Una taza, una cuma y herramientas para el arado. Chibolas, una piedra de moler, platos, lámparas y un vestido de niña... En el caserío El Mozote han aparecido vestigios de otra época, en el que familias campesinas fueron perseguidas y masacradas por el Ejército salvadoreño, acusadas de ser colaboradoras de la guerrilla. Alguna vez, todos estos objetos fueron propiedad de la familia Márquez Pereira: de los esposos José María (62 años) y Donatila (55); de sus hijos Sofía Márquez (32), José Evenor (19), Fredy (13) y Óscar (22); de los nietos Edenilson (7) y Balmore (8 ) y una niña de un año y medio, pero cuyo nombre, como su vida, se lo llevó para siempre una masacre ocurrida hace 36 años

Congelados en el tiempo, estos objetos nos describen  el cotidiano que fue interrumpido por soldados del Batallón Atlacatl, durante la masacre perpetuada entre el 9 y el 13 de diciembre de 1981, y que solo en El Mozote se cobró más de 400 víctimas de las 978 oficializadas recientemente por el Estado.

Desde que se denunció por primera vez, en febrero de 1982, hay quienes dicen que la masacre nunca ocurrió. La negó por más de dos décadas el gobierno salvadoreño y  la ocultó también el gobierno estadounidense. A 36 años de perpetrada, en el juicio que se ha reabierto, los abogados de los militares acusados hablan de una “novela dantesca”, a pesar que ya han sido exhumadas 520 de 978 víctimas, a pesar de que la tierra sigue escupiendo pruebas.

Los objetos de la familia Márquez Pereira hablan de la cotidianeidad en El Mozote. Ahora comienzan a transformarse en pequeñas piezas de colección para un museo que por el momento solo existe, como proyecto, en la cabeza de Orlando Márquez, sobrino y primo de las víctimas. Orlando, quien se salvó de las masacres porque en 1981 ya no vivía en el caserío, regresó en 2005, y en los últimos siete años se ha reencontrado con los huesos y las pertenencias de todas sus víctimas. Por ejemplo, en 2010, al ampliar su vivienda, rescató de la tierra los huesos de sus padres, sus hermanos y algunos vecinos.

Luego, en noviembre de 2016, el Equipo de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal exhumó los restos de la familia Márquez Pereira, los tíos y primos de Orlando, por órdenes del juzgado de paz de Meanguera, que había autorizado nuevas exhumaciones para restituir las osamentas de las víctimas a sus familiares. Junto a las osamentas, los forenses también encontraron estas pertenencias.

 

Taza de cerámica de la familia Márquez Pereira. Donatila Pereira se preocupaba mucho por el aseo en su vivienda. Los trastes los limpiaba con hoja de Chaparro y ceniza, para quitarles la grasa, antes de enjuagarlos.
 
Taza de cerámica de la familia Márquez Pereira. Donatila Pereira se preocupaba mucho por el aseo en su vivienda. Los trastes los limpiaba con hoja de Chaparro y ceniza, para quitarles la grasa, antes de enjuagarlos.

 

Pichel de peltre para leche. Sofía Márquez, la mayor de los hermanos Márquez Pereira, era la que secundaba a su madre en el trabajo doméstico. Sofía era una mujer risueña y con una corona de oro en su dentadura.
 
Pichel de peltre para leche. Sofía Márquez, la mayor de los hermanos Márquez Pereira, era la que secundaba a su madre en el trabajo doméstico. Sofía era una mujer risueña y con una corona de oro en su dentadura.

 

Restos de la vajilla de la familia Márquez Pereira. Donatila repetía los alimentos día con día. En el desayuno servía huevo picado con cebolla y tomate, frijoles, cuajada y tortillas; en el almuerzo preparaba sopa de frijoles con arroz y tortillas; y  para cenar cocinaba huevo duro, casamiento y tortillas.  
 
Restos de la vajilla de la familia Márquez Pereira. Donatila repetía los alimentos día con día. En el desayuno servía huevo picado con cebolla y tomate, frijoles, cuajada y tortillas; en el almuerzo preparaba sopa de frijoles con arroz y tortillas; y  para cenar cocinaba huevo duro, casamiento y tortillas.  

 

Vaso de vidrio de Coca-Cola deformado por el calor del fuego. Testigos y sobrevivientes han declarado en los tribunales salvadoreños y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el Ejército incendió los caseríos luego de masacrar a sus pobladores. Se conoce a esta como la masacre de El Mozote porque en ese caserío se encontró a la mayor cantidad de víctimas, pero en realidad el operativo militar se extendió por siete poblados más en el norte del departamento de Morazán.
 
Vaso de vidrio de Coca-Cola deformado por el calor del fuego. Testigos y sobrevivientes han declarado en los tribunales salvadoreños y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que el Ejército incendió los caseríos luego de masacrar a sus pobladores. Se conoce a esta como la masacre de El Mozote porque en ese caserío se encontró a la mayor cantidad de víctimas, pero en realidad el operativo militar se extendió por siete poblados más en el norte del departamento de Morazán.

 

Vestido de la niña de Óscar Márquez, que para diciembre de 1981 rondaba el año y medio de vida. Debido a los rumores de operativos militares en la zona de El Mozote,  Óscar había decidido refugiarse en la casa de sus padres con su pareja e hija. Orlando Márquez, aunque se esfuerza y lo intenta, no logra recordar el nombre de la hija de su primo, y no hay más parientes que puedan ayudarle. En El Mozote fueron ejecutados 248 niños menores de 5 años, según las cifras oficiales.
 
Vestido de la niña de Óscar Márquez, que para diciembre de 1981 rondaba el año y medio de vida. Debido a los rumores de operativos militares en la zona de El Mozote,  Óscar había decidido refugiarse en la casa de sus padres con su pareja e hija. Orlando Márquez, aunque se esfuerza y lo intenta, no logra recordar el nombre de la hija de su primo, y no hay más parientes que puedan ayudarle. En El Mozote fueron ejecutados 248 niños menores de 5 años, según las cifras oficiales.

 

Un retazo de tela y tijeras que pertenecieron a  Sofía Márquez.  Además del trabajo doméstico que realizaba Sofía, ella también se encargaba de confeccionar prendas de vestir para la familia, incluidos calzoncillos  de manta para los hombres.  
 
Un retazo de tela y tijeras que pertenecieron a  Sofía Márquez.  Además del trabajo doméstico que realizaba Sofía, ella también se encargaba de confeccionar prendas de vestir para la familia, incluidos calzoncillos  de manta para los hombres.  

 

Chibolas con las que jugaban los hermanos Edenilson y Balmore Márquez. Además de los juegos tradicionales, los niños y los jóvenes de El Mozote practicaban un juego al que llamaban ‘brincaderos’. Ellos saltaban encima de una vara colocada de manera horizontal y a la altura de un metro. Según cuenta Orlando, el juego en realidad era un entrenamiento para que los jóvenes fueran capaces de huir, dando brincos entre los cercos, cuando la comisión militar se paseaba por la zona para reclutar jóvenes. Además de Edenilson y Balmore, también era prima de Orlando una adolescente de 13 años llamada Fredy,  quien era amante del softball y era muy buena bateadora.  270 niños que oscilaban entre los 6 y 15 años de edad fueron asesinados por el batallón Atlacatl en el caserío El Mozote y sitios aledaños, según las cifras oficiales. En total, el número de niños ejecutados en todo el operativo que devino en una masacre representa el 56 % (553) del total de víctima ejecutadas (978).
 
Chibolas con las que jugaban los hermanos Edenilson y Balmore Márquez. Además de los juegos tradicionales, los niños y los jóvenes de El Mozote practicaban un juego al que llamaban ‘brincaderos’. Ellos saltaban encima de una vara colocada de manera horizontal y a la altura de un metro. Según cuenta Orlando, el juego en realidad era un entrenamiento para que los jóvenes fueran capaces de huir, dando brincos entre los cercos, cuando la comisión militar se paseaba por la zona para reclutar jóvenes. Además de Edenilson y Balmore, también era prima de Orlando una adolescente de 13 años llamada Fredy,  quien era amante del softball y era muy buena bateadora.  270 niños que oscilaban entre los 6 y 15 años de edad fueron asesinados por el batallón Atlacatl en el caserío El Mozote y sitios aledaños, según las cifras oficiales. En total, el número de niños ejecutados en todo el operativo que devino en una masacre representa el 56 % (553) del total de víctima ejecutadas (978).

 

Pieza de molino para moler maíz. Donatila Pereira tenía la costumbre de hacer pan artesanal en un horno de barro. Ella preparaba empanadas de maíz con dulce de atado, quesadillas, torta de pan y polvorones. Su sobrino, Orlando, recuerda que José Márquez bromeaba con su esposa cada vez que tenía hambre. “¡A la puta, Dona, ¿a qué horas va estar el pan?! ¡Yo tengo hambre!”, le decía.
 
Pieza de molino para moler maíz. Donatila Pereira tenía la costumbre de hacer pan artesanal en un horno de barro. Ella preparaba empanadas de maíz con dulce de atado, quesadillas, torta de pan y polvorones. Su sobrino, Orlando, recuerda que José Márquez bromeaba con su esposa cada vez que tenía hambre. “¡A la puta, Dona, ¿a qué horas va estar el pan?! ¡Yo tengo hambre!”, le decía.

 

Machetes que pertenecieron a José María, Evenor y Balmore Márquez.  Los que trabajaban en las tareas agrícolas se despertaban a las 4:00 a.m. para ordeñar las vacas. Dos horas después se iban a trabajar los cultivos, hasta las 4:00 p.m. Los más jóvenes terminaban las jornadas con partidos de fútbol, en el llano de El Mozote, que duraban hasta las 7:00 p.m.
 
Machetes que pertenecieron a José María, Evenor y Balmore Márquez.  Los que trabajaban en las tareas agrícolas se despertaban a las 4:00 a.m. para ordeñar las vacas. Dos horas después se iban a trabajar los cultivos, hasta las 4:00 p.m. Los más jóvenes terminaban las jornadas con partidos de fútbol, en el llano de El Mozote, que duraban hasta las 7:00 p.m.

 

A la izquierda,  restos de la piedra de moler de Donatila Pereira. Donatila era una mujer de baja estatura que tenía un cabello entrecano y siempre usaba vestidos largos con delantal. A la derecha, almádana de José María Márquez. José María era un hombre regordete, alto y de barba poblada. Él disfrutaba de masticar tabaco y de ver los partidos de La Porcaya, equipo que representaba a El Mozote en la tercera división.
 
A la izquierda,  restos de la piedra de moler de Donatila Pereira. Donatila era una mujer de baja estatura que tenía un cabello entrecano y siempre usaba vestidos largos con delantal. A la derecha, almádana de José María Márquez. José María era un hombre regordete, alto y de barba poblada. Él disfrutaba de masticar tabaco y de ver los partidos de La Porcaya, equipo que representaba a El Mozote en la tercera división.

 

Aldaba rudimentaria de la puerta del hogar de la familia Márquez Pereira. Su casa estaba ubicada a unos 800 metros de la plaza central de El Mozote. La casa de madera tenía una salón principal de aproximadamente 8 m² en donde estaba ubicada la cocina  y unas hamacas colgadas.
 
Aldaba rudimentaria de la puerta del hogar de la familia Márquez Pereira. Su casa estaba ubicada a unos 800 metros de la plaza central de El Mozote. La casa de madera tenía una salón principal de aproximadamente 8 m² en donde estaba ubicada la cocina  y unas hamacas colgadas.

 

Herramientas de trabajo de José María Márquez. Una tijera de podar, la cacha de un machete y una cuma sin cacha. José Márquez se preocupaba mucho por tener sus herramientas bien afiladas.
 
Herramientas de trabajo de José María Márquez. Una tijera de podar, la cacha de un machete y una cuma sin cacha. José Márquez se preocupaba mucho por tener sus herramientas bien afiladas.

 

Pieza del freno de la yegua de José Márquez. José cargaba en su yegua los granos básicos que cultivaba y viajaba 13 kilómetros hasta el mercado del municipio de Jocoaitique para venderlos. José tenía alrededor de 60 cabezas de ganado. Su sobrino, Orlando, recuerda el nombre de algunas reses: “Mariposa, Fortuna, Naranja y Colación”. Sobrevivientes han asegurado que además de asesinar a las personas, los soldados también acababan con el ganado.
 
Pieza del freno de la yegua de José Márquez. José cargaba en su yegua los granos básicos que cultivaba y viajaba 13 kilómetros hasta el mercado del municipio de Jocoaitique para venderlos. José tenía alrededor de 60 cabezas de ganado. Su sobrino, Orlando, recuerda el nombre de algunas reses: “Mariposa, Fortuna, Naranja y Colación”. Sobrevivientes han asegurado que además de asesinar a las personas, los soldados también acababan con el ganado.

 

Restos de linternas de la familia Márquez Pereira. Ante la falta de energía eléctrica en el caserío El Mozote, estas eran unas herramientas  muy importantes para José María Márquez. Sobre todo en las madrugadas, para ordeñar las vacas.  
 
Restos de linternas de la familia Márquez Pereira. Ante la falta de energía eléctrica en el caserío El Mozote, estas eran unas herramientas  muy importantes para José María Márquez. Sobre todo en las madrugadas, para ordeñar las vacas.