudo en el discurso, como cuando se refirió a El Salvador, Haití y otros países africanos como ‘países de mierda’, pero también cruel, al implementar una política de separación de familias en la frontera, como una medida para desalentar la migración. Dos años después, más de 500 de esos niños no han sido reunidos con sus padres

Ninguna de estas acciones recibió una respuesta fuerte ni coordinada de los gobernantes centroamericanos, que asumieron de manera sumisa las declaraciones del presidente. Biden, en cambio, sí ataca a Trump por su relación con Centroamérica. “Trump ha insultado y abusado a nuestros vecinos más cercanos, y ha demonizado como infrahumanos a los migrantes y a los gobiernos aliados en toda la región”, dice en su plan para Centroamérica

Como parte de su oferta migratoria, Biden ha prometido restaurar el programa DACA y “revisar inmediatamente el TPS para poblaciones vulnerables que no pueden encontrar seguridad en sus países por la violencia o desastre”. 

La promesa de Biden de hecho incluye “ofrecer un camino a la ciudadanía a los beneficiarios de TPS que han estado en el país por un largo periodo, a través de una reforma migratoria legislativa”. Pero esa oferta no depende de Biden exclusivamente. En las elecciones, los demócratas conservaron su mayoría en la Cámara de Representantes, pero sus expectativas de arrebatar a los republicanos la mayoría del Senado languidecieron.

“El partido Republicano va a tener un enorme candado de lo que se puede hacer en el plano legislativo para los próximos dos años”, dijo Óscar Chacón, director ejecutivo de Alianza Américas, una red de organizaciones que aboga por los migrantes y experta en temas legislativos.

Chacón fue optimista en cuanto a las posibilidades de cambiar “la situación de incertidumbre de los beneficiarios de TPS y DACA”, a través de acciones ejecutivas que el propio Biden puede tomar. Lo mismo con el tema de asilo en México en Centroamérica, aunque no auguró grandes cambios en la política exterior.

“Es probable que (Biden) siga la lógica de Obama, de tratar de persuadir a los gobiernos centroamericanos y mexicano a dificultar que más gente salga de sus países y pararlos en la frontera con Guatemala para evitar que las personas puedan llegar hasta la frontera Sur de los Estados Unidos”, dijo Chacón.


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