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Defensor de los militares graba al periodista que los denunció por El Mozote

Rodolfo Garay Pineda es abogado defensor de dos coroneles imputados por la masacre de El Mozote. Él asistió al conversatorio sobre El Mozote, con el que El Faro inauguró la séptima edición del Foro Centroamericano de Periodismo, y que tuvo como ponente al periodista que denunció la masacre en 1982. Garay Pineda dice que piensa usar ese video para demostrar que detrás de la causa de El Mozote hay un 'complot'.

 
 

Rodolfo Garay Pineda está sentado en medio del público y escucha con atención al periodista que habla desde la tarima. A su lado, un hombre con una cámara de vídeo registra todo el evento. El periodista hace un resumen de la hora más oscura de la sociedad salvadoreña. Él cuenta cómo descubrió El Mozote, la peor masacre en los tiempos modernos de Latinoamérica, que dejó alrededor de mil campesinos masacrados por el ejército, casi la mitad menores de edad. Quien habla es Raymond Bonner y su historia fue publicada por el New York Times hace más de 35 años. Bonner dice: "sin importar cuánta evidencia le muestres, alguna gente seguirá negando El Mozote como diciendo que la tierra es plana". Rodolfo Garay Pineda está de acuerdo. Él niega la masacre.

El exdirector de Centros Penales (1999- 2004) por supuesto que no es fan del periodista Raymond Bonner. "Yo me cuento entre los que siguen negando la masacre de El Mozote", dice este exfuncionario, devenido en abogado defensor de dos de los altos oficiales de la Fuerza Armada acusados por la masacre, en un caso reabierto en 2016 gracias a la abolición de la ley de amnistía. Garay Pineda es defensor de los coroneles Roberto Antonio Garay Saravia y Rafael Santiago del Cid, acusados por nueve delitos que van desde el asesinato, pasan por la violación y llegan hasta el terrorismo. Él llegó a la inauguración del séptimo Foro Centroamericano de Periodismo de El Faro, celebrado en el auditorio Fepade, con un propósito singular. En medio de una multitud abigarrada que incluye periodistas, abogados y hasta al diputado Juan Valiente, del partido Arena, él asistió al conversatorio porque lo considera parte de un complot -no dice de quién- para "subir el volumen de los factores externos" del caso y presionar al juez que tramita la acusación, Jorge Guzmán Urquilla. Por eso uno de sus acompañantes grabó la charla de Bonner, porque Garay Pineda quiere ocuparla como prueba de ese supuesto ‘complot’.

¿Qué ocurrió en El Mozote? Raymond Bonner, en su artículo, publicado el 27 de enero de 1982, mes y medio después de ocurrida la masacre, reportó haber hablado con 13 campesinos que daban cuenta de una matanza perpetrada por el Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada, un comando élite entrenado por Estados Unidos. Los campesinos le dijeron que habían enlistado a alrededor de 733 víctimas. Raymond Bonner narró haber visto docenas de cuerpos regados por doquier. Esqueletos. Huesos.

Luego de la publicación, pese a las fotografías de Susan Meiselas, el relato de las víctimas, los gobiernos de El Salvador y Estados Unidos negaron el relato de Bonner, así como el de la periodista Alma Guillermoprieto, que le acompañó en aquella cobertura. A Bonner lo acusaron de ser un periodista coludido con la causa comunista. Él dice: "Yo vi los cuerpos, vi El Mozote. Hablé con los testigos”.

Bonner fue duramente atacado por los gobiernos de El Salvador y Estados Unidos. Dijeron que su reportaje era falso, exagerado y a él lo tildaron de comunista. Eventualmente, dejó la cobertura en Centroamérica, y trabajó en otros conflictos alrededor del mundo, como  el genocidio de Ruanda y Bosnia. Bonner ha escrito cuatro libros y recibió numerosos premios y distinciones a lo largo de la carrera. Entre ellos destacan un premio Pulitzer compartido, y el premio Louis M. Lyon de conciencia e integridad en el periodismo, que entrega la organización Nieman Fellows de la prestigiosa universidad de Harvard. Durante la inauguración de el Foro CAP, Bonner se carcajeó cuando le preguntaron si algún oficial de gobierno le pidió disculpas por negar la veracidad de su reportaje.

La masacre de El Mozote fue negada durante nueve años, hasta que en 1990 los campesinos sobrevivientes denunciaron el hecho, dos años antes de que finalizara la guerra. El relato de Bonner y de Guillermoprieto cobró vida cuando entre 1992 y 1993, el Equipo Argentino de Antropología Forense visitó El Mozote y exhumó 462 osamentas. Casi la mitad eran niños. Los estudios forenses revelaron que la mayoría de las víctimas fueron acribilladas. Otras osamentas más mostraban signos de haber estado expuestas al fuego. Calcinadas.

El abogado Rodolfo Garay Pineda protesta contra unos periodistas que retrataban a los militares acusados en el juicio de El Mozote, durante el segundo día de audiencias, ocurrida el 30 de marzo de 2017. 
 
El abogado Rodolfo Garay Pineda protesta contra unos periodistas que retrataban a los militares acusados en el juicio de El Mozote, durante el segundo día de audiencias, ocurrida el 30 de marzo de 2017. 
35 años después, con el juicio reabierto y con los generales y coroneles de aquel ejército en el banquillo de los acusados, hay quienes siguen creyendo que la causa de El Mozote es un mito. Una novela. Un invento. Garay Pineda es uno de ellos. Garay Pineda habla como Lisandro Quintanilla, otro de los abogados de los militares. El pasado 29 de marzo, Quintanilla, a las afueras del juzgado, en Morazán, aseguraba que la acusación por El Mozote es "una novela dantesca". En los primeros días de mayo, la precandidata a diputada de Arena Milena Mayorga -ex Miss El Salvador- tuiteó que consideraba un héroe a Domingo Monterrosa, el comandante del batallón Atlacatl, responsable de la masacre. Además, el exalcalde de San Miguel Will Salgado escribió que "varios guerrilleros de 12 años fueron los que cayeron en El Mozote", en un tuit que después eliminó. Ya en 2007, el Washington Post publicó una historia sobre Salgado, en la que este aseguraba que coleccionó cráneos de bebés que encontró en El Mozote "como amuletos", aunque Salgado después negó haber dado esas declaraciones al periódico estadounidense.

El exfuncionario salvadoreño Garay Pineda engrosa esas líneas con argumentos de su propia cosecha. Cuestiona el trabajo de los antropólogos que han excavado en El Mozote, al decir que ese lugar era un "cementerio del FMLN", para enterrar a la guerilla. Y ataca al exprocurador de derechos humanos, David Morales, por su papel ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos que en 2012 condenó a El Salvador por este caso. 

Usted dice que este es un evento para ejercer presión sobre el proceso penal, pero eso no es cierto. El juez no está aquí.

En un proceso penal hay dos factores. El factor interno, con toda la discusión interna del proceso, y todos los factores externos que dificultan la toma de decisión por el juzgador. Entonces, este tipo de eventos eleva el volumen de los factores externos, que hace y pone en la picota al juzgador. Recuerde que el juzgador, detrás de la verdad jurídica, tiene una verdad humana que es el temor a los efectos de la sentencia, y los efectos que esa sentencia va a producir. Hay un trabajo externo que va más allá de eso y que influye. El Mozote no es un caso único de toda la realidad salvadoreña, sino que están muchos casos, toda la sangre que se derramó que quedaría aislada. La labor del periodismo investigativo tiene dos funciones básicas: objetividad y veracidad. Y cuando yo solamente tomo una visión de un hecho aislado falto a la objetividad.

No hay ningún caso tan numeroso como El Mozote.

Es que yo le podría decir el otro ejemplo: Quebrada seca. Quebrada seca significó el asesinato de 170  efectivos de la Fuerza Armada desarmados, rendidos y los pasaron a cuchillo y ¡nadie ha dicho nada!

Pues que se juzgue.

Exacto. Y nadie ha dicho nada, y no pasa nada y...

Pero no es el mismo caso. No son mujeres, niños y ancianos.

Pero es que también hay otro detalle: vamos a discutir la verdad de los hechos. El Mozote no solamente era un hecho aislado. Era el cementerio del FMLN en ese momento.

¿A qué se refiere con el cementerio del FMLN?

Me refiero a que, en ese momento, enterraban ahí a los caídos en combate.

¿O sea que usted dice que son menos víctimas de las que han comprobado las investigaciones?

Efectivamente

¿Cuántos son?

Eso tendrá que salir en el transcurso (de la investigación)

Usted recién decía que hay que conocer los dos lados de la historia. ¿Usted me podría facilitar una entrevista con sus clientes para que nos cuenten su versión de los hechos?

Ehh... eso lo veremos. Yo creo que ahora no es el momento. Creo que lo que habrá que hacer es preparar la documentación. Nos vamos a dedicar exclusivamente al proceso. Y después creo que habrá un trabajo de publicación de documentación, que vendrá después, que lastimosamente no puede ser hoy por razones obvias.

Supimos la semana pasada que el general Guillermo García se negó a declarar. Pero si no declara el general García, ¿cómo vamos a conocer su versión?

Sí, efectivamente. Se negó a declarar y eso es un derecho que él tiene. Y me parece anormal que el exprocurador de derechos humanos, David Morales, aparece queriéndolo obligar a que declare, que pase sobre el derecho que constitucional y humanamente tiene alguien a quien se le imputa delitos graves. El exprocurador va a la comisión Interamericana de Derechos Humanos como apoderado del Estado, para defender al Estado, y se allana (no refuta) a todos los hechos. Y después aparece como acusador. Podría entrar incluso hasta en los linderos del patrocinio infiel.

Pero él ya no está cumpliendo un papel como apoderado del Estado.

No, no lo está cumpliendo. Pero cuando lo cumplió, no defendió al Estado, sino que se allanó y se adecuó. Entonces, se aprovechó del momento político, de la voluntad política que se tenía y se allanó. ¿Qué significa? Que en ese proceso de la CIDH no hubo legítima contradicción. ¿Quién defendió los intereses del Estado ahí? ¡Nadie!

 David Morales no era el único abogado.

¡Claro, era el representante del Estado! Ese proceso de la CIDH no tuvo legítima contradicción, que es una parte esencial en todo proceso. Se fueron a allanar a todos los hechos, aceptaron la incriminación. Cosa distinta hubiese sido si el poder político de El Salvador hubiera estado en otra mano, el papel que se hubiese desempeñado hubiese sido distinto y en el proceso hubiese habido legítima contradicción.

 Pero estamos en el mundo del 'hubiera'.

Claro, pero es que jurídicamente ese proceso no fue contradictorio donde todas las partes tenían distintos intereses, sino que todos tenían el mismo interés, que fuera ese el resultado. Era obvio.

Raymond Bonner decía una frase esta noche: "hay gente que sin importar cuánta evidencia se le muestre seguirá negando que El Mozote pasó como pasó". ¿Usted se cuenta dentro de ese grupo que sigue negando que El Mozote ocurrió como afirman documentos históricos, como el informe de la Comisión de la Verdad?

Sí, yo me cuento entre esa gente.

¿Con qué argumento?

Yo creo que para plantearlo uno tiene que argumentar con razón y con veracidad. Llegaremos a la verdad cuando tenemos opiniones diferentes. Pero si todos cantamos la misma canción, terminaremos creyendo que esa canción es verdadera. La verdad resulta de la antítesis.

Esa verdad solo nos la pueden dar los archivos militares, ¿usted propone que se abran?

Creo que la historia la vamos a ir forjando poco a poco. La labor será darle al periodismo los elementos de investigación para que cumplan una labor crítica e investigativa y no se deben dejar ir solo por la corriente.

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