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“Yo vi los cuerpos, vi El Mozote y hablé con los sobrevivientes”

A inicios de 1982, el periodista Raymond Bonner contó al mundo lo que había sucedido en el caserío El Mozote, en Morazán. Era un novato de 40 años que había dejado una carrera de abogado para dedicarse al periodismo. 35 años después aún hay quienes niegan la masacre y Bonner volvió a El Salvador para dar su testimonio en la inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo que organiza El Faro. La apertura también rindió tributo a Javier Valdez, el periodista mexicano asesinado el lunes, y a los otros 127 periodistas víctimas de homicidio en México desde el año 2000.

 
 

Blanche Petrich y Raymond Bonner protagonizaron el lunes 15 de mayo la inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo, que organiza El Faro en su séptima edición. La ceremonia de inicio del ForoCAP también honró la memoria del periodista mexicano Javier Valdez, que había sido asesinado en Sinaloa pocas horas antes. Foto: Víctor Peña

Blanche Petrich y Raymond Bonner protagonizaron el lunes 15 de mayo la inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo, que organiza El Faro en su séptima edición. La ceremonia de inicio del ForoCAP también honró la memoria del periodista mexicano Javier Valdez, que había sido asesinado en Sinaloa pocas horas antes. Foto: Víctor Peña

Al Estado salvadoreño le tomó 34 años reconocer que la matanza de casi un millar de campesinos perpetrada por la Fuerza Armada en diciembre de 1981 en el caserío El Mozote fue un crimen de lesa humanidad, pero el periodista estadounidense Raymond Bonner estremeció al mundo apenas transcurridas unas semanas, y este lunes estuvo en El Salvador para contar lo que atestiguó cuando llegó a aquel rincón perdido en el norte del departamento de Morazán.

"Yo vi los cuerpos", dijo, enfático, durante la entrevista con que El Faro abrió oficialmente la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo, ante un auditorio abarrotado por más de 300 personas. Bonner respondía a las preguntas de la periodista mexicana Blance Petrich, protagonista con Bonner de la ceremonia de apertura, en busca de un retrato hablado de la matanza con más víctimas fatales registrada en el continente en los últimos 40 años.

El exreportero del New York Times había llegado a territorio salvadoreño procedente de Tegucigalpa. En su viaje a El Mozote le acompañó Alma Guillermoprieto, del Washington Post, y los dos medios publicaron en simultáneo la historia de El Mozote el 27 de enero de 1982. Casi de inmediato, otros medios hicieron eco de aquella historia y diseminaron la información por el mundo. "Cualquiera diría que estaba loco al compartir esta historia con mi competencia", dijo Bonner, en alusión a que al enterarse de las versiones sobre el crimen ejecutado por el Batallón Atlacatl, decidió invitar a su colega de la competencia a investigar en conjunto. "Pero me alegra haberlo hecho, porque simultáneamente el Washington Post y el New York Times estábamos dando la noticia".

Petrich exploró con Bonner los detalles de su llegada a El Salvador y cerró preguntándole qué cree que aún hace falta que los periodistas investiguen y cuenten sobre la matanza. 

Carlos Dada, fundador de El Faro, se pronuncia sobre el asesinato del periodista mexicano Javier Valdez, durante el discurso de inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo. Le acompañan la periodista Blanche Petrich y el director de El Faro, José Luis Sanz. Foto: Víctor Peña

Carlos Dada, fundador de El Faro, se pronuncia sobre el asesinato del periodista mexicano Javier Valdez, durante el discurso de inauguración del Foro Centroamericano de Periodismo. Le acompañan la periodista Blanche Petrich y el director de El Faro, José Luis Sanz. Foto: Víctor Peña

Minutos antes del inicio de la conversación, realizada en el auditorio de Fepade, en el municipio de Antiguo Cuscatlán, el director de El Faro, José Luis Sanz, y el fundador del periódico, Carlos Dada, hicieron un discurso que se convirtió en un homenaje a la memoria del periodista Javier Valdez Cárdenas, asesinado en Sinaloa pocas horas antes del arranque oficial del Foro.

El asesinato de Valdez tenía particular impacto en la periodista Petrich: Valdez, reportero del semanario RíoDoce, fue corresponsal de La Jornada, y Petrich es fundadora de La Jornada. Dada pidió un aplauso para Valdez y para los otros 125 periodistas que según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México habían sido asesinados en ese país desde 2000 hasta el momento de la muerte de Valdez. Poco después de este homicidio, la CNDH registró uno más, ocurrido en Jalisco, en un atentado contra madre e hijo, ambos del equipo de El Costeño.

Dada exigió al gobierno de Enrique Peña Nieto una investigación diligente y exhaustiva que deduzca responsabilidades, y envió un mensaje a los narcotraficantes y a los corruptos: detrás de Valdez y los otros asesinados hay más, muchos más periodistas que procurarán hacer el trabajo de denuncia que hacía su colega muerto a balazos. También anunció que se redactará una declaración de San Salvador para reivindicar el oficio y exigir garantías de trabajo mínimas en esa nación. "En México en este momento es prácticamente imposible ejercer el periodismo", dijo.

"No es venganza: es un mensaje contra la impunidad"

Una vez que un estruendoso aplauso del auditorio homanejeó a Valdez y a sus colegas víctimas mortales de la violencia en México, Petrich empezó su conversación con el exreportero del Times.

Bonner ha estado en El Salvador cuatro veces. La primera fue cuando el 29 de noviembre de 1980 llegó como corresponsal del Times para Centroamérica. Un año más tarde volvió para descubrir la masacre de El Mozote. Transcurrieron 13 años más para que volviera a pisar el país que ya había firmado la paz, y este lunes 15 de mayo repitió para compartir sus experiencias como reportero de una masacre que costó la vida de cerca de mil personas desarmadas, de las que cerca de la mitad eran menores de edad.

"Si quieres ser popular, no seas periodista, no estás ahí para agradarle a la gente. Al gobierno nunca le gusta lo que publicamos", fue una de las primeras declaraciones que Petrich le sacó.

Más de 300 personas colmaron el auditorio de Fepade, en Antiguo Cuscatlán, durante la inauguración de la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo, organizado por El Faro. Foto: Víctor Peña

Más de 300 personas colmaron el auditorio de Fepade, en Antiguo Cuscatlán, durante la inauguración de la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo, organizado por El Faro. Foto: Víctor Peña

En El Salvador, para algunos, El Mozote y la historia que Bonner reveló al mundo nunca existió. Por más de tres décadas, víctimas y sobrevivientes han pedido justicia a un Estado encubridor. Pocos días después de la revelación de Bonner y Guillermoprieto, un cable dirigido por la embajada estadounidense en San Salvador al Departamento de Estado registraba una conversación entre el embajador Dean Hinton y el entonces ministro de la Defensa, general José Guillermo García. Hinton le preguntó sobre la historia de la matanza perpetrada por el Batallón Atlacatl. "Es una novela", respondió García. Y Hinton agregó que él también estaba convencido de que todo era propaganda de la guerrilla del FMLN.

Pasaron los días, los meses y los años, y en El Salvador un silencio cómplice de los principales medios de comunicación mantuvo oculto el crimen ante la mayor parte de la población.

En Washington, la presión contra Bonner y Guillermoprieto arreció, y el periódico The Wall Street Journal se alineó con el gobierno de Reagan y en un editorial intentó desacreditarlos y les llamó "excesivamente crédulos".

No fue sino hasta el 30 de septiembre de 2016 cuando el juez Jorge Guzmán Urquilla declaró la reapertura del caso, dos meses después de que la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declarara que la Ley de Amnistía violaba la Constitución de la República.

Para el periodista estadounidense, este desdén por reconocer la masacre tiene su raíz en la agresiva política exterior de ese país, que en su afán por frenar la expansión de la influencia de la Unión Soviética y La Habana en el continente, auspiciaba la represión del Estado salvadoreño y se hacía el desentendido ante los graves atentados a los derechos humanos perpetrados por el régimen.

Todo cambió con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia en 1981, dijo Bonner. Reagan, añadió, durante su mandato invirtió más dinero en El Salvador que en cualquier otro país. Eso incluía, sugiere, a los medios. "¿Cómo puedes ser periodista y no cubrir la otra parte?"

Previo a El Mozote, sin embargo, hubo un punto de quiebre que logró captar la atención de sus compatriotas. El 2 de diciembre de 1980, cuatro religiosas estadounidenses fueron violadas y asesinadas por la Guardia Nacional, dirigida entonces por el general Carlos Eugenio Vides Casanova. Bonner lo resume así: "10 mil salvadoreños habían sido asesinados ese año, pero fue hasta entonces que en Estados Unidos empezaron a prestarle atención a la guerra en El Salvador".

Bonner comentó cómo, a pesar de que él llegó al lugar de la matanza algunos días después de ocurrida, le fue posible señalar como responsables a las fuerzas del gobierno. "Uno debe ir más allá de la duda periodística y escribir lo que tiene enfrente. Vi los cuerpos, vi El Mozote, hablé con los sobrevivientes", dijo, como respondiendo a quienes aún hoy se atreven a negar el crimen, a pesar de la lista de más de 960 personas registradas rigurosamente con nombre y apellido por Tutela Legal del Arzobispado, y la de centenares detallada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su sentencia de condena a El Salvador por este hecho en 2012.

El periodista que descubrió El Mozote renunció al Times luego de que este cediera ante las presiones y lo retirara como corresponsal en Centroamérica para encerrarlo en un trabajo de oficina haciendo reportes financieros. Años después, en 1999, Bonner ganó el Pulitzer como parte de un equipo de trabajo que publicó en el Times.

Durante toda la guerra, El Mozote estuvo latente en la memoria de los sobrevivientes y en lo que eventualmente delataría el subsuelo. Las primeras exhumaciones oficiales solo fueron posibles en el segundo semestre de 1992, cuando ya se había firmado los Acuerdos de Paz. Sin embargo, a pesar de la elocuencia de los hallazgos iniciales, que corroboraban asesinatos con arma blanca y que la mitad de las víctimas eran menores de edad -incluso recién nacidos-, el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Mauricio Gutiérrez Castro, ordenó frenar los trabajos.

A Bonner no le gusta entrar en detalles respecto de su vida personal y su forma de digerir la crudeza ante la que lo enfrenta su reporteo, pero asegura que después de su cobertura de la guerra en El Salvador, siempre lo acompañaron las palabras de monseñor Romero en los países en conflicto donde reporteaba: "En el nombre de Dios, les digo, cese la represión".

Juan Valiente, diputado del partido Arena, y Rubén Zamora, embajador de El Salvador ante Naciones Unidas, conversan durante la inauguración de la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo, organizado por El Faro, en el auditorio de FEPADE. Foto: Víctor Peña

Juan Valiente, diputado del partido Arena, y Rubén Zamora, embajador de El Salvador ante Naciones Unidas, conversan durante la inauguración de la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo, organizado por El Faro, en el auditorio de FEPADE. Foto: Víctor Peña

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