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El Gobierno que prometió un país “productivo, educado y seguro” admite que falló

La administración Sánchez Cerén admite, en su penúltimo año, que ha sido incapaz de cumplir su plan quinquenal de hacer a El Salvador un país "productivo, educado y seguro". Así lo dice literalmente un informe de la Secretaría Técnica dirigida por el vicepresidente Óscar Ortiz. El mensaje coincide con el mea culpa que funcionarios del FMLN han implementado tras la histórica derrota en las elecciones del 4 de marzo.

 
 

En 2014, Salvador Sánchez Cerén ganó la presidencia prometiendo un país "productivo, educado y seguro". De hecho, ese es el título de su plan quinquenal. En 2018, cuando celebra su penúltimo año, su gobierno admite que no lo ha logrado. 

"Los resultados obtenidos a la fecha nos impiden ser concluyentes en afirmar que hemos cumplido de manera plena absoluta las aspiraciones sobre la apuesta planteada de convertirnos en un país productivo, educado y seguro", dice literalmente el informe. Se trata de uno de los párrafos de introducción de un informe ejecutivo de rendición de cuentas, divulgado por Casa Presidencial dos días antes de que Sánchez Cerén asista por última vez a la Asamblea Legislativa para discursar sobre el estado de la nación.

En la previa de su discurso, la Presidencia admite que no ha cumplido con su apuesta, cuando solo le queda un año en el poder. Este cambio solo puede ser interpretado por la mediación de las elecciones del 4 de marzo, la peor derrota de la historia democrática del FMLN. Desde entonces, el FMLN empoderó al vicepresidente Óscar Ortiz hasta hacerlo una suerte de primer ministro; cambió a algunos miembros de su gabinete, principalmente en el área económica; e incluso modificó a su candidato a la presidencia en 2019: pasó de Gerson Martínez, ungido de la dirigencia, a Hugo Martínez, promocionado como un 'renovador', aunque tenga el beneplácito de varios dirigentes.

Esta es la segunda vez que el Gobierno reconoce que la segunda administración del FMLN le falló a la población. Una semana después de las elecciones, el presidente hizo un mea culpa ante periodistas, tras un silencio autoimpuesto que databa desde 2016. En esa ocasión, el presidente dijo que cometieron errores con “los subsidios” que golpearon los bolsillos de los salvadoreños. También criticó errores en los recibos de agua; y una semana después despidió a Marco Fortín, director de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), entre otros cambios y rotaciones en el Ejecutivo.

A diferencia de aquellas declaraciones de marzo, la frase en la introducción del informe ejecutivo de Casa Presidencial quizá sea más golpeadora. Reconocer que el país no es más productivo, educado y seguro pareciera ser un arrebato de honestidad a tono con los discursos de contrición del Gobierno y el partido de izquierdas. Desde Sánchez Cerén, Ortiz y el ex secretario técnico, Roberto Lorenzana (ahora secretario de Comunicaciones), las principales cabezas del Ejecutivo han reconocido que esta administración ha cometido errores. En materia de seguridad, por ejemplo, algunos funcionarios han aceptado como error permitir y no perseguir violaciones de derechos humanos de la Policía. 

Pero no todas son disculpas en ese documento. El informe, de 16 páginas, hace un repaso sobre políticas fiscales, sociales y de gobernabilidad que intentan dibujar un panorama positivo para el Gobierno, como el capítulo en que se celebra, de nuevo, la aprobación de la reforma de pensiones, aún cuando el FMLN terminó cediendo a una reforma que en la práctica obliga a los trabajadores a aportar más dinero de su salario, pero verán disminuida su pensión en su cuenta de ahorro individual.  

El presidente Salvador Sánchez Cerén, fotografiado en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, el 21 de septiembre de 2017. Foto: AFP/Jewel Samad
 
El presidente Salvador Sánchez Cerén, fotografiado en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, el 21 de septiembre de 2017. Foto: AFP/Jewel Samad

 

Aún así, la confesión en la introducción del documento supone un riesgo de cara al escenario electoral para las presidenciales de 2019. El documento está firmado por la Secretaría Técnica y de Planificación, una cartera que el vicepresidente Ortiz asumió después del resultado electoral. En un contexto en que el Sánchez Cerén deberá asistir a un encuentro con la oposición en un Salón Azul dominado por una aplanadora de derechas que es dirigida por el partido Arena, este nuevo mea culpa del gobierno es arriesgado. 

Para este escenario, el documento también tiene un guiño: "Esta etapa político-pre electoral, abre un nuevo escenario y una oportunidad histórica para construir puentes entre la presente y la próxima administración en el 2019; por lo que sería estupendo comenzar a crear las condiciones objetivas de estabilidad económica y fiscal, social y política para una ordenada transición que impulse acuerdos de país y fomente alianzas entre los diferentes actores para la construcción de una agenda nacional de desarrollo de largo plazo", dice el documento.

Hace una semana, el Ministerio de Hacienda, Arena y el FMLN anunciaron el inicio de entendimientos para alcanzar un plan de endeudamientos por 3 mil 607 millones de dólares para pagar vencimientos de deuda durante el último tramo de Sánchez Cerén y los primeros años del nuevo gobierno que resulte electo en febrero de 2019. 

La admisión del fracaso con la que llega el gobierno a su cuarto aniversario contrasta con la fiesta que usualmente organiza -a veces con recursos del Estado- cada vez que un presidente cumple años de gestión. La tónica del FMLN ha sido destacar sus "logros", aún cuando para hacerlo haya estirado la realidad o mentido. El año pasado, por ejemplo, el presidente dijo que El Salvador era un país más seguro, pese a que los homicidios solo bajaron casi a los mismos niveles que había al inicio de la administración, en 2014. También mencionó que la pobreza se había reducido dos puntos entre 2015 y 2016, aunque no ofreció ningún estudio para comprobar ese dato.

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